Análisis


[06 Noviembre 2019] Si no entiendes la rabia, es que ya estás muerto.

La rabia forma parte de nosotros, de cualquier ser emocional. Está ahí y hay que saber utilizarla, sobre todo, hay que saber para qué utilizarla. Desde cualquier institución de la sociedad democrática (sea la escuela, los medios de información o cualquier gurú psi del siglo XXI) te conminarán a gestionarla, a expulsarla lejos de ti para poder crecer como persona y convertirte en alguien mejor. Luego te sonreirán y te apuntaran en la lista de incautos ciudadanos ejemplares de la que formamos parte casi todos. Nuevamente, obrarán su magia y tú saldrás convencido de que todo está en ti. Sin embargo las causas seguirán ahí y tarde o temprano volverán. La frustración y la percepción de injusticia son los precursores habituales de la rabia, por tanto, no hace falta ser muy espabilado para comprender que las toneladas de injustica sobre las que se edifica la sociedad moderna no dependen de uno mismo para ser erradicadas, hace falta más, muchísimos más. No sería difícil que cualquiera de nosotros estableciera un listado con una docena de cuestiones (desde las más cercanas hasta las más lejanas si es que se puede hacer esta distinción en un mundo tan globalizado donde todo nos afecta a todos) en las que perciba claramente la injusticia. Probablemente, algunas de ellas nos frustren y, otras tantas, nos indignen. Cuando estas cuestiones se van acumulando, la rabia aparece y se hace necesario tomar partido.

Existen diferentes vías para hacerlo, mejor dicho se nos ofrecen diferentes vías. Desde lo personal a lo global. Si todo falla, queda el camino institucional porque en toda sociedad democrática existe la forma de cambiar el estado de las cosas: vota, afíliate, manifiéstate… pero hazlo siempre dentro de un orden, dentro del marco que otros han establecido. Pero si quieres darte cuenta, pronto descubres que todo eso es una vía muerta, no lleva a ningún lugar. Cambian las personas, los partidos, las leyes, lo que quieras, pero el resultado siempre es el mismo: tú pierdes. Todos lo sabemos. Y la rabia aumenta.

Hace tiempo, podías conformarte, aceptar el papel de comparsa y tratar de seguir con tu vida mientras el futuro esplendoroso que te prometían llegaba. Pero pasaron las generaciones y las promesas se han desvanecido. La precariedad se ha convertido en el modo de vida habitual, la exclusión y la marginalidad son el pan de cada día para cada vez más gente que por toda respuesta obtiene la indiferencia social (en el mejor de los casos) o la represión, física, legal, económica… (en el resto de casos). Y la rabia aumenta.

Y no sólo aumenta, sino que se extiende. Los que se creían a salvo, los que se consideraban ejemplares porque siempre hicieron lo que estaba mandado, descubren que también van a caer. Que ya están cayendo, que no tienen nada que ofrecer a las generaciones venideras porque nada tienen ya. Y la rabia aumenta.

Y llega el día que desborda. Una simple chispa que enciende la mecha y el orden salta por los aires. La rabia toma la vida para posibilitar que nos volvamos a sentir humanos, con esperanza en algo mejor. Cuando esto ocurre ya no importa qué fue lo que encendió la mecha, sino lo rápido que se propaga el fuego, la amplitud de la onda expansiva. Aparecen sentimientos y emociones que creíamos olvidados, que ya no existían y las fuerzas surgen de donde no las había. Lo que parecía improbable, se torna real y lo que parecía imposible, empieza a atisbarse en el horizonte, tomando forma. En ese momento, las normas preexistentes dejan de tener valor, la justicia deja de estar ligada a la ley para aparecer en su verdadera forma: la solidaridad entre iguales. Es en esos instantes en que la rabia recorre su camino y deja ver el verdadero rostro que aguarda al final de ese camino: la libertad.

[22 Octubre 2019] ¿Debemos los anarquistas apoyar la insurreción catalana?

Surgen estos días en medios anarquistas debates sobre la conveniencia o no de apoyar y alentar la insurrección catalana, originada por la dura e injusta sentencia contra varios políticos independentistas por parte del Tribunal Supremo.

Escuchamos opiniones de distinto signo, algo que no nos debe alarmar. Siempre en nuestra historia hemos debatido ante problemáticas muy diversas. Por citar algunas: militarización o no; revolución o guerra; apoyo a los aliados de la I Guerra Mundial o pacifismo. Violencia o no violencia, comunismo o colectivismo…

Ello es debido a que el pensamiento anarquista, aunque parte de unas bases ideológicas y estratégicas básicas (antiestatismo, anticapitalismo, federalismo, apoyo mutuo, antiautoritarismo, autogestión…), no es un programa cerrado, y se enriquece en la confrontación de posturas. Creemos que es necesario contribuir a la reflexión sobre este conflicto y entendemos que, tanto los que defienden la no participación en las acciones en la calle como los que creen que hay que apoyar al pueblo catalán en su lucha, tienen sus legítimas razones.

Hay una postura que defiende la necesidad de que los anarquistas alentemos y colaboremos en cualquier tipo de insurrección. En este caso, aunque el detonante tiene relación con las aspiraciones de una parte de la población catalana a crear un Estado independiente, sus defensores afirman que en este caso la lucha está en la calle y el pueblo se está enfrentando a un Estado, el español e incluso al catalán, al defenderse de la violencia de los cuerpos represivos, mossos y policías. Además consideran que la lucha es justa, dado que la sentencia del Supremo aplica unas penas desproporcionadas de cárcel contra varios independentistas que, en algunos casos, tan solo se expresaron públicamente por la desobediencia civil y la creación de una república catalana.

A ello hay que sumar que algunos apartados de la sentencia del Supremo sientan un peligroso precedente para criminalizar la disidencia y la libertad de expresión, tal como han reconocido numerosos especialistas en derecho.

Otra postura dentro del este debate entiende que para nada debemos apoyar una lucha cuyo objetivo final es la separación de un Estado para construir otro, con sus instituciones y su monopolio de la violencia, con sus impuestos, sus jueces y sus capitalistas locales. Consideran los partidarios de la no intervención en el conflicto catalán que arrimar el hombro en estas barricadas conllevará que, los que estén en la primera línea llevarán la peor parte (cárcel, multas) y que, a la postre, la insurrección será aprovechada por la burguesía catalana para su propio beneficio, convirtiendo a los “radicales” en carne de cañón una vez consigan sus objetivos.

No les falta razón y hay antecedentes históricos que lo sostienen (véase la Revolución Francesa, la Comuna de París, La Revolución Española, la ucraniana de Makjnó…).

A nuestro juicio debemos respetar tanto unas como otras posturas. Los anarquistas, nuestros grupos y organizaciones nos hemos caracterizado siempre por nuestra autonomía, que es la base de la libertad a la que aspiramos. Hemos de respetar a los que honestamente acuden a la lucha, aunque inicialmente esté alentada por intereses diferentes y hasta contrarios a los de los antiautoritarios, pero también comprendemos a aquellos a los que les chirría arriesgar su integridad física para una causa que luego solo beneficiará a los defensores del Estado y del capital (aunque este sea catalán).

Partiendo de este respeto, nos postulamos no obstante favorables, en el actual estado cosas (en donde la represión policial y estatal está llegando a altas cotas), a apoyar al pueblo catalán que ha decidido desobedecer tanto al Estado español como a la disciplina de los partidos y organizaciones catalanistas y sus estrategias.

Hay que tener en cuenta que las actuales circunstancias de lucha insurreccional se escapan ya del control de los independentistas. Es ya una lucha del pueblo contra la opresión y la represión, una lucha que, de seguir intensificándose podría derivar hacia objetivos revolucionarios y de desestabilización del sistema estatista y capitalista (español y catalán).

Malatesta nos ayuda un poco a tomar postura, pues este tipo de situaciones ya se han experimentado desde el surgimiento del anarquismo. Así, consideraba que el deber de los anarquistas es siempre estar en medio del pueblo en rebelión, aunque sus aspiraciones sean limitadas. En este sentido el teórico italiano entiende que para que los anarquistas participen en la insurrección, es suficiente que ésta se haga contra los dominadores y tenga un carácter cualquiera de reivindicación política o económica en interés del pueblo, por pequeña que pueda ser.

No han sido pocas las ocasiones en la historia en las que muchos anarquistas, entre ellos Bakunin, participaran en insurrecciones no estrictamente anarquistas pero que llevaban en ellas el espíritu de rebelión contra un opresor. En el caso del Estado contra Cataluña es claro, y por eso, creemos que es bueno apoyar la insurrección catalana. Sirve además de gimnasia revolucionaria para un futuro, cuando, si llega a existir esa república catalana, los dirigentes catalanistas manden a sus sabuesos contra los trabajadores y los explotados.

Grupo Higinio Carrocera

[13 Octubre 2019] Accidentes laborales: la abolición del trabajo como cuestión de supervivencia.

Corres peligro. Y, posiblemente, no seas consciente de ello. Probablemente, sin saberlo, te coloques en la linea de fuego durante 40 horas a la semana (eso sobre el papel, sabemos que realmente le dedicas muchas mas horas). O menos horas, pero la misma miseria de retribución. Seguramente, en lo mas hondo de tu ser, no quieras ponerte en esa situación peligrosa de manera cotidiana. Pero la sociedad -y sus títeres- te han hecho pensar que estas ahí por elección, y si te das cuenta de que no es así y lo expresas, te señalará con su gran dedo acusador y gritará: VAGO. Aparte de condenarte a la miseria. Esta situación de peligro, esta condena cotidiana y perpetua, se llama trabajo.

Algunas personas nos tacharán de alarmistas, dirán que buscamos excusas para no trabajar (no necesitamos excusas; lo decimos bien alto y claro: NO QUEREMOS TRABAJAR). Pero si analizamos las raíces del trabajo asalariado, su papel en esta sociedad, y por tanto en nuestras vidas; si observamos las consecuencias que tiene sobre nuestra salud, tanto física como mental, nos damos cuenta de que exageración hay poca.

Cada año mueren en Madrid unas 80 personas debido a “accidentes” laborales. En todo el estado esta cifra se eleva a 600 personas al año. Y si buscamos cifras globales, de todo el planeta, la lista de trabajadores muertos aumenta hasta 360.000 personas. Eso, teniendo en cuenta de que estos son los datos de los que se tienen registro, ya que en el resto del mundo (fuera de Occidente, donde reside la mayoría de la población mundial) debemos asumir que los registros no recogen todas las muertes en el trabajo, debido a la mayor precariedad laboral (trabajadores sin contrato, esclavitud, etc…), una menor o más ineficaz burocratización de la vida y unas condiciones de trabajo significativamente peores (con esto no queremos decir que nuestras condiciones de trabajo sean buenas; simplemente que las que se dan en otras partes del mundo son muchísimo peores).

Todos los distintos puestos de trabajo tienen sus particularidades, y por lo tanto generan enfermedades especificas y matan de manera particular. Por ejemplo, un auxiliar de carga y descarga de montaje de escenarios tiene riesgo de morir aplastado por muchos de los elementos que manipula en su jornada laboral; mientras que un conductor de autobuses no sufre ese riesgo, tiene muchas mas posibilidades de formar parte de una colisión de trafico (sobra apuntar que aquellas desgracias que nos acontecen de camino al trabajo también forman parte de los riesgos que uno asume como parte de su trabajo). Es imposible ponernos a analizar las particularidades de cada puesto de trabajo, en un mundo como este que posee una división del trabajo increíblemente compleja, y que necesita de esta para funcionar. Lo que si que podemos hacer es analizar ciertas cuestiones generales que atraviesan todo trabajo asalariado.

El trabajo puede ser entendido como el tiempo y el esfuerzo dedicado a la producción de bienes y servicios, los cuales generan beneficios a través de la explotación de personas que venden su fuerza de trabajo a los empresarios, los cuales acaparan el beneficio generado por esos bienes y servicios a cambio de una misera parte de los mismos, el salario que paga a los trabajadores. Esta “relación” que se establece entre el trabajador y el patrón pasa a definir nuestra vida, a ser el eje en torno a la cual se vertebra. Si no lo tenemos, no podemos descansar hasta tenerlo. Si lo tenemos, nos sometemos a las condiciones que sean con tal de mantenerlo. Para no perderlo, dia a dia renunciamos a nuestras horas de descanso y de sueño, dedicando un periodo de tiempo significativo a una actividad que por lo general no nos gusta, y renunciamos a los beneficios que genera a cambio de migajas.

La ansiedad, las jornadas dobles, el estrés laboral, el no respetar las horas de descanso entre jornadas, las horas extra, la amenaza de despido (el cual supone una condena a la miseria), los plazos impuestos desde arriba por personas que no hacen tu trabajo y que posiblemente no tenga ni idea sobre el, el acoso, el trato despectivo; son situaciones cotidianas en la mayoría de las empresas.

Al vernos sometidos a estas condiciones a diario, no se puede negar el efecto nocivo que tiene el trabajo en nuestras vidas. Nos mina la salud física y mental. Nos quita las ganas de vivir, ya que nuestra vida se dedica a enriquecer a otras personas. Personas que son escoria. La mayoría de los accidentes laborales que se producen son por infarto o derrame cerebral (algo muy ligado a situaciones de estrés elevado). Curiosamente, también son los factores de mayor mortandad en nuestro país fuera y dentro del trabajo, algo que tiene una estrecha relación con el mundo laboral dado que nos pasamos la mayor parte del tiempo trabajando. Aunque el infarto no se produzca en el puesto de trabajo, la relación que tiene con éste es bastante evidente.

De la importancia del trabajo como eje principal de nuestras vidas, nace una división del tiempo: tiempo de trabajo y tiempo de “ocio”. Hay que dejar claro que entre ambos existe una relación, pues el ocio es tiempo libre en cuanto a que es tiempo que no pasamos en nuestro puesto de trabajo. Sin trabajo asalariado no hay tiempo libre, pues nuestras vidas quedarían a nuestra disposición para emplearlas como mejor consideremos. De esta manera, el “ocio” no es más que una concesión, un tiempo de desconexión y descanso destinado a aumentar nuestra productividad de cara a la siguiente jornada laboral. A parte de un gravísimo problema de concepto, (el tiempo de ocio nace de la existencia del trabajo asalariado; nuestro tiempo es nuestra vida, y esta no se puede dividir en distintos segmentos), existe el problema de como empleamos nuestro tiempo libre. A raiz de las cuestiones explicadas en el párrafo anterior, es bastante común las tendencias autodestructivas en nuestro tiempo de ocio, con el fin de buscar la evasión. Estas tendencias autodestructivas se materializan en el consumo, tanto de productos como de sustancias. Las horas frente al televisor, las drogas, irse de compras, son usos de nuestro tiempo que no contribuyen a nuestro desarrollo como individuos, nos merman como seres humanos, a parte de los efectos directamente nocivos para la salud, como el sedentarismo o aquellos derivados del consumo de droga. De esta manera, vemos como el trabajo nos roba la vida y la salud (física y mental) desde otro frente, aquel que se sitúa en la posición que ocupa en nuestras vidas y la división de nuestro tiempo que genera.

¿Como es posible, que ante un panorama tan desolador, la gente no haga más que callar y asumir? ¿Por qué, si la gran mayoría de personas pasa su vida realizando actividades monótonas y aburridas que no les gustan, no dejan de hacerlo? Esto se debe a que hemos sido educados para desarrollar una dependencia con el trabajo y el mundo que lo necesita. Hoy en día, la principal manera que tenemos cubrir necesidades (vivienda, alimentación, etc..) para nuestra supervivencia es a través del dinero, el cual solo podemos adquirir legalmente siendo explotados o explotando a otros seres humanos. Como somos gente decente, el explotar a otros seres humanos queda descartado, así que solo nos queda el trabajo asalariado. (Existen otros métodos de cubrir esas necesidades, pero la gente no suele estar dispuesta a asumirlos). A parte de ello, la división del trabajo nos ha robado nuestras capacidades y potencialidad como individuos, generándonos una dependencia hacia los llamados especialistas, haciéndonos incapaces de abordar problemáticas básicas de nuestras vidas, o tomar decisiones conscientes sobre ellas.

Cada muerto, cara herido, cada enfermedad provocada en el trabajo es un crimen de sangre contra los explotados, o sea, contra aquellos que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir en este mundo. Los accidentes se dan este contexto hecho para enriquecer a los empresarios. Da igual las particularidades en el que se haya producido y mucho menos nos importan los discursos que señalan al explotado en lugar del empresario como único culpable. Sin olvidar a las Mutuas, los sindicatos y demás órganos que regulan el trabajo y la muerte que este provoca. ¿Qué mierda es esa de ponerle precio a nuestras heridas, a nuestros miembros amputados trabajando, a nuestras enfermedades? Una maldita barrera de contención que la Ley y el Estado generan. La pasividad de nuestros días frente a esta guerra de exterminio contra los y las currelas contrasta con la rabia y acción que los accidentes laborales desataban antaño. Y era normal: si morimos trabajando para enriquecer a un patrón, el patrón debe pagarlo caro. La huelga, el sabotaje y la acción directa debía y debe ser la respuesta a la sangre con la que amasan sus fortunas. No hay conciliación posible con los empresarios. No hay conciliación con el trabajo.

Es por todo esto que el trabajo mata, de muchas maneras diferentes. Es por todo esto que el trabajo te lleva a la muerte real o figurada, reduciendonos a sombras de lo que podríamos llegar a ser si vivieramos libres. Es por todo esto que debemos luchar contra el trabajo, si queremos recuperar la vida que nos han robado. No hay otra opción.

Si hay sangre en los tajos, que sea del patrón…

[04 Junio 2019] Transición o guerra climática

La migración climática ya está ocurriendo. Cada año entre 2008 y 2015, un promedio de 26,4 millones de personas migraron a causa de desastres relacionados con el clima, según las Naciones Unidas.

Y el cambio climático no va a mejor; ya ni los ‘expertos’ escépticos contestan el calentamiento global sino sólo sus causas.

Algunas de las consecuencias incluyen tormentas cada vez más severas y aumentos del nivel del mar que ya van sumergiendo áreas costeras y ciudades habitadas incluyendo Ámsterdam, Hamburgo y Lisboa.

Por supuesto en las zonas más pobres del planeta es donde esto se nota más, bien sea porque los fenómenos meteorológicos son más extremos, porque las enfermedades tropicales causan daños más graves, porque las personas subnutridas tienen pocos recursos o porque una vivienda inadecuada se encuentra especialmente en situación de riesgo. Mientras el huracán Irma azotaba Florida en septiembre, las fuertes lluvias sumergían un tercio de Bangladesh y del este de la India matando a miles de personas.

A mediados de este siglo, es probable que el cambio climático desplace a mucha más gente que la Segunda Guerra Mundial, que desplazó a unos 60 millones de personas en toda Europa. Algunos expertos estiman el número entre 150 y 300 millones de refugiados y migrantes. Para ponerlo en perspectiva, la crisis migratoria que afecta a Europa desde 2015 no ha alcanzado ni a dos millones.

Entre el drama de pensiones de menos de 300 euros al mes, los recortes en educación, sanidad y tantos otros servicios básicos que creíamos que el progreso garantizaba, nos despertamos por la mañana pensando más “no sé si puedo pagar las facturas” que “los casquetes polares se están derritiendo y nos dirigimos a la catástrofe climática”.

La justicia climática, la democracia energética o los bienes comunes parecen dimensiones externas aunque se relacionen con todo. El cambio climático no saca tanta gente a la calle como la lucha por las pensiones o la lucha feminista. Muchas mujeres sienten que hay una guerra contra la mujer, y muchas y muchos pensionistas sienten que la hay contra la población pensionada.

Los fenómenos meteorológicos extremos que destruyen vidas humanas y muchas veces la posibilidad de un retorno a la normalidad, son “Actos de la naturaleza”? O es el cambio climático una guerra de clases? La crisis económica (o la llamamos mejor estafa?) de 2008 ha proporcionado a las élites gobernantes de todo el mundo una coartada perfecta para seguir reestructurando, privatizando y desregulando los recursos, las instituciones y las esferas públicas.

La violencia del cambio climático es impulsada por la decisión de seguir quemando combustibles fósiles, decisión tomada por las grandes corporaciones y los gobiernos a los que financian.

[28 Abril 2019] No votes, autoorganízate y lucha

Ahora más que nunca, debemos denunciar la farsa electoral, mostrarnos contrarios a cualquier representante, no creer en los cantos de sirena de la izquierda, hacer un llamamiento a no votar en ninguna de las elecciones que vienen y autoorganizarse con tus vecinas para plantar cara al Fascismo, el estado y el capital.>

No votes, autoorganízate y lucha

“Ejercer el poder corrompe, someterse al poder degrada”

La fiesta de la democracia se avecina. ¿No te llega para el alquiler? Vota ¿Tienes un aviso de desahucio? Vota ¿Un/a conocido/a ha caído en el pozo de la droga o las apuestas? Vota ¿Para luchar contra la extrema derecha? Vota ¿Parar el cambio climático? Vota.

Las elecciones son la trampa que organiza el estado para hacer creer a la población que sus opiniones valen algo. Como dijo alguien: “Si votar sirviese de algo estaría prohibido”.
Cualquier forma de estado se basa en que unos pocos sometan a la mayoría. Unas pocas personas acumulan la gran parte de la propiedad y de los medios de producción sometiendo al resto de la población mediante el trabajo. Es el capital el que tiene el verdadero poder y los gobernantes tan solo deciden en los estrechos márgenes que permite el capitalismo.

Si participas en las elecciones delegas tus responsabilidades en un tercero y confías en que esos representantes cumplan sus promesas. Al votar estás permitiendo que los políticos a quienes votaste decidan por ti los próximos cuatro años. Si votas nulo o en blanco no cuestionas el sistema de representación, tan solo expresas tu disconformidad con los partidos que se presentan.

Es posible hacer frente al estado y el capitalismo mediante la autoorganización de los de abajo contra los de arriba en sus múltiples formas. Desde los centros sociales autogestionados, los ateneos, las asambleas vecinales, de vivienda, de mujeres, los sindicatos de barrio, las redes de apoyo mutuo y desde cualquier espacio que nazca de la necesidad de plantar cara a la injusticia social.
La autoorganización o la organización por nosotras mismas es horizontal porque la toma de decisiones es entre todas, sin líderes ni jerarquías, como un reflejo de la sociedad sin clases a la que aspiramos.

La delegación de tus decisiones políticas en un representante es vertical, perpetúa la jerarquía y justifica la sociedad de clases. Los partidos políticos tienden a desmovilizar y domesticar los movimientos sociales, encauzando e integrando el descontento en los cauces permitidos del sistema.

En el estallido social de mayo de 2011 surgieron múltiples asambleas y espacios autoorganizados. En 2014 surgió el partido Podemos para integrar dentro del sistema al descontento social. A la vez, eran duramente reprimidas los movimientos sociales en general. En la elecciones municipales de 2015 nacen las candidaturas de unidad popular reforzando la desmovilización; de esta manera mucha gente que había bajado a la calle volvió a su casa confiando en los cantos de sirena de los partidos de izquierda.

Una vez más, el estado y el capital, salen reforzados de una crisis. De esta manera surge el multipartidismo renovador frente al bipartidismo caduco.

En 2019 la izquierda vuelve a llamar al voto frente al auge de la extrema derecha. Pero la historia nos ha enseñado que a los fascistas se les para en la calle, codo a codo, desde los movimientos sociales, combatiéndoles en las calles y arrinconándoles. En 1936 fue el pueblo en armas el que enfrento al ejercito y los Fascistas, mientras que algunos políticos de izquierdas se negaron a dar armas a la gente. Preferían el fascismo, que al pueblo en armas y la revolución social.

Ahora más que nunca, debemos denunciar la farsa electoral, mostrarnos contrarios a cualquier representante, no creer en los cantos de sirena de la izquierda, hacer un llamamiento a no votar en ninguna de las elecciones que vienen y autoorganizarse con tus vecinas para plantar cara al Fascismo, el estado y el capital.

Contra la Farsa electoral!

Por la abstención activa!

[25 Marzo 2019] ABSTENCIONES 2019: Apuntes para un debate que no tendría que existir.

La abstención vuelve a copar los titulares de la prensa, especialmente la de “izquierda”, asustada por la debacle electoral de Andalucía que ha dado a la “derecha” el gobierno en dicha comunidad autónoma tras cuarenta años de cesarismo socialista y por la irrupción de la derecha del P.P. (VOX) que está siendo usada como ariete contra el desencanto con las políticas de izquierda en aras de una supuesta “unidad antifascista”. Siniestramente se recuperan viejos eslóganes creados por el también siniestro Rodolfo Martín Villa (especialmente aquel que dice “si ahora no votas, luego no te quejes” anunciado en TV para las elecciones del año 1979) e hiperbólicas llamadas a parar “al fascismo” dirigidas muy especialmente al nuevo caladero masivo de votos izquierdistas: las mujeres. Por parte de “las derechas”, la cuestión catalana sirve de catalizador para el ascenso de la formación VOX, cuya omnipresencia mediática da mucho que pensar sobre cómo se dirige desde arriba el debate político y las cuestiones centrales que deben marcar la agenda de esta campaña electoral.

Los partidos de izquierda, especialmente el PSOE de Sanchez, tienden a culpar a los abstencionistas de la pérdida de confianza de sus potenciales votantes, tirando de argumentos falaces, pues por ejemplo, la abstención al no computar en el recuento general de votos no modifica las relaciones de fuerza expresadas en las urnas, es decir: cuando dicen “nuestro partido ha sido perjudicado por la abstención” o “la culpa de que haya ganado en votos la suma de las derechas y la ultraderecha ha sido de quienes no han ido a votar”, habría que decir que en realidad ha habido partidos (los de izquierda en este caso) que no han sido capaces de movilizar a sus potenciales electores y que esta desmovilización refleja, más allá de un cierto pasotismo o indiferencia al respecto de la política, también una desafección con los representantes y las reglas del juego democráticos.

Para encuadrar el asunto en sus parámetros exactos, echemos un vistazo a los datos. La participación en las diversas campañas electorales (generales, municipales y autonómicas, europeas) no es siempre igual, siendo las elecciones generales en las que más se moviliza el electorado (entre un 66 y un 80% de participación) seguidas de las autonómicas (63% al 73%) y por último las europeas, con niveles de participación inferiores al 60%. El abstencionismo no hace más que aumentar desde el año 2011, siendo la participación inferior al 70% (en las generales se han llegado a alcanzar los máximos de participación -80%- únicamente en las elecciones que dieron la victoria a Gonzalez en 1982, y registrándose niveles de participación superiores al 70% en las campañas de 1993, 1994, 2004 y 2008) lo que para el ministerio del interior quiere decir que estamos atravesando la etapa de desmovilización electoral más larga de la historia de España.

Muchos estudios coinciden en afirmar que esta abstención tiene un componente crítico con el sistema, y está encuadrada en sectores sociales que no se sienten representados en las políticas de Estado, llegando a producirse un “círculo vicioso de la abstención” (Justel): grupos sociales que se sienten menos representados dejan de votar, lo cual hace que sus intereses no sean tenidos en cuenta por los políticos (en aras de maximizar sus rendimientos electorales) lo que a su vez aumenta el sentimiento de exclusión y el rechazo a las urnas de estos sectores sociales… Para otros autores (Schattschneider, Burnham) la abstención no es normal ni funcional, es más bien una señal de que la democracia es poco real para mucha gente que se siente marginada del sistema político. Frente a esto están las teorías del “elitismo democrático” (Bacharach), que afirman que la abstención de un gran número de gente es necesaria para el buen funcionamiento del sistema democrático dado el desigual interés por la política que manifiestan diversos individuos y sectores sociales. Así pues, está claro que el grueso de esta abstención no se rige por parámetros anarquistas, es decir, no tiene un proyecto consciente detrás de destrucción de las instituciones del Estado. El partido de la abstención, que si bien es cierto ha resultado el claro vencedor en buena parte de las elecciones celebradas en los últimos años, y que como es lógico repunta en periodos de crisis social, no es una amenaza para la estabilidad democrática. Aunque se asocie una elevada participación como ideal democrático y como consecuencia, una baja participación refleje el descrédito con el sistema, aparte de los múltiples factores individuales que pueden llevar a una persona a abstenerse en unas elecciones cualquiera, no existe un movimiento en la calle que haga pensar que este gran número de abstencionistas (12 millones de personas en las últimas elecciones generales) piensen que puede existir otra forma de gestión de los asuntos públicos más allá de la política parlamentaria.

Para un anarquista no debería existir nada parecido a un debate sobre la conveniencia o no de participar como votante en un proceso electoral cualquiera. Debería ser una cuestión ampliamente superada tras más de 150 años de rechazo de las prácticas políticas y parlamentarias, y a la vista de hechos históricos que deberían ser conocidos por todos/as los/as militantes. Defender los principios anarquistas de federalismo, autorganización, autogestión, solidaridad y apoyo mutuo, acción directa… excluye de facto la posibilidad de pactos o componendas con el enemigo de clase y sobre todo excluye los chalaneos con la casta política nueva y vieja. El reconocimiento del hecho de que la abstención se produce por diversos factores (individuales y sociales) y no es consecuencia directa de la asunción generalizada por los abstencionistas de los principios y prácticas anarquistas nos puede orientar hacia donde y hacia quienes tendríamos que dirigir tanto nuestra propaganda como nuestras propuestas de intervención social. Caer en la trampa del sistema asumiendo como propias las cuestiones a considerar políticamente en una campaña electoral es entrar en el terreno de su política y manejar sus argumentos, con lo cual nuestra derrota está asegurada: no tenemos nada que vender en el mercado electoral. Sorprendentemente parece que hay un gran interés en hacer entrar a estos minoritarios sectores abstencionistas conscientes en el redil electoral, especialmente en esta campaña que arranca con la excusa de la “alerta antifascista” ante la psicosis VOX, está claro que en un espectro electoral tan fragmentado cada voto cuenta y la izquierda de todas las tendencias es consciente de ello.

Somos un “movimiento” fragmentado y débil, con muy escasa incidencia social, pero somos los únicos que podemos dotar de fuerza y argumentos a los desencantados con el sistema. O cuanto menos, somos los únicos que podemos mantener con vida el utópico sueño de una sociedad libre sin clases sociales y sin Estado. Seguir defendiendo estas ideas que nos separan absolutamente de las políticas parlamentarias, sus “derechas e izquierdas”, es imperativo en estos tiempos de confusión y de venderse al mejor postor. Pero no solo eso. También con nuestras prácticas, en la medida de nuestras posibilidades y siendo realistas con las fuerzas que disponemos, como la ocupación de viviendas y centros sociales, tan necesaria en estos tiempos, podemos mostrar a esos no votantes desencantados y asqueados por las mentiras de los de arriba que podemos luchar contra el sistema y conseguir arrebatarle espacios vitales para desarrollar otras formas de organización fuera de las jerarquías y de la burocracia estatal.

NUEVAS CARAS, VIEJA POLÍTICA: NO LES VOTES.

[11 Marzo 2019] Conspiracionismo y manipulación.

En los últimos tiempos hemos asistido a la proliferación de las teorías de la conspiración y al desarrollo del conspiracionismo como fenómeno sociopolítico. Esto es especialmente notorio en los medios de la disidencia política donde han florecido muchas de estas teorías, lo que constituye no sólo una novedad sino también un problema en la medida en que no se ha llevado a cabo una reflexión serena, racional y crítica de estos planteamientos. Por el contrario se ha optado por aceptar irreflexivamente muchas de estas teorías, al mismo tiempo que se ha evitado cualquier análisis crítico que significase un cuestionamiento del verdadero papel que estas desempeñan tanto en los medios de la disidencia como en el conjunto de la sociedad.

Ciertamente a lo largo de la historia, y aún en el presente, han existido conspiraciones de todo tipo, pero estas se han circunscrito a ámbitos y situaciones muy concretas. Esto es especialmente claro, por ejemplo, en la práctica totalidad de magnicidios y golpes de Estado, y de los que la historia da perfecta cuenta. Sin embargo, el problema no está en constatar la existencia de conspiraciones, sino en hacer de la conspiración una concepción del mundo a través de la que explicar el conjunto de la realidad. Y es aquí donde hacen su aparición las famosas teorías de la conspiración.

La necesidad del ser humano de entender el mundo tan complejo en el que vive, y la ineficacia que han demostrado las ideologías y las teorías políticas para llevar a cabo con éxito esta tarea, ha empujado a ciertos sectores de la población a buscar respuestas en otra parte, y sobre todo a mostrarse receptivos hacia puntos de vista y explicaciones estrafalarias que, entre otras cosas, tratan de resolver de modo simplista muchas preguntas que las personas se hacen sobre la realidad en la que viven. Esto no hace sino demostrar que nos encontramos ante un problema epistemológico, que ataña al modo en el que conocemos la realidad, y que es el resultado del estrepitoso fracaso de las grandes ideologías con sus metarrelatos y sistemas teóricos. Todo esto, junto al estado de ánimo de desconfianza generalizada que se ha implantado en la sociedad, ha creado unas condiciones favorables para que las teorías de la conspiración hayan encontrado una audiencia receptiva.

Las teorías de la conspiración se presentan como explicaciones, a veces más o menos ingeniosas, que tratan de resolver el problema que el sujeto tiene a la hora de entender la realidad. Y lo hacen mediante el desarrollo de una narrativa que gira en torno a una trama oculta en la que una minoría omnipotente, pero desconocida para el gran público, desarrolla envuelta en el secretismo sus planes de dominación mundial. Esta minoría que actúa desde la sombra es la que controla los resortes del poder con los que dirige el curso de los acontecimientos en el mundo, y maneja a su antojo a todos los demás que son, en definitiva, meras marionetas suyas.

A tenor de lo antes expuesto las teorías de la conspiración manifiestan un tremendo simplismo en sus explicaciones y en su lógica discursiva, lo que sólo tiene éxito en la medida en que apela a la sospecha y desconfianza como disposición de algunas personas y sectores sociales a asumir unos planteamientos paranoides. De hecho, las teorías de la conspiración son por lo general autorreferenciales, de forma que únicamente aceptan como evidencias aquellos hechos que confirman sus propias explicaciones y que caminan en la misma dirección de su lógica discursiva. El conspiracionismo viene a ser la expresión política del pensamiento paranoide, y como tal se muestra rígido e incorregible, lo que lo hace monolítico e inamovible, de modo que no tiene en cuenta las razones contrarias al recoger, como se ha dicho, datos o signos que confirman sus prejuicios para convertirlos en convicción.

Si lo anterior muestra el modo en el que operan las teorías de la conspiración, lo más importante es el fin al que en realidad sirven. Es habitual que se hable de vez en cuando de conspiraciones de uno u otro tipo, pero lo problemático entre quienes se adhieren a las tesis conspiracionistas es que no existe ningún cuestionamiento de su finalidad, ni tan siquiera se tiene en cuenta la posibilidad de que estas puedan ser un instrumento de dominación o manipulación. En este sentido las teorías de la conspiración son paradójicas, porque formalmente pretenden liberar a la persona mostrándole la manipulación a la que está sometida para, acto seguido, someterla a otro tipo de manipulación. A fin de cuentas las teorías de la conspiración son sólo teorías que se basan en conjeturas, suposiciones y en algunos hechos circunstanciales que son utilizados como base fáctica para legitimar sus postulados. Y a veces ni siquiera tienen una base fáctica de ningún tipo.

Es preciso hablar claro de una vez. Las teorías de la conspiración sirven fundamentalmente para ocultar la realidad. Quienes se adhieren a ellas y las convierten en su particular concepción del mundo demuestran una tremenda incapacidad de análisis, lo que refleja igualmente una derrota intelectual. Este tipo de teorías desvían la atención de los aspectos decisivos de la realidad y pretenden hacernos creer que el mundo es fruto de un complot tramado por jesuitas, masones, judíos, extraterrestres, George Soros, cátaros, satanistas, illuminati, templarios, la familia Rothschild, los Rockefeller, el club Bilderberg, la nobleza negra veneciana, etc. Según estas teorías estos grupos sociales e individualidades que actúan en la sombra desempeñan la función agente al ser los que toman las decisiones y ejercen el poder sobre la sociedad. Pero esto es completamente erróneo. En primer lugar, porque estas teorías hacen que la persona deje de tener los pies en la tierra y se deje arrastrar por especulaciones y extravagancias sin una base real en la mayoría de los casos, o a lo sumo meramente circunstancial en el mejor de los casos. En segundo lugar, estas teorías son nuevos dogmas de fe que exigen la adhesión del individuo para ser válidas, de manera que impiden la reflexión autónoma y crítica, pues ya está la teoría que lo explica todo.

Por último, hay que señalar que las teorías de la conspiración son en numerosas ocasiones producidas por los propios servicios secretos de los Estados, o bien difundidas por estos en el marco de sus campañas de desinformación, manipulación, propaganda y desestabilización de sociedades, colectivos e individualidades. Las teorías de la conspiración sirven a los intereses de los Estados. Desviar la atención de los aspectos centrales y decisivos de la realidad constituye la principal finalidad y razón de ser de estas teorías, pues todas ellas llevan a callejones sin salida. Su efecto es desorientador ya que sumergen al individuo en un cúmulo de mentiras y medias verdades que lo alejan de la realidad para sumergirlo en la burbuja del conspiracionismo, lo que en última instancia lo hace mucho más vulnerable y, en definitiva, manipulable. En otras ocasiones este tipo de teorías resultan muy funcionales a la hora de apuntalar estructuras ideológicas en declive y desacreditadas, de tal modo que operan como recursos para justificar y legitimar ciertos postulados políticos desfasados que por regla general se traducen en la defensa del sistema de dominación vigente. Esto es muy frecuente en las sectas políticas e ideológicas de todo tipo que están dispuestas a todo con tal de controlar y ganar adeptos.

Tampoco hay que olvidar la dimensión económica del fenómeno de la conspiración. Basta con echar un vistazo a la cantidad gurús, comentaristas, portales de noticias, conferenciantes, tertulianos y demás charlatanes de todo tipo y laya que se mueven en el ambiente del conspiracionismo. Nos encontramos con una considerable cantidad de libros, revistas, vídeos, artículos, programas, documentales, etc., que pueblan redes sociales y multitud de canales de comunicación difundiendo estas teorías, lo cual genera un volumen respetable, todavía no cuantificado, de negocio. El conspiracionismo se ha convertido en algo económica y profesionalmente muy rentable para quienes han sabido introducirse en esta corriente y vender sus productos, además de darse a conocer, incrementar su capital social y medrar en la jerarquía social. Asimismo, el conspiracionismo ha originado nuevos grupos que giran en torno a estas teorías, hasta el extremo de articular todo un espacio social en el que una minoría, por medio de sus elucubraciones y explicaciones completamente disparatadas, ejerce su poder ideológico.

El Estado, el ejército, los jueces, la policía, las cárceles, la burocracia, las leyes, los impuestos, los servicios de espionaje, etc., no son ninguna conspiración. Están ahí y son plenamente visibles. Son estructuras de poder que ejercen funciones de mando, que administran la sociedad según sus intereses estratégicos, y que constituyen una minoría organizada. Conforman el poder establecido al concentrar los recursos necesarios para tomar decisiones que son impuestas a la sociedad. Desviar la atención hacia supuestos grupos sociales que son presentados como más poderosos, sean los jesuitas, los masones, satanistas o George Soros, es simple y llanamente desconectar completamente de la realidad y sumergirse en la oscuridad de la mentira que convierte en tontos útiles del sistema a quienes dan crédito a estas teorías. El poder en la sociedad reside en el Estado y en las organizaciones que este sostiene para la consecución de sus propios intereses, como ocurre con la propiedad privada en los medios de producción y con el capitalismo en general. El Estado y el capitalismo no son ninguna conspiración. En suma, el poder establecido no es ninguna conspiración, en todo caso el modo en el que este es ejercido en la medida en que ciertas decisiones e informaciones requieren ser mantenidas en secreto. Por tanto, cualquier lucha por un mundo nuevo exige, entonces, conocer el funcionamiento de la institución central en torno a la que se organiza la sociedad, el Estado, así como de aquellas otras que desempeñan funciones auxiliares a su servicio. Todo lo demás, como ocurre con el conspiracionismo, es desviar la atención de esta realidad fundamental y decisiva, y por ello es terminar colaborando con el sistema que nos oprime.

[14 Febrero 2019] Reflexiones sobre la Técnica y el Estado.

El verdadero Poder político y económico radican en los avances de la técnica y la tecnología. La política y la economía están al servicio del técnica y la tecnología.

El progreso y la modernidad en general le está saliendo muy caro a la humanidad. Todo progreso debe ir acompañado de la existencia de un Estado fortalecido a través de los impuestos, de una súper-estructura que organice de forma pormenorizada todos los asuntos de la sociedad y de un ejército que defienda los intereses de la clase dirigente dentro y fuera del país. La protección que brinda el Estado a sus súbditos debe ir acompañada de una fiscalización exhaustiva del ciudadano y de su consentimiento para favorecer el progreso técnico y tecnológico, de manera que no pueda haber ningún tipo de contestación y cuestionamiento al orden establecido vigente.

Si durante la revolución industrial no había vida más allá de las fábricas, en la revolución tecnológica no hay vida más allá de las pantallas.

Si la revolución industrial impuso el trabajo (asalariado) como modo de vida, en la revolución tecnológica se impone el ocio como modo de vida. El trabajo y el entretenimiento sirvieron y sirven como herramienta de control social, la producción y el consumismo derivaron y derivan en sistemas totalitarios que desbordan las expectativas de desarrollo que pueda tener el individuo en la sociedad. No puede haber libertad en un sistema de dominación que invade permanentemente la vida de los individuos y que dicta cómo hay que pensar y actuar en cada momento de la misma.

El tiempo para el hombre moderno es básicamente dinero, es decir, producción y consumo (que se convierte en consumismo). No hay otra concepción del tiempo que no sea la material, invadiendo constantemente la esfera pública y privada del individuo y su vida. Lo espiritual queda reducido a las creencias religiosas, políticas y filosóficas que suelen servir de medio para la consecución de fines materiales. Se ha prostituido la espiritualidad en nombre del progreso, la modernización y el desarrollo económico. Ya no queda espacio para la convivencia sana, la psicología y la religión están al servicio del Capital y el Poder. Todo está contaminado por las relaciones de dominación ya sean económicas o afectivas.

Ante el peligro que causaron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki de una aniquilamiento total de la civilización, la humanidad tomó la senda de la destrucción lenta y programada que le ofrece la técnica por medio del control de la Naturaleza y el ser humano a fin de evitar su inminente desaparición, de manera que la técnica se convierte en herramienta de su salvación y degradación planificada hasta la desaparición de lo que se ha llamado vida “inteligente” en el planeta.

Las guerras son Razón de Estado y en consecuencia son sagradas, de manera que la ley permite matar en nombre de la patria. El ejercicio de la violencia esta salvaguardado por el imperio de la clase dirigente.

El Estado se funda en la violencia, es decir, en la guerra. Con lo cual el Estado en tiempos de “paz” es un Estado prebélico dispuesto a tomar las armas en el momento en que vea peligrar su status qüo o Poder. Mediante el Estado prebélico el Estado mantiene a otros Estados a raya incluyendo a la población o disidencia interior que albergue intenciones de cambiar el Sistema.

La tecnología ha creado un mundo totalmente abstracto, internet es la culminación de este mundo dominado por las máquinas que sitúa al ser humano como un producto creado por la técnica que ya no puede percibir la realidad tal como es, debido a la dependencia que éste tiene con la megamáquina.
Su disposición y servidumbre es cada vez mayor, normalizando lo que será el nuevo sistema de dominación basado en el tecnofascismo.

Su capacidad de sentir será cada vez menor al estar alejado del mundo natural, de manera que los estímulos externos anularán a los internos, es decir, la propaganda lo proveerá de las motivaciones que necesite en cada momento para guiar su conducta.
Ya no quedará ningún resquicio de humanidad en un mundo tecnológico. Todo estará al servicio de la técnica y la máquina. El mundo virtual reemplazará al mundo natural que quedará reducido a la mínima expresión en su faceta ecofascista para la supervivencia de los más adaptados al nuevo sistema de dominación.

Internet y las redes sociales formas parte del espectáculo capitalista donde la imagen del usuario se mide por el número de seguidores y me gustas. La permanente competitividad por la popularidad en Internet es un indicativo de una sociedad de masas en la que el individuo renuncia a su originalidad innata y se tiene que vender como una mercancía más para poder ser reconocida. La imagen del individuo transformada en mercancía para la audiencia y el mercado. La revolución transformada en espectáculo y asimilada por el sistema de dominación. Ya no quedan individuos donde sólo hay imágenes abstractas.

Con Internet el espectáculo se ha democratizado. Ahora quien disponga de Internet puede ser famoso. Sólo se trata de venderte como un producto o una marca para la audiencia. Si gustas (me gusta en facebook) empezarás a ser famoso y podrás competir con otras marcas o imágenes reconocidas para aumentar tu popularidad. En el fondo lo que manda en la sociedad de consumo es el mercado y el Poder. La fama te proporcionará influencia. Influencia para convencer (influencer) e influencias, con lo que tendrás más Poder si alcanzas los objetivos que determina el mercado. El poder alimenta al Poder.

El poder político crea el poder económico. La democracia es un pastiche de ideologías que derivan en totalitarismo al servir a un único fin; la conquista del poder político para apropiarse de los recursos naturales y de este modo ofrecerlos como mercancía a la sociedad, de manera que puedan competir a través del trabajo por una remuneración. El dinero se transforma en objeto de especulación y de competencia o dicho de otro modo en un fin para la supervivencia. Sólo se trabaja por y para el dinero, no hay otra motivación que no sea la material.

La democracia o el poder político sirven de este modo a la consecución y perpetuación de la economía como fin y no como medio para la sociedad. Todo gira en torno a la economía. Sin acumulación de capital no hay progreso, modernización y tecnología.

El mundo se ha acabado transformando en una inmensa mercancía con la que poder especular y obtener beneficios económicos hasta su extunación y destrucción.

La primera etapa de la emancipación es espiritual e individual como sucede con la dominación. La dominación de la sociedad surge en primer lugar a partir de la coerción política y social (gobernados-gobernantes) para ser después económica (explotados-explotadores).

Para liberarse de los explotadores el individuo deberá primero liberarse de los gobernadores, es decir, de los políticos que dicen representarlo y de sus instituciones dedicadas a la opresión o en última instancia del Estado

En la sociedad capitalista todo se mide por la cantidad y no por la calidad. La dependencia de las leyes del mercado y de la productividad (1) imponen un modo de vida competitivo e hiper-violento en todos los ámbitos de la vida del ser humano que suprimen su creatividad o la ponen al servicio del Poder, con lo cual queda reducido a bestia de carga o a autoridad intelectual sumido en su propio narcisismo individualista que lo despoja de todas los valores y virtudes que lo hacen ser humano.

1. De ahí la destrucción de la Naturaleza, la adoración al sistema ténico y el fetichismo de la mercancía con la sacralización de la imagen que imponen los valores capitalistas.

La sociedad de la información se circunscribe en la era de la confusión, donde nada es completamente falso y completamente verdadero. De ahí que la propaganda sea la herramienta de manipulación por excelencia de los gobernantes hacia los gobernados. No se distingue la información de la propaganda y todas los hechos pueden ser tergiversados a conveniencia en forma de noticias por parte de los medios de comunicación ya sean de masas o alternativos.

[04 Febrero 2019] No nos encontraréis ahí… (Sobre violencias de género y gestiones colectivas).

Escribimos este comunicado con la finalidad de compartir la preocupación y el hastío que nos han generado muchas situaciones que hemos conocido o vivido directamente en los últimos tiempos en relación con la definición de la violencia de género y su gestión en los movimientos sociales y libertarios.

Partimos de la idea de que las violencias de género son producto de un modelo heteronormativo que impone una única forma de existencia en cuanto a lo que es nuestro cuerpo, nuestra identidad, nuestra expresión de género, nuestra sexualidad y nuestras relaciones. Todas aquellas personas que no cumplimos con esta norma nos podemos ver o nos hemos visto expuestas a violencias, ya que estas son el castigo a las transgresiones y al incumplimiento de la heteronorma. Y las que suceden en los espacios que debieran ser de apoyo y solidaridad hacen insostenibles las vidas y las militancias de lxs que luchan, y por ello nos oponemos firmemente a ellas. Todas las personas que firmamos este comunicado llevamos años luchando contra el heteropatriarcado, así como por la liberación de todxs.

Ahora bien, una vez expuesta nuestra postura nos resulta imprescindible compartir una reflexión respecto a cómo el discurso feminista hegemónico está definiendo las violencias y, por defecto, se están gestionando las así denominadas agresiones.

La primera cuestión que nos resulta problemática es la forma en la que se está enmarcando, conceptualizando y considerando la Violencia de Género. Desde determinados feminismos se nombra con este término desigualdades de género estructurales o simbólicas, provocando que el concepto violencia tome un espectro demasiado grande de significados. Hemos llegado al escenario en el que una mirada, un tono elevado en una asamblea, una insistencia en mantener una conversación o un acercamiento torpe son considerados actos de violencia. Nombrando así actos tan leves se magnifica la violencia y su alcance, promoviendo una especie de estado de alarma o de terror sexual que sirve como justificación a actitudes airadas, agresivas y absolutamente desproporcionadas hacia quien los comete. No queremos decir que ciertas actitudes no tengan un componente de género, pero de reproducir el sexismo o tener una actitud sexista a cometer un acto violento o una agresión va un trecho.

Así las cosas, lo peor de todo son las consecuencias que esta definición de violencia está generando ya que, lejos de resultar empoderante o liberadora, es claramente victimizante, paternalista y criminalizadora.

Por una parte, nombrar actos de tan baja intensidad como violencia da una idea de que las mujeres y las personas diversas en cuanto al género y la sexualidad, principales víctimas de este fenómeno, son excesivamente vulnerables, lábiles y sensibles, para las cuales solo una mirada podría dañarlas y resultarles absolutamente inadmisible. Además, una víctima definida de tal manera está autorizada a reaccionar de la forma en que le venga en gana y se le  admite cualquier actitud irracional, emocionalmente exagerada de rabia o de tristeza; avalada por el hecho de haber sido víctima de la supuesta situación de violencia.

Pero esta victimización (de las mujeres y personas con diversidad sexual y de género) no se da únicamente en estos casos que estamos tratando –donde se hace un uso extremadamente extensivo del término violencia-, sino también en aquellos en los que de forma efectiva se ha producido una situación de violencia de género. No negamos que en los entornos de lucha y militancia se (re)producen estas violencias, sin embargo, entendemos que la forma en que se explican sus causas y el modo en que se acoge a la víctima condicionan los mecanismos que se proponen para abordar esta situación; siendo la (re)victimización su perversa consecuencia. La legitimación de la víctima para actuar de cualquier modo, el cuestionamiento de su agencia al negarle la capacidad de elaborar estrategias útiles y no solo vengativas y la magnificación de los efectos que esta violencia haya podido tener sobre ella son ejemplos de esta victimización.

En cualquiera de los casos, entender así  las violencias de género –sean de la intensidad que sean- lleva como contrapartida tener que abordarlas de una manera determinada y limitada, que suele derivar en estrategias criminalizadoras hacia quien las comete; cuando la criminalización nunca estuvo entre los planes de quienes pretenden transformar el mundo.

PRIMERAS MEDIDAS, PROPIAS DEL ESTADO… Y DEL ESPECTÁCULO

La prohibición del denominado “agresor” a frecuentar determinados espacios, el escarnio público mediante la propagación de imágenes o nombres completos, la obligatoriedad de llevar a cabo “terapias reparativas” con el control y supervisión de las mismas, la violencia física o las amenazas, etcétera, han sido y siguen siendo estrategias criminalizadoras utilizadas contra las personas que han sido acusadas de cometer algún acto considerado de violencia de género.

No decimos que estas estrategias no pudieran ser necesarias en un momento determinado, asumiéndolo como un fracaso colectivo, con la finalidad de proteger a la víctima o advertir a otras personas ante la peligrosidad de reincidencia. En ese caso, con anterioridad, habríamos contado con el espacio para plantearnos formas menos constrictivas y punitivas de resolver la situación preservando la calidad ética de nuestra actuación y la reparación del daño a la víctima. Pero, lamentablemente, está siendo imposible en estos tiempos plantear en espacios militantes/activistas estas formas mediadas o menos castigadoras de gestión de las violencias sin ser acusada de complicidad con las mismas o de “agredir” directamente al resto del quorum presente.

Nos resulta inadmisible la propagación de datos sin contrastar o informaciones privadas de personas acusadas de agresión, sin proceder a realizar un mero intento de mediación y sin tener en cuenta que algunos de los actos que se denuncian son actos de bajísima intensidad o actos realizados hace años. Todos estos ejemplos los pudimos ver en el caso de la cuenta de Twitter “agressorsmusica”. De la misma forma, nos resulta cuestionable y controvertible que a personas que hayan podido llevar a cabo un acto denominado sexista y que estén dispuestas a repararlo les sea negada la posibilidad de hacerlo y, en cambio, se las someta a amenazas de escarnio o denuncia pública como ha pasado con nuestro compañero y amigo Pablo Vaso. Podríamos nombrar innumerables ejemplos de actuaciones criminalizadoras hacia personas acusadas de agresión que impiden la posible transformación de la conducta, la reparación del daño a la víctima y que ponen en marcha una serie de mecanismos que naturalizan en las mujeres los significados de la bondad y la debilidad emocional y en los hombres los de la imposibilidad de transformación y la maldad intrínseca. Nosotrxs no creemos en hechos naturales y esenciales en cuanto al género.

DESEMPOLVANDO VIEJOS VALORES LIBERTARIOS

Esta forma de definir la violencia sin tener en cuenta las diferencias entre género simbólico, estructural e individual nos deja sin capacidad de nombrar qué sucede con toda la pluralidad y graduación de situaciones. Esto nos despoja de herramientas que se han ido construyendo desde algunos feminismos –y otras corrientes refractarias-, tanto para la superación de las mismas como para identificar qué las genera y por tanto responsabilizar a instituciones, personas o grupos de personas.

Es por todo ello que, sin ánimo de realizar un repaso exhaustivo de estrategias, queremos apuntar algunas cuestiones que nos parecen clave para reflexionar en torno a la gestión de las violencias de género.

Para empezar nos resulta imprescindible elaborar conceptualizaciones rigurosas y objetivas sobre los significados de la violencia de género y huir de la “prohibición” de graduar las conductas y las repercusiones de las mismas. La negación y censura de grados e intensidades resulta inútil para el proceso que debe llevarse a cabo respecto a la persona que ha agredido, pero además también es absolutamente perjudicial para la recuperación de las víctimas.

Por otra parte, es necesario que entendamos los espacios militantes como espacios para sostener la vida de cada vez más personas que luchan y no de menos. No creemos en las purgas, en las élites, ni en la ley del más fuerte. No creemos útiles los procesos de escarnio, ridiculización y agresividad que se han puesto de moda para defender cualquier idea. Las luchas basadas en la identidad, teniendo objetivos y principios muy valiosos, están tomando como estrategia la agresividad verbal hacia el/la otrx, en una especie de pugna antagónica hacia personas comprometidas que estarían dispuestas a transformar sus actitudes machistas, lgtbifóbicas o racistas. En cambio, son insultadas y apartadas de las luchas por una simple cuestión de procedencia identitaria naturalizante y esencialista. Todo ello, bajo la presunción asumida y publicitada de que las militantes y activistas no están aquí para hacer pedagogía. Lo sentimos, pero lxs anarquistas siempre hemos creído que la educación y la pedagogía eran la base de la transformación social, sin olvidar otras estrategias, y no estamos dispuestas a abandonarlas. Creemos en espacios de transformación social y de libertad, no de escarnio, maniobras de poder y castigos.

Estos espacios de transformación social deben servir también para des-aprender y deconstruir los géneros a la vez que elaboramos formas individuales de existencia en libertad, sin coerción ni imposición grupal. Deconstruir los géneros tiene que ver con este proceso de pensar el cómo hemos llegado a ser “hombres” y “mujeres”, y cuáles son los mecanismos que continúan convirtiendo estas identidades en necesarias. Esto nos ayudará por una parte a identificar las instituciones y estructuras coercitivas que siguen imponiendo los géneros como imprescindibles para así poder atacarlas. Pero, por otra parte, nos ayudará a desnaturalizar la idea de que la feminidad implica de forma intrínseca bondad, acceso a la verdad, inocencia y fragilidad emocional; así como que la masculinidad es en sí misma maldad, opresión y violencia.

Por último, apelamos a la responsabilidad individual y colectiva en los procesos de reflexión y gestión respecto a las violencias de género. La “lavada de manos” ante las consecuencias de nuestras estrategias de lucha es una tendencia inaceptable. Las violencias de género no son responsabilidad única de quienes las cometen, y es por ello que, además de acompañar la recuperación de las víctimas, sería importante pensar en formas, colectivas y no vergonzantes, de acompañar el proceso de cambio de quien agrede y está dispuesto a plantearse un cambio y reconocer el error. Las consecuencias hacia quien comete actos de violencia de género deben ser siempre acordes con la intensidad del acto de violencia, pero principalmente a la intencionalidad de reparación y de cambio.

Y es desde esta responsabilidad desde la que escribimos y hacemos público este texto. Es desde la responsabilidad desde donde vencemos el miedo al escarnio y a la falsa susceptibilidad y opacidad. Desde la responsabilidad pensamos que la reflexión nunca resta, sino que suma y es necesaria para hacer crecer nuestras luchas.

¡Contra toda dominación!

¡Por la revolución feminista!

(para reflexiones, discusiones o debate: projectexprojectex@gmail.com).

PROJECTE X

[23 Enero 2019] Capitalismo verde, la misma vuelta de tuerca.

Desde que empezamos a escuchar hablar de Capitalismo Verde hasta hoy, la situación política, económica y social ha cambiado considerable­mente. Lo que desde luego sigue siendo lo mismo, es el objetivo del sistema capitalista: la acumulación de capital y la obtención de beneficios.

El desastre capitalista

Capitalismo verde, la misma vuelta de tuerca

Muchos dirían que estamos en una fase de capitalismo terminal, en la que se hace evidente la incapacidad de ofrecer soluciones eficientes a los problemas de la gente que habitan bajo su techo: paro, explotación, precariedad laboral, represión, nocividad…

Con la sucesión continua de una crisis tras otra, la situación de emergencia diaria que nos obliga a vivir la gestión capitalista que se hace del mundo, es cada vez más acuciante. Y es que, a medida que pasan los años, el capitalismo absorbe y se introduce en cada vez más esferas de la vida, haciéndose con un monopolio cada vez mayor de la gestión de los recursos y de las relaciones que se dan en el planeta.

El tiempo ha demostrado que la crisis es inherente al capitalismo, y a cada crisis le sigue una reestructuración de las relaciones sociales en las que se apoyaba el sistema capitalista para funcionar con normalidad. Cada fase sepulta a la anterior, y todos los caminos que dictaminan para resolver los problemas en los que el propio capital nos ha metido, nos sepultan a nosotros. Y aún hoy, los cuestionamientos mayoritarios al capitalismo no se hacen sobre sus fundamentos, sino que apuntan a una “mala gestión” de los recursos.

Estas críticas alarman sobre el descenso del nivel de vida, el aumento del paro, la pérdida de los derechos conquistados (materializados en servicios públicos), la corrupción de los partidos y banqueros, y un largo etcétera que podemos simplemente saliendo a la calle.  Negando las consecuencias o criticando sus manifestaciones, se da pie a mantener la fe en el capital. Se plantea la posibilidad de gestionar el capital y su sociedad de otra manera.

Y ya hace algún tiempo que se empiezan a señalar las nuevas vías que debe tener el capitalismo para salvarnos nuevamente de los problemas que ha producido.

La situación de la que se parte es delicada: ciudades super pobladas, acumulación de residuos, aumento de la contaminación, despoblación del campo, calentamiento global. Todos los síntomas que nos aquejan hoy se incubaban desde hace tiempo, durante toda la segunda mitad del siglo XX en la que el capitalismo productor de mercancías iba extendiéndose y creciendo a un ritmo vertiginoso, arrasando con el medio que pisaba, apoderándose de todos los recursos, apropiándose de todos los servicios, en definitiva: adueñándose del planeta para convertirlo todo en dinero (o más propio del capitalismo tardío, en bonos de deuda, divisas, acciones…)

Pero ¿a dónde nos lleva esta versión cortoplacista del capitalismo cuyo único fin era devorar todo lo devorable?

Ante la situación de crisis generada, los estados y los mercados comienzan desde hace años a plantear una “utilización racional del territorio y de los recursos”. Y es que, la marcha acelerada que ha llevado el capitalismo durante todos estos años supone hoy una escasez de energía que le impedirá continuar con su actual ritmo, frenando la obtención de beneficios.

Se empieza a hablar, pues, de capitalismos verdes, economías verdes, desarrollo sostenible. Y así entramos en la nueva era del capitalismo con apellidos.

¿Qué es el capitalismo verde?

El “Capitalismo Verde” es una nueva área de negocios en la que la mercancía es la naturaleza. La naturaleza y todos sus bienes son ahora un nuevo y necesario mercado, que permitirá al sistema salir de la crisis económico-financiera que ha creado. ¿Pero cuáles son sus antecedentes?

Aunque se ha hablado de los problemas ambientales causados por la industrialización del mundo durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX, a finales de éste se da cita uno de los momentos más significativos en el desarrollo del capitalismo verde, que marcaría una línea al discurso en cuanto a los problemas ambientales se refiere. La cumbre Rio20 (también conocida como Cumbre de la Tierra) de 1992, que se realizó en Río de Janeiro, Brasil: la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y desarrollo. En esta cumbre, entre otras cosas, surge una amalgama de asociaciones, tratados y comités encargados en gestionar el devenir del planeta: el Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB), la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD).

Veintisiete años después, tras un sinfín de reuniones, conferencias y encuentros de todo tipo, con todos los grupos y comités creados para paliar los efectos que las crisis generan en la tierra la realidad es que el único resultado ha sido la disminución de la biodiversidad, el aceleramiento de los desequilibrios climáticos, los procesos de desertificación y la reducción de las áreas de bosques y de humedales.

La Naturaleza como mercancía

Lo que sí ha surgido tras estas cumbres ha sido la creación de instrumentos económicos de mercado que tratarán de evitar el desastre e indicarnos el camino para seguir creciendo económicamente y calculando los posibles daños que podría aguantar la Tierra y los que la habitan. Un proceso de mercantilización de la naturaleza que es funcional a los intereses de los responsables centrales de la crisis ambiental: las grandes empresas y los estados.

El uso de la naturaleza con fines económicos no es nuevo, el sistema extractivista de producción capitalista vive de esto, pero esta nueva visión del capitalismo verde da un paso más allá transformando la naturaleza misma en una fuente de rentabilidad, privatizando y mercantilizando el medio.

Este proceso por el que se convierte a la naturaleza en proveedora de servicios, en los que además de utilizarse para explotar el medio, abre nuevos mercados que permiten sacar rentabilidad de este nuevo escenario, de los que participan actores tan significativos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, gobiernos, empresas energéticas, etc.

En 2010, por ejemplo, el Banco Mundial promueve la iniciativa WAVES, que nace según sus palabras como “una alianza global liderada por el Banco Mundial que busca promover el desarrollo sostenible mediante la integración de los recursos naturales y su valuación económica a la planificación de políticas de desarrollo y a la economía nacional.”

Tras una de las cumbres del G8 en 2007, nació el estudio de La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad o “TEEB”, que “trata de hacer visible los beneficios económicos de la biodiversidad y los costos de la pérdida de biodiversidad.” Dicho con otras palabras, identificar y cuantificar estos beneficios y mitigar las pérdidas. Es significativo que la comisión encargada de coordinar el estudio del TEEB fuera otorgada al Deutsche Bank.

En definitiva, por la vía que sea, el capitalismo y el neoliberalismo se han identificado siempre por conseguir la privatización y la mercantilización de los bienes públicos, incluyendo los bienes comunes de la naturaleza. Política que ahora se está llevando a cabo en todo el mundo. Gracias a factores como la ciencia, motor de crecimiento para la expansión del capital y punta de lanza de todas las mejoras productivas en cualquier ámbito del sistema capitalista; e incluso el ecologismo, cuya principal función ha sido la de apuntar los síntomas derivados del desastre ecológico perpetrado durante tantos años y nunca sus causas. Ofreciendo, además, propuestas que responden únicamente a criterios técnicos y económicos que sólo benefician a determinadas fuerzas políticas y financieras, y que acaban perpetuando la explotación y la industrialización de nuestros medios.

¿Hacía donde nos lleva esto? 

Cada factor y cada agente cuentan para culminar la mercantilización y la privatización de la naturaleza, y todos se ponen a trabajar en la misma dirección para que la máquina no pare, y en última instancia, para favorecer la pérdida y la degradación de la naturaleza en beneficio de los de siempre. Privatización que en muchas ocasiones pasa por romper multitud de formas de vida tradicionales, expoliando los recursos de culturas indígenas o desposeyendo de toda posibilidad de autogestión a poblaciones enteras, impidiendo la capacidad de las comunidades a determinar libremente el manejo y la utilización de sus bienes comunes.

El capitalismo verde, aunque se vista con ropas más amables que el viejo capitalismo industrial, perpetúa y perfecciona la relación de explotación y opresión que viene desarrollando desde sus inicios. Si permitimos que la lógica del mercado dirija las relaciones de las personas y del medio que habitan, esto nos llevará irremediablemente al peor de los escenarios.

No podemos permitirnos soluciones dentro de los marcos establecidos por el propio sistema para recuperar nuestras vidas. Es imposible la vuelta atrás e inútil la exigencia de algún tipo de derecho proveniente por parte del Estado o del Capitalismo. Ni de la ciencia en forma de respuesta tecnológica o de gestión. Ni de la burocrática en forma de organización e implementación de mecanismos reguladores que permitan la sostenibilidad del desarrollo. Todo lo que venga del capitalismo, sea del color que sea, sólo ofrecerán respuestas paliativas a una sociedad enferma. Nada que sea fundado sobre la insistencia del reformismo nos librará de la explotación y de la precariedad.

Propiciar una cultura de la autogestión, encontrar otra manera de relacionarlos con la naturaleza y entre nosotros, una no cuantificable, a la larga, podría dotarnos de las herramientas necesarias para luchar contra el sistema que nos coloca en un mercado como sujetos consumidores y consumibles, que envenena todo lo que toca y nos conduce a la destrucción.

[12 Diciembre 2018] La identidad no es nuestro campo de batalla.

Se dice que la ultraderecha española se envalentona por la emergencia del independentismo catalán, también que hay un repunte del machismo como reacción a los avances del feminismo. Ambas afirmaciones son ciertas. Lógicamente, los fenómenos políticos que tienen cierta relevancia pública (ya sea porque suponen un cambio real, o porque los medios de comunicación los exageran interesadamente) no se sitúan dentro de un paréntesis social, aislados del tiempo y del espacio. Como parte de la vida real que son, tienen unas causas y unos efectos en ella. Pero cuidado: Es muy diferente analizar la relación que tiene el auge del fascismo con la irrupción en la agenda política del feminismo o el independentismo, que responsabilizar a estos movimientos de haber azuzado al monstruo, o sea, culpabilizarlos.

En esa misma línea, que sea el fascismo el que reaccione no quiere decir, necesariamente, que la causa de su reacción sea lo contrario al fascismo. Ejemplos: Hace unos años hubo un aumento de los movimientos sociales fascistas (Hogar Social, etc.) que reaccionaban a la miseria generada por la crisis capitalista, ¿es ese capitalismo en crisis lo opuesto al fascismo? No. ¿Representaba Galtieri lo contrario que Thatcher? Tampoco. ¿Fue Napoleón III la antítesis de Von Bismarck? Ni de lejos. De hecho es común que un nacionalismo se enfrente a otro nacionalismo de la misma naturaleza pero de diferente signo. Lo que pretendo decir con esto, es que la validez de unos argumentos o la superioridad de unas ideas políticas, no se miden en función del enemigo que despiertas cuando tratas de llevarlas a cabo. Esto es una falacia llamada argumento ad consequentiam, también conocida popularmente como “ladran, luego cabalgamos”. Últimamente, algunos han intentado convencer, tratando de justificar sus posiciones señalando al monstruo que tenían enfrente. Pero la política es más compleja que todo eso.

El fascismo necesita una reafirmación identitaria: cultural, sexual, nacional, religiosa, etc. Reacciona y se fortalece cuando un grupo percibe que su identidad está en peligro, porque la legitimidad de vivir conforme a ella es cuestionada. Esa identidad siempre es exclusiva, y se construye delimitando el lugar donde está el otro, dotando al grupo de un sentido de pertenencia. A un grupo sí se le puede oponer otro grupo: física, territorialmente; pero es un absurdo pensar que en política, una identidad se opone a otra identidad. En esencia, las identidades siempre son lo mismo y funcionan según la misma lógica. La identidad solo es la pantalla, lo realmente crucial es el sistema electrónico que hay detrás y que constituye su ideología. El nacionalismo catalán no se opone al nacionalismo español, sino que es el derecho de la población de un territorio a dotarse de sus propias estructuras políticas, lo que se opone a la conculcación de este derecho. Del mismo modo y aludiendo a la cuestión de género; no es la mujer la que se opone al hombre, sino que es una convicción igualitaria la que se opone a la supremacía masculina. Y es fundamental hacer hincapié y saber distinguir estas ideas, puesto que de la confrontación identitaria siempre saca réditos el fascismo.

La labor de la izquierda no es atribuir una supuesta ideología a la comunidad de varones blancos y heterosexuales (no existe tal comunidad). Las ideas izquierdistas son universales y hablan de igualdad, de justicia social, de libertad sexual, entre otras cosas. Inventarse un colectivo imaginario de opresores, que lo son única y exclusivamente por sus categorías identitarias, aduciendo que son portadores de unos privilegios que van ligados a su identidad, es exactamente lo que hacen los fascistas. ¿Cabe algo más absurdo y contraproducente? La pelea tiene que ser ideológica, solo así podremos ganar.

Como ejemplo, dos reflexiones que representan a la perfección la “izquierda” identitaria de la que hablo. Ambas a raíz de las elecciones andaluzas y el ascenso de la ultraderecha:

La primera, una influencer feminista, quien afirmaba que el “72% de los votantes de Vox son hombres. Por si queréis sacar conclusiones”. Al margen de la evidente falacia ecológica, y que es un dato absolutamente inútil (porque no menciona la relación mujeres-hombres de los votantes; y porque aun estando equilibrada, ese dato representa alrededor de un 7% de los hombres andaluces, con lo que no podríamos extraer ninguna conclusión), ¿no os suena de algo este tipo de afirmación? A mí sí. Me suena a cuando dicen que la proporción de delitos perpetrados por inmigrantes es mayor. La derecha xenófoba siempre utiliza  estadísticas relativas a delitos para deducir la naturaleza de los individuos a partir de las estadísticas del grupo al que pertenecen (buscan datos para criminalizar y estereotipar a gitanos, musulmanes, rumanos… a quienes no sean “de los suyos”). Y es que la lógica que hay detrás de ese tipo de explicaciones es la que utilizan los fascistas. En lugar de analizar las circunstancias sociales que rodean el delito, lo atribuyen a las características sexuales, raciales, étnicas, religiosas, nacionales… es decir, identitarias, del individuo. ¿Desde cuándo razona la izquierda al modo en que lo hacen los fascistas?

Una segunda reflexión, más sutil pero igualmente representativa de la “izquierda” identitaria, es la manifestada por un conocido abertzale, quien afirmaba que mientras la cultura política española no asuma el derecho a decidir y repudie el franquismo, la derecha y la ultraderecha tendrán vía libre. Aparte de que parece no seguir muy atentamente la política internacional, lo significativo de esto es que achaca unas ideas determinadas a la especificidad de una supuesta cultura política española. ¿Pero es que no fue Madrid un baluarte antifascista? ¿Y las revueltas jornaleras en Andalucía por la socialización de la tierra? ¿Y la Asturias minera, vanguardia de la revolución proletaria en la Europa occidental? Decir que esto no es cultura política española y en cambio sí lo es la mentalidad franquista, se hace con la clara intención de atribuir una carga negativa al sentimiento de identidad nacional que no es el tuyo. No puedo evitar reconocer en esas palabras a quienes siempre vincularon la violencia política a la particularidad cultural vasca. La política se hace con ideas, no midiéndonos la identidad, sea cual sea esta. Es la ultraderecha la que siempre esgrime razones identitarias para articular un discurso, porque necesita construir un “otro” contra el que posicionarse, a base de manipulaciones, verdades sesgadas y falacias. Por favor, no caigamos en la trampa de acudir a su campo de batalla.

El enemigo a batir no es un arquetipo de hombre, blanco, heterosexual y español. El enemigo es el corpus ideológico que justifica la desigualdad social por razón del sexo o lugar de procedencia. El que se opone al poder constituyente que emana de la voluntad popular. El que niega el derecho a vivir la sexualidad de forma libre y plena. Y a este corpus ideológico, curiosamente, siempre le subyace un sistema que legitima la explotación de la mayoría para el beneficio de unos pocos.

Por eso, creo que debemos interpelar también al hombre blanco y heterosexual a involucrarse en la pelea contra el fascismo, contra quien lo explota y contra quien niega su libertad política. Cualquiera que tenga sentido de la justicia debe luchar codo con codo junto a todas las personas que son discriminadas por cuestiones relativas a su identidad. Precisamente porque es una cuestión de justicia, y la justicia no tiene identidad. Es tan necesario tomar conciencia de la discriminación que sufre el otro por cuestiones identitarias (para que las relaciones que construimos día tras día sean igualitarias y justas), como dejar de culpabilizarnos de forma cristianizante por las categorías identitarias que arbitrariamente nos atraviesan. El cambio social no será un auto de fe. Distinguir esto es esencial para cualquier política que se pretenda de izquierdas.

[11 Diciembre 2018] Doce mitos sobre la acción directa. Desmintiendo malentendidos comunes.

La acción directa –esto es, cualquier tipo de acción que sobrepase los canales establecidos para alanzar sus objetivos de forma directa– tiene una larga y rica herencia en América del Norte, desde el Boston Tea Party y más allá. A pesar de esto, hay muchos malentendidos sobre ella, en parte debido a la forma en que se ha distorsionado en los medios corporativos.

1. La acción directa es terrorismo.

El terrorismo es calculado para intimidar y así paralizar a la gente. La acción directa, por otro lado, busca inspirar y así motivar a la gente para mostrarles el poder que tenemos como individuos para alcanzar nuestros objetivos por nosotros mismos. Mientras el terrorismo es el dominio especializado de una clase que busca hacerse del poder para ellos mismos solamente, la acción directa muestra posibilidades que otros pueden aprovechar, empoderando a la gente para tomar el control de sus propias vidas. En el peor de los casos, una determinada acción directa puede obstaculizar las actividades de una corporación o institución que los activistas perciben que está cometiendo una injusticia; pero esto es sólo una forma de desobediencia civil, no terrorismo.

2. La acción directa es violenta.

Decir que es violento destruir la maquinaria de un matadero o romper la ventana de un partido político que promueve la guerra es priorizar las propiedades sobre las vidas humanas y animales. Esta objeción valida sutilmente la violencia contra los seres vivos al poner toda su atención sobre los derechos de propiedad y no en otros hechos fundamentales.

3. La acción directa no es una expresión política sino una actividad criminal.

Desafortunadamente, el hecho de que una acción sea legal o no, no es una buena medida de si es justa o no. Las leyes de Jim Crow eran leyes después de todo. Oponerse a una acción sólo por el hecho de que es ilegal, es evadir la cuestión más importante de si es ética o no. Argumentar que siempre debemos obedecer las leyes, aunque consideremos que no son éticas o implicar condiciones no éticas, es creer que las posiciones arbitrarias del sistema legal tienen mayor autoridad moral que nuestras propias conciencias y esto nos vuelve cómplices de cara a las injusticias. Cuando las leyes protegen la injusticia, las actividades ilegales no son vicios ni la dócil obediencia a la ley es una virtud.

4. La acción directa es innecesaria donde la gente tiene libertad de expresión.

En una sociedad dominada por medios corporativos con una visión de túnel cada vez mayor, es casi imposible iniciar un diálogo público sobre alguna cuestión a menos que algo ocurra que llame la atención sobre ella. En tales condiciones, la acción directa puede ser un medio para favorecer la libertad de expresión más que de aplastarla. Igualmente, cuando gente que en otras condiciones se opondrían a una injusticia, la aceptan ahora como inevitable; no basta con sólo hablar sobre ella, es necesario demostrar que es posible hacer algo al respecto.

5. La acción directa te aísla.

Por el contrario, mucha gente que se siente aislada por la política tradicional de partidos se siente inspirada y motivada por la acción directa. Distintas personas sienten distintas aproximaciones adecuadas; un movimiento que busca ser incluyente debe ofrecer lugar a un amplio rango de opciones. A veces, personas que comparten os objetivos de aquellos que realizan acciones directas mientras se oponen a sus medios, gastan todas sus energías desacreditando una acción que se llevó a cavo. Al hacer esto, ellos arrebatan la derrota de las fauces de la victoria: sería mejor que aprovechen la oportunidad de concentrar toda la atención en las cuestiones sobre las que la acción intentaba llamar la atención.

6. La gente que practica la acción directa debería más bien trabajar a través de los canales políticos establecidos.

Mucha gente que practica la acción directa también trabaja dentro del sistema. Un compromiso de usar todos los medios institucionales para resolver problemas no necesariamente excluye un compromiso igual de seguir adelante donde los canales institucionales no pueden más.

7. La acción directa es excluyente.

Algunas formas de acción directa no están abiertas para todos, pero esto no necesariamente significa que no tienen valor. Todos tenemos diferentes preferencias y capacidades, y deberíamos actuar de acuerdo con ellas. La cuestión importante es cómo las diferentes aproximaciones de individuos o grupos que comparten los mimos objetivos a largo plazo pueden integrarse de tal modo que pueden complementarse.

8. La acción directa implica cobardía.

Esta acusación casi siempre viene de gente que tiene el privilegio de habar y actuar públicamente sin temer repercusiones; o lo que es lo mismo, de aquellos que tienen el poder en esta sociedad y aquellos que obedientemente aceptan tu poder. ¿Acaso la Resistencia Francesa debiera haber demostrado su coraje y responsabilidad enfrentando al ejército invasor Nazi en pleno día, condenándose a la derrota? Por esto, en un país cada vez más aterrorizado por la policía y la vigilancia federal de prácticamente toda la gente, no es de sorprenderse que aquellos disidentes quieran proteger su privacidad.

9. La acción directa sólo es practicada por estudiantes universitarios/ niños ricos privilegiados/ gente pobre desesperada/ etc.

Este alegato casi siempre se hace sin referencia a hechos concretos, como un calumnia. De hecho, la acción directa es y siempre ha sido practicada de formas variadas por gente de distintos giros de la vida. La única excepción posible podría ser los miembros de las clases más acaudaladas y poderosas que no tienen necesidad de practicar ningún tipo de acción ilegal o controversial; ya que, como por coincidencia, los canales políticos establecidos encajan perfectamente con sus necesidades.

10. La acción directa es trabajo de provocadores.

Esta es otra especulación que normalmente se hace a distancia, sin evidencias concretas. El alegato de que la acción directa siempre es trabajo de provocadores de la policía desempodera: descarta la posibilidad de que los activistas pudieran hacer algo así por ellos mismos, sobreestimando el poder de la inteligencia policiaca y reforzando la ilusión de que el Estado es omnipresente. Igualmente, descarta por adelantado el valor y el hecho de la diversidad de tácticas. Si la gente se siente con derecho de alegar que cualquier táctica que ellos no aprueban es una provocación policiaca, esto cierra la posibilidad de diálogo constructivo sobre las tácticas apropiadas.

11. La acción directa es peligrosa y puede tener repercusiones negativas para otros.

La acción directa puede ser peligrosa en climas políticos represivos y es importante que aquellos que la practiquen hagan esfuerzos de no poner a otros en riesgo. Esto no es necesariamente una objeción contra ella, de cualquier forma –por el contrario, cuando se vuelve peligroso actuar afuera de los canales políticos establecidos, se vuelve más importante hacerlo. Las autoridades pueden utilizar la acción directa como una escusa para aterrorizar a los inocentes, como lo hizo Hitler durante el Reichstag fue prendido en llamas, pero son aquellos en el poder los que deben responder por las injusticias que cometan al hacerlo, no aquellos que se oponen a ellos. Igualmente, aunque aquellos que practican acción directa de hecho corren riesgos, frente a una injusticia insufrible puede ser más peligroso e irresponsable dejara sin contestar.

12. La acción directa nunca logra nada.

Todo movimiento político efectivo a través de la historia, desde la lucha por la jornada de ocho horas al derecho al voto de las mujeres, ha empleado alguna forma de acción directa. La acción directa puede ser un complemento para otras formas de acción política de distintas formas. Si no por otra razón, sirve para subrayar la necesidad de reformas institucionales, dándole a aquellos que las impulsan más palancas para negociar. Pero puede ir más allá de este papel de apoyo para sugerir la posibilidad de una forma completamente diferente de organizar la vida humana, en la que el poder está distribuido de forma equitativa y la gente tiene igual voz de forma directa en todas las cuestiones que les afectan.

[04 Diciembre 2018] Fascismo y antifascismo.

Susanita y la tele han aupado a la extrema derecha al escenario parlamentario. No es casualidad. El pueblo vota y opina siempre lo que le dicen que ha de votar y opinar. El surgimiento de Podemos también fue fruto de los medios de comunicación, para controlar una situación social que se desbordaba. Lo mismo sucede con el actual auge de Vox. Los medios son la voz de su amo y del gran capital que les financia. Los desacreditados, falsarios y corruptos socialistas necesitan desesperadamente el espantajo fascista para mantenerse en el escenario político.

El auge de Vox y de la extrema derecha, acompañado por la deriva fascista del PP y falangista de Ciudadanos, no debería sorprendernos. Es lo que toca en situaciones de crisis política, económica y social. El fascismo defiende al Estado democrático contra un proletariado que, para sobrevivir, no tiene otro camino que amotinarse contra el ataque generalizado a sus condiciones de vida y de trabajo. Ahí está el combate de los chalecos amarillos en Francia.

Derechos y libertades democráticas han entrado en contradicción con la defensa de los intereses del capital por parte del Estado. Esa contradicción conduce a la burguesía a renunciar a su propia ideología democrática y desvela el carácter represivo del Estado, que ha de defender los intereses de clase de la burguesía por TODOS LOS MEDIOS, incluidos los que suponen la abolición de los derechos y libertades democráticos.

A esto se suma la cabezona intentona separatista catalana, que manifiesta contradicciones insolubles en el seno de la propia burguesía Y el Estado se muestra incapaz de representar los intereses de esa pequeña burguesía nacionalista.

Democracia y fascismo no se oponen, sino que se complementan; ya sea de forma alternativa o al unísono. Podemos y su propuesta de alianza antifascista se complementa con el fascismo de Vox: se trata de someter el proletariado a la alternativa entre fascismo o antifascismo, obstruyendo cualquier vía revolucionaria y anticapitalista. Podemos hace un llamamiento a defender la democracia capitalista, azuzando el espantajo fascista de Vox: ¡Cuidado que viene el lobo! ¡Defendamos este sistema corrupto y explotador, porque peor sería el fascismo! No sé si se entiende la profunda perversidad de Podemos cuando llama a la unidad antifascista (con el PSOE, PP, Ciudadanos e independentistas), entendida como apoyo incondicional al actual capitalismo y su ataque a las condiciones de vida de los trabajadores y de la inmensa mayoría del pueblo español.

EL DESDOBLAMIENTO POLÍTICO de la burguesía, ante la constante amenaza del proletariado, bajo sus dos aspectos de fascismo (el ultraderechista Vox, pero también de PP y Ciudadanos) y democracia parlamentaria (PSOE, Podemos y nacionalistas) convergen en una estrategia común de la burguesía, en defensa de sus intereses históricos de clase. La función de la socialdemocracia (PSOE y Podemos) es la de desviar las luchas del proletariado de su objetivo revolucionario y anticapitalista, para llevarlas a la defensa de la democracia burguesa.

Es necesario preparar el altar de la sagrada unidad antifascista, para proceder a efectuar todos los sacrificios necesarios, incluidas las libertades democráticas y el nivel de vida de los trabajadores. Así como Abraham alzó su cuchillo para asesinar en el altar de piedras y barro a su hijo Jacob, con el objetivo único de satisfacer a Jehová y acallar las voces que oía en el interior de su cabeza; así es como Pablo Iglesias alza su llamamiento a la unidad antifascista. El ángel del señor sustituyó, en el último momento, a Jacob, hijo de Abraham, por un cordero. Y el cuchillo arrebató la vida de ese cordero. Con ángel o sin ángel, ¿a quién le tocará hacer el papel del cordero, sino a los miserables inmigrantes, exiliados y apátridas; a los perseguidos y humillados de la tierra? Pero ése es sólo el primer sacrificio sangriento, luego vendrán otros.

Vox carece de programa, porque a los cien puntos de su pretendido programa sólo se le puede denominar vía libre al capitalismo salvaje y esclavización del proletariado. El fascismo no es un producto de las capas reaccionarias de la burguesía, ni producto de una sociedad feudal, sino por el contrario producto de un capitalismo industrial avanzado que, ante la galopante crisis económica, pasa a la ofensiva. El antifascismo es la consecuencia más grave del fascismo. Sustituye la ALTERNATIVA revolucionaria CAPITALISMO/COMUNISMO, por la opción (siempre burguesa) DEMOCRACIA/FASCISMO.

Hay una continuidad esencial entre democracia y fascismo, de igual modo que en el siglo 19 existió una continuidad básica entre liberalismo y democracia. Los métodos socialdemócrata y fascista en lugar de alternarse en el gobierno tienden a fusionarse. Podemos y Vox son dos voces distintas para defender los mismos intereses: los del gran capital financiero y de las multinacionales. Los resultados de las elecciones andaluzas deben interpretarse como un fenómeno más del contexto histórico de crecimiento del fascismo a nivel europeo e internacional.

Contexto histórico similar al de los años treinta. El fascismo en defensa directa de los intereses del capital; mientras los socialdemócratas y populistas, que dicen representar al pueblo, lo que hacen es venderlo y traicionarlo, complementando la tarea de los fascistas. Nada nuevo bajo el sol. Pero, hoy, gracias a las lecciones de la historia, sabemos que fascismo y antifascismo son dos caras de la misma moneda. Podemos y otros nos piden que aceptemos gozosamente el actual capitalismo salvaje y obsoleto para salvarnos del fascismo. Pero hoy sabemos que es el capitalismo quien engendra y completa al fascismo. Socialdemócratas, reformistas, populistas, nacionalistas de todas las patrias y estatistas de todo pelaje vendrán a implorarnos y defender que abandonemos nuestras luchas, que hagamos dejación de principios, que olvidemos nuestras reivindicaciones, que aceptemos nuestra derrota antes de que empiece el combate. E intentarán ponerse a la cabeza de cualquier movimiento que pueda surgir, para desviarlo, desnaturalizarlo y derrotarlo.

La diferencia de hoy con el ayer radica en que hoy sabemos, porque lo hemos sufrido con la sangre y el dolor de nuestros abuelos, que fascismo y democracia son sólo dos formas distintas de gobierno del capitalismo. Fascismo y democracia son hijos naturales del capital. Pero hoy el capitalismo es un sistema obsoleto, que sólo puede ofrecernos miseria, horror y muerte.

Por primera vez en la historia se plantea la posibilidad de la desaparición en el planeta de la especie humana y de todo tipo de vida. La alternativa no es fascismo o antifascismo, porque ambos defienden el sistema capitalista, mientras nos engañan con un falso enfrentamiento. Acendremos, depuremos y afilemos la teoría, porque las batallas del mañana son de una magnitud gigantesca y nos jugamos la existencia. En el capitalismo no hay futuro.

[21 Noviembre 2018] Sobre la odiosa contradicción de ser trabajador.

Quizá comprender que vivimos una crisis civilizatoria y no una crisis económica –como lo denomina el espectáculo– suponga disminuir la exigencia a tener más Estado y más trabajo; quizá también comprender que el capitalismo no morirá de muerte natural, ayude a ver lo contradictorio de las relaciones sociales impersonales.

Nuestra civilización –entendiéndola como un presente que no cesa– goza del elenco de personas más numeroso habido en la historia que asume el trabajo como necesario para la vida y a su vez emplea más tiempo social dedicado a un fin absoluto ajeno: trabajar.

Dramático es, que la condición de trabajadoras nos defina frente al otro y este hecho organice nuestras relaciones. Somos el personaje que trabaja.

Nuestra vida, en al menos 1/3 está empeñada en conseguir un salario, 8 horas o más diarias que dejamos de lado nuestras relaciones personales, 8 horas  dedicadas a relacionarnos por y para un elemento común: el dinero.

Por esto el trabajo es una esfera separada de la vida, que se abstrae de ella como el globo de la tierra, dejando fuera de ese espacio limitado y no total de la vida, la conciencia de nuestras dolencias, nuestras necesidades, nuestros deseos… De ahí que sea la noción de trabajo abstracto lo que define su realidad bajo el capitalismo. De hecho la sustancia social de la que se alimenta el capital es el tiempo de trabajo, trabajo abstracto porque es independiente de las virtualidades de cada trabajo concreto y de sus utilidades específicas. Actividades que separadas de sus especificidades sólo tienen en común que son tiempo de trabajo.

El trabajo es un afuera relativo, ya que su existencia también determina la importancia y la centralidad de las relaciones humanas en nuestras sociedades. Además, como relación social impersonal, la dinámica capitalista es capaz de transformar emociones sentidas en el trabajo como impotencia, disgusto o frustración en emociones provechosas para mejorar la productividad

Innumerables los momentos de aislamiento en el trabajo frente a la inseguridad con el resto de compañerxs  –trabajo sin distracciones–, la obcecación por los objetivos frente al miedo a la pérdida del curro o garantizar nuestro puesto esforzándonos por mantenerlo –competencia y enfrentamiento entre todxs–

¡Una tiene que ir a cumplir, no a quejarse!

Es la civilización del capital quien no recompensa las distancias entre nuestra casa y el trabajo o las preocupaciones que nos llegan cuando terminamos la jornada –incrementando el consumo de drogas, regladas o no, por el aislamiento entre las relaciones humanas– A mayor tiempo dedicado a la producción de valor y mercancías, menor es el que disponemos para estar con nuestra gente querida. El fundamento de existencia y reproducción de la sociedad del capital es la separación y fragmentación entre los diferentes sujetos, de nuestras vidas. Una atomización social que es reconducida por la comunidad ficticia del dinero y del Estado.

No son recompensadas porque supone seguir la misma lógica del capital, objetivar nuestro tiempo de trabajo como mercancía.

Lo contrario, que fueran recompensadas sería principalmente el resultado de la capacidad autónoma del capital por revalorizar los salarios, además de las diferentes presiones sindicales o huelgas, aunque estas no sean siempre suficientes para equilibrar las demandas con parte del valor producido. Sigamos;

Esta separación entre el trabajo y el resto de momentos para relacionarnos con gente querida no es una construcción de la conciencia, no. Es el producto de las relaciones capitalistas, como una suerte de Deus ex Machina que introdujera rupturas de realidad permanentemente entre las relaciones humanas.

El capitalismo y el Estado son un tejido de relaciones sociales que superan nuestra capacidad para relacionarnos, debido al fundamento atomizado de nuestra realidad social como indicábamos más arriba. Midiendo, cuantificando, tasando y contrastando lo que deberían ser vínculos sociales concretos y directos –vínculos personales– tecnificando la experiencia y experimentando la técnica.

Surge así el engaño, la contradicción de ficcionalizar el trabajo, identificándonos más o menos con él. La urgencia por simular un personaje que asuma la contradicción capital/trabajo. Es a esto a lo que Marx se refería cuando hablaba del fetichismo de la mercancía.

Nuestro personaje intercambia secciones de vida –un tiempo delimitado y aislado que produce valor– por dinero –la encarnación del valor–

En una época de mutación de las relaciones sociales a unas cada vez más impersonales y descompuestas; mientras las desigualdades aumentan más que nunca, los movimientos no surgen al calor del rechazo del trabajo –como reivindicaba la autonomía italiana de los 70’– al contrario, brotan movimientos en defensa del trabajo y piden mayor gestión por parte de instituciones jurídicas de la economía y la sociedad. Estos movimientos nos piden que nos hagamos a un lado y prescindamos de nuestros vínculos con el otro, que defendamos el dominio de la mercancía y defendamos nuestra condición de trabajadores a tiempo completo.

Piden una mayor separación de la vida y piden un vaciamiento de contenido de nuestra gran parte de vida sensible. Las reivindicaciones no buscan la comunidad humana porque no surgen de ella, buscan la repercusión pasivo mediática y la organización a través del laboratorio social  antes que el cambio de relaciones sociales, producto de las interacciones de cuerpos sin que entre ellos medie la mercancía.

Como trabajadores nos movilizamos para que nuestras vidas mejoren al tiempo que reivindicamos la existencia del trabajo. Quizá haya sido el error de buena parte de las luchas precedentes, organizar la revolución desde el argumento capitalista. El error, la organización a partir del trabajo (y por ende del capital), reconociendo que esta crisis es económica y es un problema de gestión de los medios de producción.

La cuestión está en la producción misma –de valor, mercancías, sufrimiento– como relación social abstraída que busca la acumulación de capital y su reproducción ampliada. Su organización y gestión, consideramos, no es la cuestión fundamental del sistema capitalista (¿posible crítica a los partidos políticos y a la democracia como cristalización de las relaciones sociales capitalistas?). La producción nos acerca a la barbarie.

Esta crisis, reiteramos, es civilizatoria.

Estimular el consumo para salir de la crisis, resulta utópico si entendemos todos sus efectos y el presente civilizatorio. Estimular el consumo significa nuevamente, dejar paso a la libre mercantilización de la vida.

La realidad dicta que es el consumo de trabajadores por el capital lo que aumenta, como sujetos flexibles y aislados entre nosotros. Trabajadores sin vínculos, esto es lo homogéneo en estas relaciones sociales. Nuestra comunidad ficticia basada en ser ficción en el trabajo, el dinero en forma de salario, el tiempo de trabajo gastado en forma de valor –sustancia inmaterial que mediante su acumulación e intercambio, hace posible el desarrollo de las relaciones sociales capitalistas–

Nuestra capacidad de imaginar, empozada. La naturaleza, estéril. La vida, mercantilizada.

El decorado que genera el teatro de los trabajadores son las villas miseria, las infraestructuras faraónicas –que permiten la aceleración del intercambio de mercancías, midiendo en tiempo y no en distancias la geografía, tecnificando la noción de lejanía– y la arquitectura del aislamiento y represión.

Y su trama se desenvuelve entre la vampírica apropiación de valor frente a la disolución de los vínculos humanos y la creación de trabajos que tratan de producir y gestionar en el menor tiempo posible las mercancías.

Confiar en el intercambio mercantil como forma de justicia y equilibrio social supone reconocer la propiedad exclusiva y su explotación privada. El liberalismo, a través de las expropiaciones originarias en la modernidad, se valía de este intercambio mercantil para extender su dominio tanto territorial como social y promocionar políticas mercantilistas y discriminatorias. Este intercambio está en la génesis del Estado Moderno (efectivamente, Capitalista)

Hay que hacer arder el teatro del mundo, no basta con salir de la esfera económica escaladamente o nutrir los ayuntamientos del cambio con sentido de acumular fuerzas. Esta incoherencia refuerza la presencia de las relaciones impersonales. En este momento histórico de imposibilidad de revalorización del capital –que desde los 70’ comenzó a menguar su rentabilidad, al aumentar costes de explotación– demandar más empleo multitudinariamente significa emplear energías vitales para la causa de nuestros males, es la contradicción en movimiento.

Explicitar que el paradigma relacional en Occidente está mutando al paradigma corporativo y estatista es quizá, entender la dominación del capital y el Estado en la sociedad del trabajo. Nuestro mecanismo frente a esta dominación es el engaño, el ser ficción al menos un tercio de la vida, pensándonos falsamente libres el otro tiempo sin trabajar, interiorizando el uso del dinero como un elemento consustancial a la interacción humana. Esta es nuestra libertad, elegir a qué supermercado ir a gastarnos el dinero.

La mercancía es susceptible de ser controlada, nunca nuestras aspiraciones revolucionarias.

[18 Noviembre 2018] Ni Víctimas, Ni Verdugos.

No hablamos de represión, ni siquiera de persecución o de “caza de brujas” como hemos leído que se ha dicho por ahi. Tampoco consideramos a los libros o periódicos como “armas”, ni tenemos una retórica romántica sobre la lucha anarquista. Ser Anarquista no es algo sencillo, no es cuestión de elegir una ideología simplemente e ir por la vida sin cambio alguno, ser anarquista tiene un peso y una carga, bastante importante.

Somos enemigos/as declarados del Estado, somos los/as explotados/as, los/as oprimidos/as que no pedimos nada, los/as que no queremos dádivas ni reformas, los/as que no queremos leyes. Somos anarquistas que peleamos cómo podemos, siempre en base a nuestros valores.

Es por esto que tampoco esperamos que el Estado actúe de forma diferente a la que lo hace. No somos víctimas de nada, y algo que tenemos muy en claro es qué no somos soldados tampoco, si bien no retrocedemos, nos impactan las cosas que pasan y vemos, no tenemos un temple de hierro ni un corazón frio. Todo lo contrario, tenemos valores y practicas que intentan ser lo más consecuente posible con estos y un corazón encendido que nos impulsa cada día en esta lucha de querer cambiarlo todo.

Lamentablemente, parte de esta sociedad que se construye en base a sostener relaciones autoritarias ha olvidado la empatía, y le es imposible ponerse en el lugar del otro o siquiera entender cómo otra persona puede actuar de una forma diferente a la que esperan. Vemos, con dolor, como las redes sociales se han llenado de memes, chistes y conversaciones donde se habla, desde la mas profunda ignorancia, con aires de grandeza de esta situación. Esta es la gente que “tiene todo claro”, quienes tienen “la posta”. Hablan de una persona que se debate entre la vida y la muerte, y de otras tantas que enfrentan, quizás, un largo tiempo en prisión. Esa prisión donde se dieron casi la mitad de los asesinatos a manos del Estado desde la vuelta a la democracia, ese Estado democrático que de forma directa ya ha sido responsable de la muerte de mas de 5500 personas.

El Estado tiene el monopolio de la violencia, es la condición indispensable para su existencia, desde su óptica no pueden ver otra cosa que asociaciones, organizaciones y responsabilidades comunes. Confunden acciones individuales y las tratan de hacer pasar como conspiraciones colectivas. No entienden de la libertad individual, de la acción que puede nacer de una o dos personas.

Desde el asesinato de nuestro compañero Santiago han intentado dar forma a una organización mezclando a mapuches y anarquistas, han estado preparando el terreno para avanzar por sobre quienes no solo estamos en contra de un gobierno, sino del Estado y el Capital, en contra de quienes no jugamos a la política y luchamos por una Revolución Social que cambie de raíz el estado de las cosas.

Son tiempos difíciles y van a serlo mucho mas, pero reconocemos que nunca antes fueron fáciles, los próximos meses nos mostraran muchas cosas de nosotros/as mismos/as y es en la solidaridad ácrata dónde nos tenemos que apoyar para no ser parte de este sistema corrupto. Son tiempos para apoyarse en las ideas para poder pensar con claridad, y en nuestros valores para, con la cabeza en alto, seguir gritando: qué viva la anarquía!

No Pedimos Nada.

[06 Noviembre 2018] Sobre las detenciones de dos anarquistas el 29 de octubre en Madrid.

El pasado lunes 29 de Octubre la Brigada de Información se dirigió a las casas de dos compañerxs anarquistas de Madrid para detenerles. Se les acusa de delito de daños por la quema de un cajero automático Bankia en el barrio de Vallekas durante la semana de acción por el aniversario de la detención de la compañera Lisa, que se encuentra actualmente bajo la custodia del estado Alemán condenada a 7 años acusada de atracar un banco.
No es la primera ni la última vez que el Estado reprime cualquier indicio de acción directa anarquista. El Estado lleva tiempo mejorando su maquinaria represiva, prueba de ello es la proliferación de cámaras de vigilancia (como en este caso) y las tomas de ADN y la coordinación con otros cuerpos policiales a nivel europeo (como en el caso de Lisa o lxs represaliadxs del G20, que tuvo su último capítulo en el Estado español el pasado 19 de Octubre con registros de viviendas de compañeros en Palencia y en Madrid)
Estas detenciones, por la forma en que han sido efectuadas, suponen un cambio de estrategia represiva lejos de la espectacularización mediática de pasadas operaciones policiales contra los entornos anarquistas (Pandora, Piñata, Pandora II, Ice). El objetivo es el mismo, sin embargo: buscar la intimidación y el miedo y la consiguiente parálisis de la lucha.

Frente a esa estrategia, como anarquistas, debemos mantenernos fuertes y continuar la lucha y no perder aquellas herramientas que hacen del anarquismo un movimiento peligroso para el Estado y todas sus formas y herramientas de dominación. Si el Estado reprime al verse atacado deberá ser golpeado más fuertemente, el objetivo es continuar la lucha y que la solidaridad se extienda a todos los puntos del territorio. Si ayer ardió un banco, mañana arderán cien.

Poco importa la “inocencia” o la “culpabilidad” de lxs compañerxs, son categorías del aparato de justicia que no reconocemos como anarquistas.

Solidaridad con Lisa, lxs represaliadxs del G20, Scripta manent y demás compañerxs alrededor del globo que se encuentran secuestradxs por el Estado.
En nuestra memoria revolucionaria viven Santiago Maldonado y el compañero Zhlobitsky Mikhail fallecido el 31 de Octubre en un ataque bomba contra la FSB (heredera de la KGB).

NUNCA PODRÁN FRENAR LAS ANSIAS DE LIBERTAD

LISA LIBERTAD
FUEGO A LOS BANCOS

MUERTE AL ESTADO Y VIVA LA ANARQUÍA

[01 Noviembre 2018] Okupación rural, recuperando el territorio.

La okupación rural es un fenómeno que abarca gran amplitud de cuestiones, proyectos, luchas y sueños, pero que por lo general parte de un paradigma común; la autogestión. Es una de tantas herramientas para alcanzar dicho horizonte y que pone de manifiesto en primer lugar la cuestión territorial, algo a lo que cada proyecto de okupación rural dará una solución diferente en función del espacio en que se encuentre y de sus propios procesos a nivel colectivo. Desde las primeras iniciativas surgidas en la década de los 80’, hasta las que apenas llevan unos años en marcha, se ha ido gestando un movimiento centrado en la búsqueda de un modo de vida sostenible a través de la mínima dependencia de recursos externos, la soberanía alimentaria y la recuperación de modos de autosuficiencia, organización y tradiciones locales, así como de espacios que en su momento tuvieron vida, y que por distintas políticas han sido arrebatados a sus legítimas dueñas. Todavía queda un largo camino por recorrer, y es por eso que cada vez se hace más necesario un fortalecimiento de redes tanto en los proyectos rurales como entre lo rural y la ciudad, que nos permitan salir de la lógica capitalista que tanto consume nuestras vidas.

El neorruralismo que propone la okupación rural sienta sus bases en la recuperación de la vida en comunidad y en un modelo de relaciones basado en la horizontalidad, donde la autogestión y el cuidado, tanto colectivo como individual, son el eje fundamental para la creación de un modo de vida sostenible, y sobre todo, bajo un paradigma libertario. La creación de redes locales de apoyo que permitan salirse del marco económico capitalista, así como la búsqueda de una soberanía alimentaria mediante el cultivo y cuidado de huertas propias, frutales, elaboración de conservas, recolección de productos locales y de temporada, son aspectos básicos de estos proyectos. Hablamos de alimentarnos en función del ciclo de la tierra y de las características naturales propias del lugar donde esta se trabaja recuperando el uso de semillas locales. La soberanía alimentaria es una cuestión fundamental para nuestro autocuidado en tanto que conocemos lo que comemos y somos conscientes de todo el proceso que conlleva alimentar nuestros cuerpos permitiéndonos al mismo tiempo vivir de manera coherente y sostenible con el medio en el que habitamos y desligarnos de la producción alimentaria industrial. La obtención de recursos energéticos, la construcción de hogares a partir de medios tradicionales, la rotación de curros, la toma de decisiones por consenso, terminan de completar este paradigma de vida. Pero hay una cuestión básica en todo esto que normalmente no capta tanto la atención como los ideales mencionados arriba; ese es el territorio y la importancia de recuperar el espacio rural.

El territorio siempre ha sido un foco de conflicto, interés y privilegios, es decir, siempre ha sido una cuestión política, y por lo tanto un aspecto más del poder de cada grupo humano que lo gestione. Éste se encuentra en continua tensión entre las distintas partes de la sociedad o comunidad que allí se encuentre, que obviamente no partirán de unas condiciones igualitarias de poder y acción. Las distintas políticas sobre la tipificación, gestión y propiedad del territorio responden a ello, así también lo hacen los movimientos de resistencia indígena en defensa de la tierra (como es el caso Mapuche o el de Chiapas), por lo que cada parte jugará sus cartas en función del grado de legitimidad, represión, coerción, fuerza o dominación que ostenten o que sean ejercidas sobre ellas. La cuestión del territorio es un problema inherente a la forma y calidad de todos los aspectos de la vida de las personas en cada región, y que puede ser tanto fuente de enormes privilegios, como las ciudadanas de la UE y sus “maravillosas” fronteras, o una intención de dominación y exterminio públicamente declarada a un determinado pueblo, como es el caso que sufre Palestina, entre otras masacres o limpiezas étnicas que se dan por cuestiones territoriales, raciales, ect. El territorio es, por tanto, una variable más que nos configura a las personas como sujetos de acción, y por eso es muy importante repensar los espacios en los que nos encontramos, con sus respectivos problemas y el sistema de dominación que en ellos impera, para adecuarnos así en nuestras luchas.

En las ciudades, y en unas más que en otras, podemos dar cuenta de los procesos de gentrificación que se producen cada vez más en sus barrios, y sus consecuencias, las conocemos de sobra: encarecimiento de la vivienda, desplazamientos forzados de personas, etc. La brecha entre “clases sociales” en la ciudad se agranda debido a este fenómeno, y esto repercute también en lo rural, donde esta brecha se abre exponencialmente desde hace ya varias décadas. Lo que se conoce como “la despoblación” o desierto demográfico en España, no es otra cosa que la consecuencia directa de la gentrificación en las ciudades, o mejor se debería decir que están sumamente correlacionadas, esto se refleja en quién es propietaria de lo rural y quien de lo urbano, dónde se encuentran determinadas industrias, quien puede construir y quien no en, por ejemplo, parques regionales, naturales o cualquier otra tipificación creada para establecer la gestión de un espacio que por supuesto, en su mayoría, acaba en manos de empresas privadas. Las políticas para combatir la despoblación nos lo dejan claro; inversión en el turismo, el AVE en Teruel, etc. Es el cuento de siempre, la tierra se vuelve a concentrar en manos de unas pocas, y la máscara de la democracia es cada vez más insostenible en esta cuestión.

Poniendo un ejemplo concreto y actual sobre cómo estas variables y cuestiones territoriales se relacionan con políticas que llevan varias décadas en activo, nos podemos remitir a la propia lógica de la legalidad con la que se enmascaran los mecanismos por los cuales la tierra es arrebatada por parte de los gobiernos; este el caso de Fraguas, un pueblo situado en la Sierra Norte de Guadalajara que fue expropiado durante el éxodo rural de los 60’ a respondiendo a los planes del desarrollo capitalista del régimen. Según se especifica en la Ley de Expropiación de 1954, la propiedad es expropiada para “fines de interés público”, lo que viene a significar que un gobierno, en este caso franquista, determina lo que es ese interés público, y el beneficiario puede ser tanto la administración como “otro/s”; este “otro/s” será con certeza una empresa privada. Para el proceso de expropiación se necesita un protocolo, una ley específica para ello (la de 1954) en el que se determina los pasos, la indemnización e incluso se fija el procedimiento de restitución. En el caso de Fraguas no sólo se expropia el pueblo a sus pobladores, sino que se hace incumpliendo el marco legal establecido para ello, que dictamina que “los derechos de carácter patrimonial, derecho de personalidad y bienes de dominio público, son inexpropiables”, es decir, un pueblo no se podía expropiar incluso durante la dictadura siguiendo sus propias leyes; esta artimaña legal no es más que una máscara a un procedimiento que hizo desaparecer del mapa el pueblo de Fraguas tanto de forma física como histórica, borrando su rastro como si nunca hubiera existido. A este hecho es a lo que se acoge la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en su defensa, Fraguas nunca existió, lo cual supone otra cosa que una política de continuismo con la legalidad franquista. Esto, para las que ya estamos desencantadas con la política de los gobiernos españoles, y más concretamente con el aparato estatal, no nos supone ninguna sorpresa, sin embargo, deberíamos pensar en esos espacios como una oportunidad para recuperar aquello que fue robado a sus legítimas dueñas, unos pueblos con sus historias particulares, sus identidades locales, sus propios medios de vida… y que entran en contradicción con los intereses del Estado-nación. Es aquí dónde pese a las diferencias vemos dinámicas similares entre la dictadura franquista y la democracia que surgió tras ella, la gestión del territorio llevada a cabo por ambas legalidades es equiparable, estos espacios fueron robados y usados para unos fines que entran dentro de los objetivos del desarrollo estatal (y por ende, del sistema capitalista) y del que ya conocemos sus pésimas consecuencias. Por poner un ejemplo todavía más crudo, cuando un antiguo habitante de Fraguas fue una vez a renovarse el DNI, no le dejaron poner el nombre del pueblo como su lugar de nacimiento porque “no existía en el sistema informático”; una vez más, el pueblo es borrado físicamente del mapa así como de la memoria histórica. Todo esto no son más que ejemplos, remitiéndonos a los procesos legales, de cómo la tierra es arrebatada por parte de gobiernos; tenemos tantos más como pueblos abandonados por todo el territorio.

La expropiación y destrucción de espacios habitados, tales como aquellos pueblos que allá en los años 60 del pasado siglo sufrieron un éxodo rural en proporciones nunca vistas, es consecuencia directa de un sistema de dominación con base en el Estado-nación que socava las identidades, tradiciones, medios de vida y autosuficiencia locales, que fuerza la migración a la ciudad con sus políticas discriminatorias. Es sobradamente conocido el impacto de las grandes ciudades y núcleos masificados sobre el medio ambiente y las personas; recuperar estos espacios es un aspecto más, y muy necesario, para la lucha contra este sistema. Rebatiendo el mito de que “el neorruralismo y la creación de comunidades alternativas lleva a olvidarse del mundo”, consideramos que centrarse únicamente en la lucha urbana es seguir irremediablemente el juego de la política estatal que busca apiñarnos a todas en las ciudades, olvidándonos de todos aquellos espacios y comunidades históricas que han sido suprimidas por la dominación del sistema capitalista, no hay acto más necesario y desafiante contra este sistema que la recuperación del espacio rural por medio de colectividades. Porque la vida en el campo es ante todo un proceso colectivo, es desde ese punto desde el que deben partir los proyectos neorrurales. La okupación rural abre nuevos espacios de reflexión y acción que no se plantean en la ciudad, y es precisamente sobre esas diferencias donde un debate entre urbanitas y rurales se hace necesario para crear un análisis completo sobre la situación de los movimientos sociales y sus respectivas luchas, reformular cuestiones, reforzar redes, y sobre todo, evitar cerrarnos en una burbuja que nos haga perder perspectiva sobre otros territorios. La vuelta al campo es algo necesario, legítimo y real.

[27 Octubre 2018] ¿A la huelga, carcelero?

¿No os parecen inquietantes las crecientes movilizaciones de las fuerzas represoras de todo tipo y condición frente a la parálisis de la masa, en otro tiempo clase trabajadora? Derrota tras derrota, el desánimo se ha apoderado de tod@s. Sabemos que tras la transición ninguna huelga ha dado frutos, entre otras cosas porque se dejó en manos de los sindicatos los intereses propios. Esos pesebreros que bajo el rótulo de sindicatos de clase, han sido los cooperadores necesarios para el establecimiento de este régimen de PAZ SOCIAL, el mejor para que florezcan los negocios y reine el orden y la ley. De esto ya se encargan sus fieles guardianes.
Nacionales, guardias civiles, carceler@s…han tomado las calles para exigir al Gobierno subidas salariales que les pongan a la altura de mossos, ertzaintzas y “funcionari@s” de otras prisiones. La calle que hasta hace poco era el escenario donde se desarrollaban los conflictos laborales y las protestas contra el poder establecido, está a día de hoy en permanente estado de alarma por la presencia constante de los fieles guardianes. Por el día protestan, por la noche reprimen. Al fin se sienten trabajodoras y no simples verdugos.

La huelga que l@s carceler@s protagonizan estos días y los venideros es un hito digno de contarse. Tras año y medio repartiendo chorizos y encadenándose a las verjas de IIPP, se han lanzado a la huelga general. Quieren más pasta, un aumento sustancial, algo que merezca la pena por la vil función de vigilar a otro ser humano. Quieren más efectivos para reprimir con eficiencia, mínimo esfuerzo y no correr riesgos innecesarios como en la actualidad, es decir, reconocen las insoportables condiciones carcelarias pero solo si les salpican. Convierten el cotidiano  maltrato que ejercen sobre l@s pres@s, de palabra y de obra,  en reivindicaciones propias, en su lista de peticiones de sacrificad@s trabajadores. ¡ Ell@s son l@s agredid@s, ell@s l@s agraviad@s, l@s desatendid@s, l@s olvidad@s!. Pero se han olvidado de un detalle: L@S MUERT@S SIGUEN SIENDO L@S PRES@S

[22 Octubre 2018] Su miedo, nuestro miedo.

El miedo siempre está presente. Es una emoción básica y uno de los motores para bien o para mal, de las sociedades humanas.

Siempre he oído que hay que hacerlo cambiar de bando; pero el miedo está en ambos lados. Simplemente, unos tienen las armas y las herramientas para protegerse de sus miedos. Otros, nos las negamos.

El sistema basado en la acumulación de capital se tambalea, se dirige a su fin tal y como lo hemos conocido hasta ahora. No parece que nada mejor vaya a surgir de sus cenizas (al menos para nosotros). Sus dos principales fuerzas motrices se agotan y se están volviendo insuficientes para mantener la dominación capitalista.

La explotación a través del trabajo asalariado ya no sirve para mantener su tan necesaria paz social. Por muchos trabajos inútiles que inventen ya no son suficientes para emplear a toda la masa obrera existente. Además los salarios de miseria hacen inviable el mantenimiento del nivel de consumo que necesita la maquinaria capitalista para mantener su función. Esto no tiene vuelta atrás por muchas motos que pretendan venderse desde el progresismo tecno-optimista oficial.

La depredación de recursos naturales y bienes comunes en todo el planeta ha llegado a límites insostenibles literalmente y las catástrofes se suceden y seguirán haciéndolo. Nada importa si reporta beneficios.

Esto es una bomba de relojería y lo saben, lo saben desde hace mucho tiempo, tal vez desde siempre. Nosotros, apenas empezamos a intuirlo. Ambos tememos la explosión de la bomba. Pero ellos siempre han tratado de controlarla y lo consiguen una y otra vez.

A golpe de leyes, de educación, de comunicación de masas, de sistemas de representación vacíos e inocuos… Siempre consiguen retornar las aguas a su cauce consiguiendo mantener esa paz social tan importante para poder seguir impunemente acaparando toda la riqueza. Al fin y al cabo se trata de eso. Cuando todo falla, siempre quedan los golpes. Es la única manera con la que logran dominar por completo su mayor miedo: el estallido de esa falsa burbuja en la que vivimos. La violencia es su bálsamo, su derecho, así lo dictaminan sus leyes.

Saben que la quiebra de esa burbuja sólo es posible si logramos desembarazarnos de esa falta de responsabilidad que nos han inoculado a través de todo ese entramado de representantes y gestores (partidos, sindicatos, iglesia, ongs…) que se encargan de nuestras vidas con nuestra complicidad. Hemos crecido bajo la premisa de acatar las acciones que hacen en nuestro nombre y aceptarlas como nuestras. Hemos aprendido a ser espectadores de nuestras propias vidas dejando que la voz cantante la lleven ellos. Superar el actual mundo depredador y formar parte de la construcción de un mundo mejor sólo es posible si lo hacemos en primera persona, sin intermediarios que nos digan lo que hay que hacer y cuándo hay que hacerlo, dando la cara a sabiendas de que eso implica dolor y represión. Y eso, sin duda, nos da mucho miedo. Un miedo que nos atenaza y nos hace creer que vivimos mucho mejor acatando y desahogándonos en el anonimato. Deseando, en la intimidad, que la eterna promesa de un mañana mejor sea renovada una vez más y nos permita seguir sin tener que arriesgar en demasía.

Lo siento, eso ya no es posible.

[04 Octubre 2018] Interioridad y estilos de vida: La imposibilidad de la transformación social.

Mientras la ideología neoliberal arrambla con todo proyecto común que no se rija según su lógica, y la mecánica de los mercados hace inconcebible un cambio social, el individuo se radicaliza en sus asuntos privados, se vuelca en el ego y se repliega sobre sí mismo: hasta el punto de convertir sus manías en cualidades del carácter. La construcción de una personalidad propia y diferenciada, la introspección desprovista de autocrítica con el pseudoobjeto de llegar a ser “uno mismo”, la autorrealización y el equilibrio emocional, la búsqueda de elementos que nos identifiquen como habitantes exclusivos del mundo, etc. pudiendo todas estas representaciones y exageraciones de la propia experiencia, ser también llamadas pequeñas psicopatías, funcionan de un modo perverso. A saber: obstaculizan la empatía con el otro al hacernos creer que experimentamos la vida de un modo particular y, de esa guisa, abortan la posibilidad de un encuentro que permita una transformación social que realmente nos cambie, cambiando las condiciones bajo las que nos relacionamos.

El mantra individualista “El cambio empieza por uno mismo” ha calado muy hondo en la sociedad y sus discotecas, al extremo de convertirnos en un archipiélago de narcisistas incapaces de asumir la mínima responsabilidad de lo que le pasa al vecino, pero que, al mismo tiempo, nos obliga a cargar material y psicológicamente con todo lo malo que nos sacude. Así, perder el trabajo o que te desahucien, más que el resultado del mal reparto de la riqueza social, también puede ser “una oportunidad para nuestra formación y autoconocimiento”. O la enfermedad, la soledad: no serían sino procesos de aprendizaje. Ocultar miedos, preocupaciones, problemas y disfrazarlos de motivación es la estrategia adoptada por el sistema para mantener su ritmo. ¡Cambiad las reacciones, no la realidad!, es el lema. Puesto que la infelicidad podría salirle cara al capitalismo, necesita llegar al alma de la gente y hacer de ellos sujetos entusiastas, dinámicos y flexibles.

Por supuesto, este dogma de apariencia new age es de naturaleza política, pues incluye una forma de entenderla. Una ideología que concibe la sociedad como una red neutral y autorregulada de relaciones horizontales, sujeta únicamente a la voluntad del individuo. Es decir, una ideología que hace del egoísmo una virtud, argumentando que la búsqueda del interés particular beneficia el interés general (la vieja proclama smithsoniana trasladada a un plano espiritual) y obviando siempre el hecho de que unos poseen los recursos y otros somos los recursos. Conceptos como emprendimiento y autoempresarialidad no serían más que el proceso de conversión de ti mismo, en un recurso que persigue eternamente la idea de un bienestar imposible de satisfacer.

Cuando el individuo se radicaliza en sus asuntos privados, no es porque se halle en la búsqueda de algo profundo, sino porque pretende la reforma extrema de lo superficial, tal es su obsesión. Y con respecto a esas posturas superficiales, que en ningún modo definen la personalidad de nadie (en demasiadas ocasiones la erosionan), la sociedad está radicalmente atomizada. Existe un contraste radical entre estilos de vida dentro de la armónica metrópoli posmoderna. Para unos, una alimentación estricta, sana y ecológica, macrobiótica o vegetariana; para otros, carnes procesadas por un tubo y bollería industrial. Para unos, running  a diario y carreras montañesas de cien kilómetros; otros, cogen el coche para ir a por el pan y se han comprado un patinete motorizado para salir de paseo. Unos, enganchados a la fibra óptica, preocupados por su antivida online, pendientes de youtubers, influencers y de las notificaciones en las redes sociales; otros (por lo general pertenecientes a otra generación), ni siquiera saben qué es internet. Una maraña de subculturas, modas, identidades, sentimientos de pertenencia, disfraces y todo tipo de fachadas atraviesan la vida de las personas. Es de obligado cumplimiento elegir los accesorios con que adaptarse a un determinado estilo, pues solo mediante el estilo se accede a los diversos grupos de pertenencia que, por ser, en su misma entraña, culturales y no políticos, favorecen nuestro comportamiento gregario y son admisibles para el sistema. La contraposición entre estilos de vida amortigua y enmascara un conflicto social latente, a la vez que brinda una sensación de libertad y realización personal al individuo.

La potencia cultural del sistema capitalista en los países desarrollados consiste en ofrecer la oportunidad de elegir un marco vital asequible a los intereses personales y, al mismo tiempo, ofertar las herramientas para construir un entorno cómodo para cada particularidad. De este modo puedes sobrellevar las condiciones de precariedad y dotar de una mayor consistencia a la cuerda floja sobre la que te deslizas. En la ciudad, existen microclimas adecuados para cada tipo de fauna humana, con unos códigos propios, signos, valores, lenguaje, lugares de reunión, etc. Todos los cuales te hacen formar parte de un estilo de vida, y de paso convierten al vecino real en un extraterrestre.

El mayor logro del sistema, su comodín, si eres joven y rebelde… es la creación de un estilo de vida antisistema de apariencia antagonista. Un estilo que propugna el consumo responsable, los derechos de las minorías, el equilibrio ecológico, una mayor “democratización” de los sistemas políticos, el elogio de la diversidad, y la sensibilidad con las causas sociales en general. Este estilo de vida en concreto, nos permite adaptarnos a los que deseamos habitar un espacio aparentemente no reglado y una existencia lejos de la mayoría normal, sumisa y adocenada de las masas obedientes (¿y si nosotros fuéramos la mayoría?). Así podemos vivir libres de culpa y sin remordimientos, aun siendo parte de un sistema misántropo, fagocitante y explotador. Para ello tenemos que autoconvencernos de que somos especiales porque tenemos “conciencia”. Así se convierte el activismo social en un estilo de vida, en lugar de ser un medio para la intervención concreta en la sociedad, y nosotros reconocemos inconscientemente nuestro lugar dentro del statu quo, porque lo que hay en sus márgenes también está diseñado por el sistema. …Coca Cola te comprende.

Si el grueso de las reivindicaciones políticas en la actualidad está motivado por factores de identificación personal, desde la dieta hasta la nacionalidad pasando por los hobbys y la orientación sexual, si no existe un proyecto que apele al conjunto y tenga por objeto la totalidad, es porque el sistema ha hecho de la rebeldía un estilo de vida, una estética, una forma de ser. Ha habido una transferencia en la forma de entender la lucha social: del verbo hacer al verbo ser. Ya no importa lo que hagas, sino lo que seas. Tú no luchas, tú eres la lucha. Ahora el sistema dice que tu actitud, tu forma de ser y de estar en el mundo, pone en peligro el sistema. Porque la ruptura estética no solo está permitida, sino que, además, está promocionada. La única constricción a la libertad que viene será la del mercado.

[02 Octubre 2018] [Análisis] El fenómeno terrorista como arte de gobernar.

Terrorismo y gobierno: un origen

Si bien no toda forma de gobierno implica una estructura estatal y un marco legal determinado, todo gobierno que se precie y pretenda perdurar tenderá antes o después, como toda fórmula de Poder, a cristalizarse y dotarse de una estructura lo suficientemente fuerte y racionalizada, bajo una cadena de mando que da cuerpo y forma al Estado.

El Estado es un perfeccionamiento de cualquier estructura de Poder, que siente que debe dotarse de herramientas que le permitan edificar unos cimientos sólidos, como una magistratura, un cuerpo legal, cuerpos represivos, aparatos de propaganda, capacidad de controlar y conocer a los súbditos (o ciudadanos) del Estado –no sin razón la palabra “estado” guarda relación con la palabra “estadística”-, establecer las bases del sistema económico acorde a los intereses de las clases poseedoras, protegiendo y amparando el derecho de propiedad (privada, estatal, pública…) y tener una cabeza de la hidra, más o menos centralizada, que al fin y al cabo garantice el funcionamiento de todos los resortes de la maquinaria estatal: hablamos del Gobierno.

El Estado (y/o el Gobierno) no puede considerarse solo como una estructura desde la cual se ejerce el Poder sobre una determinada población (en un marco geográfico determinado, o sea, una nación). El Estado es una realidad histórica a lo largo y ancho de una buena parte de la historia de la humanidad (que no siempre) y en el devenir histórico ha ido perfeccionándose, adaptándose hasta culminar en las modernas fórmulas de Estados de Derecho democráticos actuales, de predominancia en el occidente capitalista. Si bien podemos establecer que las funciones enumeradas con anterioridad en el párrafo precedente son intrínsecas a toda fórmula de Estado, no podemos negar la evolución que esta institución ha ido teniendo a lo largo de la historia y las diferencias que existen entre distintas coordenadas culturales, geográficas, históricas… Esto solo evidencia la constante necesidad del Poder de adaptarse a las necesidades cambiantes de la máxima función del Estado: mantener el orden. Un orden que claro está, que siempre beneficie a las clases dirigentes, una paz y una normalidad para que se puedan seguir desarrollando las relaciones de dominación –económicas, patriarcales, racistas…- en el tiempo. La paz tal y como la entiende el Estado: como el monopolio de la violencia por su parte y la cesión de la patente a sus aliados y colaboradores. Mantener el orden puede implicar la desestabilización de una zona del planeta con tal de que los imperios empresariales sigan obteniendo beneficio para los inestables mercados, el saqueo de recursos y la aniquilación y sometimiento de poblaciones, pero lo auténticamente importante es que el Orden establecido permanezca inmutable.

¿Y el terrorismo? La definición de terrorismo ha sido constantemente reformulada a lo largo de su historia. Como veremos más adelante, estos cambios en su definición, no son caprichos del destino, ni evoluciones aleatorias de un significante: obedece a intereses del Poder. Sin embargo, nuestro objetivo ahora es vislumbrar su origen y relacionarlo con el ejercicio del Poder y el Estado.

La primera definición de terrorismo que podemos encontrar en los glosarios de historia, es aquella que lo vincula a una práctica realizada por el nuevo Estado revolucionario, nacido al calor de la Revolución Francesa, que utilizó el “terror” como fórmula para asegurar el nuevo régimen entre 1793 y julio de 1794, con Robespierre y los jacobinos a la cabeza. El “terror” se convirtió en una fórmula de gobierno, puesta en práctica por primera vez con el advenimiento del Estado burgués y el inicio del proyecto político y económico de una burguesía triunfante y a la vez, amenazada por las consecuencias de una revolución que le había llevado al Poder pero que amenazaba con desbordarse y volverse contra la nueva clase dominante. El período del Terror, la guillotina y las ejecuciones sistemáticas fueron un arma que empleó el Estado contra las fuerzas revolucionarias que pretendían profundizar y llevar hasta las últimas consecuencias la revolución. El Estado buscaba a través de estas ejecuciones infundir el terror y servir de aviso para todo aquel que no se plegara al nuevo régimen.

El terrorismo como arma del Estado para mantener el orden, adquirió dos características: ser institucional, al ser puesto en práctica por el Estado su aparato legal y legislativo e indiscriminado, dado que su fuerza terrorífica reside en la potencialidad de afectar a cualquier persona. La conclusión de esta primera interpretación de terrorismo es clara:

“Esta primera interpretación del concepto de terrorismo está perfectamente clara: ante todo pone de manifiesto el estricto vínculo entre terrorismo y Estado. El terrorismo nació con el Estado, es practicado por el Estado; es, precisamente, un “método de gobierno” que el Estado emplea contra sus enemigos para garantizar su conservación.”1

El término evolucionó y acabó por mezclarse con la definición de “violencia revolucionaria”2, todo ello mientras el capitalismo y el Estado construían un mundo nuevo sobre la muerte, la destrucción, la miseria, la obediencia, la explotación y la tristeza, amparados en la ley y de forma indiscriminada. Desde entonces el concepto de terrorismo evolucionará según los intereses cambiantes del Poder, tal y como nos recuerdan los compañerxs de la revista A Corps Perdú, el sentido de las palabras indica siempre el lado hacia el que se inclina la balanza de la dominación. Quien detenta el poder detenta también el significado de las palabras. Esto explica por qué el concepto de terrorismo ha adquirido un nuevo significado, que se contradice totalmente con su génesis histórica, pero no con las exigencias de la dominación3.

La Ley y la necesidad de la categorización

El Estado, tal y como hemos señalado, regula su influencia en la sociedad mediante un cuerpo legislativo y una serie de códigos legales (códigos penales, constituciones, ordenanzas…). La función de la Ley queda clara: proteger el Orden y los intereses del Poder. A la hora de desarrollar y desplegarse la Ley en este aspecto, se concreta en diversas fórmulas. Nos interesa especialmente analizar aquella función de la Ley que busca generar conceptos y categorías propias, acorde a sus fines esencialmente represivos:

“Cualquier forma de Estado se ve en la necesidad de construir conceptos y categorías propias […]. La ley los tipifica. Y por supuesto se encargará de reglamentar lo que es o no es apto, lo que es o no normal, quién es el violento, quién es el terrorista… Todo son figuras creadas con el fin de segregar, aislar y/o estigmatizar determinadas comportamientos que se salen de la lógica del sistema y/o suponen una amenaza para el mismo. De este modo y creadas las categorías y conceptos, la represión se ajusta a ese marco legal y cae con todo su peso con una gran aceptación social.”4

Esta lógica con la que funciona la Ley y sus conceptos, tienen una evolución en la historia, diversos campos en los que se desarrolla. Tal es su influencia que son reproducidos socialmente por todos los altavoces del sistema, tales como los media, partidos políticos ,el sistema educativo y se insertan en el sentido común de la población. El “violento” donde se encuadran aquellxs que deciden disputar el monopolio de la violencia del Estado y su ser antagónico, el pacífico ciudadano demócrata, que protesta pero dentro de unos márgenes determinados por el marco democrático; el inocente y el culpable como categoría estrictamente legales, pero que son utilizadas habitualmente no solo por el propia sistema, sino incluso por sus pretendidos opositores cumpliendo así un reforzamiento, a veces sin quererlo (en otras ocasiones voluntariamente) reforzar la lógica de la legalidad del Estado. En fin, son muchas las categorías, tales como los locos, los delincuentes…etc. Estas categorías evolucionan, se adaptan a las necesidades del Poder, se olvidan unas, surgen otras, se reinventan los significantes siempre al ritmo cambiante a las nuevas condiciones sobre las cuales el Estado debe desplegar su capacidad y lógica represora. El objetivo es aislar a todo elemento desestabilizador para que sus prácticas e ideas amenazantes al orden no puedan ser emuladas ni pueda surgir una identificación generalizada con los individuos que se vean categorizados dentro de esos conceptos.

¿Y el terrorismo5? La figura del terrorista se ha convertido en el enemigo a batir por parte de las democracias. El terrorismo se ha convertido en un cascarón vacío que el Poder utiliza a su antojo. La categoría de terrorismo parece intentar servir al aparato represivo en toda su dimensión (jurídico, político, policial, carcelario y mediático) para justificar toda una serie de medidas y actuaciones contra todo aquel que no acepte el monopolio de la violencia en manos del Estado. Desde el Poder, el proyecto político de los estados democráticos parece ser definido como una negación del terrorismo. La estrategia es clara: aislar y separar del cuerpo social a rebeldes, anarquistas, antiautoritarios y todas prácticas de lucha que rompan con la normalidad de este sistema6.

Sin embargo, más allá de una categoría represiva, el terrorismo o más bien, su respuesta y lucha por parte del Estado ha servido para construir e edificar nuevas fórmulas de gobierno, cimentadas en torno al control social y la represión frente a cualquier ruptura de la normalidad. Prueba de ello es la evolución jurídica de este término, que ha ido incorporando cada vez más hechos punibles dentro de esta categoría o las políticas en materia de seguridad que los Estados europeos han ido implementando en los últimos años a raíz del repunte del terrorismo islámico.

Enemigo interno, enemigo externo: entre una construcción del Estado y una realidad

Los Estados segregan y separan mediante figuras creadas a aquellxs que resulten una amenaza para sus intereses y el consabido orden. El poder mediático a través de los medios de comunicación de masas ha sido capaz de generar una imagen de sus enemigos acorde a los intereses represivos del momento. Negar la existencia de un enemigo interior o un enemigo interior sería negar una realidad: somos muchos los que nos declaramos enemigos de este sistema y son también muchos otros también los que desde ópticos distintas (y muchas veces en una simple disputa por el Poder, queriendo acceder a la cúspide de la pirámide) que se englobarían dentro de estas categorías de “enemigo interno” y “enemigo externo”. Así los enemigos del Estado y de la Democracia sirven de chivo expiatorio y justificación de todo un poder de control social desplegado por las potencias estatales, con fines de control social.

El terrorista se ha convertido, sin lugar a dudas, en la figura preferida del Poder para concretar y ponerle nombre a ese enemigo interno. Todo aquel que dispute el monopolio de la violencia del Estado, será caracterizado como un personaje macabro y digno de ser perseguido y una amenaza contra la estabilidad democrática. La figura del terrorista consigue ser capaz de servir tanto para mantener el orden en casa, como fuera de las fronteras de los Estados, dado que estas figuras pueden venir de exóticos sitios o estar escondidas en los suburbios pobres de las metrópolis occidentales. En su cacería, todo vale, y todo aquel que nos e preste a negar esta realidad.

El enemigo interno tiene un alto componente racista y xenófobo en muchas ocasiones. Removiendo las viejas figuras del bárbaro extranjero que invade la civilización, nos encontramos con que millones de personas desplazadas a lo largo y ancho del planeta por las miserias, guerras y persecuciones provocadas por las políticas capitalistas de los Estados occidentales (y los no-occidentales) son una amenaza para la población en los discursos de los gobernantes y su séquito. Será una labor que debe adaptarse, obviamente, a las necesidades de la clase empresaria que, naturalmente, necesitará que las fronteras no sean algo hermético y cerrado, sino permeable, que deje traspasar una mano de obra barata a la que explotar. Para esta función se adapta perfectamente las lógicas de las sociedades democráticas, donde se ofrece un marco de posturas que acoten los límites entre la figura del inmigrante bueno y el inmigrante malo. Para ello, generalmente son las facciones de izquierda de la burguesía las que crean la figura del amigo y las facciones de derecha las que crean la figura del enemigo. Pero estas facciones funcionan conjuntamente y necesitan alternarse en el gobierno […] Se va a celebrar el árabe que está en el deporte o en el espectáculo, cómico o musical. Ámbitos en los que el cuerpo o la habilidad del colonizado son puestas al servicio de la celebración del imperio, ámbitos de devoción del cuerpo a la bandera7.

Contrapuesto a esta figura, se encuentran la de aquellxs explotadxs que no aceptan su rol de inmigrantes buenos y trabajadores sumisos, que no aceptan la cultura dominante y siguen generando su propia cultura en sus comunidades (no se adaptan a nosotrxs, dirá el racista), que protestan, que se escapan de esas cárceles llamadas CIES, que forman tumultos, que se enfrentan a la violencia policial… en fin, que no entran dentro de la categoría del colonizado agradecido con sus opresores que le otorgan la entrada al primer mundo y sus democracias.

El enemigo interno puede ser no solo el anarquista que con sus prácticas e ideas, potencialmente extendibles a sus iguales, al resto de oprimidxs, sino que se genera también con aquellxs que dentro de las propias fronteras nacionales estallan contra un orden que les somete día sí, día también. Los jóvenes de las banlieues de las ciudades francesas y en general de los suburbios de las grandes ciudades capitalistas, que de vez en cuando estallan cuando se comete un asesinato policial en los ghettos a los que la democracia les ha relegado a vivir en la marginalidad, por ejemplo. Cuando estos deciden responder a la violencia sistémica y estructural con violencia, serán rápidamente identificados por policías, jueces, políticos, periodistas, sociólogos, psicólogos, curas (o incluso, imanes), trabajadores sociales, izquierdistas, fascistas como un enemigo a combatir por el Estado, una amenaza a los valores nacionales y a la democracia.

Esta estrategia segregadora, que busca generar niveles y clases entre los oprimidos, dibujando una especie de frontera entre aquellxs explotados que están incluidos en las lógicas del sistema (y sufren todo su peso) y aquellxs que son expulsados y excluidos a la marginalidad, a los ghettos, y que son una constante amenaza que gestionar mediante cuerpos de seguridad, trabajadores sociales, drogas, fármacos y cárceles. El viejo divide y vencerás que puede hacer que mires con envidia a quién tiene más que tu y con desprecio y miedo a quién tiene menos que tú.

El enemigo interno sirve también para transformar la ciudad y los barrios que la componen. La ciudad es un escenario no neutral, se edifica reproduciendo el clasismo, el racismo y las necesidades especulativas de los capitalistas. Procesos tales como la gentrificación, que conllevan la expulsión de la población de un barrio y ser sustituidas por personas con un poder adquisitivo mayor, utilizan la figura del enemigo interno en sus muchas variables para justificar semejante agresión a la vida de miles de personas. Todo plan urbanístico que implique una transformación urbana tan grande viene precedido de una devaluación mediática del barrio: delincuentes, yonkis, personas migrantes que no se adaptan, antisistemas… Es la melodía que tantos barrios a lo largo y ancho del planeta escuchan previamente a la instalación de un Carrefour 24H o al desalojo de un centro social para construir nuevas viviendas para los nuevos ricos. El enemigo interno es un recurso inagotable para el Poder.

El final del mundo dividido en dos grandes modelos socioeconómicos, presentados como supuestos bloques antagónicos, trajo nuevos actores al mapa de la denominada geopolítica a finales del siglo XX. El islamismo8, en su forma cristalizada de modelo de estado-teológico, fue utilizado por EEUU y sus aliados como herramienta de desestabilización de regiones del planeta con regímenes afines a la URSS. Una vez cumplida su función, la bestia del fantasma estado-religión se configuro como el que iba a ser el terrorismo yihadista. Tras décadas de subidas y bajadas en la escena mediática, el yihadismo ha cumplido un importante rol en tanto recurso del Poder, de los Estados y los gobiernos por su adaptabilidad dentro de estas dos importantes categorías: el enemigo externo, como una espiral de imágenes, ideas y cosmovisiones que proviene del oriente o de las viejas colonias que se erige como amenaza a la democracia occidental y su sistema de valores; el enemigo interno, que se manifiesta mediante atentados, células yihadistas, ghettos en los barrios pobres, y entres presentes como espectros con las que podíamos estar conviviendo. Estas figuras tienen su puesta en escena y un despliegue en la realidad mediante el terrorismo. El terrorismo nuevamente se convierte en una fórmula de afirmación del proyecto del Estado y los poderosxs. La Democracia se refuerza mediante la proyección de su polo negativo: la barbarie terrorista y su fórmula de gobierno en base a estados-terroristas como el DAES. Lo importante de este juego, es saber cómo ambos polos forman parte de unas mismas lógicas de dominación, de sometimiento y explotación pero que despliegan su control con diversos matices distintos.

Esta guerra, que, al fin y al cabo, es una guerra real la que emprende y lleva el Estado contra enemigos internos y externos, es una realidad palpable. Es decir, señalar como el Estado justifica el despliegue de sus políticas de control mediante la generación de enemigos internos y externos no implica que de facto, no exista una guerra que se materializa en muertos, desaparecidos, encarcelados, torturados, heridos y que atraviesa la realidad de todo ser humano del planeta. Existen multitud de realidades donde se materializa ese conflicto y son muchos los que toman la iniciativa y deciden devolver los golpes. Efectivamente, algunxs serán afines y cercanos a nosotrxs y otros, no, siendo simplemente otras fórmulas y caminos para las mismas lógicas de un mundo organizado en torno a gobernantes y gobernados, en torno a explotadores y explotados.

Contraterrorismo y contrainsurgencia: el terrorismo como forma de gobierno

La lucha contra el terrorismo se despliega por tanto en todos los ámbitos donde el Poder tiene influencia y sirve para desplegar su afán de profundizar en el control y los siempre presentes intereses económicos, claro está. Los Estados luchan contra el terrorismo mientras sus políticas terroristas asesinan y someten a los explotados.

Esta batalla contra la barbarie terrorista se materializa en dos estrategias, tanto de puertas para adentro como de puertas hacia afuera: en las zonas seguras, contra el enemigo interno se denomirá contraterrorismo, en el extranjero, contra el enemigo exterior, la contrainsurgencia. Ambos están íntimamente relacionados y se retroalimentan entre sí. No es de extrañar como las antiguas potencias coloniales utilizaron métodos propios de sus guerras imperialistas y la gestión del control sobre poblaciones extranjeras para controlar y mantener a raya a las poblaciones de las metrópolis occidentales. Este proceso llega hasta nuestros días, donde las misiones internacionales, o en otras palabras, la presencia militar como fuerza de ocupación, extrapolan fórmulas similares de gestión y dominio pensadas para ponerse en práctica tanto en territorio nacional como extranjeros.

La lógica militar y la presencia de las fuerzas armadas esta cada día más presente en nuestra realidad cotidiana, mediante la presencia de patrullas en las urbes europeas, la aparición de cuerpos militares como la Unidad Especial de Emergencia (UME) que opera en España en catástrofes naturales, la utilización de los militares para romper huelgas, como recientemente ocurrió en el conflicto de los estibadores o la constante propaganda militaristas en centros educativos y medios de comunicación. Esta militarización de la vida cotidiana9 trae consigo un proceso paralelo de militarización de las policías civiles y la policialización de los cuerpos militares. Esto parece confirmarlo grandes planes de la OTAN como el denominado Urban Operation in the year 2020 e innumerables cumbres en materia de seguridad: la gestión militar del conflicto social, pone en evidencia que el poder del Estado se desplegará de forma similar tanto en ciudades europeas como en Kabul o las favelas sudamericanas.

El terrorismo se convierte así en un chivo expiatorio a través del cual el Poder despliega un control del espacio mediante un reforzamiento de las fronteras10 y el surgimiento de otras nuevas, el surgimiento de nuevas tecnologías de control social, el aumento de los beneficios económicos que hay detrás del negocio de la seguridad y una provechosa arma en el control y el flujo de las poblaciones, donde figuras como el inmigrante o el refugiado tienen una delgada línea roja con la figura del terrorista.

A remarcar también, los golpes de efecto del terrorismo en el terreno mediático, sirven como medio de control de masas mediante el miedo y, como, mediante situaciones de legalidad excepcionales, tales el estado de emergencia declarado en países como Francia o Bélgica se genera una normalización de estas situaciones, pasando a convertirse en norma. La excepcionalidad pasa a ser incorporada a nuestra vida cotidiana y pasa, de ser algo puntual a ser el pan nuestro de cada día que nos encontremos con toques de quedas, las calles tomadas por policías y militares o un marco legal donde la represión tiene aún más manga ancha de la que normalmente goza. La ley nuevamente, se adapta a las necesidades y normaliza su presencia en nuestra vida y en cada vez más aspectos de la misma.

Contra la paz en nuestros tiempo

El terrorismo es un fenómeno que abarca multitud de dimensiones: desde ser una herramienta del Estado que este pone en práctica a un fenómeno que es ocasionado por sus propias políticas y que es rentabilizado por el Poder. Lo que hay que tener en cuenta es que todo golpe, toda estrategia del Estado, todo arte de gobierno mediante el terrorismo se hace en nombre de la Paz. Una paz que no es sino otra ficción que nos intentan vender. Aquí no hay paz, aquí hay una guerra que se viene dando desde que hay poder: la guerra de ricos contra pobres… pero también de pobres contra ricos. Destruir su paz, pasa necesariamente por destruir al Estado y desenmascarar sus procesos de control y dominio. Aquí hay un conflicto. El que no lo quiere ver, es porque no quiere. El que siga presentándose e identificándose en figuras creadas por el Poder, está condenado a reproducir sus lógicas. Su paz se construye sobre el aniquilamiento y la muerte. Destruyamos su paz.

[30 Mayo 2018] La protesta y el discurso del poder.

Los crímenes trascienden por su espectacularidad, o sea, por su por potencial para convertirse en espectáculo. La sociedad demanda morbo y necesita horrorizarse, quiere ver: aviones chocando y hombres arrojándose de edificios ardiendo, huesos carbonizados de niños asesinados, los detalles escabrosos sobre una mujer violada. Los casos más espectaculares, más sangrantes, disparan los índices de audiencia de una industria que se rige por la ley de la oferta y la demanda, y donde el sensacionalismo es lo más cotizado. El derecho a la información es una coartada que utilizan de forma irresponsable para difundir todo tipo de basura, de trapos sucios, de desviaciones elevadas a la categoría de generalidad. Frente al rigor y la objetividad de un documental, la violencia excesiva y descarnada convertida en telerrealidad, y por ende, en realidad.

La mediatización de los hechos determina la intensidad de la alarma social y la dimensión de la protesta, lo cual provoca que un problema entre a formar parte de la agenda política. Tras el 11-S y demás atentados terroristas, se aprobaron leyes que recortaban libertades (civiles, de movimiento, etc.) en nombre de la seguridad. En los casos tipo Marta del Castillo, José Bretón, el niño Gabriel, etc. se ha exigido la cadena perpetua revisable, el endurecimiento de las penas (en proceso): populismo punitivo.

Vemos como en muchos casos, a falta de razones, el poder necesita manipular nuestras emociones para legislar, precisa que tengamos miedo al otro para gestionarlo, y justificar una sociedad cada vez más normativizada, represiva y panóptica. Sin embargo, otorgar mayor potestad al Estado sobre la vida de los individuos no sirve para detener el crimen, sirve para que este sea ejercido de manera legal por jueces y policía. La ideología de la víctima no sirve para defender a las víctimas potenciales ni reparar el dolor de las que existen, sino que es el discurso pronunciado por el poder para ponernos a todos en la picota.

[10 Mayo 2018] La ausencia del sentido de la vida.

En la sociedad capitalista, las relaciones personales están marcadas por el interés, por considerar al otro una mercancia. Erich Fromm analizaba que no se producen una gran cantidad de amor ni de odio, más bien las relaciones se quedan en la superficie, aunque detrás esté el distanciamiento y la indiferencia.

En las diferentes fases del capitalismo se ha producido una pérdida progresiva de los vínculos sociales del hombre, el motor de las relaciones humanos no es ya el deseo de cooperación, no hay solidaridad hacia el prójimo y sí un evidente egoísmo que busca solo el interés personal (un egoísmo que no duda en usar a otros seres humanos para sus intereses, sin ninguna lectura de desarrollo individual). Los reductos sociables que le quedan al ser humano están encarnados en el Estado, y de ahí que se nos obligue (o se sienta la obligación) de pagar impuestos, votar o respetar las leyes. Hay una rígida separación entre la sociedad y el Estado (identificado exclusivamente con el quehacer político), por lo que éste se convierte en un ídolo en el que se proyectan todos los sentimientos sociales. Fromm considera que esa idolatría hacia el Estado solo desaparecerá cuando el hombre vuelva a incorporar a sí mismo los poderes sociales y no se produzca una división entre su existancia privada y su existencia social.

El hombre es en el sistema capitalista, y así lo ve él mismo, una cosa para ser empleada eficientemente en el mercado, no se siente como un agente activo y consciente, portador de las potencias humanas. El ser humano está enajenado de sus potencias, de la capacidad de sentir y pensar, por lo que su identidad surge de su papel socioeconómico. El éxito o el fracaso del individuo está marcado por factores ajenos él mismo, no hay ya dignidad en la personalidad enajenada (factor que Fromm considera con mucho peso en otras culturas). Esta “pérdida de personalidad” de la que habla Fromm es vista por otros autores como algo natural; la falta del sentido de la identidad sería un fenómeno patológico, ya que la “personalidad única” no sería tal, y sí un resultado de los muchos papeles que representamos en las relaciones con los demás (papeles que tienen la función de obtener la aprobación y evitar la ansiedad resultante de la desaprobación). Fromm niega dicha teoría e identifica el sentimiento de sí mismo con el sentimiento de identidad, el cual desaparece en la sociedad enajenada y se busca la aprobación de los demás para confundirla con el éxito y convertirse en una mercancía vendible; los demás no lo consideran ya una “personalidad única”, sino una entidad ajustada a uno de los modelos establecidos.

Para comprender el fenómeno de la enajenación es necesario tener en cuenta una característica específica de la vida moderna: “su rutinización, y la represión de la percepción de los problemas básicos de la existencia humana”, en palabras del propio Fromm. El hombre apenas sale del terreno de las convenciones y de las cosas establecidas, difícilmente logra perforar la superficie de su rutina y, si lo intenta, lo efectúa con grotescos intentos rituales (como el deporte, toda suerte de religiones y creencias, o las hermandades de algún tipo). Fromm considera que el interés y la fascinación por el drama, el crimen o la pasión no es solo expresión de un gusto cuestionable y del sensacionalismo, sino un deseo profundo de dramatización de los fenómenos importantes de la existencia humana (la vida y la muerte, el crimen y el castigo, el combate entre el hombre y la naturaleza…). En el antiguo drama griego, se produciría un tratamiento profundo y de alto nivel artístico de esos fenómenos. Por el contrario, el drama y el ritual modernos son toscos, no producen ninguna catarsis y simplemente revelan la pobreza de esa solución para atravesar la superficie de la rutina. Estaremos de acuerdo en que la revolución tecnológica, que hemos vivido en las últimas décadas, se ha producido en el tipo de sociedad capitalista y consumista cuyos fenómenos psíquicos describe Fromm, por lo que sus tesis sobre los procesos de abstracción, cuantificación y enajenación se refuerzan en un mundo en el que la tecnología parece separarnos de la vida real.

Otras preguntas, acerca del proceso de la enajenacion, tienen que ver con qué ocurre con factores como la razón y la conciencia en una sociedad de este tipo. Si entendemos por inteligencia la habilidad para manipular conceptos con el fin de conseguir algo práctico, de memorizar o de manejar ideas con rapidez, eso es lo a lo que nos limitamos en nuestros negocios para resolver cosas. Fromm define la inteligencia como el pensamiento al servicio de la supervivencia biológica. En cambio, la razón desea comprender, profundizar en la realidad que nos rodea, y su meta sería impulsar la existencia intelectual y espiritual. El desarrollo de la inteligencia, de la mera habilidad, ha ido en detrimento de la razón, la cual requiere de individuo capaces de penetrar en las impresiones, ideas u opiniones, no meramente compararlas y manipularlas. En el hombre alienado se da una aceptación de la realidad tal y como aparece, desea consumirla, tocarla o manipularla, pero no se pregunta por qué las cosas son como son ni adónde se dirigen. Aunque se lea el diario, o se consuma cualquier otro medio, existe una alarmante falta de comprensión del significado de los acontecimientos políticos.

Junto a la falta de razón en la sociedad moderna, debido a la inexistencia de personalidad en el individuo, está otro factor íntimamente relacionado que es la imposibilidad de una conducta y un juicio éticos. Si el hombre de convierte en una especie de autómata en la sociedad enajenada, díficilmente puede desarrollarse la conciencia y ser la ética una parte importante de su vida. La conciencia existirá cuando el hombre se escuche a sí mismo, no se vea como una cosa o una mercancía. Poseemos toda una herencia ética recibida del pasado, fundada en un humanismo que niega toda institución que se sitúe por encima del ser humano, aunque la historia suponga numerosas ejemplos sociopolíticos de lo contrario. Pero, en la sociedad moderna, en lugar de dar mayor horizonte a la razón y a la ética, lo que es únicamente una herencia indeterminada termina por desaparecer y nos acercamos a la barbarie legitimada en una presunta eficacia técnica y económica. Resulta primordial luchar contra el conformismo, ser capaz de decir “no”, para poder escuchar la voz de la conciencia.Esta consideración nos recuerda al inconformismo del “hombre rebelde” de Albert Camus, capaz de destruir ídolos e instituciones para construir un mundo libre.

El proceso de trabajo se identifica en Fromm con el proceso de moldear y transformar la naturaleza externa al hombre, y de esa manera el hombre se moldea y cambia a sí mismo. La naturaleza del hombre, sus potencialidades y las leyes naturales a las que está sujeto, son un punto de partida para conquistar la naturaleza externa y desarrollar sus capacidades de cooperación y de razón. Pero el trabajo ha pasado de ser una actividad satisfactoria en sí misma y placentera, como sí puede haber sido en algunos momentos de la historia, a convertirse en un deber y una obsesión. El trabajador industrial ejerce un papel fundamentalmente pasivo, realiza una función pequeña y aislada en un proceso productivo grande y complejo, se muestra enajenado del fin de su trabajo. El trabajo es un medio de obtener dinero y no una actividad humana con sentido. Este carácter enajenado del trabajo, profundamente insatisfactorio, da lugar a dos reacciones: por un lado, el ideal de la ociosidad total; por otro, una hostilidad, consciente o inconsciente, hacia el trabajo y hacia todas las cosas relacionadas con él. Fromm consideraba ya en su época que los medios de comunicación, junto al desarrollo de la técnica, no hacen más que potenciar ese anhelo de holganza, la ilusión de poder dominar la realidad sin apenas talento ni esfuerzo. En cuanto al odio, parece más grave que la falta de sentido y el tedio del trabajo, ya que se manifiesta tantas veces de modo inconsciente. Se acaba odiando el entorno, a los demás y, finalmente, a uno mismo si se sacrifica el sentido de la vida por un éxito aparentemente embriagador.

El pensamiento de Fromm, también como psicoanalista de la sociedad, resulta fascinante y, desgraciadamente, el tiempo ha consolidado lo que él ya tomaba como problemas graves de la sociedad capitalista. La noción de trabajo de este autor era liberadora, herencia de unos valores de la Ilustración pendientes de adquirir sentido en la existencia humana (es la única manera de aceptar la posmodernidad, sin desesperanza alguna, otorgándole mayor campo y sentido a los valores de emancipación). Las respuestas de Fromm a los males de la sociedad moderna, que dejaremos para un nuevo artículo, solo podía pasar por un socialismo que se encargara de la emancipación en todos los aspectos de la vida, sin dar predominancia al factor económico sacrificando el resto, tal y como pretendió el marxismo y fracasó estrepitosamente en su praxis. Un socialismo que solo puede ser calificado de libertario.

[24 Abril 2018] Internet,determinismo y propaganda.

Las nuevas relaciones impuestas por la sociedad tecnológica son el paradigma de la superficialidad y vacuidad. Reflejan la impostura en la que se vive y despojan al individuo de la verdad inherente de su pensamiento primigenio, sustituyen lo real por lo virtual y lo virtual por lo real. La imagen que proyecta el individuo debe ser absorbida por el aparato tecnológico para ser transformada en información que posteriormente sirve como referencia a los intereses del mercado de consumo que suprimen la individualidad a través del deseo por los bienes y la mercancía.

La sociedad de la información no es necesariamente la sociedad de la comunicación. Internet no comunica al contrario, aísla en mayor grado cuanta más información (ya sea verdadera o falsa) circula por la red. La tecnología por lo tanto atomiza al individuo y divide a la sociedad en fragmentos cada vez más pequeños debido a la multiplicidad de opiniones, pensamientos y creencias que surgen de los acontecimientos y rigen las tendencias creadas por la propaganda que afectan en mayor o menor grado al conjunto de la sociedad.

Internet como nuevo medio catalizador del consenso social incrementa el poder de la tecnología -y por lo tanto de los poseedores de la misma- implementando políticas de control y dominación sobre la población mucho más efectivas que en tiempos pasados al monitorizar la opinión pública a tiempo real y ejerciendo a la vez un control exhaustivo sobre la disidencia para sustituir la vigilancia por la auto-vigilancia consentida en nombre de la seguridad.

Una visión optimista o pesimista de la vida puede estar determinada por las circunstancias de cada persona. Sin duda. Sin embargo dicha visión no deja de ser particular y no tiene por qué ajustarse a la visión general que afecta al resto de toda la sociedad. Por lo tanto esta visión particular y fragmentada del mundo puede enmascarar y falsear la realidad por la cual se rigen los acontecimientos que suceden en éste y que afectan inexorablemente a todas las personas.

Siempre hemos estado en guerra. Los mundos idílicos creados por los propagandistas al servicio del Poder son un producto del Sistema para justificar los conflictos de toda índole y engañar de un modo razonable a la sociedad de manera que la vida se desarrolle por unos cauces aceptables.
Sumisión a cambio de seguridad, diversión y entretenimiento a cambio de explotación. Negatividad a cambio de cierta positividad o malestar a cambio de bienestar. Todo tipo de intercambio que se pueda dar para justificar el sistema de dominación y el estado de guerra.

[02 Abril 2018] La comodidad: un sofocador de la revolución.

La comodidad en los individuxs, que las industrias han trabajado tanto en producir, y que, lo que busca es “facilitarnos la vida” nos hace cada día seres más insensibles. Cada vez perdemos más la percepción de nuestro entorno. No tomamos conciencia del uso de energía que se nesecita para una acción. Cómo ver televisión, cambiar un canal, prender un ventilador, aire acondicionado, etc. Dónde todas estas acciones llevan un gasto de energía de trasfondo, que a nosotrxs, en ese momento no nos cuesta nada. Pero otra persona ya lo ha hecho por ti, o un conjunto de personas ya trabajó por ese producto para que vos tengas esas comodidades. Por que cuando usamos ese producto no pensamos en las personas que lo fabricaron, menos si se usaron animales como materia prima. Ahí es cuando perdemos la percepción del entorno. Nos fabrican un mundo de comodidades donde cada vez más nos alejamos de nuestro alrededor, de la naturaleza. Esa idea de que a tu esfuerzo lo haga otro sin importar como se hizo, es la que nos aleja de nuestros instintos más animales. “No lo hagas vos”, “no muevas un dedo”, “deja que otras personas lo hagan por vos”, “nosotros tomamos decisiones por vos para que vos no pierdas tus comodidades”. Nos aterroriza la idea de que tengamos que reclamar nuestros propios derechos. No hagamos nada si los hace otro, o ya lo hicieron en el pasado.

Cómo podemos estallar una revolución si no sentimos empatía? La televisión muestras casos como la violación y/o muerte a una menor de 15 años y después pasan a la brevedad a la separación de una estrella televisiva o a los resultados del fútbol. Haciéndonos olvidar de la nena te pasan a otro tema sin escrúpulos. También te muestra un niño llorando por hambre, en ese momento nos sensibilizamos, pero no te sensibila más que verlo y vivirlo en carne propia.  Ahí donde se pierde la sensibilización. Destruyen la empatía.

Pongamos un ejemplo de dos personas que trabajan en el mismo lugar y viven la misma distancia desde sus hogares y hasta su trabajo. La persona A se transporta en su automóvil hasta su trabajo. La persona B se transporta en su bicicleta hasta su trabajo. La persona A tiene la comodidad de no sentir el estado del clima en el ambiente, por que si hace frío prende la calefacción, si hace calor prende el aire acondicionado, y si llueve no lo moja, tampoco el viento lo afecta. La persona B siente todos los estados del clima ambiental; siente el frió, el calor, la lluvia y el viento. La persona A sufre el estado de pavimentación de los baches en las calles pero no tanto como la persona B que lo tiene que ir esquivando por que si no se pega un trompezón. La persona A no siente el esfuerzo que conlleva transportarse, en cambio, la persona B si lo siente; siente el cansancio, la agitación, la transpiración. A lo que voy es que el sujeto que no tiene tantas comodidades, es mas conciente de lo que pasa en su entorno. Dopan a los trabajadores con comodidades para que no sientan empatía con los que no pueden acceder a esas comodidades y no veamos la destrucción de la naturaleza que hacen. La razón es obviar el trabajo que hace otro y no sentir empatía por que para el movimento de un automovil se necesitó mucha mano de obra que no la vez. La intención es destruir la empatia.

Cuáles el precio de esas comodidades? El precio son nuestras vidas y nuestra libertad pagamos esos lujos con horas de nuestras vidas que es, ni nada menos que, el trabajo.

No alcanzo con un mundo de comodidades fabricados que han creado a un mundo virtual donde nada existe pero si tiene mucho valor para las personas, que entra solamente por dos sentidos; la vista y la audición. En ese mundo virtual donde todo es exageradamente más fácil, la información está al alcance de un click, las personas se relacionan con la comodidad de no salir, de no sentir, y nuestros sentimientos son chupados por el ordenador, hasta nos enseña y nos juzga como vivir, todo esto en un corto lazo de tiempo. Cómo que cada vez más nos acercamos a la matrix; donde las personas estaban conectadxs por cable y vivían en un mundo de imaginación producida por los ordenadores. Dónde que te sirve ir a un recital, o ir a buscar un libro en una biblioteca, o encontrarte con amigos o familiares, o salir a reclamar tus derechos a la calle, si los tenés todo a tu alcance a través de una pantalla. Lo único que te preocupe es trabajar para conseguir esos lujos.

La conciencia del esfuerzo y el sufrimiento de lxs demas son impulsadores de la revolución. La revolución la hacen lxs que están cansados de las injusticias.

[27 Febrero 2018] Indefensión aprendida.

Tiempos modernosLa Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Madrid estaba reclamando reparación y justicia a Credifimo-Caixa Bank por las hipotecas basuras, las cláusulas abusivas y los desahucios enfrente del edificio de Caixaforum. Una pareja de unos 50 y tantos años esperaban a cruzar el paso de cebra del Paseo del Prado mientras miraban la protesta de los activistas. El hombre comentó que son solo  cinco y la mujer que es que les dejan hacer lo que quieran en la calle, gritando y haciendo ruido. Luchar por los derechos se ha convertido para muchas personas en gritar y hacer ruido. Los activistas son gente que molesta a los buenos ciudadanos que pasean tranquilamente por la ciudad para visitar una exposición sobre Andy Warhol. La transformación del activismo político, sindical o social en una molestia para la sociedad es un éxito de la élite económica. Ya no solo es que el activismo se connote de forma negativa sino que se abre la puerta a su silenciamiento sea como sea, con la aprobación de todos aquellos que lo perciben como un fastidio provocado por radicales. Es probable que aquella mujer, tan soliviantada por esa gente ruidosa, viera con buenos ojos que la policía disolviera sin contemplaciones la protesta pacífica.

Las huelgas, los boicots o los sabotajes dejaron de ser herramientas de la lucha obrera para convertirse en incordios y ataques contra los ciudadanos, sus intereses económicos y el país. Los conservadores transformaron el derecho a un trabajo en el derecho a ir a trabajar por lo que un esquirol se convirtió en un ejemplo cívico frente a los hinchas violentos que luchaba por conseguir derechos que beneficiaran al total de la sociedad. El mundo al revés o el mundo que interesa a las élites. El individualismo radical de las sociedades occidentales, alimentado y potenciado por la sociedad estadounidense, ha convertido el interés personal en el elemento motriz de las decisiones que tomamos junto con la creciente indiferencia ante las luchas sociales que nos rodean. No es solo no querer participar en una huelga porque no me puedo permitir perder un día de sueldo sino que me son indiferentes los motivos por los que se convoca. Por supuesto que la deseabilidad social nos llevará a admitir lo primero y a ocultar lo segundo. A no ser que se sea un cínico o un neoliberal.

Esta domesticación no se ha producido ahora ni de forma pacífica. Las agresiones de los grandes propietarios, la patronal y el estado han sido una constante del siglo 20 y comienzos del siglo 21. Echar a las personas de sus casas, bajar los salarios, despidos, condenar a las familias a la pobreza y al hambre, criminalizar al sindicalismo, la represión, las prisiones, los asesinatos, la esclavitud a través del trabajo, esquilmar los bienes colectivos o amedrentar y pegar palizas han sido distintas herramientas utilizadas a lo largo de décadas para acallar las luchas sociales. El control de los medios de comunicación les permitió manipular a la opinión pública para convertir las respuestas a las agresiones, las reivindicaciones políticas y sindicales y la lucha por los derechos colectivos en asunto de criminales. Consiguieron ocultar su violencia y criminalizar a quienes luchaban por los derechos de todos. Pero lo más relevante es que consiguieron que aquellas personas que sufrían las políticas económicas de las élites, pensadas para acumular e enriquecerse, vieran como enemigas a aquellas que peleaban por mejorar las condiciones laborales y sociales. Lograron que fueran comprensivas y benevolentes con las políticas que les agredían hasta el punto de incorporarlas como soluciones para los problemas que les rodeaban.

Se ha aprendido que no se puede hacer nada. La pasividad es una dolencia que afecta a una gran mayoría de la sociedad occidental. Se mantiene cierta capacidad crítica que no conduce a la acción porque la sensación es que no hay nada que hacer. El trabajo capitalista condena a la depresión que impide ver que existen posibilidades reales de cambiar la sociedad en que vivimos. Las protestas de otros se convierten, a su vez, en recordatorios de que nosotros no estamos haciendo nada por lo que se reacciona de forma despectiva. Nos coloca ante un espejo y no nos gusta lo que vemos. Esa inconsciencia no es más que mala conciencia, oculta o desdibujada, que emerge en primer plano como enojo, desprecio, superioridad o arrogancia. Las proclamas se convierten en griterío, las reivindicaciones en ruido y los activistas en cinco pobres bienintencionados o radicales. Según el humor del día. Vivimos en una cárcel cuyos carceleros somos nosotros mismos. No necesita de una intervención directa por parte del estado o la patronal. Nos bastamos con nosotros mismos.

[04 Febrero 2018] Desarrollo de un intento por justificar lo injustificable (Archivo Operación Piñata).

Extraemos, nuevamente de la publicación La Ira de Behelial, otro texto con motivo del reciente sobreseimiento de la causa contra lxs compañerxs detenidos en la Operación Piñata. Es el tercero de estos textos (El trasfondo de la solidaridad y Arquitectura, mitología, folclore y operaciones antiterroristas). En los próximos días iremos subiendo de diversas fuentes, mas análisis sobre el contexto represivo, las circunstancias y todo aquello cuanto rodeó estos últimos años a los golpes contra los entornos anarquistas de la península. Este texto en concreto realiza un seguimiento a las categorías legales con las que el aparato represivo del Estado ha ido encasillando a anarquistas y rebeldes en los últimos tiempos hasta la actualidad. Nota de ContraMadriz

“Puesto que el número está del lado de los gobernados, la única opción de los gobernantes para seguir siéndolo es la opinión”. James Madison

El Estado, intrínsecamente, se constituye para ejercer el poder, y para ejercer el poder (pues el poder se ejerce y, como la historia no para de demostrar, tiene su propia lógica) es tarea obligada mantener el orden, con lo que el Estado se convierte en el garante de un orden; el orden, impuesto por el poder, el orden, necesario para que el poder exista. Hay diversas formas de mantener el orden pero las más eficientes suelen ser aquellas basadas en el palo y la zanahoria. Según esta filosofía para que la persona gobernada se porte bien, es decir se pliegue a los designios del poder y mantenga el orden, se le promete algo (generalmente material) que por supuesto nunca o muy pocas veces alcanzará, y cuando se porta mal se le castiga. Pero en las formas más sofisticadas de ejercicio del poder (y cabe recordar de nuevo que el poder se ejerce principalmente y de manera más elaborada y eficaz mediante la constitución de un estado), es decir, en los autodenominados estados de derecho: las democracias, pero también en muchas dictaduras, no sólo se mantiene el orden mediante un palo (con su zanahoria) sino que también se justifica el garrotazo al desobediente. Esto ocurre porque en estas formas algo más sofisticadas, el Estado se presenta a sí mismo como un simple arbitro y garante de la convivencia, pues como decía Madison, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica, los gobernantes frente a los gobernados sólo tienen en última instancia de su parte la opinión. Por este motivo el estado siempre tratará de justificar de alguna manera o de otra sus castigos, cual padre benévolo que azota a sus hijos, por su bien, para conducirles por el camino de la rectitud y que cuando les castiga sufre más dolor que los castigados por tener que recurrir a tan extrema medida. Se puede decir sin ambages que, a día de hoy (y esto es algo que se puede rastrear desde el pasado más reciente hasta nuestros días) el garrote más grueso que tiene el Estado, su látigo más acerado y mortífero es la ley antiterrorista. Pero ¿de dónde sale esta ley?

Tradicionalmente, desde los albores de la constitución de los primeros estados (de forma embrionaria, eso sí) hace más de siete mil años, el poder, instituido en aparato estatal para regir la sociedad, ha tenido y tiene dos tipos de enemigos: el enemigo externo, al que siempre trató como “bárbaros” o “invasores” y el enemigo interno, al que siempre etiquetó de “bandoleros”. En el siglo XIX el Estado se ha convertido ya en un estado liberal­burgués, democrático y representativo en lo político y plenamente capitalista en lo económico y a resultas de la industrialización, la misma que permitió impulsar y moldear el capitalismo liberal, el poder de la época hubo de enfrentarse a diversas revueltas y revoluciones obreras y al nacimiento de las grandes ideas revolucionarias y libertadoras del momento (y que más o menos aún perduran): el marxismo y el anarquismo. Para enfrentarse de manera más eficaz y sin que el mantenimiento del status quo supusiera una fractura muy grande de los principios humanistas y liberales que el establishment decía sostener e impulsar, se creó una legislación especial para tratar el tipo de delitos que podrían quebrar el orden y traer la pretendida emancipación y liberación de la humanidad de la explotación y opresión y de sus explotadores y opresores. Esa legislación daba un tratamiento especial a quienes la vulneraban, tanto jurídicamente como ante la opinión de las oprimidas, con un especial ahínco (más que en otras épocas) de denostación moral hacia el refractario. Pese a este tratamiento especial el estado seguía golpeando con su vara a quien violase la ley sin importarle el motivo de tal violación (generalmente la desigualdad material y la supervivencia) pero con una preocupación a parte y un seguimiento mayor hacia quienes combatían al Estado de manera clara y por motivos políticos. Al fin y al cabo un ladrón sólo pretendía sobrevivir mientras que un revolucionario o revolucionaria quería derrocar al régimen y a sus regentes. Surgen pues hace dos siglos las leyes especiales sistemáticas (siempre hubo alguna ley especial para afrontar problemas temporales concretos, en eso se basa la legislación) acompañadas del linchamiento mediático que van a suponer la referencia y guía de las posteriores y muy modernas leyes antiterroristas. Las primeras que podemos rastrear en el tiempo son las leyes contra los ludditas, un movimiento organizado muy heterogéneo que basaba su actividad en la destrucción de la maquinaría industrial de los capitalistas y en un rechazo de éste sistema económico, aunque por diversas motivaciones (ni todos eran revolucionarios ni todos estaban politizados). A partir de aquí y aun sin una etiqueta concreta para los refractarios, más allá de un manido “bandoleros” no siempre aplicable, entramos en el siglo XX donde la evolución es cualitativa y cuantitativamente mucho mayor.

En el siglo pasado lo que el poder pretende para combatir a sus opositores, en especial a los enemigos interiores, es desgajarlos del cuerpo social para tratar de aislarlos con el fin de que nadie se identifique con los refractarios y pueda simpatizar con ellos o emularlos. Para este fin les demoniza. El problema entonces pasa de ser “los obreros” o “el pueblo” a un grupúsculo sedicioso, misterioso y cruel que desde las últimas décadas decimonónicas empieza a ser catalogado como “los terroristas”. Este paso se da en especial a raíz de la derrota del movimiento obrero en la Comuna de París en 1871, cuando dicho movimiento revolucionario se da cuenta de que militarmente es derrotado una y otra vez, abriéndose paso poco a poco a una nueva etapa que, aunque con grandes convulsiones sociales, ya no es la de las grandes revoluciones (con la excepción histórica del periodo de entreguerras: la rusa en 1917, la alemana en 1918-1919, la coreana en 1929,… o la rara y tardía española de 1936) sino la de las acciones aisladas de la masa social con el fin de volver a conseguir despertarla para el intento definitivo

A partir de entonces y ya durante todo el siglo XX el Estado aplica la categoría de terrorista y toda una legislación de excepción a sus enemigos internos. Claro que las y los revolucionarios o el movimiento obrero no son para el Estado sus únicos enemigos. Según en qué épocas opositores de todo tipo, incluso los afectos al poder pero no al gobierno de turno, han sido y son perseguidos, catalogados de la nueva etiqueta. En el mismo siglo XX, el término terrorista tiene que convivir con el de subversivo o el de “banda armada” según el tipo de aparato estatal que tenga que enfrentarse a la subversión en ciernes. Generalmente las dictaduras, menos fashion, eran más partidarias de términos como “sediciosos” o “subversivos” y en sus legislaciones los delitos eran estos mismos o bien la pertenencia a “banda armada”. Las democracias, siempre con un toque más glam (no la española, por cierto, casposa y cazurra como pocas), se decantan más por “terrorista” y en su legislación vienen bien claras las palabras “terrorismo” u “organización terrorista”. En pleno siglo XXI esta tendencia ya está consolidada, en especial a partir de los atentados de 2001 en Estados Unidos, pues según las democracias ­ amparándose en auténticos actos de brutalidad indiscriminados contra la población cometidos por aprendices de Maquiavelo del autoritarismo religioso o revolucionario, o por orquestación estatal (cómo saberlo) ­, los nuevos enemigos internos del presente buscan sólo aterrorizar a la población pues en su delirio se oponen a la democracia (¿cómo osan?) la más perfecta de las formas de convivencia civilizada y no una simple y cutre forma de articular el Estado. La democracia convierte al Estado, aún más, en un ente totalitario envuelto en un ropaje de presunta libertad, pues no permite que nadie la cuestione, y para ello no sólo produce una animadversión total en la población hacia las refractarias y rebeldes con todo el enorme aparato mediático del que dispone, sino que elabora la correspondiente legislación especial.

A día de hoy, todo enemigo del Estado es un terrorista y esa es la legislación que se le aplica. Veamos cómo evoluciona. Por acotar un poco el asunto, vamos a ceñirnos al estado denominado España. Nos encontramos con que aquí existen diversas leyes antiterroristas desde finales del siglo XIX cuya diferencia más sustanciosa respecto de la legislación ordinaria residía en la especial dureza de las penas (que en la legislación general no eran ligeras, por cierto) y en que al “terrorista” le juzga un tribunal militar. En la segunda república es derogada esta disposición y abolida la pena de muerte pero se crea un tribunal de orden público para juzgar los delitos políticos y la huelgas y revueltas. Este tribunal es derogado por el frente popular en 1936 pero poco después estalla la guerra.

Las leyes de guerra rigen entre 1936 y 1953 (y rigen con toda la dureza que implica el término) y es en este año cuando se elabora la primera ley antiterrorista moderna en España. Franco siempre tan innovador. En esta ley no existía delito de terrorismo per se sino que existía el de “pertenencia a banda armada”. Para poder ser aplicado los requisitos eran, ser una banda (es decir, más de dos personas) y tener armas; como vemos los militares y las dictaduras van al grano. Pero el ligero toque oficioso para su aplicación (una banda de atracadores puede tener armas pero un atraco no necesariamente es una subversión del orden politico­social) era el contenido político que dicha banda tuviera. Si en esta época un grupo de 4 ” jóvenes rojos” repartía propaganda contra el régimen o lanzaba un cocktail molotov contra una comisaría de policía, por poner un ejemplo, y eran detenidas, además de la somanta de hostias que iban a recibir en el calabozo y de ser juzgadas por el renacido tribunal de orden público franquista (1962), no siempre iban a sufrir totalmente la ley antiterrorista y a ser condenados por el delito de “banda armada”. Esta ley es la que se mantendrá vigente, con modificaciones en los años setenta y en la democracia, hasta el año 1995, en que se creará el llamado código penal de la democracia (que hasta ahora se basaba en una reforma del código penal del año 1973).

Éste entra en vigor en 1996 y en él se añade al delito de “pertenencia a banda armada” el de “organización terrorista”, es decir que ya no hace falta que haya armas para que sea aplicada la ley antiterrorista, que por cierto, en plena democracia, es esencialmente más dura en general, salvo en el caso específico de que ya no hay pena de muerte, que la de la dictadura. Además este código admite por primera vez el delito de terrorismo individual, aunque al carecer de banda las penas son menores.

En 2001 esta ley es endurecida tras los atentados de las torres gemelas. Son los años en los que se aplica la doctrina, aun hoy vigente y perfectamente extrapolable y extrapolada, del “todo es ETA” y lo mismo se es terrorista por secuestrar a un industrial que por quemar un banco, romper los cristales de una ETT o editar un periódico que justifique o incluso no condene los actos anteriores. Lógicamente toda esta batería respondía algo tardíamente a las necesidades del Estado, algunas de las cuales eran frenar los últimos rescoldos de luchas obreras, cada vez más violentas (sobre todo en el periodo 1987­1994) en los últimos coletazos de la reconversión industrial (1981­1997) y desactivar el conflicto vasco.

En 2010 asistiríamos a un nuevo código penal, aplicado en 2011, en el que la ley antiterrorista se aplica a quienes “alteraren de forma grave y reiterada la paz pública y buscaren subvertir el orden constitucional”, suponiendo una nueva vuelta de tuerca en cuanto a la aplicación y endurecimiento de las penas. Esto sucede en un contexto de cierta convulsión social como el periodo 2010­-2014.

Este periodo ha visto nacer el fenómeno 15 M y derivados con todas sus particularidades y consecuencias, para lo bueno (más bien poco) y para lo malo (más bien bastante, en todos los sentidos), enmarcado en una crisis y que se ha caracterizado por episodios de cierta violencia en la calle pero también de protestas pacíficas masivas, algunas tremendamente molestas. Ha sido también (y por ello) de un enorme descrédito democrático y económico y ha visto el decaimiento y cese de la actividad de ETA (lo que ha abierto nuevos escenarios). Es en estos momentos cuando surge un nuevo código penal que intenta enfrentarse a esos nuevos desafíos.

El código penal de 2015 es el de la ley mordaza pero también el de la nueva ley antiterrorista y el del pacto anti-yihadista (aplicable, claro está, a muchas otras realidades). Es una legislación en la que el policía es a la vez juez, jurado y verdugo para delitos no muy graves pero de claros tintes reivindicativos y políticos y en el que la ley antiterrorista contempla por primera vez que no sea necesaria la violencia para subvertir el orden constitucional y/o alterar reiterada y gravemente la paz pública, y en el que a una sola persona se le puede condenar como si en sí misma fuera toda una organización terrorista. Vemos claramente cómo, partiendo de un mismo concepto, la defensa del orden, el Estado a lo largo de la historia ha ido defendiéndose de sus enemigos, en especial de los internos, en especial de los rebeldes y revolucionarios, para seguir adelante sin oposición con su proyecto de dominación. Para ello adecua a los tiempos que corren todo su aparato punitivo y mediático porque ante todo ha de mantener el statu quo.

El poder ha de perpetuarse (regenerándose si es preciso o mordiendo hasta matar si fuera menester) y para ello si es necesario justifica lo injustificable. Así está el patio, amigos y amigas, pero eso sí, todo por nuestro bien y por la seguridad y armonía de nuestra pacífica y armoniosa convivencia, todo ello bien atadito, justificando, como hemos dicho más arriba, lo injustificable. Pero lo injustificable no son sus mentiras, ni su rigor en el castigo, ni siquiera la opresión, cuyo castigo a su rechazo tratan de excusar. Lo injustificable es que día tras día pocas levanten la voz y el puño contra tan infame entramado de explotación y engaño. Lo injustificable es que todo siga igual. Porque pese a que el garrote sea grueso y la zanahoria magra, pese a que existan un garrote y una zanahoria y una mano que las sostenga y nos marque el camino que hemos de seguir, obligados o engañados, la lucha sigue siendo el único camino. Y como decían los clásicos anarquistas “lo que la fuerza y la astucia han levantado, la fuerza y la astucia lo pueden destruir”.

Fuente: http://contramadriz.espivblogs.net/2018/02/04/desarrollo-de-un-intento-por-justificar-lo-injustificable-archivo-operacion-pinata/

[02 Febrero 2018] La “justicia restaurativa”.

Existe un nuevo instrumento, aparentemente menos coercitivo, denominado “justicia restaurativa”. Esta idea de justicia se basa en el principio de la “reintegración de la víctima y el reo”, partiendo de la idea de la irreparabilidad de la injusticia y la creación de nuevas relaciones de confianza.

La justicia restaurativa tiende a un reencuentro de la persona condenada con la persona que ha sufrido el daño, subrayando que, aunque este acercamiento no puede compensar ni sustituir el daño realizado, sí puede crear nuevas relaciones humanas tendentes a una reinserción del preso en la sociedad. Los documentos de estudio de este proceso identifican fases e instrumentos sobre los que se basa la justicia restaurativa. Es útil verlos sintéticamente para tener muy clara la finalidad y metodología de este nuevo instrumento del mundo carcelario.

Las fases:

  1. Participación del reo, de la víctima y de la comunidad en la solución del conflicto.
  2. Reconocimiento de la víctima y reparación de la ofensa.
  3. Auto-responsabilización del reo.
  4. Implicación de la comunidad en el proceso de reparación.
  5.  Consenso de las partes implicadas.
  6. Confidencialidad de la mediación.
  7. Voluntariedad del acuerdo entre las partes.

En otras palabras, la justicia restaurativa tiende a una forma de autodenuncia-admisión de la propia acción, una acción que se vacía de todo carácter de análisis social o político, pero que, como portadora de un daño inducido a terceros, es asumida como tal; esta asunción de “responsabilidad” ocurre por parte del preso a través de un diálogo con la víctima (o quien lo es para él, como veremos) y la comunidad territorial de referencia. Si tengo culpa, debo necesariamente reconocer a mi víctima, que no es solo a ella a quien he dañado directamente, sino a toda la comunidad de referencia.

El acento puesto por este proyecto sobre la dimensión “humana” y dialogante que instituye, despolitiza todos los aspectos comprendidos en la cárcel, reduce el hecho a la sola dimensión del individuo que, siempre como individuo, pide perdón por su propia culpa. Un proceso peligroso porque anula la dimensión de clase que está en la base de la cárcel, porque anula la dimensión de conflictividad y porque refuerza la idea de que cada proceso es individual: todo “delito” es solo un daño en el que hay un culpable y una víctima.

La sociedad basada en la explotación es ocultada también desde hace tiempo por este teatro. La historia del “delito” es una historia individual, la del prisionero que se acerca a la víctima es historia de individuos, sin ninguna dimensión colectiva, ninguna ligazón entre la acción y el contexto sociopolítico de referencia. ¿Y qué instrumentos se adoptan para la puesta en escena de esta obra falsaria? El proyecto de justicia restaurativa identifica algunos:

  1. La mediación entre autor y víctima.
  2. Las disculpas formales.
  3.  Los encuentros entre víctimas y autores de delitos análogos: cuando no es posible el encuentro entre reo y víctima, se organizan encuentros entre el reo y víctimas de delitos similares que supuestamente han vivido una misma situación.
  4. Los encuentros de mediación prolongada, extendidos a los familiares.
  1. El grupo de discusión con moderador.

A todo esto se añade una redefinición del léxico durante estos encuentros, donde los presos se convierten en “huéspedes” de la estructura carcelaria, y los carceleros en “trabajadores-asistentes”. Un lenguaje que se lava la cara conflictiva para sacar a escena la ficción de la cárcel como lugar de pacificación de los conflictos sociales y de la perfecta reinserción del preso.

Obviamente, aparte de estas bonitas palabras, hay que considerar los primeros efectos ya visibles de la aplicación de este proyecto. Los detenidos que participan en él comienzan a acceder con más facilidad a los pocos beneficios que concede la cárcel, asumen cada vez más la lógica de su propia culpabilidad y de la necesidad de vivir en la cárcel como un castigo justo. Se crea así una posterior diferenciación, una posterior grieta en el detenido, que tiene como objetivo la fragmentación social y la prevención de cualquier forma de oposición y conflicto hacia el sistema de injustica que encierra.

En síntesis, este instrumento tiende a: hacer aceptar el concepto de “justicia”; reducir el hecho a una relación entre reo y víctima donde el Estado desaparece, relegando todo a un plano de “orden social” sin ninguna dimensión política; diferenciar a los detenidos entre quien acepta esta vía, obteniendo algún beneficio, y quien no, que será posteriormente aislado.

También en esta caso nos hallamos en una fase de experimentación, en la que encontramos la nueva cárcel italiana de Nuchis (una de las nuevas estructuras construidas con el Plan Cárceles), que desde hace algunos años lleva adelante este proyecto junto a la ciudad de Tempio, denominado “ciudad restauradora”, la ciudad de la redención y la pacificación.

Es totalmente necesario, sobre todo porque ahora está en fase experimental, analizar esta práctica que, alimentada por una pátina humanitaria y social, tiene el peligro de convertirse en un importante instrumento de aniquilación de las luchas.

[01 Febrero 2018] La sociedad de la escasez.

Nos dirigimos a un nuevo paradigma de la sociedad de la escasez. Donde los recursos naturales cada vez más límitados tendrán que ser gestionados por Estados cada vez más totalitarios. Las libertades irán restringiéndose también de un modo paulatino en nombre se la seguridad civil. Los recursos energéticos serán cada vez más caros y difíciles de conseguir para el ciudadano de a pie.

El eco-tecno-fascismo suplantará al Capitalismo como sistema de dominación y reducirá al ser humano de la condición de esclavo más o menos necesario que tenía antes a la condición de esclavo-objeto (cosificado) desechable por su ausencia de valor como productor de mercancías en un futuro próximo.

La élite de poder se apoyará en una minoría de especialistas cualificados que organizarán la estructura social en base a sus intereses economico-políticos para el perfeccionamiento de la dominación en todos los ámbitos de la vida del individuo y la sociedad en general.

La capitalización de la información por los medios de comunicación de masas responderá a nuevas formas de propaganda que convergerán en el ideario de una administración social cada vez más selectiva que dividirá a la sociedad en grupos útiles o inútiles para el sistema.

La formación de los especialistas será clave para el nuevo cambio de paradigma. La sociedad tecnológica impondrá una clase ociosa que irá en aumento debido a los avances producidos por la ciencia y la técnica que la mantendrá en un estado de letargo y parálisis inducido por la industria del entretenimiento y el espectáculo.

La nueva clase ociosa será el producto de la sociedad tecnológica y consumirá las mercancías y bienes destinadas a su mantenimiento. El sistema de dominación ya no se basará tanto en la acumulación sino en la administración de recursos cada vez más escasos. Cabe la posibilidad que ante la falta de recursos se puedan desatar conflictos bélicos de mayor o menor intensidad y pandemias provocadas para reducir la población (en mayor medida) de la clase ociosa. No obstante la población en general llegará al cenit dentro de unos años e irá disminuyendo progresivamente dadas las dificultades de subsistencia y procreación debido a la escasez de recursos vitales para la existencia.

La vida y su reproducción sólo estará reservada a los elegidos.

[17 Enero 2018] La importancia de la amistad.

En la actualidad la amistad es un valor que prácticamente se ha perdido por completo. Una prueba de esto es que la OMS declaró en 2017 que la soledad se ha convertido en una epidemia mundial junto a otras enfermedades no transmisibles. La ausencia de espacios de socialización para el individuo, donde pueda relacionarse, junto a la degradación moral llevada a cabo por las principales instituciones del sistema de dominación, sin olvidar tampoco las cada vez más lúgubres condiciones de existencia del individuo, han contribuido a generar una sociedad atomizada, compuesta principalmente por individuos aislados y solitarios, carentes de relaciones. Pero juntamente con esto no hay que olvidar que la amistad ha perdido importancia. No es casualidad que, por ejemplo, la reflexión filosófica actual ya no gire en torno a la amistad, tal y como ocurría en el pasado, sino que esta ha sido sustituida por controversias relacionadas con el conocimiento, el placer, la acción, etc. Sin embargo, lo que es todavía mucho peor es que como consecuencia de ese olvido de la amistad las personas corrientes de la sociedad ya no saben en qué consiste esta. Resulta relativamente frecuente que el término amigo o amiga sea utilizado de una forma frívola, sobre todo en la medida en que es empleado para designar lo que en la práctica no pasan de ser meros conocidos.

El entorno social y cultural imperante no es, desde luego, el más favorable para entablar verdaderas amistades, pero lo que a día de hoy resulta realmente problemático es que la amistad, como valor, se haya perdido y que como consecuencia de esto tampoco se sepa muy bien en qué consiste. No menos importante es resaltar que ya Tocqueville señaló en su libro La democracia en América que a ningún gobierno le interesa que sus ciudadanos se lleven bien entre ellos, sino que por el contrario prefiere que reine la enemistad pues de esta manera es más fácil dominarlos sin que ofrezcan resistencia ni constituyan amenaza alguna. Una sociedad unida, donde exista un vínculo social y en la que las relaciones sean amistosas, es una amenaza para cualquier forma de poder.

Ciertamente no se trata de hacer una definición de la amistad, sino a lo sumo de hacer algunas aclaraciones sobre su importancia y el valor que representa, sin que por ello dejen de hacerse ciertas aportaciones que ayuden a clarificar su auténtico significado más allá de las convenciones superfluas que hoy imperan.

Así, para empezar, cabe decir que uno de los rasgos diferenciales del ser humano es su carácter social, lo que le lleva a vivir en comunidad y a mantener relaciones con los demás. El ser humano no puede vivir aislado, al margen de toda sociedad, si no es a expensas de llevar una vida solitaria o incluso de perder su propia humanidad. La amistad forma parte de las múltiples relaciones que el ser humano mantiene con sus semejantes, pero no es como las demás relaciones al tratarse de un tipo de relación especial. Puede decirse que la amistad es algo que se corresponde con la propia forma de ser de los humanos, con la particularidad de que su fundamento último es la bondad. En este sentido es muy cierta la afirmación de que no hay amistades entre los malos, ni que tampoco los malos pueden tener amigos. Por el contrario, la amistad tiene como base la virtud, de manera que tener un amigo es deseable por sí mismo.

Si el fundamento de la amistad es la virtud en la medida en que esta sólo es posible entre quienes son buenos, se deduce que la amistad misma se da sobre la base de la existencia de una afinidad entre las personas, lo que hace posible que esta consista en una comunión en los asuntos de la vida. Por tanto, en el amigo nos vemos a nosotros mismos, lo que hace que cuando estamos ante un amigo nos comportemos como lo hacemos ante nosotros mismos. Así pues, la amistad constituye un vínculo social basado en la afinidad y en la bienquerencia, en la que no hay fingimiento al no ser el resultado de la conveniencia del interés. El hecho de que su origen se encuentre en la voluntad humana hace que sea el vínculo más fuerte de todos los que existen. Esto se debe a que, como se ha dicho, la amistad es inseparable del cariño, pues si este último desaparece también lo hace la amistad. Mientras que las relaciones de parentesco pueden existir perfectamente sin que exista afecto alguno.

Pero lo anterior sólo nos muestra a grandes rasgos en qué consiste la amistad. Sin embargo, es igual de necesario destacar por qué la amistad es importante. Sobre esto es interesante señalar la gran importancia que la amistad tenía para los antiguos. Tal es así que el propio Cicerón, en su célebre obra De la amistad, llegó a afirmar que no hay cosa humana más importante que la amistad, pues consideraba que esta es conforme a la naturaleza en tanto en cuanto el ser humano no puede vivir sin amigos. Esto es muy cierto no sólo porque es buena en sí misma, sino porque precisamente de esa misma bondad que le es inherente se derivan una multitud de ventajas. En este sentido destaca lo agradable que resulta tener con quien hablar como con uno mismo, con total franqueza y libertad. Pero además de esto la amistad brinda la satisfacción de compartir los propios éxitos con quien se goza en ellos como uno mismo lo hace, lo que sería muy distinto si uno tuviera que hacerlo en solitario. A lo anterior hay que añadir que la amistad también hace más llevaderos los infortunios, y en ella uno encuentra auxilio. De este modo los amigos auténticos se muestran en las situaciones inseguras y difíciles en las que uno necesita de estos. Pero más importante aún es que la amistad significa estar dispuesto a hacer por el amigo aquello que uno no haría siquiera por sí mismo, con la única condición de que no se trate de una acción deshonesta.

Aún más importante que todo lo anterior es que la amistad destaca por satisfacer una necesidad elemental del ser humano que no es otra que la de querer y ser querido. Nace de un impulso natural para amar que supera el cálculo de las ventajas esperadas. Esto resulta bastante evidente en la medida en que la amistad se basa en la afinidad, de la que brota la bienquerencia por la que uno quiere y al mismo tiempo es querido. Pues es relativamente fácil querer a quien se considera semejante a uno mismo, dado que quienes así se consideran se atraen mutuamente en virtud de esa afinidad, de ese cierto parentesco que existe entre ellos. A fin de cuentas esto es lo que explica que en la amistad se ame a la otra persona por ella misma, y no por interés, pues uno descubre que el amigo es un “otro yo”. Esta atracción mutua que se da en la amistad es la que explica que uno se goce de la fortuna de sus amigos como si fuera la propia, y de igual modo se duela de los males de estos como si a uno mismo le ocurrieran. La amistad crea un fuerte lazo de unidad entre las personas.

Por otra parte el ser humano no está preparado para tratar a todos los demás como extraños, sino que necesita de alguien a quien confiar su intimidad con total franqueza. En lo que a esto se refiere puede afirmarse que necesitamos de alguien en quien poder depositar nuestra confianza, y con quien contar tanto para los momentos de júbilo como para los de adversidad. Este es uno de los principales provechos de la amistad. Pero más allá de esto la amistad constituye un fin en sí mismo, pues del mismo modo que cada uno se ama a sí mismo, y no espera obtener ninguna compensación de dicho amor, lo mismo cabe decir de la amistad al ser querida en sí misma.

Desafortunadamente en la actualidad la amistad no constituye un tema importante en el terreno cultural, sobre todo si nos atenemos a las producciones culturales que predominan. Por el contrario comprobamos que existe una desvirtuación de la amistad al ser identificada con un tipo de relaciones superfluas y en muchas ocasiones desaconsejables. Forman parte del pasado las obras que abordaban como tema de reflexión la amistad, algo que, sin embargo, era de especial interés en el mundo antiguo, sobre todo entre griegos y romanos, y en diferente medida también lo fue en la época medieval. En el s. XX una de las pocas excepciones en el terreno de la cultura lo representa Jean-Pierre Melville, cuyas obras cinematográficas son en su mayor parte una exaltación de la amistad, de la verdadera amistad tal y como ha sido descrita antes.

La ausencia de la amistad en la sociedad actual se debe, en gran parte, a las condiciones de vida que impone el sistema de dominación con su atomismo social. El aislamiento, el individualismo, la falta de espacios para la socialización, la incapacidad del sujeto moderno para relacionarse con los demás, la imposición de la sociedad del odio entre iguales, son todos ellos aspectos de una misma realidad lúgubre e inhumana en la que el individuo ha visto cómo se le ha amputado su sociabilidad, y se le ha despojado de una red de relaciones sobre la que cimentar la amistad. El poder desea esta situación porque individuos aislados y solitarios son vulnerables, lo que crea unas condiciones sociales en las que los miembros de la sociedad permanecen indiferentes los unos a los otros, de tal manera que resultan fáciles de gobernar. Por todo esto es importante recuperar la amistad, tanto por ser un valor positivo en sí mismo como por formar parte de una estrategia de resistencia y de lucha contra el poder establecido. Una sociedad futura libre e igualitaria sólo es viable por medio de la amistad. Hagamos lo posible por hacer nuevas amistades y cultivar las ya existentes, pues así no sólo estaremos contribuyendo a socavar los cimientos del sistema establecido sino que estaremos construyendo los cimientos de una nueva sociedad.

[05 Enero 2018] Consumismo feroz.

Consumir no eclipsa los problemas a los que como sociedad y especie nos enfrentamos: hambre, guerras, destrucción del medio ambiente, precariedad laboral, éxodos….

Un año más, el bombardeo de publicidad vuelve como el turrón. Cientos de productos son promocionados por hombres y mujeres de éxito haciéndonos creer que si los consumimos podremos parecernos a la Naomi o al Casillas, oler como el Cristiano o la Shakira, tener el tipo de la Pataki o encontrarnos saludables como Coronado. Estas tretas publicitarias hace años estaban mal vistas, no gustaba aquel o aquella que prestaba su imagen para engañarnos. Ahora y gracias a la imbecilidad y uniformidad que se promociona desde los medios y el poder, esperamos con ansia el nuevo producto que nos saque del aburrimiento y llene nuestra vida de sentido. Pero lo material nunca podrá suplir los vacíos existenciales a los que las sociedades capitalistas se enfrentan.

Seamos conscientes de que el consumismo es la principal herramienta que tiene este sistema capitalista, el cual nos esclaviza y explota. La progresión TRABAJA-CONSUME-TRABAJA, se ha impuesto y la alienación es total. Además el consumismo expolia los recursos de todos los países, genera la enfermedad crónica de la insatisfacción permanente, que nos convierte en esclavos de todo lo superfluo e innecesario que el mercado vende como necesario. Somos un producto más para él.

Se hace difícil recordar que el planeta se muere y sus asesinos somos nosotras. El nivel de producción y el aumento de ésta, por no hablar de la contaminación, terminará con todos los recursos naturales. ¿Con que cara les vamos a explicar a nuestros hijos o nietas, que no verán ciertas especies de flora y fauna por la devastación humana?, ¿que ya no llueve y la desertización es mayor?, ¿la contaminación de ríos, mares, océanos y del aire irrespirable de las ciudades?,¿Cómo les explicaremos que no hicimos nada?

Reflexionemos también sobre la explotación que hay detrás de todo. No olvidemos que para que las multinacionales ganen más, que es su objetivo, hay horas de explotación, aquí y en todas partes. Seguirán aumentando sus beneficios recortando nuestros derechos, robándonos salarios e intentando que trabajemos más horas por menos. Los políticos de turno modifican sus leyes para proteger y dejar campar a sus anchas a estas empresas destructoras de la vida.

Pensemos realmente sobre los hábitos y tipo de vida que tenemos, para qué trabajamos, en qué gastamos lo que ganamos. “Tenemos trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos”.

Es de urgencia, frenar el consumo enfrentándonos al poder como sociedad consciente.
Confiemos y apostemos por nuestra capacidad de autonomía y autogestión frente a un sistema productivo capitalista que entiende a las personas tan sólo como consumidores o recursos a explotar.

[27 Diciembre 2017] El anarquismo como rechazo de la división social.

A menudo, se quiere observar a los anarquistas como fanáticos, opuestos a todo lo establecido; paradójicamente, se sigue señalando como radicales a aquellos que deciden entrar en la participación política del sistema representativo, tal vez sinceros en su deseo de emancipación social. Desde estas líneas, y no en nombre de dogmatismo alguno, rechazamos entrar en ese juego electoral y parlamentario, que abunda en la perversión, el engaño y la división social, y lo hace además con la máscara de una posible transformación social.

A colación de lo apuntado en el texto de entradilla, merece la pena que reflexionemos sobre la condición libertaria. Hay muchas maneras de pensar y vivir el anarquismo, incluso algunas de ellas parecen oponerse entre sí. De esa manera, solo podemos insistir en que el anarquismo, o si se quiere las ideas libertarias, constituyen diversidad y pluralidad. Del mismo modo, y es por ello que insistimos también en la estrecha vinculación entre teoría y acción, hay que rechazar el anarquismo contemplado como una mera especulación intelectual, ya que se trata de un pensamiento vivo en la práctica. De ahí también las dificultades, afortunadas dificultades seguramente, para elaborar una ‘identidad’ vinculada a lo libertario, ya que existen muchos modos de ser anarquista. Para el caso que nos ocupa, consideraremos sinónimos los términos anarquista (o ácrata) y libertario, aunque resulte muy interesante la matización que se ha hecho en algunas ocasiones; el primero, tendría más connotaciones doctrinarias, mientras que el segundo alude de modo general a la autogestión social. En cualquier caso,el anarquismo no puede considerarse una mera ideología, ya que por tal cosa suele entenderse un sistema de ideas, valores y creencias cerrado, dado de antemano, muy a menudo justificador de la dominación y la jerarquía social. Aunque podemos coincidir con Marx en considerar la ideología como una especie de representación, plagada de ilusiones y falsedades, que enmascara el sistema establecido, no realizamos ese análisis para justificar nuestra propia doctrina “científica” (como hizo el marxismo, que acabo convirtiéndose una vez conquistado el poder, con ayuda de Lenin, igualmente en una ideología).

Frente a los intentos de unificación de las ideologías, el anarquismo se esfuerza en armonizar la diversidad, manteniendo visiones diferentes, pero sin que predomine ninguna. El anarquismo es, por decirlo de una manera muy general, un conjunto de ideas vivas, las cuales pretender desarrollar todas las potencialidades del ser humano concretadas en un movimiento constante, individual y colectivo. No hablamos de un mero pensamiento, sino también de deseos, aspiraciones, comportamientos éticos, sentimientos…; frente al acomodo y el conservadurismo, reflexión sobre lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Si el anarquismo nace en la modernidad, vinculado a sus valores, su permanente crítica al dogma y su vitalismo le obliga a enriquecerse constantemente, a adaptarse a los nuevos escenarios sin renunciar a sus principios éticos, que nada tienen que ver con una doctrina rígida e inamovible que pretenda adaptar la realidad a sus apriorismos. Se nos dirá que todo esta está muy bien, pero que es necesario concretar propuestas libertarias. Bien, siempre y cuando no se nos exija un pragmatismo que nos empuje a adoptar la ideología del sistema, que al fin y al cabo supone cambiar una dominación por otra, manteniendo la división social y la jerarquización política. El anarquismo se niega a entrar en ese juego de división (entre gobernantes y gobernados, pero también muchos otros), de ahí que no entre (o no debería entrar), en los juegos de conquista del poder. La apuesta libertaria de autogestión social es, precisamente, acabar con todas las divisiones sociales y políticas, buscando una cierta cohesión social que respete, de verdad, la diferencia y a las minorías. De ahí que consideremos que se equivocan aquellos libertarios que deciden finalmente en participar en la política parlamentaria, la ideología establecida, no solo porque la consideremos otra forma de engaño e ilusión que perpetúa la división, también por adoptar la máscara emancipatoria.

Por lo tanto, frente a todo intento de homogeneización (de los sistemas totalitarios, pero también de los liberales con su profunda desigualdad en apariencia de libertad), el anarquismo busca cohesionar y armonizar la diversidad. Hay quien lo ha identificado con el individualismo, pero incluso en las vertientes más propensas a ello se buscó la socialización de la vida personal; visto hoy, solo podemos ver al anarquismo como una apuesta por la libertad individual fuertemente vinculada a la vida social, sin coerción alguna y con el principio de la solidaridad frente a cualquier otro. Con todas estas reflexiones, entramos en el juego de conceptos como poder, autoridad o justicia, entre otros, en los que ya hemos insistido en otras ocasiones requiriendo para ello de un espacio mayor. Diremos, de momento, para nuestros críticos, que todos ellos están contaminados por la ideología dominante, que justifica abierta o sutilmente la división entre dominadores y dominados. Por ejemplo, recordemos que la autoridad tiene diversas lecturas, y los anarquistas solo se oponen a la que se tilda de coercitiva vinculada al poder y la violencia (concretada a nivel político en el Estado, pero con muchas otras formas de dominación). Del mismo modo, la justicia pierde su razón de ser ética si se convierte un mero arbitrio de la división social, que por supuesto debe aceptar en origen. Es una necesaria reflexión y profundización en conceptos y hechos, que simplemente nos vemos obligados a aceptar en nuestra vida cotidiana. El anarquismo, el movimiento anarquista, aunque a nivel personal nos veamos obligados a formar parte del sistema establecido, no debería participara ni claudicar en todo ese juego de fraudes y engaños que imposibilitan la emancipación social. Rechazar el parlamento y la representación, y hacerlo en nombre de una profundización de la libertad y la justicia social, no es dogmatismo, sino simple sensatez en nombre de la transformación social.

[04 Diciembre 2017] La sirvienta como esclava.

La servidumbre, la sirvienta, la criada, la muchacha, la ayuda, la nana, la cholera, la chacha, la gata, la mucama; a la empleada doméstica se le conoce con infinidad de nombres, despectivamente. Sin embargo es la empleada más importante, paradójicamente también es la mal pagada, la explotada y la esclavizada en un modelo de sociedad que utiliza a los parias como trampolín; como escalera, como el soporte más importante para sostener la explotación de unos para beneficio de otros.

Infinidad de teorías, estudios, conceptos y definiciones se pueden escribir en tomos de tomos, para justificar la existencia de la sirvienta, sin embargo este trabajo no tiene justificación alguna; es la explotación de una mujer para que otra logre el beneficio de la realización profesional y personal. Un sistema que milenariamente ha mantenido el modelo funcional a las minorías.

Gracias a que estructuralmente se la ha negado el acceso a la educación a los parias y a las mujeres en particular, miles de niñas, adolescentes y mujeres se ven obligadas a trabajar en el servicio doméstico, situación que beneficia a muchas familias de la clase media, la burguesía y la oligarquía a quienes en muchos casos les importa un comino la equidad y la igualdad social, porque la inexistencia de éstas las beneficia.

Y así es como vemos, a feministas y a defensoras de derechos humanos, que no están excluidas del sistema y forman parte de éste muchas veces adrede porque “qué culpa tienen ellas si ya estaba así cuando nacieron y para qué ponerse a pelear con él” , las vemos asistiendo a conferencias, dictando seminarios sobre la equidad y los derechos de la mujer, sobre el acceso a la educación, mientras en sus casas hay otras; cuidando a sus hijos, limpiando su casa, planchando su ropa, limpiando sus baños y trapeando sus pisos. Otra que gracias al sistema de la explotación no gana ni el salario mínimo y una carencia de beneficios laborales.

Y vemos cómo milenariamente, familias completas logran el desarrollo, la oportunidad de acceso a la educación superior, mientras otras les sirven de soporte, de piso, de almohada. Esa almohada suave que las cobija y les cuida el sueño a cambio del dolor de ser explotada, insultada, tratada como un mueble viejo, no como persona. Una sirvienta que no se cansa nunca, que no llora nunca, a la que no le duele nada, una sirvienta que no piensa, no ve, no escucha y no habla, solo cuando tiene que decir: sí, señora, sí patrona. Porque si siente, si escucha, si habla, si interactúa como persona será despedida; por abusiva, por salida, por igualada. Por eso existe la sirvienta, por eso existe el trabajo de la servidumbre, porque son tumbas que además limpian la porquería de sus empleadores. Y si vamos más allá, también son la cama para enfriar las calenturas del patrón, sus amigos y sus hijos.

Mientras la patrona y sus hijas logran asistir a la escuela, a la universidad, desenvolverse profesionalmente, la empleada doméstica se pudre entre cuatro paredes, se pudre entre los pisos sucios y las ollas por lavar. Una empleada doméstica que también tiene sueños, que también anhela, que también siente. Una niña, una adolescente y una mujer que sueñan con asistir a la escuela, a la universidad, con cambiar de vida. Madres que tienen hijas que también serán sirvientas, muchas veces de las hijas y de las nietas de sus patronas. Una cadena de injusticia social que beneficia a unas y explota a otras.

¿Por que quién en sus cinco sentidos, quisiera trabajar de sirvienta en lugar de tener acceso a la universidad y realizar sus sueños? ¿Quién cambiaría un escritorio de universidad por un cepillo de lavar baños? ¿Quién cambiaría un salario justo por la explotación de no tener derechos laborales?

Y vemos a través de la historia del tiempo el avance que ha tenido la mujer como género cuando se coloca en el foco a las profesionales y que han salido del hogar para desarrollarse profesionalmente, pero quedan en la oscuridad las miles de parias que son el soporte en la invisibilidad de la explotación. ¿Existe realmente el avance en derechos de género? Tal vez para unas, dependiendo su condición social. Porque el paria, será paria en cualquier lugar.

Con esto no quiero decir en ningún momento que el trabajo del hogar corresponda exclusivamente a la mujer, no se trata de alimentar estereotipos, pero aquí el punto es otro.

Y vemos doctoras, ingenieras, docentes, periodistas, feministas, escritoras, artistas, deportistas de alto rendimiento, empresarias muy exitosas y reconocidas por su humanidad y la excelencia en su trabajo, éxito logrado por esfuerzo propio y el soporte de una niña, adolescente y mujer que no pudo desarrollarse porque su condición de paria la obligó a trabajar en la servidumbre. ¿Injusticias de la vida, del sistema? ¿Cómo una mujer puede desarrollarse profesionalmente, hablar de humanidad y luchar en teoría por los derechos de género teniendo a una empleada doméstica en su casa? ¿Cosas del feminismo burgués? ¿Cosas del aprovechamiento del sistema? ¿Cosas de doble moral?

Y como sabemos que en los males de la sociedad, el del servicio doméstico es perenne, es también urgente que se legislen leyes que las beneficien laboralmente. Que estas mujeres tengan el derecho a un salario justo, de vacaciones pagadas, de los bonos de los que gozan los empleados de cualquier empresa, de los días de enfermedad, del servicio médico. Del horario de entrada y salida con horas extras. Que tengan todos, todos los beneficios laborales. Es lo mínimo que se puede hacer con personas tan importantes en la sociedad. Y es urgente también que deje de existir la explotación infantil, estas niñas y adolescentes no deberían estar trabajando en casas, deberían estar estudiando.

¿Qué sucedería con estas mujeres profesionales el día que quede abolido el trabajo de la servidumbre? ¿Se organizarán en casa con sus familias y ellos mismos limpiarán su propia mierda? Dudo que esto llegue a suceder, porque de la servidumbre se aprovecha el chucho y el coche, ¿ y quién en su sano juicio quiere perder privilegios? Ojalá, algún día, en la memoria familiar y en la memoria colectiva se recuerde quiénes desde las sombras fueron el soporte para el desarrollo de tantas mujeres a través del tiempo.

[20 Octubre 2017] Apología del motín.

Nada más cierto que la primera piedra de este sin igual panfleto: todas las razones para hacer la revolución están ahí. No falta ninguna. Y posponerlo para el mañana, a un más allá, es lo que han hecho las doctrinas y doctrinarios de topo tipo a modo de religiones y sacerdotes. Este es el primer planteamiento que hace el comité invisible en su alegato a favor del motín, publicado por pepitas de calabaza, Ahora. Ahora que el mundo está cada vez más fragmentado, que a causa de su éxito la civilización occidental se quiebra por su propia base, el motín, verdadero ejercicio de la rebelión, cobra todo su sentido.

Estamos en París. Es marzo de 2016. En las adoquinadas calles una multitud se manifiesta contra la ley de educación. La manifestación empezó con los estudiantes de secundaria  y bachillerato. Luego todo tipo de jóvenes, militantes, vinieron a engrosar sus filas. Para el 14 de junio, secciones sindicales enteras, como la de los estibadores del Havre, se unieron a la cabeza de una manifestación incontrolada de 10.000 personas. Es el signo del motín. Las curias sindicales, los captadores de cuadros, los liderzuelos, se han visto superados por la situación creada, vivida. Una situación política que supera a sindicatos, partidos, gobierno y policía.

Destituir el mundo

La verdad no es algo que uno profese, sino un modo de estar en el mundo. Así pues, ni se posee ni se acumula. Se da en situación y de momento en momento.

Este principio aparta de un manotazo a todas las vanguardias, ya viejas y escleróticas haciendo entrismo en cada protesta, en cada multitud, para pergeñar su caduca retahíla de vacuos eslóganes y deseos de quedarse en posición dominante en cada revuelta. Es lo que ocurrió en las plazas de España en 2011, en el movimiento Occupy Wall Street, en la Nuit Bebout parisina de 2016. Toda esa vitalidad que las alimentó al principio, pronto se convirtió en una institución. Sus participantes improvisaron vacuos parlamentos donde se debatía y se votaba.

Si hubo  desde el principio un vicio congénito en la Nuit debout fue reproducir y poner en escena el axioma de la política clásica, según la cual la política es una esfera distinta de “la vida”, una actividad que consiste en disertar, debatir y votar. De modo que terminó por ser un parlamento imaginario, u n órgano legislativo, y en consecuencia una manifestación púbica de impotencia. (…)Es necesario quebrar el círculo que hace de la contestación el alimento de lo que la domina, marcar una ruptura en la fatalidad que condena a las revoluciones a reproducir lo que ellas desechan, romper la jaula de hierro de la contrarrevolución, tal es la vocación de la destitución.

La destitución es lo que propone el comité invisible. La destitución es necesaria para adelantarse, protegerse, “a  todos esos procesos constituyentes, que no son más que fantasmas. …”. Y Hay insurrecciones destituyentes como lo fueron mayo del 68, el mayo italiano y tantas comunas insurreccionales. Hay una destitución en cada puesta en común: en el valle de Susa frente al TAV Lyon –Turín; en los bosques de Notre Dame des landes y su  Zona A Defender frente a un aeropuerto;  en las campas de Tosu en el pueblo de Getxo frente al parking de la gran corrupción adjudicado a un magnate de la construcción española.

Destituir es en primer lugar destituir la necesidad de cualquier institución. No es criticarla: los primeros críticos del estado son los propios funcionarios; en cuanto al militante, cuanto más critica el poder, más lo desea. Destituir la universidad es establecer fuera de ella más vivos y exigentes de lo que ella es; destituir la justicia es aprender a arreglar los desacuerdos, ponerle método. Destituir el gobierno es volverse ingobernables. Quién ha hablado de vencer? Superar lo es todo.

Por mucho que el 80% de los franceses o de los españoles, italianos declare que no espera nada de los políticos, tampoco baja del 80% quienes confían en el estado y sus instituciones. Menoscabar el respeto laudatorio a la institución. La institución ahorra a cada cual tener que afirmar nada, que arriesgar una lectura de la vida y de las cosas, tener que producir una inteligibilidad del mundo en común. Y como dicen los del comité: renunciar a esto es renunciar a vivir, dimitir de la vida. “lo que necesitamos no son instituciones , sino formas. (…) la vida es creación continua de formas. Un pensamiento es una forma. Una costumbre es una forma. Una obra es una forma. Todo lo que vive no son más que formas e interacciones de formas”. Pero tal es la inercia hacia la institución, desde ciertas izquierdas. Cuando se plantean “alternativas revolucionarias”, estas no son otra cosa que instituciones. Es necesario quebrar el círculo que hace de la contestación el alimento de lo que la domina, marcar una ruptura en la fatalidad que condena a las revoluciones a reproducir lo que ellas desechan. Destituyamos.

El gesto destituyente es, pues, deserción y ataque, elaboración y saqueo, desafiando al mismo tiempo las lógicas de la alternativa establecida y el activismo. La comodidad, que embota las percepciones, se alimenta repitiendo palabras vacías. “No es cuestión de un nuevo contrato social, sino de una nueva composición estratégica de los mundos”.

La excepción del estado

No es la crisis solo. Es la excepción lo que marca nuestra época. Estado de excepción en el derecho, estado de excepción en cada empresa, poco a poco estado de excepción en cada calle. La ley está suprimiendo el derecho por la excepción para aplacar al mayor de los enemigos: el “enemigo interno”.

“Si le resultó tan natural a un gobierno socialdemócrata [en Francia] inspirado por la extrema derecha decretar el estado de emergencia después de los atentados de noviembre de 2015, es porque el estado de excepción ya reinaba bajo la forma de la Ley”.

Cabría decir lo mismo, de otro modo, a raíz de los atentados en Barcelona y Camprils: si el gobierno de España no vio necesario decretar el estado de excepción, es porque ya se vivía en él. El fiscal general lanza a los policías un mensaje de tranquilidad: el derecho no les perseguirá si cumplen con la ley (dentro del estado de excepción).

Lo que los medios, los militantes con carné y los gobiernos no pueden perdonar a los “violentos “ y demás “black blocs” es que pongan de manifiesto que esa debilidad que parecen mostrar enfrntándose al orden y a la policía no es una fatalidad. De algún modo, como reivindica el comité, demuestran que se puede actuar políticamente sin hacer política, desde cualquier punto de la vida. Al precio de un poco de valentía. Lo que “el violento” muestra en actos es que la acción política no es una cuestión de discurso, sino de gestos; y esto lo atestigua en las palabras que deja con espray en marquesinas y escaparates de bancos y bisuterías.

Salir de la economía y el trabajo

De la extrema derecha a la extrema izquierda, no faltan los discursantes que prometen “el pleno empleo”. Para todos ellos, el trabajo debe recuperar los dientes de sierra en la tuerca que hacer girar el sistema. Salvo que el sistema tiene sus rodillos rotos de éxito y ya no hay trabajo que pueda llevarse a cabo: el avance tecnológico y cibernético hace costosa la producción con humanos. En su panfleto Ahora, el comité aboga por subvertir no solo el trabajo, sino la economía. Hay que salir de la economía, incluida la que se vista de verde, sostenible o social.

Salir de la economía es también salir de un mundo fijado en números, escaños, votos. Los proyectos recientes de Siryza en Grecia y Podemos en España dejan al descubierto la claudicación y la lucha intestina por el poder interno de cualquier proyecto orientado a la ocupación del poder, la gestión de la economía. El mismo poder, la propia economía los devoran por dentro. La revolución está en cada situación que se da, viene a decir el comité invisible, en cada gesto que se convierte en común. A la vuelta del próximo motín.

[12 Octubre 2017] ¿Se trata de unidad? ¿o más bien de fascismo?

Este texto, nos lo han hecho llegar a la redacción, es una pequeña reflexión sobre el auge del fascismo.

Vecin@:

Observamos perplejos, que no inmóviles, los acontecimientos de la última semana y cómo socialmente se impone un discurso fascista y totalitario, promovido desde el poder y protegido bajo su ala.

¿No os suena?

Ver a la policía machacando a la gente del barrio y a los medios de comunicación llamar violentas a las vecinas.

¿No os suena?

Ver a ministros, alcaldes, portavoces policiales, jueces, periodistas, tertulianos…cerrando filas y criminalizando las protestas legítimas.

¿No os suena?

Gobiernos desoyendo la voz del pueblo y aplicando la receta del miedo y la tortura. Escudándose en la legalidad para reprimir, con leyes que modifican a su antojo para poder acabar con la disidencia, leyes cada vez más totalitarias que ahogan la libertad, como la ley mordaza.

El ESTADO muestra su verdadera cara y pone a trabajar toda su maquinaria represiva y criminalizadora para acabar con la opinión del pueblo en Cataluña y Murcia sirviéndose de las mismas herramientas y mismos actores que usó para reprimir la revuelta que sacudió al barrio de Gamonal en 2014 contra el bulevar: los medios de comunicación, cuerpos policiales y legislación.

Entonces…

¿Por qué aplaudir a la Guardia Civil, la Policía Nacional ó a los Mossos, que cuando no están en Cataluña, están en Murcia golpeando a las vecinas que protestan por unas obras que el barrio no quiere, echando a la gente de sus casas, reprimiendo huelgas, multando obrer@s, acallando protestas sociales…?

¿Por qué respaldar a Rajoy y a toda su camarilla de fascistas? ¿Tal vez para situarnos al nivel de Europa en cuanto al auge del fascismo e impulsar a la extrema derecha a la calles y no perder su status?

¿Por qué creer las mentiras de la televisión cuando ya hemos comprobado que responden a unos intereses muy lejanos y enfrentados a los nuestros?

¿Que pensaríamos nosotras como barrio si cuando salimos a luchar y fuimos reprimidas, la gente que salió en otras ciudades en vez de mostrar solidaridad como hicieron, hubiesen salido a aplaudir a la policía y al gobierno de Rajoy?

No seamos cobardes, toca posicionarse.

Si nos posicionamos con el fuerte (el estado opresor) y la ultraderecha, que aprovecha el río revuelto para recomponer su mensaje en la calle y recuperar viejas canciones fascistas, la historia nos juzgará; nos situará al lado del gobierno de los recortes, al lado de su policía fascista y como masa acrítica que apoyó la represión contra el pueblo.

Vecin@ no seamos cobardes, la represión policial ni pa’ tí ni pa’ nadie.

Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases

[03 Octubre 2017] “Tu silencio es complicidad”.

Dejo a continuación un texto firmado como Kronstadt (y escrito por el compañero que rapea bajo ese nombre) acerca de lo ocurrido en Cataluña este fin de semana y la pasividad frente a ello. El texto fue enviado al correo por une colaboradore anónime que se lo encontró en la cuenta de Facebook del compañero (aquí).

Tu silencio es complicidad.

Muchas veces hemos coreado canciones y cánticos que decían eso del silencio cómplice, y yo no voy a ser cómplice del poder, por tanto voy a verter mi opinión al respecto de lo que está sucediendo estos días en Catalunya.

Estos días el Estado Español, ha mostrado la cara más autoritaria, feroz y dictatorial que todo Estado guarda en su recámara, y se le confronta hablando de democracia, cuando debería de quedarnos bien claro, que toda forma de Estado y poder, se mantienen a través del miedo, la violencia y la imposición, por tanto están mostrando la cara menos amable de su democracia, pero democracia al fin y al cabo.

La lucha por la libertad es algo que se practica las 24 horas del día, y allá por donde pisemos, pero estos dias se hace imprescindible tener presencia en la calle, comprendiendo que es complicado poder hacerlo con un discurso propio que no alimente ninguna forma de Poder.

Pese a pensar que el nacionalismo es un grave problema, reconozco, por controvertida que pueda parecer esta afirmación, que un sentimiento independentista catalán, y un nacionalismo español, pese a ser nacionalismos ambos, no surgen del mismo lugar, y hay que ser sinceros en eso.

España como concepto, es una imposición sociocultural y politica, que lleva siglos aniquilando la libertad y cultura de diversos pueblos, y es histórico en el anarquismo, el hecho de que se debe defender la libertad de los pueblos para decidir su propio devenir, el derecho a su autodeterminación.

La cosa es que cuando un nacionalista habla de ‘pueblo’, está hablando de ‘nación’, y cuando yo hablo de ‘pueblo’, hablo de ‘clase’, por tanto el concepto transversal e interclasista, que de ‘pueblo’ tiene el nacionalismo, difícilmente se puede reconciliar con el concepto que yo tengo.

Estamos de acuerdo que Catalunya es un pueblo oprimido, al igual que tantos otros, por una nación imperialista. Pero no olvidemos que la historia de Catalunya como nación, también esta llena de episodios colonialistas y de conquistas de territorios a sangre y fuego, especialmente por parte de la vanagloriada figura de Jaume I, rey de la corona de Aragón, discípulo directo de Simon de Monfort, máxima autoridad de la Inquisición en el siglo XIII.

Con esto quiero decir, que quien quiera pelear por la independencia de Catalunya, no va a encontrar en mi un enemigo, pero tampoco un aliado (aunque la idea de desmembrar la unidad de España, me resulte enormemente atractiva). No voy a pelear al lado de la derecha burguesa y conservadora, más movida por intereses económicos que por cualquier otra cosa, que hoy por hoy es quien maneja las riendas de este proceso independentista, pero creo que los hechos que están sucediendo estos dias, esta persecución, represión, censura e imposición, ya ha trascendido a lo ‘nacional’ y se ha convertido en una cuestión de clase.

Por tanto ahora tenemos la difícil labor de salir a la calle con nuestro propio discurso, a hacer frente a la represion del Estado español, sin alimentar a la burguesía catalana.

Yo no quiero un Estado nuevo, no quiero a los gobernantes, a sus medios de intoxicación de masas (tv3…) que no dudan en reproducir la voz policial cuando hay detenciones de anarquistas, y sacar su propaganda para llamarnos terroristas, no les quiero, pero si hay que acabar con ellxs, quiero que seamos nosotras… el pueblo, que se ha cansado de ellas, y quiere vivir en un modelo social libertario y autogestionado, y no porque un estado imperialista ha venido a pisar con su bota a aquellas que hacen temblar su hegemonia.

Sucede algo parecido a cuando salimos a defender la sanidad y la educación públicas. En pleno sistema capitalista, vivimos una sanidad medicalizadora, patologizadora, que sirve más a los intereses de la industria farmacéutica, que al bien común. Una educación publica, adoctrinadora, que aniquila la curiosidad y las capacidades de aprendizaje de las criaturas, y asesina su potencial encasillándoles en un programa y obligando a memorizar unos contenidos que se deben vomitar en un examen, que te considerará apto o no apto para ser un esclavo del mañana.

Pese a todo, esa sanidad y esa educación públicas, son conquistas sociales, reformistas si, pero conquistas al fin y al cabo, y si hay que acabar con ellas, acabaremos nosotras, porque encontraremos formas de combatir las patologias, que respeten nuestros deseos y procesos, y porque crearemos una pedagogía que acompañará a las criaturas en sus procesos de aprendizaje y a potenciar sus inquietudes… esa es la única forma de destruir las conquistas sociales, que seamos nosotras quienes las substituyamos por cosas mejores, y no porque el Poder, destruya nuestros derechos, por su propio beneficio economico.

Con esto quiero decir y ya acabo, que yo no voy a defender una Nación, pero sí a un pueblo, y a mi la actuación del Estado Español, me interpela como pueblo, me interpela como libertario, y en la medida de mis posibilidades voy a estar peleando contra ellos.

Y una posible independencia de Catalunya, no va a traer el fin del Estado, del Patriarcado, de las desigualdades sociales, por eso, sea cual sea el resultado de un posible referéndum, gritaremos una vez más, que la lucha está en las calles y no en las urnas, y que la lucha por la libertad debe ser diaria, y a degüello hasta que todas y cada una de nosotras seamos libres.

Contra Toda Autoridad, por la Anarquia!
Kronstadt

[25 Septiembre 2017] Hacer caer el régimen del 78, más allá del Estado y el referendum.

No han sido pocas las veces que hemos señalado el peligro que conlleva, en una ciudad como Barcelona, la maniobra política de maquillar el conflicto social en pos de un ciudadanismo amable, como si el proyecto de ciudad del “Ajuntament” canalizase la totalidad de la sociedad,…

…sin espacio alguno para los que no se benefician del mismo o para las voces que insisten en ser críticas con aquello que algunos vivimos como un continuismo donde el modelo de ciudad privativa se perpetúa.

Frente a la expectación y la capacidad de fagocitar cualquier otro debate que ha generado el referéndum del próximo 1-O, alzamos la voz para referirnos a una situación similar. Parece como si, de golpe, el conjunto de la sociedad se abocara a un acto de fe y al idilio fácil y seductor de creer que Cataluña es una y que España es una, y que hay una clase política en Cataluña independentista como bloque de los que tienen razón frente al bloque de políticos corruptos y represores de una España caduca. O que se trata de una España franquista que agoniza y suspende democracias contra los demócratas.

Ciertamente, ¿quién podría defender esta España? No seremos nosotros. No hacía falta ni siquiera presenciar el triste espectáculo de la guardia civil, las suspensiones de la autonomía o las declaraciones y las acciones de corte guerracivilista. Sí, el régimen de la Transición cada vez pende más de un hilo; habiendo sido una gran estafa para todos los españoles y catalanes desde sus inicios, como más profundizamos en la crisis de las instituciones, de la política, la economía y el estado, más nos damos cuenta de ello. La Constitución es también un papel caduco que ha blindado el bienestar de quienes cobran la deuda, pero no ha sido modificado en ningún otro punto desde que fue redactada por un pequeño grupo de políticos que no nos representan. La organización territorial de España es una broma pesada y las pretensiones de unidad, uniformidad y expolio de todo el territorio desde Madrid, vergonzantes. La clase política española gobierna exclusivamente para los poderes económicos y acusa una factura fascista en vocabulario y formas.

Con todo, ¿qué hay de las instituciones catalanas? ¿Qué hay de nuestra clase política y nuestros banqueros? ¿Para quién gobiernan quienes antes como mínimo podíamos identificar como convergentes y ahora danzan agrupados entre PDE Cat y encajando con una Esquerra Republicana que de izquierda ya no tiene nada? ¿Quién, al fin y al cabo, ha aprobado presupuestos demoledores, mientras nos repetía que nos ajustáramos los cinturones, y encabeza años de transferencias de la pública a la privada sonriendo a la medida de la “Caixa de pensions” -ahora CaixaBank-? La retórica de salvación nacional que ha adoptado la derecha catalana, jamás independentista hasta muy recientemente -si hacemos memoria-, es una retórica de salvación de sí misma, para la misma clase que gobierna el entramado político-empresarial y que lo hará siempre. Quizás resulte incómodo recordarlo en días de euforia en que las calles se llenan espontáneamente y avalan y justifican la existencia de esta misma clase, pero es radicalmente necesario. Que las acciones absolutamente fuera de lugar de unos no nos presenten como héroes inmaculados y defensores del pueblo a los otros. Difuminar las diferencias hasta el punto de ignorarlas en nombre de “hagamos primero un país y luego…”

¿Y luego qué? ¿Y después cuándo? Cualquier desobediencia que siga avalando y reforzando las instituciones de cualquier estado que gobierne para el capital es estéril. Este país “nuestro” seguirá siendo “suyo” durante treinta o cuarenta años más, y seremos muchos quienes perderemos la partida. La precarización de la vida a todos los niveles proseguirá sin freno. Sí, el orden de los factores altera el producto. Entregar el poder a la élite político-financiera para que siga configurando una hoja de ruta que ni siquiera se debate en las calles, en los medios…es perder de entrada. Ninguna revolución popular puede iniciarse bajo semejantes parámetros. Es como si hablar de qué país ya no contara, cuenta llegar a esta meta que, en aras de un misticismo y de la necesidad de vencer al enemigo, se convierte prácticamente en la promesa de una recompensa en otra vida, pintada de la abundancia de la felicidad y recursos que la vida en común de una sociedad de ciudadanos supuestamente harmónica debe proveer. ¿Podemos realmente caer en esta trampa? ¿Convertiremos la política en espectáculo nacional de masas nuevamente sin añadir una nueva pretensión para reconstruir unas condiciones de vida que cada vez se ven más y más atacadas?

La única esperanza reside en la brecha que ahora se abre, en la brecha que puede comportar el hecho que tanta gente movilizada le dé un vuelco al curso de los acontecimientos. Que a quienes lo creen bajo control se les escapen las riendas, que se vean superados por el verdadero movimiento de la gente, de base y autoafirmativo, sin pedir ni líderes ni promesas, sino arrancando un futuro que invierta de manera radical las reglas del juego. Que exijamos entre todas una vida distinta si realmente conquistamos el poder de definirla, como se nos dice, sin que Artur Mas -que, efectivamente, sigue maniobrando desde la sombra de forma capital- ni Junqueras ni De Guindos ni Rajoy tengan cabida en ella. Sí, es esta brecha la única esperanza, la brecha que rompa el espejismo, todos los espejismos, para unirnos al movimiento real que anule y supere el estado de cosas actual.

[08 Septiembre 2017] Nuevo llamamiento a la guerra. Reflexiones anárquicas sobre los atentados en Cataluña.

NUEVO LLAMAMIENTO A LA GUERRA

Reflexiones anárquicas sobre los atentados en Cataluña

1. ¡Viva la guerra a sus guerras!

La oleada de atentados bajo signo yihadista, en la peculiar fórmula del Estado Islámico, han segado multitud de vidas en todo el mundo (y no solo es países occidentales). De poco sirven las muchas llamadas de atención sobre el origen y el auge del yihadismo moderno -patrocinados y financiados en un intento del occidente capitalista de desgastar los regímenes nacionalistas afines a la extinta URSS- y las actuales fuente de financiación del DAES y sus pilares ideológicos cercanos a estados como Arabia Saudí –aliados de occidente-, los intereses en la venta de armas con procedencia occidental y por supuesto, los intereses del capitalismo en mantener regiones enteras bajo un estado de guerra permanente. No se trata solo ya de establecer regímenes satélites a los EEUU como en la década pasada, sino acostumbrar a las poblaciones a la muerte y a la tiranía para que los capitalistas occidentales hagan y desahagan a su antojo y mantengan su rol dominante a través de una ocupación militar tenue –o subcontratada-.

La guerra contra estos intereses es una guerra de los oprimidos de todo el planeta, no importando localizaciones geográficas. Reconocernos como oprimidos y establecer lazos de solidaridad y apoyo mutuo en un conflicto permanente contra el capitalismo, el Estado, la autoridad, la religión y el nacionalismo como expresiones de nuestra dominación, de nuestra miseria, de nuestra explotación, de nuestros muertos, frente a su opulencia, sus intereses y las ansias del Poder de abarcar cada vez más y más sin importar cuánta sangre se derrame.

2. Guerra a la democracia. Guerra a todo forma de autoridad

Los atentados de Cataluña han servido para que toda la caterva mediática al servicio del poder se unan sin importar el signo ideológico: todas las voces afines al sistema se reúnen bajo el estandarte de la democracia. Los demócratas se unen a la menor ocasión para evidenciar que en el fondo, todos defienden lo mismo: la Democracia como fórmula bajo la cual someternos. La Democracia, ese falso espejismo de libertad donde elegimos a nuestros amos, la Democracia que genera guerras en el tercer mundo y control social y represión en el primero. Esa Democracia que gestiona las guerras, la maquinaria de expulsión racista, la explotación laboral, la represión, la cárcel y, en fin, la miseria es sus muchas expresiones.

No se trata aquí de hacer llamados a la tolerancia, al civismo, al respeto entre religiones y otra serie de libertades y valores democráticos, propios de la burguesía. Es sobre estas premisas sobre las que se asientan la persecución contra aquellxs que no se arrodillan y no aceptan la negociación con el Poder en sus términos. Se trata de un llamamiento precisamente a la intolerancia y al rechazo absoluto de cualquier fórmula bajo la cual la autoridad despliegue sus tentáculos, sea mediante la democracia o un estado totalitario como el formulado por el ISIS. Son distintas maneras de ejercer el control, la explotación y la muerte.

3. Guerra a la religión. Guerra al nacionalismo

Si algo evidencian los tiempos que corren, es la desesperada búsqueda de los oprimidos por agarrarse a identidades ficticias, creadas por los intereses del Poder a lo largo de historia: hablamos del nacionalismo y la religión. Estas identidades sirven de oportunidad para muchas personas que expulsados a la marginalidad, a una vida de miseria y tedio ingresarán en las filas de aquellos que les prometan la grandeza a través de la idea de Dios o de la Patria.

La religión, bajo cualquier fórmula, ha servido para edificar la autoridad y reforzar el Poder, dotándole de un aura divina y suprahumana, protegiendo el estatus quo de aquellos que lo ostentan. Esta alianza sirve para que las instituciones religiosas se perpetúen en su propio rol social (engañar, manipular y sembrar el servilismo con el orden establecido) adquiriendo los miembros de cualquier jerarquía religiosa un trocito del pastel del poder. La idea de Dios somete al individuo a la religión y se edifica en torno a aspirar al monopolio frente a los adeptos a otras religiones o aquellos que no se arrodillan. Homofobia, machismo, sometimiento, control… piezas indispensables en todo forma de religión. Las religiones de Jesucristo, Yahveh o Alá son enemigos de la vida y de la libertad.

El nacionalismo es un sentimiento inyectado por los Estados (o las clases burguesas que pretenden la formación de un nuevo Estado) entre la gente, entre los oprimidos, para sumarles a sus causas y servirse de las “masas” para legitimar sus intereses. Toda forma de nación implica la conformación de un Estado, antes o después; un Estado que se construya en torno a una cultura, una tradición y una serie de simbologías que convierten toda forma de cultura en algo estancando, monolítico, cerrado que solo busca encerrar a los explotados y oprimidos en identidades ficticias que les vincule con los intereses del Poder y enfrentar a los oprimidos entre sí. Toda nación es enemiga de la libertad.

4. Guerra al racismo

Los intereses del Poder a la hora de marcar las diferencias entre los explotados y explotadas, son un perfecto caldo de cultivo en tiempos de crisis para que la demagogia racista y xenófoba de los grupos de extrema derecha calen entre la población. Aprovechar el dolor y el sufrimiento y la interesada campaña mediática en generar una política en torno al miedo, sirven de argumentos a los grupúsculos nazis y fascistas para desplegar su basura racista y xenofóba, en este caso concreto a través de la conocida islamofobia.

Sin embargo, no se puede separar la función de los Estados (y su forma más común en nuestra realidad, la Democracia) del fascismo y su prácticas racistas y xenófobas. ¿Quién reduce la cultura de otros pueblos a meras representaciones folklórikas convertidas en mercancía para turistas? ¿Quién gestiona los CIES, las leyes racistas de extranjería, las fronteras o la doble explotación de las personas trabajadoras inmigrantes? El Estado y el Capital. Acabar con el racismo sin acabar con el Estado y el capitalismo es imposible.

5. Guerra a la seguridad

Los atentados en Cataluña han servido para evidenciar que el futuro ya está aquí en forma de presente: la militarización del espacio público en aras de la seguridad. Las leyes que buscan acotar aun más la libertad de las personas, el despliegue de cientos de efectivos armados a través de policía, militares y otros cuerpos de seguridad del Estado y la batería de leyes que ahondan en el control social son las beneficiosas consecuencias que políticos y altos mandos policiales y militares aprovechan en todo el mundo cada vez que el yihadismo hace su entrada en escena. Las medidas excepcionales de seguridad tienden a convertirse en norma una vez pasado el revuelo mediático.

Y guerra también a las instituciones policiales, sean policías o mossos. Guerra a estos cuerpos que solo sirven para proteger los intereses de las clases dirigentes y tienen en su historial la represión, la muerte y el encarcelamiento de aquellxs que decidieron y decidimos luchar con todos los medios a nuestro alcance contra los privilegios de la minoría opresora. Los medios de comunicación no han dejado pasar la oportunidad de hacer ver a los torturadores como fervientes protectores de la población y de paso, jugar a sus guerras de poder entre nacionalismos (catalán y español).

Frente a esto:

¡Guerra a sus fronteras, a sus guerras y a sus religiones!

¡Guerra social contra el Estado y el Capital!

Algunxs anarquistas

[19 Agosto 2017] Otra vez quieren que olvidemos el origen del terrorismo.

Una vez más todos los grandes grupos mediáticos, los líderes de los principales grupos políticos y el mismísimo Felipe VI nos repiten al unísono: “lo importante es la unidad frente al terrorismo”; “los demócratas debemos estar unidos contra la barbarie”, “quieren acabar con nuestros valores, nuestro estilo de vida”.

Sí, claro que la unidad es importante, esencial en momentos tan dramáticos, pero ¿qué más? ¿cuál es la conclusión? ¿Qué hacer mientras se espera el próximo atentado?

Porque atentados de los llamados de signo yihadista -interpretación de la Yihad que no comparten una gran parte de los musulmanes- seguirá habiendo y previsiblemente aumentarán, en la medida que Daesh (Estado Islámico o ISIS) siga perdiendo territorio en Irak y Siria y se esfume el embrión de gran Califato Islámico que creó en 2014.

Daesh se juega su supervivencia. Su gran diferencia con respecto a Al Qaeda -de cuyas entrañas nació en Irak- fue dar vital importancia a la conformación de un Califato, un territorio que logró ir conquistando a base de una limpieza étnica y religiosa a sangre y fuego en Irak y Siria, hasta alcanzar a tener el control de un tercio del territorio de esos dos países y con proyectos de ampliarse a muchos más.

Daesh reconfiguró los territorios que fueron cayendo en sus manos y tomó el control total de grandes ciudades, como Mosul, con dos millones de habitantes, la segunda de Irak y muchísimas ciudades más, nombró gobernadores, nuevas autoridades, explotando sus instalaciones petrolíferas, sus empresas, dirigiendo su vida económica, política, social, judicial y religiosa.

Y ese fue el atractivo de Daesh para las decenas de miles de jóvenes del mundo musulmán y también de Europa y de otras regiones del mundo. Entusiasmados con la impresionante maquinaria mediática yihadista miles de ellos decidieron trasladarse a ese Califato en expansión que les vendían, “para vivir, crear familias y combatir por Alá, por un mundo sin infieles”.

Todo ese proyecto se está debilitando drásticamente y por ello Daesh recurre a sus células durmientes en Europa y, sobre todo, a los miles y miles de potenciales lobos solitarios a los que imanes fundamentalistas radicalizan hasta el extremo, o que se auto radicalizan vía Internet y redes sociales.

¿Qué hará España, qué hará Europa ante semejante desafío? ¿Endurecer aún más las leyes antiterroristas, que en el caso de España la Audiencia Nacional utiliza no solo contra el yihadismo sino también de forma arbitraria, para casos que nada tienen que ver con el terrorismo?

¿Cerrará aún más nuestras puertas y se cerrarán las de toda la UE frente a la avalancha de refugiados mayoritariamente de origen musulmán que se juegan la vida en el Mediterráneo tras perder familiares, amigos, viviendas, tiendas y empresas a causa de las cruentas guerras que padecen sus países? El 80 por ciento de las víctimas del terrorismo yihadista son musulmanes.

¿España -como otros países europeos- ralentizará aún más la llegada y la regularización antes de septiembre próximo de los más de 17.000 refugiados sirios con los que se comprometió en la UE en 2015 y de los que solo ha acogido hasta ahora a poco más de 1.300?

¿La UE dará aún más dinero al represor gobierno de Turquía que tanto ha ayudado a Daesh durante años, para que Erdogan impida ahora que pasen por su territorio camino a Europa miles de familias desesperadas, y las retenga en sus inmensos y colapsados centros de internamiento?

¿La UE dará también más dinero a un estado fallido como Libia -al que ayudó a que sea estado fallido- para que sus patrullas navales impidan la salida de pateras de sus costas y también para alejar a las Ong que intentan salvar la vida de quienes viajan en ellas en situaciones extremas?

Europa, el yihadismo y la crisis de los refugiados

“Europa tiene ya suficientes problemas como para hacerse cargo de las víctimas de guerras lejanas” nos dicen abiertamente los más declaradamente xenófobos e islamófobos, o lo hacen más subliminalmente otros, en España, en Europa, territorio de dictaduras, de las mayores guerras mundiales, escenario de horror, de genocidios, de limpiezas étnicas, hambrunas y éxodos.

La rica Europa quiere ocultar lo que vivió hace solo unas pocas décadas. Y quiere ocultar también la corresponsabilidad que tiene, junto con EEUU, en las guerras que desde hace seis años provocan esa huida masiva de familias aterrorizadas hacia nuestras costas.

No hace falta remontarnos a la siniestra época colonial para ver la relación de Europa con esas guerras actuales y ese éxodo. Basta con comprobar cómo la civilizada y democrática Europa mantuvo durante décadas excelentes relaciones políticas, financieras, comerciales y militares con la mayoría de los sátrapas del Magreb, del Golfo, del gran Oriente Medio en general, lo que los ayudó no poco a mantenerse en el poder durante años y años.

Europa pareció sorprenderse ante el estallido de la Primavera Árabe, que puso en evidencia los años de represión, de injusticia, discriminación y corrupción de esos regímenes despóticos a los que EEUU y Europa seguían -y siguen- vendiendo armas y mercaderías y aceptando gustosos sus inversiones en bancos y empresas occidentales.

La actitud timorata y tardía cuando no abiertamente cómplice de Occidente ante esas revoluciones populares que estaban teniendo lugar a partir de 2010 ante sus narices dio ánimo a aquellos gobiernos autoritarios a reprimirlas brutalmente y a que en reacción a ello entraran en acción milicias de todo tipo financiadas por países y grupos interesados en sacar partido de ello, iniciándose una espiral de violencia que se ha cobrado ya más de 500.000 muertos, la mayoría en Siria.

Varios países aliados de EEUU y la UE como Turquía, Arabia Saudí, Qatar, los Emiratos Árabes y otros, al igual que grandes hombres de negocios de esos y otros países vieron en ese caos la oportunidad para intentar resolver crónicos problemas regionales y geoestratégicos.

El mundo suní alentó a las numerosas milicias más fundamentalistas, entre ellas Al Qaeda y sus distintas ramas y a Daesh, para que ganaran posiciones dentro del campo rebelde y desplazaran por la fuerza a todos sus competidores. Todo valía para frenar la creciente influencia política y militar de Irán en Irak, Siria, Líbano, y para propiciar que los viejos regímenes fueran sustituidos por gobiernos aliados y controlables.

La Liga Árabe, una vez más, demostró que el sueño de la gran Nación Árabe es ya solo un sueño -para regocijo de Israel-; que la solidaridad del mundo árabe es una entelequia -y eso los palestinos lo saben y padecen en carne propia-; que la lucha en su seno por el poder económico, político, cultural, religioso y militar es encarnizada.

Muchos de sus países miembros fueron aliados y cómplices de EEUU, Europa y la URSS en la década de los ’80 para financiar, armar e instigar al Irak de Sadam Husein a lanzar una guerra de ocho años (1980-1988) y un millón de muertos contra la naciente Revolución Islámica del ayatolá Jomeini.

Paradójicamente, de forma paralela en el tiempo (1979-1989), buena parte de esos mismos aliados occidentales y del mundo musulmán -sin la URSS- reclutaban en distintos países de mayoría musulmana a miles de muyaidin para reforzar a las milicias islámicas que combatían en Afganistán al Ejército Rojo.

EEUU y sus aliados europeos encontraron así en plena Guerra Fría la gran oportunidad para montar una gran y costosa operación encubierta en la que no ponían tropas propias para enfrentar a la URSS. Moscú había desplegado a fines de 1979 en Afganistán 100.000 soldados para defender al gobierno comunista aliado que había llegado al poder un año antes y que estaba siendo acosado por las milicias de muyaidin a las órdenes de numerosos y enfrentados señores de la guerra.

¿Nos piden que olvidemos acaso que el saudí Osama bin Laden -miembro de una numerosa y poderosa familia de origen yemení con fuertes lazos con la familia real saudí y con grandes inversiones en EEUU- fue uno de los grandes apoyos que tuvieron EEUU y sus aliados para reclutar a esos miles de muyaidin, que serían luego los pilares de Al Qaeda?

Estados Unidos en primer lugar, pero con la complicidad de Europa y de muchos países del llamado “mundo musulmán”, fueron en definitiva tan corresponsables del enquistamiento y superviviencia de regímenes represivos en la mayoría de países del gran Oriente Medio, como corresponsables del gran desarrollo alcanzado por organizaciones terroristas como Al Qaeda, Daesh y muchas otras autollamadas yihadistas. La obsesión por controlar las fuentes energéticas de la región hicieron que EEUU y Europa tuvieran una visión cortoplacista al cerrar alianzas contra natura contra quienes luego volverían las armas en su contra, ayudando así en la práctica a dar lugar a esa guerra santa, a esa violenta Yihad, siguiendo la interpretación más rigorista del Islam sobre ella.

Armas españolas para Arabia Saudí, Egipto

“No hablemos de historia, lo hecho, hecho está”, se nos dirá. Y la rueda del sistema seguirá su curso. España, como Francia, EEUU y otros países, seguirá vendiendo grandes partidas de armas a países ultra represivos como Egipto o Arabia Saudí -el principalísimo foco de expansión mundial del Islam más integrista y extremo desde hace décadas-, armas que se utilizan en la silenciada guerra que encabeza la monarquía saudí en su país vecino y que se ha cobrado ya 15.000 vidas en solo dos años.

Eso sí, a esas ventas de armas se les seguirá dando mucha menos difusión mediática que a las visitas hechas por Felipe VI a Riad para desatascar los multimillonarios contratos obtenidos por empresas españolas para construir el AVE entre la Medina y la Meca y muchas otras infraestructuras en Arabia Saudí. El Rey mantiene así la estrecha relación de su padre con la monarquía saudí y su papel de gran lobbista.

Pero no, nos dicen que nada de esto tiene que ver con el azote yihadista que padecemos, que padece Europa, que no tiene nada que ver tampoco, con la relación que la UE mantuvo y mantiene con dictaduras de Oriente Medio; ni con haber dado la espalda a los sectores más progresistas de esos países; ni con el hecho de haber apostado por apoyar a “rebeldes moderados” equivocados, o por seguir a pie juntillas en Irak, Afganistán, Libia o Irak los planes de ese gran gendarme mundial que es la OTAN.

No, nada de eso, los terroristas que nos golpean -y nos golpearán- en cualquier ciudad de Europa son simplemente locos, miles y miles de jóvenes fanáticos contra los cuales solo cabe la represión, extensiva claro está de forma preventiva a todos los refugiados de origen islámico.

Y con tal receta, si las fuerzas del cambio y la ciudadanía de nuestro país, de Europa y EEUU, no avanzan como para atacar las causas de esta tragedia de raíz y logran paralelamente cambios radicales en la política de integración de la inmigración; en los criterios para la exportación de armas; en política de seguridad y defensa y en política exterior, solo cabe esperar lamentablemente saber dónde y cuándo será el próximo atentado.

[31 Julio 2017] Alemania-Escrito de la compañera Lisa, anarquista de Barcelona presa en Alemania acusada de atracar un banco en Aachen.

Recojo de Solidaritat Rebel y difundo esta carta escrita por la compañera Lisa desde la prisión de Colonia, en Alemania, donde se encuentra presa tras ser condenada a 7 años y medio de prisión por ser la presunta autora de una expropiación a una sucursal de Pax Bank, banco del Vaticano.

Para escribir cartas a la compañera y ayudar a que se sienta menos sola y a romper el aislamiento que imponen los muros, recordad que podéis hacerlo en esta dirección:

Lisa
Buchnummer: 2893/16/7
Justizvollzuganstanlt (JVA) Köln
Rochusstrasse 350
50827 Köln – Deutschland (Alemania)

¡Lisa habla español, alemán, inglés e italiano y se sentirá feliz al recibir tus cartas!

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Queridxs compañerxs,

me gustaría agradeceros de nuevo vuestra solidaridad y el apoyo que habéis expresado, de distintas formas, desde el inicio y especialmente durante este juicio, tanto dentro de la sala de los juzgados como desde la lejanía.

En tantos momentos estos gestos me han regalado energía y calor y, evidentemente, alentaron mi convicción de que la lucha siempre seguirá, en cualquier condición e independientemente de los obstáculos que se pongan en el camino.

Justamente porque sé exactamente cómo funciona la justicia y la manía persecutoria del Estado, y ya que en este juicio el tribunal, la fiscalía, los maderos y la prensa necesitaban culpables, siento un montón de rabia. Una rabia hacia ese mundo miserable y totalmente desigual en el que se nos impone el derecho de los poderosos. Una rabia hacia ese sistema del castigo, de la opresión y del confinamiento de todxs aquellxs que no caben en él. Una rabia por toda la manipulación, la farsa y la mentira con que se alimenta la opinión pública… y por supuesto, más rabia por tantas otras cosas.

Esta vez me ha tocado a mi, pero en otros momentos les tocará a otrxs y tal vez incluso a cada unx de nosotrxs, especialmente quienes siguen su camino con dignidad y fuerza. Pero no dejaremos que nos doblegue el Estado y sus secuaces.

La cárcel nunca es el final; estas condiciones agravadas nos animan todavía más a seguir defendiendo la vida y los valores que representamos.

La lucha continúa, – tanto aquí dentro como fuera-, hasta que se derrumben todas las prisiones y todas las formas de dominación y autoridad queden destruidas.

¡Muchísima fuerza y solidaridad a todxs lxs compañerxs presxs y perseguidxs en todas partes!

Libertad para todxs.

[09 Junio 2017] Lucha de clases y Poder.

Si el pensamiento queda condicionado por la experiencia, ésta determinará aquel y por lo tanto la conducta del individuo. La sociedad de clases que constituye la sociedad de la dominación basadas en relaciones de poder entre las clases y en las mismas consolida y perpetúa un modelo de organización social jerárquico afianzado por su estructura autoritaria y totalizadora desde la base hasta la cúspide. En estas últimas décadas la concentración de poder y riqueza en pocas manos ha fragmentado al movimiento obrero debido a la especialización de las profesiones y la jerarquización que implican las mismas, dotándolas de formas más o menos veladas de autoritarismo en mayor o menor grado.

Los intereses de clase quedan diluidos por la profesionalización del empleado y por su grado de adaptación al sistema de dominación que lo cooapta como un miembro más para producir beneficios económicos al patrón (para después consumir las mercancías de la empresa) y los réditos que servirán para aumentar el poder de la institución (Estado) para la que trabaje.

El asalariado se convierte en una pieza más de la maquinaria del sistema de dominación al integrarse como un sujeto que sólo quiere ganar más dinero y escalar posiciones de poder en la empresa o la institución para la que trabaja. Definiendo de esta manera el autoritarismo y la jerarquización como la estructura de la organización social capitalista, el interés del trabajador asalariado sólo es individual.

Renunciando al interés colectivo se transforma en un burgués más que sólo busca la realización personal a costa de los demás y el interés económico para afianzarse socialmente. De esta manera el movimiento obrero queda a merced del Capital y el Estado en beneficio de una élite de poder cada vez más reducida que administra la corrupción de la sociedad en gerenal.

En este contexto, la guerra o lucha de clases queda diluida por la guerra por la supervivencia de los asalariados en busca de los puestos de trabajo cada vez más escasos y de la competitividad que deriva de la falta de los mismos, generando por lo tanto más agresividad y violencia en la obtención, consolidación y ascensión del puesto de trabajo que demanda el asalariado. La clases y su lucha han desaparecido no tan sólo porque el asalariado explotado (obrero medio de base en su mayoría) no se identifica como tal, sino también porque la inmensa mayoría de la sociedad es asalariada con un mayor o menor grado de explotación en contra de una pequeña minoría que ostenta cada vez más poder político y ecónomico. La lucha de clases debe transformarse en una oposición contra el Poder y todas sus manifestaciones para que el individuo y la sociedad puedan emanciparse.

[07 Junio 2017] APROBAR NO ES APRENDER [CONTRA LA SELECTIVIDAD]

Estos días miles y miles de alumnxs tendrán que sufrir lo que les habían ido advirtiendo desde edad temprana: la Selectividad. Después de largos días de estudio y martirio, eres capaz de probar que vales para pasar al siguiente grado del adoctrinamiento del sistema. Si consigues pasar la prueba, seguramente tendrás que trabajar para pagarte la universidad, sometiendo tu vida a una sofocante rutina. Si no lo consigues, será otro año de torrtua en el instituto. Desde que entras no paran de amenazarte con la Selectividad, y de justificar sus prácticas autoritarias con el fin de hacerte aprobar los exámenes. “Es por tu bien”.

Contra esta demostración de adoctrinamiento del Sistema, decimos que aprobar no es aprender, y que todo lo que nos da su educación autoritaria es ignorancia y sumisión. Por eso, hemos elaborado un panfleto poniendo en paralelo la experiencia de pedagogía Libertaria de la Escuela Moderna y el sistema educativo del Poder.

Está disponible para descargar en pdf aquí: ESTUDIAR NO ES APRENDER, y os animamos a que lo imprimáis y lo panfletéis en vuestros respectivos centros.

A propósito de la Selectividad, se han pintado las paredes de Ciudad Universitaria en contra del sistema educativo.

¡CONTRA LA EDUCACIÓN AUTORITARIA, PEDAGOGÍA LIBERTARIA!

¡MUERTE AL ESTADO Y A TODAS SUS REPRESENTACIONES!

Aquí el texto:

APROBAR NO ES APRENDER

Algunas comparaciones entre el proyecto libertario de la Escuela Moderna y el sistema educativo actual

¿Por qué deberías hacer deberes?

¿Qué es aprobar y suspender?

¿Por qué te agobias tanto con los exámenes?

¿Por qué han convertido el acto de aprender en obediencia, sumisión y rutina?

La Escuela Moderna se funda en 1901 en Barcelona por Ferrer i Guardia en un contexto en el que la educación en España estaba controlada por el clero y su dogmatismo. La población era analfabeta, por lo que también practicó una pedagogía hacia los adultos.

Los principios básicos de la Escuela Moderna eran: coeducación sexual y social, aspirando a destruir en su seno las diferencias de una sociedad dividida en clases, abogando por que niños y niñas de ambas clases sociales convivan en una educación marcadamente revolucionaria en el sentido en que esta no debe mantener el sistema, sino cuestionarlo y, por tanto , con un profundo sentido anti-estatal y antiautoritario ; la coeducación sexual, educación racional y científica  , posicionándose  contra las mentiras y supersticiones de la Iglesia. Enseñanza integral , dotando de capacidad manual , técnica y teórica para formar hombres y mujeres donde no existan diferencias por la división del trabajo, basada en la jerarquización entre el trabajo manual y el intelectual; la importancia del juego y la colaboración como método pedagógico, también la relación profesor alumno y en la del alumno con su aprendizaje…

El sistema de enseñanza autoritario, estatal o privado, cumple un importante rol social en la perpetuación y reproducción de la sociedad capitalista. Su función es clara: formar a futuros esclavos según las necesidades de la clase empresaria, impregnar a la juventud en los valores propios del sistema y sus miserias y, cómo no, formar a una pequeña minoría que pasará a formar parte de la élite social y gobernante.

E sistema de enseñanza, hoy por hoy, ha convertido el acto de aprender en competitividad, egoísmo o envidia hacia nuestros compañeros/as, que se materializa en forma de exámenes, notas, deberes y reválidas o en la sumisión a las figuras del profesor o el educador, entre otras tantas. En contraposición, en la Escuela Moderna, no hay ni castigos ni premios, no se educa mediante la disciplina , que provoca disimulo y mentira.

Tanto en aquel entonces como hoy,  el poder reprime toda intención de liberación, fusilando a Ferrer i Guardia el 13 de Octubre de 1909 en el castillo de Montjuic, acusado de instigar la revuelta que se conocerá como la Semana Trágica. A partir de entonces, centenares de proyectos educativos de la pedagogía racionalista (como se llamaba la línea pedagógica que se desarrollo en la Escuela Moderna) se extendieron por todo el mundo.

Como anarquistas, no sólo criticamos las diversas leyes en materia educativa, sino que cuestionamos el sistema mismo por ser coercitivo, por prepararnos para obedecer, anulándonos como personas. Una nueva forma de aprender en libertad y en solidaridad surgirá de las ruinas de este sistema y sus valores. No es una cuestión utópica: fue una realidad palpable en la Escuela Moderna y en otros proyectos anarquistas educativos. De nosotras y nosotros depende.

[01 Junio 2017] La vía institucional como freno para un cambio integral.

Si enfocamos el objetivo hacia la política institucional y comenzamos a investigar las propuestas que, desde dentro de este marco, han intentado transformar la sociedad, nos encontramos con una sucesión de fracasos históricos que ratifican la teoría que en este texto vengo a exponer.

Los primeros ejemplos más recurrentes que se me vienen a la cabeza, son los llamados proyectos “socialistas” que sucumbieron en el pasado siglo en el este de Europa, modelos de sociedad que se asentaban en una oligarquía de partido, donde el poder político, social y económico recaía en los diferentes órganos del partido único, sujeto político, que se encargaba de “guiar” a una sociedad alienada, jerarquizada y organicista de la que el propio Marx hubiera salido corriendo. Por no hablar si seguimos una línea similar, del fracaso que supuso la Revolución China, la conformación de la Corea Comunista o la malograda Cuba. Modelo este último que por cierto, siempre intentan desde algunos sectores de la “izquierda ibérica” alejar o diferenciar del modelo soviético o coreano, no entraré a cuestionar dicha diferenciación, pero sí a enunciar, que a día de hoy, es imposible conformar en Cuba un sindicato libertario no dependiente del Partido único de la Isla caribeña, hecho el cual desde mi punto de vista supone y deja en evidencia, el modelo de sociedad autoritaria y coercitiva que supone el modelo cubano.

Por último y en torno a esta tradición estatista de corte “marxista”, por establecer una denominación paraguas más o menos fidedigna, no podemos dejar de hablar de la reciente experiencia que han supuesto los gobiernos de América Latina en Ecuador, Bolivia o Venezuela, gobiernos, que se han sustentado en un “populismo de izquierdas” basado y asentado en políticas extractivistas y productivistas, no es mi intención como es evidente cuestionar dichos modelos desde una visión liberal y capitalista, si lo es por el contrario, fundamentar mi crítica en base al análisis que desarrollan muchas compañeras libertarias y ecologistas de América Latina; no solo existen blancos o negros, también en la vida existe cabida para los grises, por ese motivo, no todos los que cuestionamos “la revolución bolivariana” nos situamos del lado de los fascistas liberales venezolanos, de la misma manera, que cuando cuestionamos a Podemos no nos emplazamos en el lado de Ciudadanos o el PP.

Dicho esto, giraré el objetivo hacia las supuestas “democracias europeas” donde proyectos que se planteaban como una alternativa de cambio integral, me refiero a los verdes de Petra Kelly- considerados a si mismos como un partido-antipartido-, entraron y se asentaron en la política alemana bajo circunstancias muy excepcionales; los escándalos de financiación (Caso Flick), junto con otras cuestiones, dieron lugar al cuestionamiento de un sistema político que por el año 1976 se repartía el 99% de los votos de la RFA entre tres partidos, democristianos, socialdemócratas y liberales. Todo esto, significó el abono perfecto para la creación de un nuevo partido político, situación, que a muchos/as nos recuerda a el nacimiento de Podemos derivado de la crisis bipartidista que se dió en el Estado Español- la historia no siempre se repite ,pero a veces, puede ser similar en cuanto a la creación y deconstrucción de los sujetos políticos-.

Como suele caracterizar a los movimientos políticos que se institucionalizan, la confrontación entre “Realos” ( dirigentes cercanos a la socialdemocracia ) y lxs “Fundis” (leales a los principios del ecologismo social y la democracia directa) conllevó que en 1991 el control del partido recayera en manos de una alianza de centristas y ecoliberales. Los pactos con el PSD alemán y la normalización del sistema capital-productivista en Alemania, envió el espíritu rupturista inicial de l@s verdes a la papelera de la historia.

Al hilo de lo enunciado en el párrafo anterior me gustaría señalar, que cualquier pacto con sujetos políticos que difieran en materias tan importantes como el modelo productivo (“socialismo estatista”, social-democracia VS economía post-productivista) o de organización política (democracia directa VS democracia representativa o de partido único) conlleva con el tiempo una ruptura de dicha coalición, o la asimilación por el contrario, por parte del sector ecosocial de los métodos y contradicciones insalvables del sistema político y socio-económico actual.

Por lo tanto, es fundamental recordar que en el hipotético caso de que llegaran al poder los verdes en la actualidad, estos tendrían que lidiar e intentar conjugar una sociedad ecosocial y horizontal con gigantes capitalistas como Amazon o el Banco Santander, sin olvidar, que tendrían que gestionar estructuras violentas y coercitivas como el ejército, la policía o la Guardia Civil. Todo ello, supone a mi entender un callejón sin salida que emplaza al movimiento ecosocial a buscar otras vías al margen de la política institucional, ya que lo relatado anteriormente supone una serie de contradicciones insalvables.

Si seguimos con la cámara de la historia y apuntamos el objetivo, en esta ocasión, hacia la Grecia actual, nos chocamos de frente con la realidad de Syriza y de todos aquellos recortes ( en el caso de las pensiones), privatizaciones (referentes al agua y al metro en Atenas), y de un sin fin más de medidas del estilo que se ejecutarán en el futuro para seguir las directrices de la Troika. Todo ello, ha venido acompañado de un malestar social que ha llevado al país ,de nuevo, a un contexto de huelga. Otros hechos que son recurrentes de criticar al ejecutivo griego son su lamentable gestión de la crisis de las refugiadas o la venta de armas al Estado de Israel.

Si retornamos a nuestra casa, a la Península Ibérica, son varios los ejemplos que evidencian que es imposible avanzar hacia otro modelo civilizatorio desde las instituciones; la pésima gestión que se hizo del asunto de los titiriteros por parte del Ayuntamiento de Madrid, al igual, que las promesas incumplidas en torno a la municipalización de los servicios externalizados, son algunos de los hechos objetivos que nos demuestran que cuando hay que tomar decisiones que promueven trastocar el imaginario colectivo vigente, el equipo de gobierno de Ahora Madrid, prefiere no remover demasiado la realidad hegemónica, no vaya a ser, que sus socios de Podemos no puedan revalidar sus “Ayuntamientos del cambio” dentro de 2 años por radicales y antisistema, es preferible que duda cabe, que nada de lo instaurado se modifique o cambie.

En este contexto “matriexco” el Ayuntamiento de Madrid invierte en proyectos de economía social para maquillar su rostro por un lado, y por el otro, Manuela Carmena no tiene reparo en asistir a actos de la Fundación Reina Sofía, a eventos religiosos junto con obispos y cardenales o a negociar con la patronal todo tipo de acuerdos, que más que favorecer a las mayorías sociales, ahogan aún más si cabe a las clases populares de la ciudad madrileña.

No se trata se soltar bilis por la boca, ni de criticar por criticar, ya sabemos que Ciudadanos, el PSOE y el PP son una vergüenza y la encarnación de los poderosos, pero dicho lo dicho, creo que es hora de plantearnos las siguientes preguntas:

¿ Que es Podemos?,¿ Realmente nos pensamos que van a poder cambiar la realidad vigente desde unas reglas que están diseñadas para mantener la situación actual? ,¿De verdad nos pensamos que si Podemos llegará al poder podría instaurar un sueldo máximo interprofesional para asentar en el Estado una Renta Básica para todos y todas las ciudadanas?, ¿Podría Podemos domar a la Troika y sus exigencias?, ¿Sacaría Podemos de la OTAN al Estado Español?, ¿Como gestionaría Podemos o EQUO- que dicen ser pacifistas estos últimos-estructuras antidemocráticas y violentas como el ejército o la Guardia Civil? Estas y muchas otras preguntas que me dejo en el tintero, solo son algunas de las contradicciones insalvables que no quieren reconocer o preguntarse much@s de l@s cargos públicos de Podemos, Equo o la “izquierda parlamentaria” en general.

Algunos, entendíamos la realidad municipal como una esfera diferente a la parlamentaria o la autonómica, en mi caso, tomando como referente el municipalismo libertario de Murray Bookchin. Dicho esto, una vez te sumerges en ese mar y te colocas el traje de buzo, eres más que consciente de que te enfrentas ante dos posibilidades, o bien por un lado, asimilarte al sistema y conformarte con hechos simbólicos que verdaderamente no trastocan la sumisión que viven las mayorías sociales ni mitigan la explotación que sufre el planeta, o bien por el otro, agarrar la realidad de frente y continuar la lucha desde otros marcos de actuación más sanos y horizontales.

Por último y por no hacer más extenso un artículo que daría para unas Jornadas de varios días, quería recordar desde estas líneas lo que esta ocurriendo en Barcelona. La antigua activista de la PAH, Ada Colau, que gritaba a pleno pulmón aquello de “fuera la mafia”, ha acabado cogobernando la ciudad con el PSC, reprimiendo a los manteros de su ciudad, acogiendo ferias que promueven un modelo de sociedad megalómana y consumista diametralmente opuesto al que defendían en su programa, o bien por otro lado, ejerciendo una gestión lamentable del conflicto del Metro de Barcelona.

Al final y desgraciadamente el círculo se cierra y los que decían ser la alternativa se apoyan en los que eran la casta para poder gobernar o cogobernar, los que antes eran lo mismo, el PP y el PSOE, ahora parece ser que ya no lo son tanto para la gente de Podemos, existen matices dicen ahora l@s de morado, en fin, cada uno y cada una que saque sus propias conclusiones. Eso sí, si me pidieran que definiera con una sola palabra el significado de la política institucional, diría sin lugar a dudas, que dicha palabra es la hipocresía.

“Las instituciones estatales-en todas sus esferas- son un freno para aquellas personas que buscamos la ruptura con el sistema capital-productivista y la construcción de una alternativa civilizatoria más ecológica, feminista y libertaria.”

[28 Mayo 2017] [Reino Unido] Comunicados de grupos antifascistas de Londres y Manchester a propósito del atentado de Manchester de esta semana.

A continuación (y a pesar de no compartir algunos aspectos de su contenido), siguen dos comunicados de grupos antifascistas de las ciudades inglesas de Londres y Manchester al respecto del atentado que esta semana sacudió Manchester con una explosión durante un concierto de Ariana Grande y que dejó numerosas víctimas (con más de 20 personas muertas y unas 60 heridas), la mayoría de las cuales eran jóvenes y adolescentes corrientes que habían acudido a la actuación.

Contra todo fundamentalismo religioso, contra ISIS y sus prácticas inhumanas, pero también contra el fascismo, el racismo, la islamofobia y el imperialismo occidental en Oriente Próximo a cuyos intereses sirven.

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COMUNICADO DE ANTIFASCISTAS DE MANCHESTER

APLASTA AL ISIS – APOYA A LAS YPG/YPJ

Como antifascistas no dudamos en condenar los ataques de anoche los cuales fueron indudablemente ordenados o inspirados por los fascistas salafistas del ISIS, Al Qaeda o similares.

El pueblo de Manchester no será dividido por ninguno de estos que desean pintar tales ataques como una simple cuestión de “musulmanes vs no musulmanes”: Los fascistas salafistas en sí mismos, la extrema derecha británica, los medios burgueses de la derecha, y los políticos imperialistas que desean capitalizar nuestros miedos al terrorismo salafista todavía dan apoyo político y financiero a aquellos regímenes del Golfo que son los mentores económicos de los grupos salafistas que causan el terror en todo el mundo, desde Siria hasta Manchester.

Estas fuerzas desean vernos enfrentades entre nosotres, pero somos amigues, parientes, vecines y colegas. No somos unes cabrones en Manchester. Permaneceremos juntes.

Debemos arrancar de raíz a aquellos detrás de tales ideologías divisorias y exponerles, y detener su veneno de forma decisiva.

Mientras lloramos nuestras pérdidas aquí, saludamos a los voluntarios antifascistas mancunianes que actualmente luchan contra ISIS como parte del Batallón de Libertad Internacional (link en Facebook), parte de las YPG, de las Unidades de Defensa del Pueblo (link en Facebook).

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COMUNICADO DE ANTIFASCISTAS DE LONDRES

Todavía hay especulaciones sobre los motivos del asesino y una investigación en marcha para descubrir si actuó solo o como parte de un grupo más amplio.

Lo que sabemos es que la miseria que sigue a este tipo de ataque horrible será aprovechada por los buitres de la pena de la extrema derecha. La racista de perfil alto Katie Hopkins está pidiendo una “solución final” en Twitter, mientras otras personaidades fascistas de los medios se están apelotonando por cualquier información que puedan retorcer para alimentar sus agendas anti-migrantes y anti-musulmanas y seguir atacando a la izquierda que se atreva a desafiar su flagrante racismo. Hay dos manifestaciones fascistas planeadas en Liverpool y Manchester en las próximas semanas que, sin duda, usarán la tragedia de anoche con el fin de atraer a una cifra mayor de seguidores y usarán las muertes de decenas de personas corrientes para hacer crecer su capacidad organizativa. Deben ser enfrentados.

Lo que también sabemos es que las comunidades negras, asiáticas y musulmanas en Reino Unido sufrirán el peso de la inevitable catástrofe racista por este ataque. Los medios aludirán al asesino actuando en nombre del Islam, y la gente buscará venganza alimentada por la extrema derecha comerciante de odio. Por supuesto, la ironía que es la ideología que incita tal odio y violencia sangrienta, la cual es compartida por todos desde los extremistas de ISIS a la Acción Nacional, es el fascismo. Vilificar a les musulmanes en nombre de la libertad sólo juega en manos de las mismas fuerzas reaccionarias que engendran a las organizaciones terroristas. Les más amenazades por terroristas en Oriente Medio son les musulmanes, y otras minorías étnicas y religiosas. Esta no es una guerra racial y el nacionalismo ciego no es la respuesta.

Esta es la guerra del pueblo. Compañeres antifascistas de Manchester y Londres están luchando juntes en las líneas del frente en Rojava, en nombre de la lucha de clases, la libertad y la solidaridad internacional. Este es el momento de resistir a los cínicos intentos de la extrema derecha de capitalizar una vez más a una comunidad afligida. Este es el momento de unirse y luchar y no permitir que la clase burguesa siga sembrando la división y la sospecha entre la gente común trabajadora. Este es el momento de reconocer que nuestra liberación está atada a la liberación de nuestres hermanes de clase trabajadora que están luchando por todo el mundo.

Nuestros pensamientos están con todas las víctimas, sus amigues y familiares en Manchester atravesando este difícil momento, y con nuestres compañeres de Manchester. Vuestra lucha es nuestra lucha.

[25 Abril 2017] El fascismo como herramienta del capitalismo y la victoria popular de la extrema derecha.

El fascismo no es más que una herramienta, un arma en manos del capitalismo que usa para su propio beneficio. La estrategia del capitalismo es enseñarnos los dientes del fascismo, decirnos: “¡Cuidado! que vienen los fascistas. O nosotros, o el fascismo que ya está llegando y está a la vuelta de la esquina, ¡Mirenlo!”, para que la gente apoye y abrace de manera desmedida al actual Régimen capitalista.

El ejemplo más claro de esto que comento es lo que está pasando en Francia (y seguirá pasando por el resto de Europa, incluso a nivel mundial): El capitalismo usa la carta de la extrema derecha, para decir: “mira que cerca están, ya están aquí. Son una amenaza real”, y así, la gente se volcará para apoyar al ultracapitalista de Macron, como la salvación contra la amenaza fascista.

Ante un Régimen en descrédito, que hace aguas por todos lados, que ha mostrado su fracaso, y que empieza a sufrir el rechazo social, ¿Qué estrategia mejor para conseguir el apoyo para lo “inapoyable” que usar la carta del fascismo para salvar sus privilegios, como ha hecho siempre, históricamente, los privilegiados? La jugada está saliendo nuevamente a pedir de boca.

Como dato, para los de la adoración incondicional del “Working Class Pride”, la inmensa mayoría del apoyo a Le Pen viene de su amada working class… Esto, para mi, entre otras muchas interpretaciones que se vienen denunciando hace tiempo, está la lectura de que mientras la izquierda y anarquistas siguen enfrascados en debates intelectualoides, filosóficos, y nostalgias casposas del siglo pasado, que solo interesa a ellos y que asustan a cualquiera, la extrema derecha está sabiendo ganarse a las desposeidxs, oprimidxs, barrios,…Están ganando la partida claramente. Pero nada, nosotrxs sigamos a lo nuestro, con nuestros debates de guerras pasadas y discusiones de salón más propia de gente acomodada, que de barrio.

Esta victoria de la extrema derecha es un terreno que debería ser mas propicio para ideas y posturas antagónicas a las que defiende el fascismo se podría resumir muy brevemente en 4 puntos:

1.- El abandono a lxs oprimidxs, desposeidxs, gente de barrio,…o como queramos llamarnos, por parte del anticapitalismo/antifascismo, ya que nosotrxs, solo interesamos para ser utilizados para engrosar sus filas ideológicas, o las de su organización de turno (principalmente partidos y sindicatos, convirtiendo a la organización en un fin en sí mismo), o para pedirnos el voto,…en definitiva, para ser utilizados para su propio beneficio y sus ansias de poder, olvidándose de oírnos, y de ver cuales son nuestros intereses fundamentales, haciendo de las luchas anticapitalistas/antifascistas algo solo disponible de unos pocos elitistas intelectualoides, que el único barrio con el que se criaron es Barrio Sésamo, pero tienen la poca vergüenza de querer venir a “enseñarnos” como tenemos que hacer las cosas, organizarnos y demás…desde sus acomodadas vidas, mientras juegan a ser revolucionarios.

2.- La falta de una critica INDISPENSABLE, por lo menos dentro de un ambiente que rechaza el totalitarismo, los dogmatismos,… a todo lo que nos rodea, incluido a nosotrxs mismxs, para no convertir nuestras ideas en eso precisamente, en dogmas, en adoración ciega, en sectarismos “indiscutibles”,…

3.- La cabezoneria infantil de no querer aceptar que los tiempos han cambiado y que debemos adaptarnos a los tiempos que corren, más que nada para dejar de hacer el ridículo, principalmente.

Y 4.- El poner todo el empuje en lo colectivo, olvidando a la propia persona es otro gran error. Eso hace que podamos tener piquetes, o asambleas, o manifas,…todo lo numerosas que quieras (que ni eso), para luego, una vez acabe la “reunión colectiva”, volver a nuestra vida habitual, cotidiana, llena de machismo, autoritarismo, especismo, discriminación, homofobia, destrozo del Planeta,…¡Pero cuidado, que no nos perdemos una manifa, una asamblea! La revolución, la verdadera, no la del postureo de cara al público, empieza en unx mismx, por lo cotidiano. Esto es básico e imprescindible.

En definitiva; Mas barrio, y menos iluminados. Más autocritica y menos dogmatismos. Pero para que que haya “más barrio” tiene que ser partiendo de la aceptación de la realidad, sin miedo a que caigan muchas de nuestras ideas preconcebidas, y la crítica profunda a la realidad que se vive en cualquier barrio, nos guste o no cual es esta realidad, no desde dogmatismos, ni cegueras ideológicas, y mucho menos idolatrías desmedidas que se alejan de un análisis real de estos entornos, queriendo adaptar esta realidad a nuestras ideas, y no al revés. Y esto, a su misma vez, solo es posible desde las personas del propio barrio, no desde iluminados jugando a la revolución que no han vivido lo que hablan, y por lo tanto, realmente no conocen y causan hasta rechazo en estos sectores poblacionales, como no podía ser de otra manera.

[10 Abril 2017] La trampa de la diversidad. Una crítica del activismo.

Empieza a resultar tedioso, cuando no inquietante, el repentino interés que intelectuales y comunicadores están mostrando hacia la alt-right, es decir, la ultraderecha de siempre maquillada por la adanista cortedad de este siglo. Cuando algunos hablábamos hace unos años de fascismo de sitcom nos referíamos precisamente a un peligro claro y latente que se podía percibir sin haber estudiado un máster en ciencias políticas de 20.000 euros, aquel en el que las viejas ideas reaccionarias volverían envueltas en los nuevos ropajes de la rebeldía, la identidad y lo mediático aprovechando el desconcierto de la crisis. Que nadie nos hiciera caso se debe a que cuando no formas parte de ningún mundo pautado como el de la academia, lo periodístico o lo literario y, además, por tu clase careces del capital social que te permite promocionarte a través de tus contactos, tu trabajo al final vale lo mismo que las pisamierdas con las que sales a la calle.

Esta introducción sirve, además de como propia reivindicación por el cansancio de que las medallas siempre se las cuelguen los mismos, para ver que tales análisis empiezan a resultar un deslumbramiento inculpatorio. La nueva ultraderecha se parece a la antigua en todo, no solo en programas y peligros, sino también en los métodos utilizados para llegar al poder. La mentira, la política reducida a lo mediático, el fingido interés por cuestiones sociales o la habilidad para apropiarse de manifestaciones culturales ajenas están presentes ya en el fascismo de los años 30, especialmente en el italiano, donde los camisas negras se ganaron las simpatías de la clase media, de bastantes intelectuales y artistas y de algunos obreros utilizando ideas pujantes en su época como el sindicalismo, las vanguardias o la radiodifusión. Quien crea que Hitler y Mussolini aparecieron prometiendo desatar una guerra que costaría 60 millones de muertos se equivoca.

Parece de gran interés explicar, más allá del clasismo y el desconcierto de polluelo asustado que emplea el liberalismo progre, que la pujanza de la ultraderecha actual tiene unas causas estrechamente relacionadas con la pérdida de valor de la democracia parlamentaria bajo la bota de la globalización neoliberal y las enormes desigualdades que este proyecto ha provocado. Lo siguiente, el deslumbramiento inculpatorio, es otra etapa en la que se tiende a sobrevalorar cualquier estrategia de la alt-right. Lo peor de estos análisis es que acaban siempre con la coletilla de: “La izquierda no ha sabido estar a la altura”. Lo indigno es que la frase suele venir de gente que lleva abjurando, minusvalorando y atacando a la izquierda desde hace al menos un par de décadas. Siempre es útil echar la culpa de la intoxicación alimentaria en tu restaurante al cocinero que despediste hace varios años acusándolo de desfasado.

Parece claro que la socialdemocracia devenida en socioliberalismo ha abierto las puertas del desencanto a los ultras. Lo que convendría empezar a pensar es cuál ha sido la responsabilidad en este desencanto de las teorías situadas entre el altermundismo y lo posmoderno que surgieron en los noventa y que han marcado la agenda de la protesta en estos últimos 25 años. Este rotondeo retórico para definirlos viene de una de las pocas cosas que les daban cuerpo común: el interés que ponían en distanciarse de manera tajante del concepto izquierda. Bien es cierto que tras los cascotes del muro y el arriado de navidad en la Plaza Roja (cuentan que en el Vaticano corrieron pías lágrimas) era muy difícil no ya reivindicar el socialismo, sino declararse de izquierdas, unirse de una manera más o menos sentimental a todo aquello. Bien es cierto que la recomposición de un movimiento mundial de protesta fue inusitadamente rápida y apenas ocho años después tuvo lugar la contracumbre en Seattle. Pero no menos cierto es que entre la necesidad y la premura se olvidaron demasiadas cosas que habían sido útiles y se aceptaron otras muchas con la candidez del huérfano reciente.

Ya en el momento actual se observan con asiduidad extraños debates dentro de los movimientos de protesta que son descriptivos de los resultados de aquella apresurada recomposición: activistas feministas teorizando sobre el burka o la prostitución como empoderamiento para la mujer, activistas LGTB defendiendo los vientres de alquiler, activistas animalistas comparando un matadero con los campos de concentración, activistas de lo precario interesándose por la economía colaborativa, activistas culturales reivindicando expresiones de vertedero como populares, activistas de la salud oponiéndose a las vacunas, activistas étnicos tratando la poligamia con respeto o activistas ecologistas capaces de asumir la muerte por desnutrición antes que aceptar avances tecnológicos en los cultivos. Este gigantesco despropósito, hablemos claro de una vez, no solo es trágico en sí mismo por el daño que hace a cada una de las reivindicaciones mostrándolas ante la sociedad como marcianadas inasumibles, no solo es contraproducente por la enorme desorientación que provoca, es dramático especialmente en un contexto donde la ultraderecha presenta a los ciudadanos un programa centrado en cuestiones inmediatas y tangibles como el empleo, la seguridad o la lucha contra la corrupción y fácilmente admisibles desde el siempre conservador sentido común como el nacionalismo o lo identitario (otra cuestión es la verdadera agenda de los ultras).

¿Significa esto que todos los epígrafes anteriores son un error en sí mismos, que sus reivindicaciones no son justas, que sus objetivos no pueden ser compartidos por la mayoría? ¿Significa esto que todas estas expresiones de lucha son parcialidades que deben ser postergadas sine die? En absoluto. Significa que todos los epígrafes anteriores han sido afectados por el posmodernismo y lo neoliberal hasta un punto donde algunas de sus reivindicaciones empiezan a ser contradictorias con sus objetivos iniciales, de una forma tan sutil que los propios activistas no son conscientes de la espiral autodestructiva en la que están inmersos. Por otro lado determinadas expresiones del feminismo, lo LGTB o el ecologismo no están mucho peor que la gastronomía, la literatura o la ciencia. La dolencia no es propia de unos colectivos o un pensamiento, la dolencia es un mal de época, consustancial a un sistema económico y beneficiosa para las minorías que detentan el poder.

Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Responder a cada uno de los ejemplos expuestos daría para un artículo por réplica, explicar el camino completo para un ensayo de 300 páginas. Por contra, sí es posible, sintetizando y buscando los aspectos comunes, trazar un mapa con aspiraciones no solo punitivas sino, especialmente, como intento argumentativo que valga para restar miedos a una izquierda acomplejada e inactiva frente al movimientismo.

Para alguien que se topaba por primera vez en su vida con una protesta, tomar parte en una manifestación antiglobalización era desconcertante. José María Aznar, gracias a su provincianismo doloroso, expresó una genialidad involuntaria al definir una de estas marchas como: “Un lío con mucha gente”. La verdad es que no se puede explicar mejor. Si bien se suponía que lo que congregaba allí a los manifestantes era específicamente el rechazo a alguna de las cumbres de un organismo financiero internacional y de forma más extensiva un difuso anticapitalismo, aquello acababa siendo una multitud donde importaba más exaltar la especificidad de cada cortejo que cualquier reivindicación común. Había un momento, de hecho, en que las mochilas no daban para guardar más pasquines de organizaciones y causas cercanas a la disgregación atómica. La antiglobalización daba sensación de una enorme diversidad, pero era en realidad escasamente representativa. La consecuencia, además de la poca operatividad, era paradójica, ya que no era raro acabar en una conferencia impartida por un activista de Torrelodones, con un gran conocimiento sobre la deforestación del entorno de las comunidades mapuches que desconocía por completo cuáles eran las condiciones laborales de las trabajadoras del servicio doméstico en su ciudad. Aquello de piensa globalmente, actúa localmente pareció no querer entenderse nunca del todo.

La anécdota, además de para revelar la edad de quien escribe, es sintomática de algo que ha quedado fijado en la cultura de la protesta: la especialización del activista. Mientras que en el mundo del siglo XX existía la figura del militante, adscrito a una organización política o sindical, con aspiraciones de cambio general y ligada fuertemente a un territorio o una rama de lo laboral, en el  siglo XXI existen activistas que dedican gran energía por un corto espacio de tiempo a temas sobre los que su labor tendrá un nulo impacto. Cuando los temas, por contra, resultan cercanos, su especificidad les lleva a perder por completo la visión general del conflicto. ¿Es por tanto todo esto un problema de actitud, de cortedad de miras, de falta de organización? Puede serlo. Pero sobre todo se trata de un problema ideológico, aquel que surgió cuando los filósofos franceses de cuello vuelto fueron adoptados con entusiasmo por las élites progresistas académicas norteamericanas, muy influyentes en el ámbito teórico y en los consensos en torno al tratamiento del conflicto, pero totalmente inanes en la resolución del mismo y la política inmediata.

Si hay cuatro factores que se repiten en el actual movimientismo son la falta de materialidad en los análisis, el relativismo cultural, la aceptación inconsciente de valores neoliberales y la sobrevaloración del lenguaje y lo simbólico. Si hay uno que manda sobre todos es la falta de crítica a las contradicciones e inconsistencias que se producen.

No es nada nuevo que existan debates en torno a la regulación de la prostitución, sí que exista una parte del feminismo que utilice el argumento derechista de la libertad individual dentro del mercado. Resulta llamativo que publicaciones que dedican un gran espacio a deconstrucciones culturales para hacer visible el patriarcado no tengan entre centenares de artículos una entrevista a las Kellys. O que el mansplaining, un buen análisis sobre un fenómeno cierto, acabe elevándose a teoría para desembocar en una actitud premoderna donde solo tal colectivo afectado por tal opresión puede expresarse respecto al mismo. Es notorio que para poder seguir una discusión sobre género haya que controlar un glosario de anglicismos inabarcables y cambiantes que ni los propios expertos en el asunto son capaces de normativizar. Es sintomático que exista un debate en torno a la precariedad laboral y se exprese sin rubor que la economía colaborativa, el último invento para transformar al trabajador en una unidad de producción sin derechos y atomizada, sea una oportunidad que da la tecnología. Parece normal que exista polémica en torno a las formas de alimentación y su impacto en la salud y el entorno, no tanto que se tache de genocida a un señor que vende filetes. Parece sorprendente que en la discusión sobre los transgénicos se centre la cuestión en conspiraciones absurdas y no en su utilización como herramienta de control económico. Es doloroso que nadie parezca capaz de articular un discurso contra el integrismo religioso desde la laicidad.

Todos estos ejemplos, y las formas de análisis a las que los asociamos previamente, no son el problema en sí mismo, sino el resultado de algo que podríamos llamar la trampa de la diversidad. Asumir que existen conflictos paralelos al del capital-trabajo no es lo mismo que asumir que esos conflictos son independientes y estancos los unos de los otros. Mientras que los movimientos revolucionarios del siglo XX se esforzaron por buscar qué era lo que unía a personas diferentes, el activismo del siglo XXI se esfuerza por buscar la diferencia de las unidades. Así, mientras que el concepto de clase es un intento de, basándose en un análisis de una situación material, buscar algo profundamente transversal que atraviesa nacionalidades, géneros y razas, el movimientismo actual parece empeñado en crear un sistema de análisis donde los individuos son poseedores de privilegios o receptores de opresiones que intercambian al margen de su posición en el sistema productivo. La cuestión no es negar, obviamente, que las personas tienen problemas específicos asociados al género, la raza o la orientación sexual, sino que esos problemas están estrechamente relacionados o bien con necesidades del sistema económico o bien con la estructura ideológica que lo justifica. Así mismo, esas personas no se enfrentarán de la misma forma a esos problemas al margen de la clase social a la que pertenezcan.

Si el capitalismo sabe de algo es de apropiaciones, de triturar con su gigantesca maquinaria de sentidos comunes ideas en apariencia radicales para devolverlas envasadas y desactivadas. Ya tuvimos un presidente negro en Estados Unidos bajo cuya administración los problemas raciales no mejoraron. El líder de la ultraderecha holandesa es homosexual, la líder de la francesa una mujer. Hace no mucho me contaban cómo en una empresa de economía colaborativa, donde la mayoría de sus trabajadores son falsos autónomos, habían instalado retretes unisex para luchar contra la discriminación de género. Hace poco leía un texto donde se explicaba cómo en una cadena de montaje de un país centroeuropeo, con una precariedad delictiva, había un comedor con productos respetuosos con las prohibiciones religiosas alimentarias. Algunas multinacionales se han mostrado solidarias con el refugees welcome.

Se diría que mientras que nos arrojan por la borda lo hacen siempre muy atentos a nuestras especificidades y creencias, a nuestra excluyente diversidad. Lo peor es que lo empezamos a asumir como una victoria.

Daniel Bernabé

[16 Marzo 2017] La madurez militante.

Hemos de aceptar que actualmente existe un divorcio entre el anarquismo y el resto de la población. Cuando se plantea abiertamente esta circunstancia la mayoría de anarquistas suelen afrontarla con tres actitudes que considero igualmente erróneas: negación, aceptación orgullosa y desesperación por enmendarlo a cualquier precio.

La negación es fácilmente identificable y sin embargo es uno de los aspectos que menos nos cuestionamos. Es incómodo sonreír y no tener los dientes tan limpios como se esperaba. La negación parte de una concepción pueril y dogmática del anarquismo que podríamos resumir así: el anarquismo es una idea superior; sus adeptos, superhombres o supermujeres; la Anarquía (como concepto abstracto) sustituye a Dios. ¿División entre el pueblo y el anarquismo? Gilipolleces. El anarquismo es lo mejor, insuperable, incuestionable, incriticable; el pueblo es anarquista, sólo que no lo sabe ¡hay que despertarlo!; siendo los mejores y moralmente superiores al resto, nos toca iluminar al pueblo; nuestro descrédito actual se debe exclusivamente a la manipulación mediática y al tándem Estado/Capital; no tenemos ninguna responsabilidad; volveremos a ser grandes; la revolución está cerca; vamos a nuestros locales a regodearnos con esta idea.

Este pensamiento lo relaciono con nuestra infancia militante. Es lo que sucede cuando uno se entusiasma con algo de forma ciega, acrítica, cuando nos gusta sentirnos pertenecientes a un grupo por la propia idea de pertenencia (identitarismo social), pero sin necesidad de trabajar por un objetivo concreto. Es la mentalidad infantil del groupie o del hincha de fútbol; su ídolo o su equipo son intocables, matarían por él, pero todo ese fanatismo lo concentran en un objeto superior y por ello ajeno a ellos mismos. Esta idea, ingenua pero tremendamente autodestructiva, no acepta ni admite el autoanálisis ni la autocrítica necesaria para detectar fallos, implementar estrategias y hacer que los objetivos anarquistas puedan dotarse de realidad a corto plazo. Ha sustituido la militancia real por las consignas, la simbología, los mitos y el folclore. Su campo de trabajo es la nostalgia y la escolástica; construir la revolución hoy, día a día, destruiría su idealización de un movimiento y un pasado.

Tenemos después la aceptación orgullosa ante esa separación con la gente de a pie. Puede que esta actitud sea el resultado de una salida traumática de la anterior etapa, de un choque con la realidad; puede también que sea el fruto de un contacto poco satisfactorio con los demás. Este período de descreimiento y hostilidad hacia el resto, de encerrarse altivamente en un mismo, lo asocio con la etapa adolescente de nuestra militancia. Esta actitud, entendible en un principio, poco a poco tiende a degenerar en la más abyecta autocomplacencia.

Como anarquistas es lógico sentir aversión hacia a lo que nos rodea, no sentirse identificados con la sociedad que nos ha tocado, sentirse distanciados de sus usos y costumbres, humillantes y opresivos. Pero la cuestión es si esta distancia la sentimos hacia la opresión o hacia los oprimidos. Hay gente muy orgullosa de su anarquismo, tanto que lo considera un artilugio exquisito y complicado, de uso restringido, no apto para ineptos. Creen situarse con Albert Libertad en su oposición a los pastores y a los rebaños, pero sólo odian a los rebaños, y del rebaño a las ovejas más raquíticas y tullidas. Buscan grados de perfección, encerrados en herméticos círculos de retroalimentación, y todo lo que suene a popular, inculto, sucio, pobre, “lumpen”, les da alergia. Como los anteriores, pero en este caso con desprecio hacia la “gente normal”, no quieren mezclarse con nada que no huela a ideología, porque cualquier contacto con la realidad rompería su perfecto concepto de una idea de invernadero, protegida de la luz y el aire tras un cristal. No pueden enfrentarse a la contradicción, al error, al fracaso. No sienten empatía, y su anarquismo es un monstruo cerebral pero sin corazón ni entrañas. Piensan a sí mismos en clave anarquista, y le ponen al término bonitos apellidos, pero son tristes aristócratas. Pueden sentirse amparados por Stirner, Zo d’Axa o La Boétie y su férula contra la servidumbre voluntaria, pero la verdad es que siguen ciegamente a Nietzsche, Sade o Spencer en el desprecio hacia el esclavo, recitando aquello de “que los pobres y débiles perezcan, primer principio de nuestro amor a los hombres. Y que se les ayude a morir”1. Sienten por la “plebe” lo mismo que el marqués o el empresario, pero lo disimulan tras la bandera negra y la jerga intelectual robada de la última novedad editorial. Ya lo decía Agustín Hamon: “contemplan al pueblo desde las serenas alturas donde moran y que la vil multitud jamás alcanzará. Se creen y se llaman a sí mismos superiores a la raza humana. Son libertarios… para ellos y autoritarios para los demás”2. Son el paso previo a una senectud amargada, incapaz de establecer contacto con la realidad, con sus actores, con la gente de carne y hueso; incapaces de contactar con la vida al fin. En su mente todo es perfecto, ¿por qué exiliarse de ella y salir a la calle? No moverse, quedarse quieto, ese es el secreto de la perfección; si no te mueves no hay margen de error. Quizás no sean felices, pero lo encubren tras una terrible sensación de superioridad que les hace sentirse orgullosos de no querer saber nada de los problemas de los demás; problemas que quizás, sin darse cuenta, puedan ser los suyos mismos.

Finalmente tenemos la desesperación, aunque desapasionada, por corregir esta situación. Quizás se provenga de las dos anteriores etapas, se esté cansado y ahíto de tanto tiempo perdido. Se ha crecido, emocional y biológicamente, y las malas experiencias, tanto con la irreflexión folclórica como con el esnobismo, ha llevado a tirar mucho equipaje ideológico, a aborrecer tanto purismo anarquista y a querer implicarse justo en lo que se cree lo contrario a lo que los anteriores defienden. Se busca seriedad, romper con los clichés, pero se tiene ya poca energía para crear nada nuevo y trazar la propia vía. Es lo que identifico como la vejez del anarquismo.

En esta etapa, por simple oposición, por agotamiento y renuncia, se traspasan todas las líneas rojas que uno mismo se había fijado para no parecerse a ese poder al que tanto se despreciaba, se acaba confundiendo la tolerancia con la renuncia, y se acaba apoyando la vía institucional o partidista. Es el momento en el que para centrarse se acaba en realidad desorientado, sin norte. Ya no se ve mal contemporizar con los partidos, cualquier aversión hacia ellos parece un prurito dogmático. Colaborar con lo institucional, votar, pierde su importancia; cualquier oposición a esto es una reminiscencia de estrechez tribal. Se cree que para aproximarse al pueblo hay que dejar de mostrar oposición a los mismos elementos que lo han despojado y destrozado, contemporizar con quienes lo saquean o manipulan. Al final, los militantes que han caído en la decrepitud, que no han sabido hacerse mayores de forma natural, defienden algo que no conserva ningún rasgo diferenciado con respecto a cualquier otra idea o práctica, nada que lo singularice lo suficiente de lo que predican los partidos o los sindicatos amarillos como para llamarlo anarquismo. Conservan el nombre por inercia, por rutina, porque son muchos años portándolo y el resto del espectro político está copado. La realidad es que se ha perdido cualquier atisbo de rebeldía, de oposición a ley, de carácter revolucionario; ya sólo interesa la parcialidad como meta, la concertación como fin, el mínimo como máximo. Se habla de comunismo libertario, pero tal y como los religiosos hablaban de la tierra prometida: una promesa de futuro que no llegaremos a ver. No queda nada trasformador. Todo se ha perdido, salvo el nombre.

A estas etapas pienso honestamente que hay que contraponerle la simple y llana madurez3. Hay momentos en los que comprendes que no necesitas la mitología para realizarte, ni la identidad grupal; que los tiempos de ritos iniciáticos han pasado; y que parecerse a quienes nos degradan y postergan, hacer las paces con ellos, no es un signo de amplitud de miras sino de rendición incondicional.

Podemos acercarnos al pueblo sin idealizarlo. Si se toma partido por su causa no es por sus cualidades y virtudes, sino porque en esta guerra son los damnificados, los que van perdiendo. Cuando intervenimos en una pelea no nos paramos a pensar si la víctima agredida le da un beso a sus hijos antes de acostarse o si respeta la vida de los animales; intervenimos aunque a lo mejor estamos ayudando a alguien que no es mejor que su agresor. No hace falta idealizar al que se lleva la peor parte para tomar partido. Cuando hablamos de las civilizaciones precolombinas, ¿necesitamos idealizarlas, mostrarlas libres de jerarquía, propiedad e injusticias para condenar y oponernos a la masacre que padecieron? No es necesario. Se puede uno acercar al pueblo aceptando sus fallos y contradicciones. Son muchos años de condicionamiento, de domesticación, no podemos pretender romper millones de cadenas mentales de un solo golpe. ¿Qué somos si no nosotros mismos? Parte de ese pueblo: una parte igual de sucia, de fea, de maloliente, con sus mismas mezquindades, prejuicios y estrecheces. Hemos de mirarnos al espejo, ver qué éramos antes de creer que habíamos aprendido cómo funciona el mundo, y cómo seguimos siendo en la intimidad y sin auditorio. Una parte, sin embargo, que pudo darse cuenta de su situación siguiendo un proceso que a nadie le está vedado, aunque se produzca de distintas formas.

Hemos de acercarnos a la gente a cara descubierta, sin renegar de lo que somos, con nuestros bártulos y herramientas, pero no para guiarla, sino para construir con ella. Basta de pensar que sólo podemos acercarnos a la gente a través de la caridad y el asistencialismo, de pensar que nos odian sólo por desconocimiento cuando a veces es porque nos conocen demasiado bien. Nos gusta hablar de quebrar la ley en lo teórico, incluso de participar en un acto catártico durante una manifestación, pero no somos conscientes de que se puede romper esa misma ley a favor de los intereses del pueblo y no contra los mismos. Cuando se okupa y se comparte, cuando se expropia y se socializa, cuando se para un desahucio a través de un piquete, la ley queda rota y la gente se siente identificada con lo que la han hecho añicos. Cuando salimos de nuestro ambiente, de nuestra zona de confort, surgen las contradicciones, pero también la única oportunidad de enfrentarnos a ellas y rebasarlas. Cuando analizamos la insolvencia y en vez de contemplarla resignados nos planteamos organizarla, plantearla no como una fatalidad sino como un desafío, podemos estar en disposición de crear sindicatos de inquilinos, organizaciones de deudores, de insolventes. Plantearnos como parte de un programa a largo plazo metas como las fijadas por la Comuna de París en 1871: liquidación de alquileres y cancelación de las deudas. E ir construyendo esto a base de efectividad, con acciones concertadas de impago. Convertir lo que va a pasar contra nuestra voluntad en un acto voluntario; lo que es una tragedia personal en un acto de resistencia colectivo con contenido político reivindicativo. Pasar a la acción.

Propuestas como estas, y muchas otras, más imaginativas y mejor planteadas seguramente, están ahí, en la calle, esperándonos. Los barrios, duros, cargados de códigos, de capitalismo desnudo, sin pretextos intelectuales, y en los que diariamente la solidaridad se da de hostias con la crueldad, requieren mucho trabajo de campo. La etapa madura de la militancia pasa por darse cuenta de lo que no se quiere ser, pero también por asumir que a veces hay que trabajar donde nadie más quiere, donde la situación no es cómoda; pasa por asumir lo desagradable como parte de nuestra vida, pues esa es la única forma de poder cambiarlo. Consiste en dejar los manuales a un lado y experimentar por uno mismo. Consiste en no resignarse, ni con la injusticia, ni con la revolución de papel, ni con el pacto como antídoto de la subversión. Consiste en contemplarse al espejo con toda la aplastante sinceridad del reflejo, sin quitar la vista de los defectos, de las flacideces, de las cicatrices, sin ocultar lo que se es, viendo también las virtudes y potenciándolas, sacando partido de nuestra osadía, de que no han podido corrompernos, de que no estamos en el ajo y tampoco podemos seguir al margen. Consiste, simplemente, en tener una mirada muy limpia y unas uñas muy sucias.

[14 Marzo 2017] Afinidad y solidaridad contra el victimismo y la autoridad. Palabras de Mónica y Francisco.

(Estas palabras llegan con la tardanza propia de las restrictivas comunicaciones en los centros de exterminio españoles. El 7 de marzo del 2017 lxs compañexs consiguieron finalmente ser expulsados a Chile, donde fueron recibidos con un gran despliegue periodístico y amenazas represivas. Finalmente hoy Mónica y Francisco volvieron a pisar la calle con la dignidad intacta)

Afinidad y solidaridad contra el victimismo y la autoridad.

En la lucha por romper con lo establecido buscamos y creamos formas de relacionarnos contrarias a la imposición y la autoridad. Formas que nos hagan sentir cómodos para desenvolvernos autónomamente en el proponer y llevar a cabo iniciativas de enfrentamiento cotidiano. En este sentido entendemos que la afinidad representa la manera más adecuada de relacionarnos entre anarquistas y que ésta no es fruto de eslóganes vacíos repetidos hasta la saciedad, sino que es el resultado de prácticas y visiones compartidas que ayudan a generar lazos perdurables de compañerismo y hermandad, que van sobre los simples lazos de amistad.

La confianza y el cariño que otorga el hecho de sentir y saber que se comparten ideas en permanente rebeldía son el sustento y la fuerza de la afinidad que se fortalece y desarrolla en el conjunto de prácticas antiautoritarias. Estas ideas, a su vez, son inseparables de nuestra opción de vida, opción que refuerza la que pensamos y reafirma lo que hacemos. Es por medio de estas relaciones que crecemos individualmente al tener la innegable posibilidad de actuar sin ataduras, lo que impide la generación de comportamientos burocráticos y autoritarios, cortando de raíz cualquier intento de concentración de poder.

Los críticos a este posicionamiento señalan que de esta manera resulta imposible incidir en la “realidad social” y que se convierte al anarquismo en una especie de gueto. Nosotros respondemos que no entendemos al anarquismo como un partido político que se sirva de todas las estrategias para engrosar cuantitativamente sus filas con el propósito de lograr cierta hegemonía. Pensamos que los medios deben necesariamente ser coherentes con los fines por lo que resulta contradictorio pretender la liberación total en base a medios que la coarten. Para nosotros el anarquismo es, sobre todo, una tensión donde la iniciativa individual juega un papel central, no una realización.

En esta experiencia de encierro que llega a su fin hemos vivido el nacimiento, fortalecimiento y afianzamiento de relaciones de afinidad. Nuestrxs compañerxs han dado contenido a la palabra solidaridad llenándonos de fuerza y orgullo. Superando dificultades, que han sido muchas y muy variadas, se ha podido de manera conjunta levantar posicionamientos e iniciativas de las que hemos aprendido mucho. La voluntad y la determinación de nuestrxs compañerxs, aunque suene repetitivo, ha destruido muros, rejas y kilómetros de distancia, ha eliminado cualquier traba del poder destinada al aislamiento y la incomunicación. Se ha intentado, y creemos que lo hemos logrado, establecer una relación alejada y contraria a conductas asistencialistas donde el/la presx es vistx como “una pobre víctima del sistema objeto de atroces injusticias”. El asumir que, como anarquistas, nos encontramos en un permanente enfrentamiento con el poder y que ello tiene sus consecuencias ha posibilitado llevar a la práctica una solidaridad activa y combativa con una línea discursiva clara y sin ambigüedades. La idea – fuerza “ni culpables, ni inocentes, anarquistas simplemente” ha reflejado y refleja nuestro posicionamiento frente a la cárcel y la represión tanto para quienes estamos dentro como para lxs solidarixs y represaliadxs que se encuentran fuera. Representa una manera de vivir y estar en prisión ligada con la intransigencia a la vez que abre innumerables caminos de acción para lxs compañerxs que pisan la calle, caminos que intentan destruir el poder al no entrar en sus categorías y ser contrarios a su lógica depredadora.

Cuando los golpes recibidos representan una oportunidad.

La oleada represiva materializada en las operaciones Pandora y Piñata ha representado el golpe más duro recibido por el anarquismo en este territorio desde la década de los ´80. Se intentó claramente eliminar a un sector del movimiento anarquista por la vía rápida referida al hostigamiento, persecución y cárcel. Evidentemente la magnitud del zarpazo estatal tuvo sus consecuencias, como no podía ser de otra manera. Fueron muchas las iniciativas que se vieron truncadas, espacios que fueron literalmente saqueados por la furia represora y el temor a verse envueltxs en las paranoides fantasías del poder generó un cierto inmovilismo que poco a poco comienza a superarse.

Sin embargo, según nuestra opinión, por lo burdo e inconsistente que ha demostrado ser la teoría policial en estos casos, este golpe representa una oportunidad para evidenciar las debilidades del Estado que utiliza sus clásicas estrategias de encierro y amedrentamiento para intentar reducir y eliminar a quienes no logra domesticar. Junto con esto creemos que dichas operaciones se encuentran íntimamente relacionadas con el auge de los movimientos ciudadanos y su incorporación en las instituciones; quienes se nieguen a jugar el juego democrático les espera la cárcel. Por tanto, al abordar lo que han significado estos golpes y llevar a cabo la solidaridad pensamos que es indispensable entender que los movimientos ciudadanos transformados en partidos políticos al optar por la vía institucional no representan, en ningún caso, un aliado, más bien son un engranaje más del poder con quienes nada tenemos que ver.

Mediante las operaciones Pandora y Piñata el Estado, como se ha dicho en varias ocasiones, intentó atacar unas ideas y prácticas que le son radicalmente contrarias, prueba de ello es que a ningunx de lxs compañerxs imputadxs se les acusa de acciones concretas. Lo que se intenta castigar es una manera de vida, una opción de lucha contra lo establecido y una permanente actividad antiautoritaria que, en menor o mayor medida, ha influido en diversos espacios y entornos. El continuar transitando por los caminos rupturistas representa, por lo tanto, una pequeña victoria al demostrar que aunque el Estado nos muestre su peor cara no nos doblega. De esta manera, pensamos que la solidaridad con lxs represaliadxs necesariamente debe ser transgresora y ofensiva, alejada de discursos pesimistas y victimistas. La utilización de toda nuestra creatividad, limitada únicamente por nuestros principios anárquicos, es fundamental en la actividad solidaria y para que de esta experiencia salgamos fortalecidxs. En la guerra contra la dominación toda acción es necesaria.

Finalmente queremos enviar todo nuestro cariño y fuerza a nuestrxs compañerxs presxs en Alemania acusadxs del atraco a una sucursal bancaria que durante estos meses se encuentran enfrentado un duro juicio. Lxs pensamos a cada instante, y el orgullo y alegría que demuestran son también los nuestros al tener la posibilidad de ser vuestros compañerxs.

Hoy y siempre mano abierta al compañerx y puño cerrado al enemigo.

Muerte al Estado y viva la Anarquía.

Mónica Caballero S.

Francisco Solar D.

Prisión Villabona – Asturias.

2 de Febrero de 2017.

[11 Marzo 2017] Abajo el Patriarcado – Palabras desde la cárcel escritas por la compañera procesada por el caso Aachen.

Abajo el Patriarcado.

Sobre las injusticias sociales, racistas y patriarcales.

Es bien conocido el hecho de que, también aquí en Alemania, vivimos en una sociedad totalmente desigual. La clase alta está bien asegurada y protegida, no tiene preocupaciones existenciales y, a pesar de todos los problemas generales que hay en el mundo, puede ofrecer a sus hijxs un futuro lleno de esperanzas, algo que las clases bajas no tienen a su alcance. Mientras que una pequeña minoría se hace cada vez más rica, la mayoría de la gente sobrevive a un nivel de subsistencia mínimo, trabajando por unos sueldos de mierda y empujada hacia un consumo cada vez más sin sentido, todo esto para que este sistema avaricioso en que vivimos se mantenga en pie. Mientras que unxs pocxs están tomando el sol en sus yates de millones de dólares en el Mediterráneo o se desplazan en sus jets privados por todo el mundo, hay muchísimxs otrxs que no pueden ni siquiera permitirse unas vacaciones de verdad, aunque sea una sola vez en su vida, y mucho menos pagar el alquiler, facturas de electricidad o ponerse una nueva dentadura. Mientras que lxs super ricxs frente a las obligaciones tributarias pendientes pueden proteger la riqueza que acumularon en todo tipo de paraísos fiscales o salvarla a través de algunas empresas fantasma y, por regla general, ni siquiera se les persigue jurídicamente por ello, hay gente que pasa en la cárcel meses o años enteros por las multas o hurtos, es decir por cantidades de dinero que lxs ricxs se gastan un día cualquiera en cuestión de minutos.

El Estado y los medios de comunicación nos cuentan que todo el mundo es igual ante la ley, pero incluso lxs niñxs saben que lxs ricxs y poderosxs nunca acaban en la cárcel porque sus abogadxs, buenxs y carxs, inmediatamente les van a sacar de allí. Quien sin embargo tiene sólo unxs malxs abogadxs o, por motivos sociales o raciales, está consideradx como “sospechosx habitual”, simplemente tiene malas cartas. Y quien, además, no sabe alemán o no puede leer y escribir, de hecho no tiene ninguna oportunidad de defensa y necesita una asistencia permanente, algo que pocas veces sucede. A la sociedad eso le da igual. Se mantienen las habituales preconcepciones acerca del “enemigo imaginario” que van desde “extranjerxs criminales”, “terroristas” árabes y magrebíes hasta lxs “refugiadxs peligrosxs”, a quienes hay que prohibir la entrada o deportar. Alemania se presenta a sí misma como un “país abierto al mundo” que además acoge a lxs refugiadxs, pero esto vale sólo para lxs que son capaces de integrarse exitosamente en el sistema de trabajo, de quienes se puede sacar un beneficio económico y lxs que pueden ser comercializadxs en el papel de víctima. Sin embargo, cuando entran en Alemania junto con sus familias o con las llamadas “bandas”, para simplemente poder sobrevivir mejor en un país más rico, o cuando quitan de lxs que tienen más que ellxs, además de ser encerradxs o deportadxs, sus casos son usados para fortalecer y justificar una política xenófoba. Para el Estado lo importante es, ante todo, los derechos de lxs ricxs y la protección de su propiedad. Cualquier persona que viole la propiedad, será castigada por ello con proporcional dureza. La cárcel está, por lo tanto, llena de los llamadxs “ladronxs”, “estafadorxs”, “atracadorxs” y “carteristas”, y no de “asesinos y violadores”, como a menudo se presenta. Y el porcentaje de extranjerxs es, por supuesto, muy alto, y no porque “lxs extranjerxs sean más criminales que lxs alemanes”, sino porque pertenecen generalmente a las clases más bajas. En un país receptor de inmigrantes como Alemania eso siempre ha sido así y lo seguirá siendo.

Pero hay otro tema que supera incluso todas las mencionadas injusticias y opresiones estructurales; el de la violencia patriarcal. Y a las mujeres encarceladas les toca triplemente. El porcentaje de mujeres con respecto al número total de presos es bajísimo. Por lo tanto, nadie tiene en cuenta sus necesidades. Las condiciones de salud, médicas e higiénicas para las mujeres y en los asuntos específicos de la mujer son malísimos. Básicamente, siempre hay muchas más actividades, instalaciones deportivas y opciones de hacer cursos o estudiar para los hombres que para las mujeres. La mayoría de las mujeres vienen, más o menos directamente, de una situación de violencia doméstica o sexual, a menudo obligadas por sus esposos o padres a robar o están aquí dentro por haberse defendido contra sus torturadores. El Estado y la sociedad machista reaccionan de manera sexista, mostrándose escandalizados cuando las mujeres realizan actos criminales, especialmente cuando una mujer toma un papel que por lo general sólo suelen jugar los hombres. Por otra parte, incluso hoy en día, el Estado sigue queriendo decidir sobre el cuerpo de la mujer y si una mujer no le entrega el dominio sobre su propio cuerpo tiene que rendirle cuentas a nivel penal. Eso no ha cambiado desde la Edad Media, sólo que ya no son quemadas como brujas en la hoguera, sino que acaban en la cárcel. Mientras que los hombres encarcelados a menudo son visitados por sus esposas, raramente sucede al revés. A menudo los esposos de las mujeres encarceladas están ellos mismos en la cárcel, en clandestinidad o simplemente no se preocupan por ellas. Además, casi todas las mujeres en la cárcel tienen hijxs fuera y lo que supone otro problema, que alguien tenga que hacerse cargo de ellxs. Por lo tanto, muchas veces la mujer es obligada a alimentar y mantener a su familia desde la cárcel, a pesar de que resulta extremadamente difícil organizar tantas cosas desde aquí dentro. En el mejor de los casos, la mujer tiene al menos a su propia madre fuera para ayudarla. Al fin y al cabo, en casi todas las culturas, la mujer encarcelada es mal vista y despreciada y más aún si se supone que “se ha vuelto violenta”, ya que el papel tradicional de la mujer le niega cualquier tipo de auto-empoderamiento. Por lo tanto, la estructura patriarcal del Estado y del código penal colaboran con las relaciones familiares de la violencia en contra de la mujer para controlarla y oprimirla . No obstante, a pesar de esta devastadora realidad, siempre sigue habiendo unas pequeñas, pero llenas de esperanza, chispas de autodeterminación y autoorganización entre las mujeres aquí en la cárcel. Puede ser que la empatía sea a menudo mayor de la que existe entre los hombres presos, en ciertas situaciones se ayudan las unas a las otras o se comportan de manera solidaria con las más débiles, más desfavorecidas o las rebeldes. Cada uno de estos pequeños gestos y posturas es por supuesto esencial, tanto para cada una en su camino en prisión como una señal contra todas estas opresiones y sistemas de obligación.

La lucha continúa ¡hasta que todas las prisiones se derrumben!

Por la liberación total de todos los sistemas de dominación sociales, racistas y patriarcales.

Fuerza, coraje y rebeldía.

¡Libertad para todas!

Enero de 2017

[10 Marzo 2017] Sociedad, democracia y Poder.

Una sociedad jerárquica no puede ser una sociedad democrática.

Lo que se entiende por “democracia” en una sociedad jerarquica, es lo relativo a las libertades que otorga la forma de organización social que gobierna la sociedad a través del Estado por comparación, es decir, no es lo mismo en su estado cuantitativo una dictadura que una democracia parlamentaria, sin embargo, en su estado cualitativo, ésta y aquella son idénticas por la sencilla causa que originalmente son jerárquicas (familia, escuela, Iglesia, Estado) y por lo tanto autoritarias. En este contexto en la comparación entre ambas reside el engaño.

Lo que se llama “democracia” en una sociedad jerárquica son los distintos grados de libertad (económica, política, religiosa, filosófica) que constituye el Estado y que tolera y acepta la sociedad (ya sea consciente o “inconscientemente”) como forma de organización social. En este contexto la democracia parlamentaria es la dictadura que imponen las mayorías a través de la élite de poder porque someten (consciente o “inconscientemente”) a las minorías que quieren organizarse socialmente de un modo diferente al que imponen las mayorías junto con la clase dirigente.

El ideal utópico del individuo de convivencia en una sociedad libre, refleja la impostura en la que (sobre)vive, por lo que acepta ser sometido para de esta manera poder someter también de alguna u otra forma a otro(s) individuo(s).

La obtención de poder en la sociedad de la dominación se efectúa a través de la adaptación al sistema. Es la sociedad-sistema quien premia a los individuos más obedientes y adaptados para que éstos también puedan dominar a los menos adaptados y aptos, en esta coyuntura se crea la meritocracia como forma de gobierno, es decir, el gobierno de los mejores para premiar a los mejores gobernados.

El Estado es la exaltación del Poder. Mientras haya voluntad de poder habrá Estado. La creación del Estado fue la culminación para el control total de la sociedad debido a la necesidad de someter la voluntad de poder que surgía en los diferentes ámbitos de relación entre los individuos. La figura del dominador y el dominado dio luz verde a la creación del Estado para la gestión de las relaciones humanas.

La causa primera de la voluntad de poder no es en sí material como muchos nos quieren hacer ver, al contrario, la causa primera de la voluntad de poder es espiritual y atañe al mundo psicológico, con lo cual, el pensamiento es la causa primera de la voluntad de poder. Por lo tanto la esfera espiritual determina la esfera material y no al revés. La voluntad de poder debe ser cambiada por el amor, de ahí que el cambio de conciencia sea fundamental para la transformación radical del individuo y la sociedad.

[08 Marzo 2017] 10 diferencia entre el feminismo burgués y el feminismo libertario.

1- Las feministas burguesas buscan la protección de las mujeres a través de los aparatos coercitivos del Estado. Las feministas libertarias, abogan por la autodefensa de las mujeres en comunidad.
2- El feminismo burgués desea que toda mujer compita en “igualdad de oportunidades” y sea retribuida según sus méritos individuales. Por el contrario, las feministas libertarias luchan para que cada individux se desarrolle solidariamente en igualdad y que cada cuál sea satisfechx según sus necesidades.
3- Las feministas burguesas desean la incorporación de mujeres en puestos de poder, en el parlamento y los ejércitos; en las altas gerencias de empresas capitalistas y en los ejecutivos gubernamentales. Las feministas libertarias, desean la abolición de las instituciones jerárquicas. Es por eso que se declaran antiestatistas, anti-militaristas y críticas del parlamentarismo.
4- El feminismo burgués sostiene que la igualdad de género es un “derecho humano” que debe ser garantizado por el Estado. Las feministas libertarias sostienen que el Estado no puede garantizar la igualdad, pues la igualdad no se puede alcanzar mediante la jerarquización de la sociedad que genera la organización piramidal y represiva del Estado.
5- Las feministas burguesas crean “conciencia feminista ciudadana”, es decir, un conjunto de prácticas y valores que crean a un sujeto dócil y sumiso frente a las relaciones democráticas-neoliberales. Las feministas libertarias crean “conciencia de clase feminista”, es decir, principios y finalidades libertarias con la intención de abolir las relaciones de poder y sustituirlas por relaciones libres en igualdad.
6- Las feministas burguesas insisten en explicar históricamente el feminismo mediante “ondas” (primera onda, según onda, tercera onda, etc.), ignorando y censurando el feminismo obrero, anarquista y comunitario. Las feministas libertarias, sin obviar las aportaciones teóricas y coyunturales del feminismo hegemónico, se nutren sobre todo de las luchas históricas de las mujeres de las clases oprimidas y explotadas.
7- Las feministas burguesas quieren un capitalismo “verde, amable e inclusivo”. Las feministas libertarias luchan contra el capitalismo y contra toda forma de opresión, sea económica, política o cultural.
8- Las feministas burguesas se vinculan a organizaciones jerárquicas y partidos parlamentarios. Promocionan el electoralismo estatal y la importancia de la inclusión de la mujer en la política burguesa. Las feministas libertarias, se organizan en asociaciones horizontales, practican la acción directa, el apoyo mutuo y la autogestión.
9- Las feministas burguesas consideran de vital importancia leyes de paridad de género para “feminizar” las instituciones jerárquicas del capitalismo. Las feministas libertarias consideran que la lucha antipatriarcal no se trata de dominar “equitativamente” al tiempo que los machos estatistas, sino en abolir las relaciones de dominación.
10- Las feministas burguesas desean que el hombre colabore en la división del trabajo en el hogar y que sea un complemento de la mujer bajo cánones binaristas. Las feministas libertarias, en cambio, cuestionan radicalmente la heteronormatividad, la estructura familiar patriarcal y el concepto de amor que la sostiene.

[27 Febrero 2017] Sobre lo legal y lo legitimo.

Obviando los grises engranajes de la megamáquina, parece claro, y hay abundante evidencia empírica, que las leyes son un mecanismo mediante el cual es posible, a conveniencia, legalizar lo ilegítimo e ilegalizar lo legítimo. Legalizar así, no parece ser mucho más que dotar de aptitud, corrección o validez sistémica a algo o alguien unido a sus actos. Lo que no parece gran cosa para un burocracia dependiente que derrocha tiempo y folios bajo el amparo de una violencia cuidadosamente diseñada, implantada y monopolizada. Es, sin más, una posibilidad esperada.

Igualmente, el diagnóstico de la ilegalidad está resultando, por otra parte, una expresión de coerción (mal) disfrazada de razón, propia de un paternalismo fascista, que invade el pensamiento, la creación y la intención. La componente de interpretación de la semántica, producto de múltiples variables, es sustituida por la sospecha de un crimental orwelliano. Es la mordaza, la enésima ofensiva contra la pobreza, la expulsión de quienes no tienen valor para el sistema o le cuestan demasiado, el mensaje inequívoco para quienes lo cuestionan de forma comprensible.

Lo legítimo, que tendría mucho de bien comunal, sería lo propio de personas y colectivos que forman parte de un complejo sistema natural, con múltiples interdependencias, que tiene la capacidad de dotarse por sí mismo y de forma equilibrada de bienestar, igualdad, libertad, cohesión,… Mediante su legalización, lo legítimo, en sus múltiples formas, es mutilado y mercantilizado para su saqueo por las manos invisibles de Adam Smith y su manada de presuntos asesinos sociales en los últimos doscientos años. Mucho tiene que ver la extracción de lo legítimo con la cosificación ciudadanista.

Si aceptamos que administrar justicia, más allá de la opinión que nos merezca el concepto y el contexto, es aplicar (estas) leyes y hacer cumplir sentencias (de esta forma), es lógico que asistamos, entonces, a situaciones y veredictos como los que hemos vivido esta semana (Nóos, Valtonyc, Black, la reducción de condena al agresor del portal de Alicante…) pues el sistema, su sistema, funciona jodidamente bien, y según lo previsto. De hecho, en tanto que no se modifiquen una amplia variedad de circunstancias reconocibles (mediante una autoorganización amplia y multisectorial desde abajo), podemos esperar que estos mensajes, en sus dos manifestaciones de impunidad y amenaza, persistan, insistan y proliferen.

La sobreinformación por los miedos de masas y el mal uso de las redes sociales contribuyen, por su parte, anormalizar estas perversiones pues, disipan la energía y la creatividad precisas para una eventual reacción para la transformación, la cual también se enfrenta, en su modelización, a la propia disonancia cognitiva. La frecuencia de la ocurrencia de un evento está directamente relacionada con la integración del mismo y, en última instancia, con su aceptación. Urge abandonar, por ello, la actitud de la cabeza de fósforo. Resultará más eficaz, a corto y medio plazo, pensar en qué podemos hacer para cambiar algo, de qué modo nos tenemos que organizar para ello y con quien nos podemos encontrar que comparta, me permitiré la ironía, nuestra visión y nuestros valores.

Habrá para quien resulte doloroso, en este sentido, que los gerifaltes de la izquierda del cambio persistan en la vacuidad y la corrección del lenguaje y las herramientas del sistema para expresar sus ¿contundentes? reacciones a la infamità mediante tuits estéticos y poéticos hasta la náusea. Y no puede ser tal cosa más que en virtud de unas expectativas mal fundamentadas, con escasa visión de conjunto y, finalmente, insatisfechas. En un mundo sometido a una economía de mercado que omite de su balance el bienestar de las personas y el equilibrio medioambiental (en definitiva, que transfiere pobreza, que genera desigualdad, que destruye el planeta,…), el destino del tejido político institucional es el de preservarlo mediante legislación para minorías, coerción, infoxicación, pan y circo.

El sistema no modificará sus peores consecuencias por el hecho de recibir pequeñas reformas que nunca van a ir más allá de redistribuciones cosméticas de (parte de) la riqueza. De hecho, ayudaría mucho redefinir qué podemos entender por riqueza y asumir que tal concepto no puede ser excluyente, pues estaríamos hablando de otra cosa, de, por ejemplo, un botín. Realidades como el expolio total de África, la sobrexplotación de recursos en todo el mundo, la imposición de monocultivos del sur y los planes de ajuste estructural en cualquier parte parecen invisibles para los autocomplacientes ciudadanos socialdemócratas del norte, que no hilvanan la secuencia histórica del colonialismo, la dependencia económica, el imperialismo y la globalización de sus embusteros libros de texto.

¿Tienen algún sentido las tibias propuestas políticas de las izquierdas institucionalistas (ya de por sí muy cargadas de reactividad y complejos) si no miran al resto del mundo, si no asumen las dramáticas consecuencias de un sistema de mercado sobre millones de personas en una biosfera herida de recursos finitos y menguantes? Evidentemente, no, y es que no son honestas consigo mismas. Hasta el punto que estos entramados políticos están propiciando una percepción sobre sí mismos bien poco reconfortante: escasa visión de conjunto, de modelización y de análisis; por extensión, proyecto desdibujado, ausencia de alternativa e inacción; tristemente, la de sepultar la crítica, coartar la organización y la participación, y, en última instancia, la de controlar la disidencia.

“Las leyes y las constituciones que por la violencia gobiernan a los pueblos son falsas. No son hijas del estudio y del común ascenso de los hombres. Son hijas de una minoría bárbara, que se apoderó de la fuerza bruta para satisfacer su codicia y su crueldad”, escribía un lúcido Rafael Barrett, sintetizando en escasas líneas nuestra realidad y nuestra necesidad. Nuestros problemas no tiene arreglo en esta sociedadSe trata, realmente, de construir de nuevo los sistemas fundamentales, en definitiva, nuestras relaciones en el más amplio sentido del concepto y en todos los ámbitos. Podemos detallar y proponer medidas públicas de mínimos para diversas estrategias de carácter facilitador y, sólo parcialmente, complementario, mas no es posible esperar mucho de esto. Es perentorio experimentar y promover otras formas de organización desde abajo y exteriores a un sistema agotado.

[12 Febrero 2017] La clase dirigente y el Estado.

Quien se hace esclavo del miedo antepone la seguridad a la libertad.

La sociedad jerárquica impone el odio como mecanismo para consolidar y perpetuar la dominación.

La implantación del Capitalismo a escala internacional fue una creación del Estado moderno para sustituir el antiguo régimen de dominación feudal, de manera que aquel se consolidaba fortaleciéndose continuamente según se iba expandiendo por el mundo. La realeza junto con la nobleza y la burguesía incipiente fomentaron las bases del nuevo sistema de dominación, el Capital se sacralizó para aumentar el Poder del Estado moderno.

El engaño de la clase dirigente (aristocracia junto con la burguesía)  hacía el pueblo fue considerar el Estado moderno como gestor de la cosa pública y establecer e integrar de este modo las relaciones sociales, económicas y políticas de servidumbre feudal a un ente que decía representar los intereses de sus ciudadanos, no obstante, la gestión y organización de las instituciones públicas por parte del Estado ya no pueden ser la cosa pública en si, es decir, lo que sería el auto-gobierno y auto-gestión de lo que pertenece al público o en último término, a la sociedad toda.

En una sociedad sin gobernantes ni gobernados no se daría por lo tanto la dicotomía entre lo público y lo privado, el primer fundamento de la dominación es establecer lo privado como acumulación de propiedad privada para crear divisiones entre los que poseen y los que no poseen, en este contexto surge el Estado y después el Capitalismo.

La división social entre gobernantes y gobernados instaura otras reglas de juego diferentes que en una sociedad sin gobernados y gobernantes. En una sociedad sin gobernados ni gobernantes y sin dominadores ni dominados, la cosa pública no está controlada por ningún ente superior como el Estado y por lo tanto pasa a manos de cada individuo que forma parte de la sociedad,

La propiedad privada como acumulación desaparece en un contexto de auto-suficiencia permanentemente auto-regulada por parte del individuo y la sociedad, el individuo es el ente particular y autónomo que afecta a lo sociedad o a lo público, y viceversa, el equilibrio que se da entre las dos esferas es el principal fundamento del individuo y una sociedad libre.

[12 Febrero 2017] Desenredando la madeja. Algunas reflexiones sobre los acontecimientos trás la Operación Buyo.

El presente texto compila una serie de distintas reacciones a la recién ocurrida Operación Buyo, en la que se vieron afectadas a las compañeras Elisa di Bernardo y Gabriel Pombo da Silva, pero también contiene una reflexión crítica de dichas reacciones. En el contexto de tan estrambótico golpe represivo, hubo diferentes acontecimientos que generaron cierta polémica en el ámbito antiautoritario internacional en general y en el gallego en particular, a nuestro parecer principalmente por cuestiones de falta de comunicación. La intención de este texto además de criticar ciertos clichés y dinámicas tóxicas propias de la cultura militante es la de aclarar una serie de cuestiones que pensamos que convenía que fuesen puestas en relieve. Esperamos que esta intervención ayude un poco a desenredar la madeja.

En primer lugar, queremos difundir estas palabras de compañeras italianas en solidaridad con el compañero Gabriel, y que podéis leer haciendo click aquí.

Y aquí podéis encontrar el comunicado de Gabriel Pombo tras su detención.

Para nosotros, hay varios aspectos de todo lo ocurrido que nos gustaría resaltar y reflexionar desde la complicidad y la voluntad constructiva. En primer lugar, queremos realizar una crítica a los medios afines y organizaciones antirepresivas específicamente anarquistas que cuando surgió la detención de Gabriel, desde la buena intención difundieron de manera precipitada la información, calificando de “compañera” a la informante policial María del Carmen Otero. Entendemos las dinámicas que a veces nos impone esta sociedad del espectáculo con sus ritmos frenéticos, que nos hacen caer, sin enterarnos, en la falta de higiene y prudencia. Al otro lado de eso, pensamos que como se demostró en este caso, a menudo esta inmediatez y falta de contraste juegan en nuestra contra y nos llevan a difundir informaciones equivocadas. Creemos que si a la hora de elaborar una noticia esos medios hubieran esperado a que Gabriel o Elisa se pronunciaran, o como mínimo se hubieran tomado la molestia de contrastar la información con medios afines y más próximos al caso en ámbitos de territorialidad, y no a usar como fuente principal y casi exclusiva a los medios de intoxicación informativa, nos hubiésemos ahorrado rumores e informaciones infundadas, sobre todo cuando desde el blog del colectivo Abordaxe! ya se había advertido sobre María del Carmen y su condición de, como mínimo, sospechosa de delación, ejemplos aquí y aquí. Afortunadamente, muchas páginas y blogs de compañeras ya rectificaron la información. Por eso, nuestra crítica se proyecta hacia el futuro, como algo a tener en cuenta a la hora de analizar y comunicar este tipo de hechos.

También nos gustaría reseñar una reflexión crítica sobre el primer comunicado de Gabriel Pombo que escribió y publicó en su bitácora el compañero que gestiona el blog O gajeiro na gávea:

En resposta a Gabriel Pombo

Crítica que, si bien no compartimos en las formas que creemos que también son fruto de la inmediatez, sí compartimos en la cuestión de fondo. La crítica publicada hace referencia a un comentario del compañero Gabriel, en concreto este: “Lo que realmente es «sorprendente» (o también no), es que desde que me dejaron ir (por no hablar de todo lo que encierra esta tremenda historia) tuviera más «protección» en el «poder judicial» que dentro del así llamado «movimiento libertario»”. Un comentario que levantó polémica esta última semana y que a nosotros, en concreto, nos parece bastante desafortunado tanto en las formas como en el contenido.

Por otra parte los compañeros Gabriel y Elisa, sacaron un segundo comunicado hace unos días, en el que aportaban más información sobre su caso:

Actualización informativa del caso del compañero Gabriel en la Operación Buyo

Queremos aclarar que hacemos este análisis crítico desde la intención fraterna y que reconocemos, saludamos y valoramos la trayectoria rebelde del compañero Gabriel a lo largo de su vida y después de más de 30 años en las cárceles tanto del Estado español como del alemán, y también queremos dejar patente que las muestras de solidaridad con Gabriel Pombo desde estas latitudes a lo largo de sus años de encierro fueron múltiples en número y metodología. Y por la parte que nos toca simplemente apuntar que no nos parece acertada su visión de lo que él definió cómo “movimiento libertario”, ni tampoco nos pareció apropiada la comparación con el “poder judicial”, y si bien todas somos susceptibles de crítica y nada ni nadie está o debería estar exento, pensamos que hay muchas maneras de hacer una crítica y que cuestionar de esa manera el apoyo o solidaridad de las compañeras nos parece cuanto menos deshonesto. Podemos comprender el contexto y por supuesto podemos valorar y valoramos la crítica, pero creemos que no es justa en las formas ni en los medios escogidos. Nos parece que hay muchas cosas a considerar antes de hablar así del movimiento libertario o del entorno anarquista gallego o de cualquiera otro lugar.

Por último, también pensamos que hay que mejorar la comunicación. Entendemos que si, en lugar de aislarse, el compañero se hubiese tomado la molestia de establecer unos lazos mínimos de comunicación con el resto de individualidades o coletivos anarquistas gallegos, las circunstancias habrían sido muy distintas y probablemente hoy no tendríamos la necesidad de hablar de la colaboradora policial María del Carmen Otero, ni recordar que ya hace algo más de un año se advertía de su condición desde el blog del colectivo Abordaxe!. Los espacios, las luchas, los medios, los proyectos en general están ahí para toda individualidad antiautoritaria o no que se quiera desarrollar o comunicar con ellos y esa es una realidad más que patente en la Galicia desde hace un montón de años. Si la elección de las compañeras es la de relacionarse exclusivamente con otros medios ajenos al lugar donde habitan nosotros lo respetamos, pero entonces creemos que determinadas acusaciones sobran y que cada palo debería aguantar su vela y asumir sus errores como propios. Sirva de pequeño ejemplo que sus comunicaciones públicas hasta ahora se limitaron a medios de contrainformación en Italia, ignorando totalmente la realidad de su entorno.

Sin embargo, por nuestro lado nos gustaría reafirmar nuestra solidaridad con el compañero Gabriel Pombo y con la compañera Elisa Di Bernardo, y asegurar que aplicaremos nuestro humilde apoyo dentro de nuestras humanas limitaciones. Y por último recordarle por enésima vez a todo el mundo que María del Carmen Otero es una reincidente que trabaja para la policía, y que conviene ser cautas y no abrirle la puerta a la primera que pase.

Siempre del lado de las rebeldes, contra las traidoras y sus trucos.
Por la anarquía.
Nosotros somos quien somos porque somos todas por nosotros.

Algunas individualidades antiautoritarias de Galicia

[02 Febrero 2017] Siete mitos sobre la policia.

1. La policía ejerce autoridad legítima. 

Lxs policías promedio no son expertxs en leyes; probablemente conocen los protocolos generales, pero saben muy poco de las leyes en sí. Esto significa que su aplicación implica una gran cantidad de engaños, improvisación y deshonestidad. La policía miente con frecuencia: “Recibí un reporte de que alguien con su descripción estaba cometiendo un crimen por aquí. ¿Quisiera mostrarme su identificación?”

Con esto tampoco queremos decir que debamos aceptar como legítimas las leyes, sin pensarlo. El sistema judicial entero protege los privilegios de las personas con más dinero y poder. Obedecer las leyes no es siempre lo moralmente correcto, incluso podría ser inmoral. La esclavitud era legal, ayudar a esclavxs que escapaban, ilegal. Los Nazis llegaron al poder en Alemania por medio de elecciones democráticas, y leyes aprobadas a través de los canales prescritos. Habríamos de aspirar a la fuerza de la conciencia para hacer lo que sabemos es mejor, sin importar las leyes o la intimidación policial.

2. Lxs policías son trabajadorxs como nosotrxs; deberían ser nuestrxs aliadxs

Desafortunadamente, hay una gran diferencia entre lo que “es” y lo que “debería ser”. El papel de la policía es el de servir a los intereses de la clase dirigente; cualquiera que no haya tenido una mala experiencia con ellxs, probablemente sea privilegiadx, sumisx, o ambxs. 

Lxs oficiales de policía de hoy saben exactamente en qué se están metiendo cuando ingresan a esa institución. Las personas uniformadas no sólo bajan gatos de árboles. Sí, muchxs toman el trabajo por presión económica, pero necesitar un cheque de paga no es excusa para desalojar familias, acosar jóvenes de color, o atacar a manifestantes con gas lacrimógeno. Quienes venden sus conciencias son enemigos potenciales para cualquiera, no aliadxs.

Este cuento de hadas es más convincente cuando se expresa en términos estratégicos: por ejemplo, “Cada revolución tiene éxito en el momento que las fuerzas armadas se niegan a luchar contra sus pares; de modo que debemos centrarnos en seducir a la policía hacia nuestro lado.” 

Pero lxs policías no son trabajadorxs cualquiera; son quienes escogieron basar su subsistencia en la defensa del orden predominante, así que son lxs menos propensxs a aliarse con quienes quieren cambiarlo. En este contexto, tiene más sentido oponerse a la policía, que buscar su solidaridad. Mientras sirvan a sus amos, no pueden ser nuestrxs aliadxs; denunciando a la institución policial y desmoralizando agentes de forma individual, les animamos a buscar otros medios de subsistencia, para que algún día podamos encontrar una causa común con ellxs.

3. Tal vez haya manzanas podridas, pero algunxs agentes de policía son buenas personas

Tal vez algunxs agentes de policía tengan buenas intenciones, pero una vez más, en la medida en que obedezcan órdenes en vez de a sus conciencias, no se puede confiar en ellxs. Es importante entender la naturaleza sistemática de las instituciones, en lugar de atribuir todas las injusticias a las deficiencias de los individuos. ¿Recuerdas la historia del hombre que, atormentado por las pulgas, logró atrapar una entre sus dedos? Él la examinó durante un largo tiempo antes de colocarla de nuevo en su cuello, de donde la había tomado. Sus amigos, confundidos, le preguntaron por qué razón lo había hecho. “Esa no era la que me estaba mordiendo”, explicó.

4. La policía puede ganar cualquier confrontación, por lo que no debemos combatirla

Con todas sus armas, equipos y vigilancia, la policía puede parecer invencible, pero esto es una ilusión. Están limitadxs por todo tipo de restricciones invisibles, la burocracia, la opinión pública, fallas de comunicación, y un sistema judicial sobrecargado. Por ejemplo, si no tienen vehículos o instalaciones disponibles para transportar y procesar un gran número de personas, no pueden hacer arrestos masivos.

Por eso una multitud variada, armada solamente de las mismas latas de gas lacrimógeno que le dispararon, puede mantener a raya a una fuerza policial más organizada y mejor equipada; los conflictos entre la agitación social y la fuerza militar no siguen las reglas del enfrentamiento militar. Quienes han estudiado a la policía y predicen para lo que están preparados, (lo que pueden y no pueden hacer), a menudo responden con más astucia y logran superarla.

Estas pequeñas victorias son especialmente inspiradoras para quienes están bajo el yugo de la violencia policial a diario. En el inconsciente colectivo de nuestra sociedad, la policía es el último bastión de la realidad, la fuerza que asegura que las cosas sigan como están; confrontarlxs y ganar, aunque sea temporalmente, muestra que la realidad es negociable. Juntxs, somos más fuertes que ellxs

5. La policía es sólo una distracción del verdadero enemigo, no merece nuestra ira ni nuestra atención

Ay, la tiranía no sólo es asunto de políticxs o empresarixs; ellxs podrían perder su poder sin quienes cumplen sus órdenes. Cuando cuestionamos su dominio, también cuestionamos la sumisión que lxs mantiene en el poder, y tarde o temprano nos enfrentaremos con quienes nos someten. 

Dicho esto, es cierto que la policía no es más integral a la jerarquía que las dinámicas de opresión en nuestras propias comunidades; sólo es la manifestación externa de los mismos fenómenos, a mayor escala. Si combatimos la dominación en todas sus formas, en vez de especializarnos en luchar contra ciertas formas de ella, dejando otras atrás, tenemos que prepararnos para confrontarla tanto en las calles como en nuestras habitaciones; no podemos esperar ganar en un frente, sin luchar en otro. No debemos convertir los enfrentamientos con enemigxs uniformadxs en fetiche, no debemos olvidar las relaciones de poder presentes en nuestro lado, pero tampoco hemos de conformarnos sólo con gestionar los detalles de nuestra propia opresión, de una manera no jerárquica.

6. Necesitamos que la policía nos proteja

Según esto, aunque podríamos aspirar a vivir en una sociedad sin policía en un futuro lejano, la necesitamos hoy, porque la gente no está dispuesta a vivir junta, pacíficamente sin actores armados. ¡Como si la desigualdad social y el miedo mantenido por la violencia policial fueran la paz! Quienes argumentan que la policía a veces hace cosas buenas, llevan la carga de probar que esas mismas cosas no podrían lograrse así de bien, por otros medios.

En todo caso, no es como si una sociedad libre de policía fuera a aparecer de repente, de la noche a la mañana, sólo porque alguien escribió un graffiti que dice “Al carajo la policía” en una pared. La lucha prolongada que se necesita para liberar a nuestras comunidades de la represión policial, probablemente continúe hasta que aprendamos a convivir pacíficamente; una comunidad que no puede resolver sus propios conflictos, no puede esperar triunfar contra una fuerza de ocupación mucho más poderosa. Mientras tanto, la oposición a la policía debería ser vista como el rechazo a una de las fuentes más atroces de la violencia opresiva, no como una afirmación de que sin policía no habría violencia. Pero si alguna vez podemos derrotar y desmantelar a la policía, seguramente vamos a ser capaces de defendernos contra amenazas menos organizadas.Asume tu responsabilidad, maldito cobarde

7. Resistir a la policía es violento -no te hace mejor que ellxs

Según esto, la violencia es inherentemente una forma de dominación, y por lo tanto, incompatible con oponerse a la autoridad. Quienes emplean la violencia juegan a lo mismo que sus opresorxs, perdiendo así desde el principio.

Esto es peligrosamente simplista. ¿Es una mujer que se defiende de un violador, igual que su agresor? ¿Fueron lxs esclavxs que se rebelaron, iguales a los esclavistas? Existe la legítima defensa. En algunos casos, la violencia refuerza la desigualdad; en otros, la desafía. Para las personas que aún tienen fe en un sistema autoritario, seguir las reglas, -independientemente de si son morales o legales-, es su prioridad más alta, a cualquier precio: creen que obtendrán una recompensa por hacerlo, sin importar lo que pase con el resto. Si estas personas se autodenominan conservadoras o pacifistas no hace mayor diferencia al final. Por otro lado, para quienes asumimos responsabilidad por nosotrxs mismxs, la pregunta más importante es ¿qué necesitamos para hacer del mundo un lugar mejor? A veces esto puede incluir la violencia.

Lxs policías también son personas y merecen el mismo respeto que todos los seres vivos. El punto no es que ellxs merezcan sufrir o que debamos llevarlxs ante la justicia. El punto es que, en términos puramente pragmáticos, no debemos permitir que maltraten a la gente, ni impongan un orden social injusto. Aunque podría ser revitalizante para quienes han pasado sus vidas bajo el yugo de la opresión, contemplar finalmente un ajuste de cuentas con sus opresorxs, la liberación no es una cuestión de venganza, sino de hacer que esta sea innecesaria. Por lo tanto, aunque a veces puede ser necesario prender fuego a la policía, esto no debe hacerse con un espíritu vengativo de justicia propia, sino desde un lugar de cuidado y compasión, si bien no por la policía, al menos por quienes de algún modo podrían sufrir en sus manos.

Deslegitimar a la policía no sólo es beneficioso para quienes experimentan la represión policial, sino para las familias de estxs oficiales de policía, y lxs mismxs oficiales. Lxs agentes de policía no sólo tienen tasas desproporcionalmente altas de violencia doméstica y abuso infantil, también son más propensxs a ser asesinadxs, suicidarse y luchar con adicciones, que la mayoría de los sectores de la sociedad. Cualquier cosa que anime a lxs agentes de policía a dejar sus empleos, es para su bienestar, el de sus seres queridos y el de la sociedad en su conjunto. Creemos un mundo en el que nadie oprima, ni sea oprimidx, en el que nadie tenga que vivir con miedo.

“Averigua qué es a lo que cualquier persona se somete en silencio, y habrás encontrado la medida exacta de la injusticia y el mal que se le impondrá; y estos continuarán hasta que haya resistencia, ya sea con palabras, con golpes, o con ambos”

[28 Enero 2017] Contra la tolerancia. Contra el diálogo. El fascismo se cura sangrando… A raíz de lo sucedido en Murcia.

Hace unos días, era viral un vídeo donde se mostraba una paliza propinada por un grupo de 10 personas encapuchadas, mayormente hombres, a una chica a la salida de una discoteca en Murcia. En el vídeo se veía a la afectada por la paliza tirada en el suelo mientras este grupo de personas pegaba patadas y puñetazos durante un breve rato antes de dispersarse.

La primera reacción de la mayoría de personas (nosotrxs incluidxs) fue rechazar tajantemente ese acto, considerarlo violencia de género o, en el mejor de los casos, una condenable muestra de cobardía, abuso de fuerza y macarrismo, totalmente excesiva y fuera de lugar. Sin embargo, no tardaron en llegar, por parte de fuentes en Murcia, tanto antifascistas como otras personas que conocen a la agredida pero que no están vinculadas a movimiento alguno, más y más informaciones que decían que la agredida es una conocida militante neonazi, apodada con el prepotente sobrenombre de “La Intocable” y que es famosa por sus reiteradas agresiones a personas LGTBIQ, personas racializadas, así como militantes antifascistas, agresiones que ella organiza y en algunos casos protagoniza. Tales rumores se fueron confirmando con distintos testimonios, que salían al paso de las condenas iniciales.

A pesar de ésto, hubo personas que continuaron condenando la agresión bajo diferentes pretextos. Hubo quien afirmó que por mucho que la “víctima” fuese una fascista responsable de ataques y humillaciones a personas migrantes, racializadas o personas LGTBIQ, eso seguía sin justificar una agresión de 10 contra 1, y que ese era un acto cobarde. Bien, estoy de acuerdo, y esa actitud sólo nos acerca a su detestable y cobarde manera de hacer las cosas, siempre en grupo y por la espalda contra objetivos que se encuentran en inferioridad numérica o van solos por la calle (a no ser, claro, que tengan cerca escuadrones de antidisturbios, que entonces sí que se crecen y tiran para adelante sabiendo que no corren ningún peligro). No obstante, un testimonio anónimo de una persona en Murcia afirma que la agresión no se produjo así, sino que la neonazi golpeada se había enzarzado previamente con otra chica, provocando la reacción del resto de antifascistas presentes. Por lo tanto, el presunto carácter deliberado del 10 contra 1 entra en tela de juicio y ya no está tan claro.

También hubo quien sin haber entendido nada de la historia habló demasiado deprisa de violencia machista. Es posible (y probable) que exista un componente machista en que 10 hombres cisgénero golpeen así a una mujer sola por muy nazi que sea, pero ¿qué se debe hacer si no hay otras mujeres en ese momento para actuar? Os recordamos que según un testimonio la primera agredida por esta tía esa noche fue otra chica. Evidentemente, sería ideal que personas LGTBIQ, personas racializadas etc. fuesen quienes devolviesen a esta escoria toda la rabia y dolor que les ha hecho sentir a ellas o a sus compañerxs, pero tampoco podemos censurar, ni mucho menos definir como “machista” una paliza a una de las principales exponentes del fascismo, la homofobia, la transfobia, el racismo etc. en Murcia.

Por supuesto que en todo hecho hay un componente de género a analizar. Vivimos en una sociedad patriarcal, a cuya cultura y valores misóginos nuestros movimientos desgraciadamente no son impermeables ni ajenos, y en este suceso también habría que analizar lo ocurrido con las gafas moradas y con una perspectiva de género para poder sacar conclusiones que nos permitan continuar deconstruyendo nuestros comportamientos y aquello que hemos interiorizado del Patriarcado y de otras opresiones que nos atraviesan. No obstante, que se deba analizar aparte el suceso (junto con todo lo demás que vemos, decimos, hacemos, pensamos diariamente) con una perspectiva específica de género, no quita que la violencia contra el fascismo no sólo sea una herramienta válida de autodefensa, sino también un recomendable recurso de ataque, y es más, es el único que nos parece efectivo y lógico si consideramos la clase de ideas a las que nos estamos enfrentando y la complicidad de la que gozan gracias al apoyo tácito de jueces, policías, y medios de comunicación. La prensa burguesa, al dar la noticia, se limitaron a MENTIR DESCARADAMENTE diciendo que la agresión había sido porque la agredida llevaba una pulsera con los colores de la bandera española. No mencionan el tatuaje con la runa Odal (simbología empleada habitualmente por neonazis) que la agredida lleva en un dedo, ni tampoco su hobbie de apalear migrantes, homosexuales, personas trans etc. Eso sí, no han tardado en etiquetar a les agresores como “ultraizquierdistas” o como “radicales de extrema izquierda” (sic).

Otras personas condenaron la agresión porque dicen estar “contra toda la violencia”, y es a raíz de estos comentarios tan desafortunados sobre los que una vez más creemos que hay que pronunciarse.

El hecho mismo de sugerir un debate con el fascismo implica reconocerlo como interlocutor válido. Ésto, a su vez, implica tolerarlo, y si toleras al fascismo, estás PERMITIENDO que el fascismo continúe aplastando personas por no ser españolas, por no tener papeles, por cruzar “nuestra” frontera de forma irregular escapando de guerras que esas personas no han buscado ni provocado pero que han destruido sus países y acabado con su futuro, guerras que nuestro gobierno junto a otras democracias de la UE han armado, financiado y causado, rechazando ahora a sus víctimas a las puertas de la fortaleza europea; estás PERMITIENDO que el fascismo siga extendiendo ideas basadas en la discriminación y el odio, ideas reaccionarias, totalitarias y repugnantes totalmente opuestas a toda noción de libertad, respeto o convivencia, y que sólo refuerzan y protegen las estructuras de este sistema genocida y mantienen la miseria, la explotación, la desigualdad, la opresión; estás PERMITIENDO que el fascismo se haga fuerte, que continúe creciendo gracias a que lxs “buenxs ciudadanxs pacifistas” os dedicáis a censurar las respuestas que surgen contra él cada vez que actúa, y a tragaros la basura manipulada de los medios de comunicación que despolitizan y vacían de contenido sus agresiones tratándolas como simples hechos aislados o como problemas entre pandillas, ocultando el problema y dándoles voz y espacio para seguir GOLPEANDO, APUÑALANDO, ATERRORIZANDO.

Para empezar, vuestro papel de “seres de luz” produce unas náuseas increíbles. La gente como vosotrxs, impecables hipócritas, sois la mejor garantía de śupervivencia del fascismo y de otrxs opresorxs que encuentran en la pasividad mayoritaria el perfecto hábitat para sus ideas infectas. Nos parece muy curioso el hecho de que vuestros argumentos, del tipo de “la violencia nunca es justificable” o “hay más formas de lucha que la violencia” NUNCA vayan acompañados de propuestas prácticas realistas. Lxs hay que hasta dicen esto después de reconocer que los tribunales y la policía protegen al fascismo, o que su balanza esta descompensada a favor de éstos. ¿Hay más formas de combatir al fascismo que la violencia? Vale, bien, ahora preguntamos… ¿cuáles? ¿denunciarles a esa “Justicia” que dejó libres a los asesinos neonazis del hincha deportivista Jimmy y a los neonazis de San Sebastián de los Reyes que apuñalaron y casi matan a dos jóvenes anarquistas hace unos meses?, ¿debatir con ellxs, con el fascismo? ¿cuáles son esas supuestas “formas de combatir al fascismo aparte de la violencia” a las que tanto apeláis? Nuestras preguntas no son retóricas, nos gustaría que algún día algunx de vosotrxs nos diese la respuesta, aunque sabemos que hay más posibilidades de derrotar al fascismo a corto plazo que de que vosotrxs, santurrones, nos aclaréis esta duda. Lo vuestro no es rechazo a toda forma de violencia (comer carne es violencia, las actitudes machistas que seguramente tendréis más de uno son violencia, votar y con ello legitimar a este gobierno genocida es violencia, beber coca cola, un producto de una multinacional criminal, es violencia, comprar ropa en Inditex fabricada por niñxs de 10 años explotadxs en Bangladesh es violencia…). Lo vuestro es simple hipocresía y escapismo. Y estamos un poco hartxs.

Nos parece muy bien que os sintáis mejor con vosotrxs mismxs así, evaluando y censurando moralmente los actos ajenos sin jugárosla vosotros, siempre desde el sofá, desde la distancia, analizando la realidad que os rodea a través de titulares e instantáneas. Nos parece muy bien que os sintáis mejor creyendo que así estáis dando ejemplo de “tolerancia”, pero os vamos a contar un secreto, queridxs liberales:

El fascismo no es tolerable. El racismo no es tolerable. La misoginia no es tolerable. La transfobia no es tolerable. La opresión clasista no es tolerable. El capacitismo no es tolerable. La violencia que sirve para oprimir, para imponer tu voluntad sobre otrxs, para maltratar, discriminar o dañar a otras personas por razones arbitrarias como su etnia, su lugar de procedencia, su sexo, su género o su orientación sexual NO ES JODIDAMENTE TOLERABLE BAJO NINGÚN MALDITO CONCEPTO.

No todas las ideas son respetables. No todas las ideas son válidas. No todas las ideas son justificables diciendo que son “tu opinión”. El momento en el que tu opinión se traduce en someter o dominar a otra persona o afecta a su bienestar por un simple rasgo de su condición humana, esa idea deja de merecer cualquier permisividad. No es justificable ir insultando a la gente por su color de piel o por llevar velo. No es justificable ir golpeando o intimidando a personas por besarse o amarse siendo del mismo sexo. NO LO ES Y PUNTO, y no hay nada más que discutir. Si consideras que tienes algo que decir respecto a esto, ¡sorpresa! Eres racista/homófobo/clasista.

No hay opresiones tolerables, hay opresiones que tú NO VIVES, NO SUFRES, NO AGUANTAS, y por eso deberías callarte cuando alguien te lo señale o prepararte por si una de las víctimas de esa opresión decide por fin reemplazar la paciencia por la contundencia.

Para nosotrxs, no existe espacio alguno para el diálogo ni la tolerancia. Hemos asumido que el fascismo es nuestro enemigo y que por mucho que la Democracia capitalista y la escoria socialdemócrata traten de convencernos de que todo ha terminado, la guerra no ha acabado y el fascismo recupera fuerzas, protegido por lxs mismxs cuyos intereses siempre ha respaldado más allá de las excusas y falacias panfletarias que repletan su asqueroso discurso. No hay entendimiento. No hay paz. No la hay ni va a haberla, ni queremos que la haya, y advertimos que nos da exactamente igual el punto de vista de tanto “buen samaritano” porque detrás de todas esas cínicas moralinas y sus falsas equidistancias sólo se esconde el conformismo, la comodidad y un montón de privilegios que nos negamos a perdonar, a consentir y a aceptar.

Lxs compañerxs en Grecia lo dejaron claro con sus incesantes ataques al fascismo, vengando el asesinato de un compañero antifascista a manos de neonazis del partido Amanecer Dorado ajusticiando ellos a balazos a dos fascistas, además de incendiar sus locales y sedes, y no concederles ni un sólo milímetro de espacio sin que exista esa tensión y sin que se sientan amenazadxs. Deberíamos tomar ejemplo. Al fascismo nunca se le ha derrotado con debates y palmaditas en la espalda, y todxs esxs demócratas que os llenáis la boca con discursos que demonizan rabias ajenas sois lxs mismxs que luego lamentáis tiempos del franquismo y agradecéis a todas aquellas personas que dieron sus vidas por acabar con el fascismo y construir un mundo más justo y libre donde poder vivir sin opresores. ¿Es que acaso os pensáis que esas personas que tanto recordáis y cuyo valor tanto alabáis, combatían al fascismo con abrazos y luz celestial? ¿Acaso pensáis que lxs partisanxs que dieron sus vidas combatiendo al ejército nazi en los territorios ocupados, que sabotearon sus ferrocarriles, que introdujeron armamento en campos de concentración permitiendo el desarrollo de rebeliones internas como la de octubre de 1944 en el campo de concentración de Auschwitz, combatían al fascismo con la palabra y la ingenuidad como únicas armas? Y por favor, no nos vengáis con que eran otros tiempos, porque el fascismo puede, en efecto, estar debilitado, pero sigue vivo, y se está regenerando. Sus agresiones aumentan, su impunidad también y sus filas son cada vez más gruesas, aprovechándose de la desesperación y la falta de referentes de esta estafa llamada crisis con la que la banca transnacional nos estafa y se ríe de nosotrxs por enéima vez. El fascismo que antaño asoló Europa y el fascismo que hoy en día apuñala, golpea y mata a nuestrxs compañerxs y a otras muchas personas migrantes, LGTBIQ, etc. no son dos entes diferentes, sino dos momentos distintos de un mismo proyecto político de dominación, que no debemos en ningún caso subestimar ni infantilizar, ni tomarnos a la ligera. Por eso, vale ya de chorradas y juicios de valor sin sentido.

No vamos a extendernos más. Si no te gusta lo que lees nos da igual, no escribimos para caerle bien a nadie ni para que uséis nuestras palabras como digestivo para verdades incómodas. Eso sí, sirva nuestra conclusión de cierre a modo de advertencia:

La neutralidad ante una situación de abuso SIEMPRE favorece a quien abusa y perjudica a la víctima. Por lo tanto, si defiendes a un fascista, prepárate para ser tratadx como un fascista.

Muerte al fascismo y a toda autoridad.

Porque no son invulnerables, ¡que recuerden que ellxs también sangran!

Unxs antifascistas orgullosxs de su intolerancia

[02 Diciembre 2016] Reflexión: Mercantilización del ocio y formas de ocio alternativas.

La actividad de ocio (la otra cara del “negocio”: neg-ocio = “negar el ocio”) no es una pérdida de tiempo, sino una íntima necesidad de nuestro portentoso cerebro para no anquilosarse por una excesiva inactividad por descanso, y para desarrollar todas las capacidades posibles. El aburrimiento ES un sufrimiento para cualquier niñ@. La actividad de ocio es indispensable para nuestro equilibrio mental, y hasta los judíos en el campo de concentración, bordeando la inanición, pagaban con una parte de su exigua ración de comida diaria única por una interpretación de canto de ópera de otros compañeros presos. Hasta ese punto.

Desde nuestros abuelos (preindustriales) hacia atrás hasta la Noche de los Tiempos, en todas las culturas y rincones del vasto mundo, nuestro instinto, lo innato, nuestros genes, nos han empujado a ocupar el tiempo en que no debíamos buscar comida y cobijo, en buscar la compañía de otras personas con las que sentirnos bien (comunicar, socializar), fabricar nuestros propios juguetes o los de nuestros hijos (manualidades), crear juegos (inventiva, iniciativa, autonomía), elaborar y probar sus reglamentos (negociación), competir (conocernos, superarnos, probarnos, respetarnos), jugar con nuestros cuerpos (deporte y salud, explorarnos, sentirnos vivos), imitar y probar lo que hacen los adultos (explorar el mundo, aprender, satisfacer la curiosidad). Para nuestr@s abuel@s, las muñecas eran gatitos “vestidos” un poco a la fuerza, los peluches, de trapo atado o patatas con palitos por patas, las fichas eran guijarros, y la imaginación propia suplía el resto. Sus infancias eran felices, dicen. Cierto que no todos, como los talibán, que ejecutaban directamente sin juicio en la calle a los niños a los que sorprendían jugando, pues eso distraía de Alá.

Desde la llegada de la industrialización en el s.XIX, la especialización (división social, e internacional, del trabajo) se ha extremado. Cada cual hace tan solo una única cosa, pero la hace fantásticamente bien, con eficiencia, y con una productividad inigualada. Somos máquinas vivas de crear riqueza, material y en servicios. Y el resultado de nuestra actividad (productos o servicios) la intercambiamos con la de los demás mediante el mercado y el instrumento “moneda”. Con la superespecialización, el precio que pagamos por nuestra gran riqueza (alto nivel de vida) es la alienación (degradación de nuestra calidad de vida).

¿Te has fijado en qué gastamos hoy nuestro tiempo de ocio? ¿Imaginas qué virtudes y capacidades desarrollan los nuevos ocios? (Antes eran: socializar, manualidades, inventiva…) ¿Cuántas y qué empresas están detrás de muchos de esos productos y servicios? ¿Qué nos aportan los nuevos ocios que nuestros antepasados hubieran suplicado por tener ellos también? ¿En qué nos mejoran y empeoran?

Paralelamente a este cambio cultural, con la llegada de la imprenta para las masas y ahora Internet, que permiten compartir el conocimiento a escala de toda la humanidad, nunca habíamos tenido a nuestra disposición tantas ideas para el ocio. Hay libros enteros de reglas de juegos para los simples papel y lápiz o para exteriores con pelota y una tiza. Juegos mudos, de observación, de equilibrio, de habilidad, de ingenio, de lógica, de paciencia, de reflexión, de diccionario… Internet desborda de manuales para hacer todo lo imaginable, aprender, construir, explorar… ¿Adónde han ido esas posibilidades?

Juegos que seguramente no conozcas: la conexión, 5 en raya, canicofobia, la caja negra, spiriball, MicroGuerra 3D, combate pajitoscópico con cinturón de explosivos, concurso de torres de espaguetti, concurso de MiniMonigotillos, hacer marionetas y representar obras de títeres (antes de que fuera declarado actividad enaltecedora del terrorismo), concursos de aviones de papel (en al menos 3 categorías), juegos de adivinanzas varios, extreme ironing, …

Si simplemente te gusta “tirar cosas”, puedes dedicarte al tiro con: arco, honda, pistolas de gomas, tirachinas, boomerang, frisbee, lanzamiento de martillo, de aviones de papel, de jabalina, de globos de agua, de sillas, de dardos, encanastar todo lo imaginable (imagina, imagina…) …

¿Ves esas ideas materializadas en la calle, utilizadas por la gente a tu alrededor? ¿Por qué muchas personas buscan su ocio en la TV, los videojuegos, el fútbol, salir con gente a lugares donde no puedes hablar con nadie, donde si no pagas no entras (“no money, no friends”; o bien “no money, no fun”), en ingerir sustancias que anestesian la consciencia o dan placer artificial…? ¿Sabes qué cantidad de deportes existen hoy, tanto gratis como de pago? ¿Cómo sabes que bastantes de ellos no te iban a apasionar? ¿Es todo esto “normal”? ¿Es lo que queremos? ¿Cómo hemos llegado aquí? ¿He elegido YO mi propio ocio? ¿Cómo empezaste en tus hábitos actuales de ocio? ¿A qué dedicaban su ocio nuestros antepasados de hace siglos?

Y por supuesto, la actividad de ocio más universal: disfrutar, con cualquier pretexto, de la compañía ¿cara a cara? de las personas a las que quieres, y conocer a nuevas personas a las que poder querer…

[27 Noviembre 2016] Grecia – Reivindicación de responsabilidad por la ejecución política de un mafioso en junio en Atenas.

Tras recogerlo en inglés del portal anarquista británico Rabble (que recogieron la noticia desde Act For Freedom Now, quienes a su vez tradujeron al inglés desde el original en griego publicado en Indymedia Atenas) y traducirlo a castellano, dejo a continuación el siguiente comunicado firmado por “Grupos de Milicia Armada” y que reivindica la responsabilidad por la ejecución política de un destacado miembro de la mafia en el combativo barrio de Exarchia, en Atenas, como parte de la lucha que desde hace tiempo los anarquistas y otros grupos e individualidades envueltas en la lucha contra el Capital y su mundo llevan a cabo contra la mafia y contra el tráfico de drogas en la zona, así como también contra sus principales respaldos en la calle, los fascistas y la policía, que les dejan actuar a sus anchas encantados de que estos bastardos contaminen el tejido social, desmovilicen las luchas y generen la podredumbre que garantiza la perdurabilidad y la seguridad del sistema y su decadencia.

Recordemos que anteriormente, como ya se informó en este blog, se habían producido ya otros incidentes entre lxs anarquistas y la mafia, como por ejemplo la brutal paliza que tres compañeros recibieron por parte de los matones de la mafia el pasado 27 de febrero o las ráfagas que hace aproximadamente dos años, en junio de 2014, varios desconocidos, presuntamente relacionados con la mafia local, dispararon contra la okupa anarquista VOX y contra el edificio de la Politécnica de Atenas, afortunadamente sin conseguir herir a nadie pero con una clara intención de intimidar y matar. Por otro lado, las respuestas no se hicieron esperar y además de otros enfrentamientos anteriores con los traficantes, conviene recordar el ataque que se produjo el pasado 24 de abril contra la comisaría de policía de Exarchia, que fue atacada con cócteles molotov como venganza por su colaboración “tácita” con la mafia y el narcotráfico.

Antes de dar paso al comunicado, quiero señalar que existen varios puntos del mismo con los que discrepo enérgicamente, ya que me parece que por momentos fallan en su análisis de causas y responsables (como cuando pregunta por qué consideramos amigables a personas migrantes que ejercen “violencia antisocial” pero acusamos de pequeñoburgueses o de fascistas a quienes desde la sociedad local “protestan justificadamente contra ello”), o que tienden a polarizar y generalizar una serie de roles dentro de campos sociales variables y en absoluto tan determinados (“la gente y la lucha” vs “la burguesía”, por ejemplo). Sin embargo, y a pesar de las diferencias que tengo, me parece un comunicado interesante, digno de leer y de debatir, y por eso he decidido traducirlo y difundirlo.

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Asumimos la responsabilidad por la ejecución del mafioso Habibi, que desde hace años estuvo en la vanguardia de los incidentes violentos hacia residentes y habituales en el barrio de Exarchia, culminando en el ataque asesino contra tres compañeros del Centro Social Okupado VOX, el mes pasado. El carácter paranoico de este individuo específico y la violencia despiadada que infligió a la menor provocación, le hicieron un potencial asesino en serie, el miedo y terror de la zona. El bullying, el robo y los apuñalamientos estaban incluidos en el repertorio de su presencia diaria en la plaza de Exarchia, dándole el espacio para pretender ser el líder con el que (supuestamente) nadie podría discutir. Con la fuerza de una horda de caníbales que le rodeaban, pero también con el respaldo de la mafia y la policía, actuó sin molestias vendiendo drogas y aterrorizando al vecindario, que estaba indefenso y e incapaz de tratar con él, subyugadxs a su poder y silenciadxs.

El miedo que causó su actividad criminal, le dio más y más audacia, ya que llevó a cabo repetidamente asaltos con intenciones asesinas ante los ojos de decenas de vecinxs, dejando tras él personas ensangrentadas y medio muertas, mientras él se quedaba en la zona sin ser molestado y orgulloso. Y esto porque, aunque era un drogadicto y un paranoico, sabía muy bien que no habría consecuencias para él. Porque él sabía que nadie intervendría, a causa de la consenso de sometimiento impuesto por el miedo. Porque él sabía que no sería arrestado, ya que siendo lo que era, un empleado de la mafia, era esencialmente un empleado de la policía también.

Sin embargo, su audacia demostró ser “suicida” al final, cuando cometió el error de atacar a tres compañeros anarquistas del Centro Social Okupado VOX, dañando a dos de ellos. La paciencia se acabó y la implementación de la justicia popular-revolucionaria requirió su sentencia de muerte. No sólo en el marco de la venganza por los compañeros heridos, sino también en defensa de un barrio afligido, que estamos segurxs que una vez oigan acerca de la ejecución de esta escoria se sentirá aliviado. Porque alguien tenía que tomar acciones. Por la restauración, incluso marginal, de las relaciones de poder en el barrio de Exarchia, por el recordatorio de que el brazo largo del para-Estado tiene que lidiar con el brazo castigador del movimiento.

Hablando de para-Estado, debemos aclarar que para nosotrxs la ejecución de este individuo específico, no se limita sólo a un golpe contra el “canibalismo” que reina en Exarchia. No percibimos la violencia “canibalística” como un fenómeno social generalizado. No somos sociólogos, sino que estamos posicionadxs en la clase que está en guerra con el capital y como tales entramos en batalla para ganar de nuevo Exarchia. Con esta orientación, esta ejecución específica se extiende también al conflicto físico con el conjunto para-estatal de la mafia/policía. Es decir, se extiende a la batalla contra una de las más duras expresiones del Capital. Y esto es porque Habibi fue reclutado por la mafia de Exarchia no sólo como uno más de las decenas de traficantes de droga que operan en la zona, sino también como un gendarme que violentamente guarda la rentabilidad fluida de sus jefes. El trasfondo rico de Habibi, que incluyó todo tipo de actividad antisocial, le hizo el secuaz, el perro guardián rabioso de la mafia en la plaza de Exarchia. Y fue el perro guardián porque esta violencia suya, al margen de ser psicótica e imprudente, funciona como una amenaza contra cualquiera que imaginase siquiera interrumpir el tráfico fluido de drogas. Contra, finalmente, cualquiera que molestase el reinado de la mafia en la plaza de Exarchia.

Ejecutando a Habibi, dejamos claro que nosotrxs disputamos con los hechos el reinado de los traficantes. Que nosotrxs también tenemos los medios para tratar con ellos y que si es necesario participaremos en una confrontación directa con ellos. Una confrontación que es histórica y políticamente imperativa. El clúster entre mafia y policía, a pesar de ser un fenómeno comprobado en numerosas ocasiones que ya no sorprende a nadie, en Exarchia es expresado con reveladores términos manifiestos. Aquellxs que viven, trabajan o pasan el rato en la zona,  saben muy bien que los puntos de venta de drogas no son zonas remotas, por el contrario se hacen cargo de los principales puntos alrededor de la plaza de Exarchia. También saben cuándo y por quién son vendidas las drogas, ya que estamos hablando de turnos de casi 24 horas llevados a cabo por individuxs que viven y se mueven alrededor de Exarchia. Saben qué comercios operan como fachadas para el lavado de dinero, quiénes son los líderes de la mafia, y dónde pasan el rato, visiblemente armados. También saben que el comandante de la comisaría de policía de Exarchia se reúne con algunxs de ellxs en un clima particularmente amistoso. Todo esto tiene lugar ante nuestros ojos todos los días y nadie dice ni una palabra. Y nadie dice ni una palabra porque el miedo o la indiferencia les dominan. Y aun peor, porque incluso entre las fuerzas más saludables en el barrio, domina la futilidad que nada cambia. De hecho , el rizoma de la red de matones , “anarquistas”, vándalos, grandes comerciantes, traficantes de droga y policías es profundo. Y es tan profundo que necesita un terremoto para ser arrancado. Este terremoto es nuestro objetivo, y para completarlo debemos inicialmente dividir claramente los campos. Quiénes somos y quiénes están contra nosotrxs. Así podemos medir y así la tolerancia, los tratos y el equilibrio entre dos botes cesa. No somos todo un barrio y no hay sitio para todxs nosotrxs en este barrio. Sería tragicómico para la policía reclamar la ignorancia sobre personas y situaciones y peor todavía sobre la incapacidad de intervenir por el miedo a lxs aanarquistas. Y seria tragicómico porque la policía hace redadas, tortura y arresta a lxs anarquistas con una habilidad y crueldad particulares cuando hay enfrentamientos en la zona. ¿Por qué no puede pasar lo mismo con los traficantes de drogas, los matones y los secuaces? La pregunta obviamente es retórica. Y es retórica porque debido a nuestra posición como luchadorxs sociales, no podríamos denunciar la inactividad de la policía, implicando que necesitamos su intervención para resolver el problema. Por el contrario, lo que estamos probando al hablar sobre la ausencia-protección de la policía es la flagrante fusión de intereses, es la existencia de un frente para-estatal, que puede ser enfrentado por la gente en la lucha y sólo por ellxs. No nos engañemos a nosotrxs mismxs por lo tanto, esperando la ayuda de cuerpos e instituciones oficiales. Todos ellos estan en el ajo y nosotrxs estamos contra ellxs.

Por tanto la cuestión de Exarchia, concierne en su núcleo al enfrentamiento con los mecanismos de acumulación colateral de capital, es decir, estamos hablando acerca del para-Estado, acerca de la otra cara de la rentabilidad capitalista. La llamada para-economía es una red de tamaño inimaginable que trae miles de millones. Además, hoy la admisión de que los capitales “negros” rescatan el sistema bancario internacionalmente es particularmente característica, probando así no sólo el tamaño de los beneficios, sino también la agregacion de la economía capitalista “ilegal” y la “legítima”. Por tanto, dada esta agregación, es obvio que las mafias son la expresión organizada de la economía “negra”, por tanto también la organización lateral del mecanismo del Estado. Jueces/zas, periodistas, políticxs, empresarixs y maderos consisten en la junta directiva de la para-economía, usando como “hombres de paja” a los varios tontos útiles para hacer el trabajo sucio. Así, los traficantes de drogas de Exarchia, compuestos de elementos lumpen-parasitarios, “gorilas”, pequeños criminales y aspirantes a gangster, son simplemente los tontos útiles para la comisaría de policía de Exarchia y el GADA (Jefatura Policial de Atenas), los centros oficiales para controlar la venta de drogas. Esta escoria, que pretenden ser Escobar y no tener miedo, son chivatos comunes y asociados de la policía, son matones y disimulados porque sin sus protectores jamás se atreverían ya no sólo a poner la mano encima, sino tan siquiera a poner su mirada encima de aquellxs que luchan por el barrio de Exarchia.

Entendiendo el problema desde su raíz, llegamos a la conclusión de que la guerra contra las mafias es una guerra en el corazón de la acumulación capitalista, es una guerra anticapitalista. Por esto, no nos perderemos en fantasiosos esquemas teóricos que nos llevan a no enfrentarnos con la mafia porque el capitalismo existe (existirá) sin ellos también, decimos que finalmente deberíamos empezar desde alguna parte. Porque el capitalismo no es una relación abstracta, sino por el contrario una relación tangible, material y muy específica. Esta, la guerra para mantener un barrio limpio del fango de la basura capitalista que la mafia lava, no es una guerra de ideas, sino una guerra por el cambio de la correlación material del poder. Claramente, el barrio de Exarchia está plagado por una serie de problemas. El principio de todo esto, es la transformación de Exarchia en una zona de consumismo masivo, que atrae a la mafia y finalmente trae el deterioro político y cultural del área. La concentración de decenas de servicios de comidas, que cosechan la carga histórica y política de la zona y se lucran vendiendo un estilo de vida alternativo y pseudo-insurreccionalista, tiene como una consecuencia la reunión de miles de jóvenes con términos de consumismo y despolitización. Y exactamente aquí es donde la mafia encuentra un suelo fértil para florecer. Porque el área la zona produce innumerables ganancias de la “protección” de decenas de comercios e incluso más de la venta de drogas.

Es un hecho triste que los miles de jóvenes que pasan el rato en un barrio de constante agitación política, parezcan tener una falsa interpretación de la libertad, que termina confundiéndose con el uso de drogas. Las ideologías urbanas que nutrieron todo tipo de formas de “estilo de vida alternativo” apuntaron a la desorientación y a la afasia ideológica, promueven el uso de drogas como una supuesta experiencia liberadora, transformando a miles de jóvenes chavales en usuarios adictos o no y en “consumidores” que apoyan económicamente las organizaciones criminales de la mafia. Nosotrxs llamamos a todxs estxs chicxs jóvenes, que podrían y deberían estar de nuestro lado, a considerar que las drogas son un medio de sedación y no de liberación, les llamamos a no contribuir económicamente con la mafia, les llamamos a tomar una posición en esta batalla, ya sea dejando de pillar drogas o marchándose de Exarchia. De otra forma, mientras la lucha se intensifica, lxs usuarixs y la enorme demanda que ofrecen a los traficantes de drogas, tendrá que ser enfrentada incluso con violencia.

Hablando de la cuestión de las drogas y de la cultura de las drogas en general como un fenómeno que principalmente inunda a la juventud, somos absolutxs, afirmando que envenenar nuestro cerebro y nuestro cuerpo con sustancias, es una experiencia fugaz, un engaño de nuestros sentidos oprimidos y un falso escape de los problemas reales y comunes que nos infectan. Específicamente en las sociedades occidentales donde el capital ha invadido cada aspecto de nuestro mundo emocional, el concepto de la personalidad ha sido deconstruido, a través de su colocación en un entorno social alienado y asfixiante. El de la soledad, la inseguridad, la amputación emocional y la depresión. En una exigencia irracional y una vida insoportable. La búsqueda justificable de salidas, cuando es llevada a cabo bajo un estado de falta de conciencia de clase, conducirá de hecho a caminos díscolos. Las drogas son uno de ellos. Y son probablemente la expresión más dura del auto-castigo y la introversión, ya que la deseada “salida” conduce de nuevo a nosotrxs mismxs y a nuestros problemas en los peores términos. En otras palabras, no respondemos con violencia liberadora a la violencia forzada en nosotrxs por la sociedad de clases, sino con una violencia que está dirigida contra nosotrxs mismxs. Esto es por lo que como revolucionarixs, luchamos contra las drogas, que son un soporte para el refuerzo de la parálisis social, pero también un ataque directo a la parte más animada de la sociedad, la juventud. Hemos dicho antes que ya no hay habitaciones para todxs nosotrxs en este barrio. Y con esto no nos referimos sólo a la mafia, sino también al hooliganismo donde quiera que se exprese. Ya sea con un manto político, o apolíticamente y en crudo. La lucha por Exarchia, incluso si tenemos que entrar en un conflicto armado, no se preocupa de los medios de la lucha sino del contenido que representan. La batalla de Exarchia, es una batalla entre civilizaciones por la simple razón de que no hay dos bandas enfrentándose sino dos mundos. EN un lado el mundo del para-Estado y la podredumbre y en el otro nuestro mundo, de libertad, solidaridad y lucha. Sin embargo, la formación de nuestro campo no está completa sólo con llamados declaratorios a la batalla, sino con educación y conformidad con los estándares culturales del nuevo mundo que representamos. Esto es por lo que la batalla de Exarchia es una batalla contra el capital y su mafia, así como contra la corrosión interna del movimiento. Contra la cultura de las drogas, la indisciplina, el anti-socialismo y la violencia sin sentido. De otro modo, estamos condenadxs a perder esta lucha o, peor aun, a convertirnos en parte del problema. Es un hecho que cuando algo no está limitado en algún punto se expandirá tanto que acabará chocando contigo al final. Se esparcirá como el cáncer. Así que en el caso de Exarchia, donde el carácter por el contrario romántico del barrio, que siempre abrazó a lxs parias, a lxs intransigentes y a los desheredadxs, hoy demuestra lo contrario. No porque esta gente no deba ser abrazada, sino porque deberían ser incorporadxs con reglas fundamentales de solidaridad social. Deberían aceptar la oferta pero también ser recíprocos, probando en la práctica que la solidaridad no es la puerta trasera del caos y el canibalismo sino el epítome de la madurez social, a través de su habilidad para auto-institucionalizarse y operar en armonía. La solidaridad social es por tanto una cuestión de responsabilidad y no de simple tolerancia.

Más particularmente, cuando estamos tratando con elementos criminales-antisociales, el manejo de los cuales no es ajustado por alguna mano invisible, sino por nuestra capacidad para mantener, al menos, un equilibrio de fuerzas. Deberíamos mantener un ojo sobre ellos, imponernos sobre ellos y recordarles que están en un ambiente hostil. De otro modo los mafiosos y los hooligans se sentirán a salvo y fuertes, impondrán su hegemonía y nos eliminarán. Por tanto, en respuesta a las incomprensibles teorías como “Exarchia siempre ha sido así”, decimos que aquellxs que reivindican esto pertenecen a las fuerzas conservadoras, a aquellxs que eso es, con su actitud perpetúan la decadente situación en el barrio. Por tanto, desde ahora en adelante serán también considerados una parte del problema.

Exarchia es una de las regiones más cargadas políticamente de Europa. Allí, duras luchas han sido combatidas, compañerxs han sido asesinadxs por la policía, insurrecciones han comenzado, movimientos e ideas han nacido. La imagen de este barrio ahora se rinde a la decadencia de las drogas, el pseudoentretenimiento y el hooliganismo, es una imagen triste. Sin embargo, debemos admitir que refleja los problemas estructurales, organizativos e ideológicos de nuestro movimiento. En nombre de una latente “anti-autoridad”, que identifica los términos de la formación del frente proletario, en un nivel de ética y relaciones, con los términos con los cuales peleamos contra el mundo civil, olvidamos que tú no respondes a la brutalidad con caricia. Así cuando nuestras ideas sobre relaciones sociales se transforman en una ideología, y no en un constante conflicto para protegerlas, entonces se crean lagunas, y el poder del enemigo encuentra el espacio para sentarse en nuestra “anti-autoridad”. Todo es juzgado por las correlaciones materiales reales y no por nuestras visiones abstractas. Lo “Anti-autoritario”, por tanto, para sobrevivir en el entorno urbano donde evoluciona, y para convencer de que se trata de una propuesta realista de organización social, debe ejercer autoridad en sus enemigos. De modo está condenada al fracaso. Por otro lado, el significado más amplio de la tolerancia, que permite a los elementos antisociales actuar sin molestias en el barrio de Exarchia, plantea algunas cuestiones básicas. ¿Por qué somos (debemos ser) tolerantes a cualquiera que usando como coartada su identidad nacional o supuestamente política (la de un inmigrante o un “anarquista”) ejerce violencia antisocial, y no somos tolerantes a la sociedad local que justificadamente protesta contra ello? ¿Por qué son los primeros atribuidos como fuerzas amistosas y los últimos como pequeño burgueses y fascistas? ¿A quiénes nos dirigimos y quiénes son nuestros aliados? Aquí es donde entramos en las profundidades del carácter histórico del movimiento, sus distorsiones al respecto de la lucha de clases y su papel dentro de ella.

La tolerancia por lo tanto no es un cupón de libre contribución al que se le pone precio a la voluntad. Tiene un precio considerable. El precio de la responsabilidad. Y ante el peligro de convertirnos en parias en nuestro propio barrio, ser ética y políticamente asediados e incapaces de defender nuestro espacio vital perdiendo la credibilidad de una propuesta política responsable hacia la sociedad, nosotrxs decimos que esa responsabilidad es nuestra. Cueste lo que cueste. Por lo tanto, ¿cómo defendemos con los hechos la auto-organización en el barrio de Exarchia, dejado solo cuando somos amenazadxs? Seguramente no sea simplemente reivindicándolo como una formación abstracta, o como una estructura que no se comunica en ninguna parte con el mundo exterior. La auto-organización significa la forma (y no el contenido) sobre la que se componen nuestras fuerzas. Significa que tenemos la habilidad, con nuestras propias herramientas políticas y experienciales, de formar el campo proletario organizado contra la clase burguesa. Uniones, asambleas, comisiones, okupaciones, grupos armados etc. son la expresión física de la auto-organización, son nuestras armas contra el Estado burgués y sus instituciones. Y exactamente porque la auto-organización no significa islas y comunidades de libertad, sino puntos de elaboración, puesta en alerta y embate de las fuerzas proletarias, debemos protegerlas del reformismo, así como del enemigo de clase.

Las milicias como una forma de auto-organización, donde sea y cuando sea que apareciesen como una necesidad, defendieron lo colectivamente establecido, pero también el derecho de la gente y del movimiento a contraatacar la violencia de lxs capitalistas y de aquellxs que les sirven. Contra la policía, los militares, los fascistas y toda clase de paramilitares. Las milicias siempre fueron sangre de la sangre de la gente y del movimiento, porque sirvieron a sus necesidades y expresaron la respuesta colectiva a la pregunta de cómo nuestras luchas serán protegidas de la violencia de los jefes, y cómo nos defenderemos a nosotrxs mismxs contra nuestro amenazado derramamiento de sangre. Porque, al final, expresaron su aceptación de hecho de la violencia como un prerrequisito necesario en el desarrollo de la lucha de clases y los inevitables obstáculos que encuentra cuando es llevada a cabo con términos revolucionarios reales.

Hoy en Exarchia, a pesar de que estamos en un tiempo y espacio completamente diferente del que dio a luz a las milicias del último siglo, encontramos las mismas cuestiones que nuestrxs antepasadxs encontraron. Cuestiones de organización y defensa de la lucha contra la violencia del enemigo de clase. Incluso si es inapropiado proceder con reducciones automáticas y mímica, estamos obligadxs a releer la historia, estudiar las razones que crearon las guardias armadas y aprender de ellas. Por tanto, estamos hablando primero de contenido y segundo de la forma. Y esto es porque el contenido es común y concierne la necesidad diacrónicamente existencial del movimiento de defenderse a sí mismo. La forma que esta defensa tomará hoy en día, dada la violencia requerida por un lado y las particulares correlaciones vigentes por el otro, está en la jurisdicción del movimiento el analizarla.

Por tanto, en el marco de esta necesidad, de encontrar respuestas concernientes a las cuestiones de proteger a la gente y al movimiento, incorporamos también la ejecución de Habibi. Motivadxs por la necesidad imperativa de dejar de contemplar impasiblemente la caída de Exarchia, de no inclinar la cabeza a la violencia que recibimos de los matones que actúan en la zona, pero también abrir con madurez la discusión sobre los medios de batalla que la situación demanda, llevamos a cabo esta acción específica. Esta elección nuestra está dialécticamente conectada con las movilizaciones que están teniendo lugar estos últimos meses en Exarchia contra las mafias y el “canibalismo” social en general. Nosotrxs, evaluando positivamente estas movilizaciones, quisimos contribuir con nuestros propios términos. Porque antes de nada, la unidad es importante bajo un objetivo común e imperativo y no las identificaciones ideológicas. Porque la mafia nos ha declarado la guerra y no tenemos más tiempo que perder. De otro modo, todo el mundo levantará la bandera de la pureza ideológica, mientras al mismo tiempo nos convertimos en una minoría indefensa. Por lo tanto todo el mundo debe hacer su elección. Ya sea con el movimiento y su historia o solo con sus desilusiones ideológicas.

SON ELLOS O NOSOTROS, NO HAY SOLUCIÓN INTERMEDIA.
GRUPOS DE MILICIA ARMADA.

[22 Noviembre 2016] Reflexiones para un mundo sin policía [Fanzine]

Recientemente he estado traduciendo y reeditando en castellano un fanzine que editó originalmente A World Without Police (Un Mundo Sin Policía), colectivo estadounidense (y de más allá) surgido al calor del movimiento Black Lives Matter (Las Vidas de los Negros Importan, un movimiento informal surgido en algunas zonas de EE.UU. a raíz de las revueltas y protestas por los asesinatos policiales racistas en Ferguson y que tiene como fin denunciar y combatir de diversas maneras el racismo y la brutalidad así como la impunidad de la policía) y que pretende aportar herramientas y medios para cuestionarse el papel de la policía y crear estrategias para poder superar esa supuesta “necesidad” y poder aspirar a abolir a la policía algún día y con ella, al modelo de organización social, económica y política que requiere de la represión, la opresión y la violencia para mantenerse.

Una vez terminado, me gustaría dejároslo aquí para que podáis descargarlo y difundirlo como estiméis conveniente. Me gustaría que su contenido no se convirtiese en algo vacío, abandonado en una estantería a coger telarañas después de una lectura resignada. Que dé lugar a proyectos, cuestionamientos y que circule. Ese y no otro es su cometido.

Os dejo el texto de la introducción junto con los enlaces para la descarga.

Para descargar o leer online el fanzine:

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En la sociedad en la que vivimos, crecemos con la idea de que la policía es sinónimo de protección, seguridad y justicia. Desde que somos niñes, nos educan para aceptar a la policía como intermediaria, y como un cuerpo al que debemos recurrir para denunciar nuestros problemas y permitirles solucionarlos por nosotres, mientras nos enseñan, al mismo tiempo, que intentar abordar dichos problemas por nuestra cuenta, u organizarnos con nuestras amistades, seres queridos, afinidades, para buscar y poner en práctica alguna solución, es malo. Nadie debe buscar soluciones más allá de acudir a la policía y confiar en que elles hagan lo necesario.

Así, poco a poco, la policía ha ido cobrando un papel cada vez más importante en la vida de las personas, y asumiendo cada vez más funciones, hasta un punto en el que casi cualquier problema social, desde un vecino ruidoso hasta una persona que deja su basura fuera del cubo, un malentendido económico o una discusión en casa es solucionada llamando a la policía.

No obstante, ¿es realmente la policía un instrumento válido para resolver nuestros problemas? Si prestamos atención a la historia y hacemos un análisis de su trayectoria, vemos que desde sus inicios, la policía funcionó siempre como un mecanismo encargado de imponer las normas del poder en cada orden establecido, además de proteger los intereses y hacer cumplir los designios y la voluntad de cada figura de autoridad, tomando parte en guerras y manteniendo órdenes esclavistas, misóginos o fascistas sólo porque era “la Ley”, porque esas eran “las órdenes”. En las democracias modernas, donde se nos dice que ya somos libres y que ya todes gozamos de igualdad de condiciones y derechos (aunque ésto sea a todas luces falso), la policía se asume, una vez más, como guardiana e interlocutora del pueblo y de los valores morales correctos, de la justicia, del orden. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el orden social y el sistema social, económico, político y cultural al que la policía sirve y defiende, representa la mayor expresión de violencia? ¿qué pasa cuando la policía protege los privilegios de quienes aumentan sus fortunas bombardeando y asesinando cientos de personas en guerras por recursos? ¿qué pasa cuando la policía mantiene el mismo orden social que es origen de la mayoría de los delitos y problemas?

La policía no puede resolver nuestros problemas porque son parte de ellos. Además del hecho de que la propia policía infringe la Ley cuando le conviene a la hora de aplicar sus castigos y que sus agentes no están exentes de corrupción ni de delincuencia (hemos visto a policías violando mujeres detenidas o a sus propias compañeras, consumiendo y ocultando drogas, torturando personas en calles y comisarías, implicándose en tramas de trata de blancas, inventándose hechos para justificar detenciones…), hacemos hincapié en que a pesar de los discursos liberales que el Estado promueve y que tienden a desvincular al individuo de sus condiciones de existencia (lo que deja vía libre para culpabilizar al sujeto como “antisocial” y justificar cualquier medida de encierro además de extender la desconfianza a les demás), nuestros problemas no son casos aislados fruto del supuesto egoísmo presuntamente inherente al ser humano, sino consecuencias de una mala organización de la sociedad y del mundo, y de la existencia de jerarquías, desigualdades y de un sistema de dominación que se traduce en incontables abusos cometidos por les mismes que gobiernan y que definen qué es lo correcto y lo incorrecto, lo legal y lo ilegal, lo moralmente aceptable y reprobable…

Ya hemos llegado al punto en que concluimos que la policía es un cuerpo represivo al servicio de los intereses de una élite que da lecciones de moralidad mientras que para mantener y aumentar sus privilegios llevan a cabo continuamente los mismos actos que condenan en sus hipócritas leyes. Bien, pero si la policía no nos protege y los problemas van a seguir surgiendo (tanto problemas serios con una raíz social como problemas más cotidianos, personales y nimios), ¿qué podemos hacer entonces? Creemos que para poder prescindir en la práctica de la policía necesitamos ir más allá del discurso, y antes de nada crear comunidades sólidas y sanas, basadas en principios de solidaridad, apoyo mutuo, confianza y respeto, frente a las lógicas de competencia, explotación, opresión e individualismo que fundamentan la sociedad vigente. Entendiendo que tanto lo personal como lo social son realidades políticas y necesitan tratarse desde lo político. Sólo así podremos empezar a tejer lazos fuertes y resistentes que permitan a su vez superar las relaciones viciadas y abusivas que esta sociedad enferma crea, reproduce y perpetúa. Necesitamos hacernos cargo de nuestras responsabilidades y revisar de dónde vienen todos los problemas que nos azotan diariamente, y entender el papel que la policía y el Estado juegan en la protección y manutención de un status-quo que lleva la injusticia por esencia y por bandera.

A ese objetivo apuntan los textos incluidos en esta publicación, y que fueron recogidos y traducidos del blog del colectivo estadounidense “A World Without Police” (Un Mundo Sin Policía). No obstante, no creemos que las circunstancias a las que hace referencia se limiten geográfica o socialmente al contexto estadounidense. Por el contrario, nos parecen totalmente extrapolables a cualquier sociedad capitalista (y en general a cualquier sociedad autoritaria) del mundo, especialmente a las occidentales. Por eso, al editarlos en castellano pretendemos extender las ideas y propuestas planteadas y acercarnos un poquito más a un mundo donde la libertad no se confunda con la obediencia, donde el miedo no se confunda con la seguridad, y donde de verdad podamos contar con les demás y afirmar que no necesitamos a la policía ni a ninguna otra autoridad.

Esperamos haber contribuido a crear ese mundo y a socavar las bases de éste.

Por un mundo sin policía, sin jaulas y sin autoridad.
Cuidemos de nuestres vecines, de nuestro barrio, de nuestra gente, y creemos comunidades contra la policía, el racismo, el sexismo, la LGTBfobia, y toda forma de autoridad.
Vivan la autodefensa y la acción directa. Muera el delegacionismo y les líderes e intermediaries.

[17 Noviembre 2016] Alejamiento, control y castigo. Texto de Francisco Solar y Mónica Caballero.

ALEJAMIENTO, CONTROL Y CASTIGO. LA IMPORTANCIA DE LA DISPERSIÓN EN EL SISTEMA CARCELARIO DEL ESTADO ESPAÑOL.
En estos casi tres años que llevamos de encierro por diferentes prisiones del Estado español un aspecto es el que nos llama particularmente la atención por su importancia determinante en la vida carcelaria; nos referimos a la dispersión.
La dispersión corresponde a una política de Instituciones Penitenciarias implantadas por el gobierno socialista a mediados de los ‘80 que consiste en trasladar a determinadxs presxs a cárceles distantes por muchos kilómetros de su lugar de residencia. En muchos casos estos traslados son incesantes viéndose el/la presx obligadx a pasar por diversas prisiones en un corto periodo de tiempo impidiéndole asentarse y establecer relaciones duraderas con lxs demás. El propósito de esta política fue frenar los motines y protestas al interior de la prisión que se venían sucediendo aquellos años apartando de manera drástica a lxs presxs consideradxs refractarixs al sistema penitenciario. Por otro lado, se les aplicó la dispersión a la totalidad de presxs políticxs como una medida excepcional para agravar el castigo y traspasárselo también a su familia que debe hacer cientos de kilómetros para poder ver a su familiar o amigx presx. Por lo tanto, desde sus inicios la política de dispersión afectó tanto a presxs políticxs como a presxs sociales, y lo sigue haciendo, al contrario de los que muchxs piensan y expresan en cuanto a que ésta únicamente le es aplicada a “ lxs políticxs”. La diferencia radica, como dijimos, en que para estxs últimxs constituye una medida de excepción que afecta a todxs solo por el motivo que lxs llevó a prisión, mientras que lxs presxs sociales se les aplica por conductas determinadas al interior de la prisión que son vistas como perturbadoras al “orden penitenciario”. Es importante señalar que la diferencia entre presxs políticxs y sociales no la utilizamos nosotros, sin embargo es de esta manera y haciendo esa categorización como está estructurada y funciona la medida en cuestión.

La dispersión sigue tan vigente como en sus inicios. Sin duda ha cumplido con unos de sus propósito referidos a pacificar las cárceles del Estado español donde las reivindicaciones y protestas son casi inexistentes, y donde cada vez más existe una estrecha colaboración entre presx y carcelerx. Podemos ver hasta qué punto la cárcel es un reflejo de la sociedad. La dispersión ha afectado de tal manera la vida carcelaria que el fantasma del traslado de cárcel (conducción) ronda permanentemente la cabeza de cada presx. Es una amenaza constante que implícitamente regula y controla la conducta de las personas aquí dentro en la medida que cualquier comportamiento que interrumpa el “orden” y manifieste alguna intención reivindicativa es castigada con la conducción. Así, toda iniciativa rupturista queda anulada por esta herramienta de control, el/la presx trasladadx debe comenzar a gestar nuevas relaciones y complicidades que de ser advertidas por los carceleros nuevamente será objeto de conducción. Hoy día hay presxs que por disposición de Instituciones Penitenciarias no permanecen más de un año en cada cárcel, principalmente por su historial de conflictividad.

Si bien en sus inicios la dispersión les fue aplicada a lxs presxs sociales que participaron e incentivaron la protesta y el quiebre al interior de la cárcel, hoy en día al ser prácticamente inexistente tales iniciativas, el sistema penitenciario se ha visto en la necesidad de ajustarse a los nuevos tiempos comenzando a aplicar dicha medida a cualquier comportamiento más o menos reiterativo que se salga de las normas internas, por lo más mínimo que sea. Sanciones que antes eran leves, actualmente son causa de una posible conducción, por ejemplo el que te pillen un móvil o verte envuelto en una pelea sin mayores consecuencias.

Relacionado con lo anterior, un aspecto que ha cobrado gran relevancia es todo lo que tiene que ver con la conducción del presx, transformándose en una verdadera institución dentro del entramado carcelario. En el Estado español existen alrededor de ochenta cárceles, algunas destinadas sólo para mujeres, muchas sólo para hombres, otras mixtas y también departamentos especiales para madres. Por lo tanto, las opciones para llevar a cabo la conducción son variadísimas y anecdóticamente en esto no escatiman en gastos; si lo que buscan es un buen castigo no les importa darte un buen recorrido al otro extremo de la península. El cuerpo de seguridad encargado de las conducciones es la guardia civil, en ellos recae la responsabilidad de los traslados de prisión a prisión. Quizás más de alguien que lee esto se preguntará ¿cómo es una conducción? Estas pueden variar según la ubicación geográfica pero más o menos siguen los mismos protocolos. Nos atrevemos a asegurar que cualquier presx que ha vivido esta experiencia estaría de acuerdo con nosotros en que es: asqueroso. Normalmente te suelen llevar de una cárcel a otra en cualquier momento y a veces no sabes a donde te llevan hasta que no llegas, lo cual no deja de provocar cierta ansiedad. Hasta llegar a tu destino es probable que la conducción pare en varias cárceles un par de horas o varios días, y a esto es lo que se llama “tránsito”. Cuando estás en esta situación no puedes tener contigo más que lo estrictamente necesario (según la disposición de cada prisión). El medio de transporte de las conducciones son los llamados (canguros), autobuses de la guardia civil con compartimentos en su interior con espacio para dos presxs cada uno. Dichos compartimentos son ciertamente asfixiantes no existiendo espacio suficiente para moverse, ni siquiera para ponerse completamente de pie, y en donde puedes pasar hasta seis o siete horas seguidas. Es importante señalar que existen prisiones destinadas a ser centros de las conducciones contando con toda la infraestructura necesaria para ello; grandes módulos de ingresos para quienes estén de tránsito, lugares especiales para el aparcamiento de los autobuses de la guardia civil, entre otros aspectos. La prisión de Valdemoro en Madrid cumple esta función para los presos y para las presas lo es la prisión de Soto del Real, por allí pasan la mayoría de lxs presxs que son trasladadxs de norte a sur o viceversa.

Todo lo señalado da cuenta de la importancia que tiene para la institución penitenciaria la conducción y demuestra que la dispersión es una herramienta fundamental con una clara intención vengativa hacia todxs los presos y presas que resulten molestxs, ya que ataca donde más afecta; alejarte de tus seres queridos, sean compañerxs, amigxs o familiares.

En este sentido, una faceta de la dispersión que se nos aplicó fue el mantenernos alejados el uno del otro, estuvimos los primeros dieciocho meses de reclusión sin vernos y nada asegura que dicha situación no vuelva a repetirse. Se supone que Instituciones Penitenciarias puede acceder a la reagrupación en cuanto lxs presxs puedan “comprobar” que existe una relación sentimental estable, no obstante eso muchas veces no es así, varixs son lxs presxs que pasan meses o incluso años sin ver a sus compañerxs sentimentales o familiares presxs.

Estando tras las rejas la cercanía con tus seres queridos es fundamental, es muy importante a nivel afectivo y también para, de alguna manera, romper con el aislamiento que permite en nuestro caso mantener el ejercicio político vinculado con la calle. Sin embargo, esto se hace mucho más difícil cuando no son solo rejas y altos muros los que te separan sino que también cientos de kilómetros.

Como anarquistas no queremos más cárceles, aunque sean “mejores” o más cercanas a nuestra gente, no obstante creemos que nos hace falta debatir sobre cómo hacemos frente y luchamos contra la dispersión teniendo en cuenta que representa el pilar fundamental del control carcelario.

Francisco Solar y Mónica Caballero.
Otoño 2016

[11 Noviembre 2016] Poder y Recursos humanos.

Mientras exista Estado habrá Capitalismo, la única solución para desmantelar el Capitalismo es abolir en primer lugar el Estado y crear un nuevo modelo de relaciones basadas en la igualdad, es decir, toda Autoridad legitimada por el Estado también debe ser suprimida ya sea en el ámbito político, filosófico, económico o religioso. La concepción de un nuevo sistema es antiautoritaria y antijerárquica en esencia. lo que significa que el Poder queda abolido en las relaciones sociales, éste es el verdadero compromiso del libertario y el anarquista con la sociedad, su mensaje es claro y conciso, y ésta aportación le da un sentido a su vida.

Los estatistas de buenas y loables intenciones deberían plantearse si la entrada en las instituciones del Poder son una trampa para ellos y por lo tanto una contradicción en la consecución de sus fines para el cambio social, ya que el asalto al Estado conlleva una lucha por el Poder contra los que lo ostentan para controlar la máquina. Bajo esta premisa no puede haber cambio porque toda la política partitocrática está supeditada al Poder de la máquina que hace funcionar el sistema capitalista, los cambios se convierten en simples reformas que destruyen toda iniciativa creadora y revolucionaria.

Los conspiracionistas reflejan en buena medida la paranoia por la consecución del Poder del individuo o colectivo. Toda exención de culpabilización (al quedar anulada la voluntad y capacidad individual) por parte de los conspiracionistas basadas en la teoría de una élite de poder gobernando en la sombra conlleva irremediablemente a la búsqueda de chivos expiatorios que puedan justificar su inocencia ante los hechos que determinan el desarrollo y el curso histórico de la humanidad.

La conclusión en la creencia de una élite gobernando en la sombra destruye por lo tanto la voluntad individual y su capacidad creativa ante los acontecimientos al quedar supeditada por unas fuerzas que se revelan superiores en calidad y en cantidad.

Es evidente que hoy existen muchos esclavos conscientes y por lo tanto tolerantes y satisfechos de su condición de sumisos, unos por el dinero, otros por la fama, poder, ambición, etc. Habría que averiguar cual es el porcentaje de esclavos condescendientes con el sistema de dominación capitalista. Toda racionalización del Capitalismo por medio del trabajo asalariado conlleva obediencia. Si esta racionalización es mayoritariamente consciente, aunque el Capitalismo quede obsoleto por agotamiento, surgirá un nuevo sistema de dominación mas perfeccionado y sutil que recondicionará y reconquistará las mentes de los individuos.

Hay que destacar que la definición que hace Wikipedia de “Recursos humanos”, es un falacia: “Es imprescindible resaltar que no se administran personas ni recursos humanos, sino que se administra con las personas, viéndolas como agentes activos y proactivos dotados de inteligencia, innovación, creatividad y otras habilidades.”

“Recursos humanos” es un eufemismo de Recursos esclavos donde los seres humanos se adaptan a la gran máquina industrial-tecnológica-burocrática para crear seres (a partir del trabajo asalariado) totalmente dependientes del sistema de dominación.

Es decir, si se “administra con personas, viéndolas como agentes activos”, ya dejan de ser recursos humanos, hay una trampa en la definición de recursos y recursos-humanos, un recurso no es un ser humano ya que si se transforma el recurso en humano, éste se cosifica, (se le despoja de toda autonomía y creatividad y se puede convertir al ser humano en un recurso que administra la máquina burocrática obedeciendo sólo ordenes de un superior) y depende del aparato técnico-industrial que lo asimila como un recurso y no como un agente activo como tendría que ser si fuese autónomo, sin embargo como el trabajador asalariado tiene muy poca capacidad o nula autonomía en la inmensa mayoría de las ocasiones, éste es imposible que sea un agente activo, proactivo, dotado de inteligencia, innovación y creatividad y otras habilidades, un trabajador con esas cualidades pertenece a una reducida élite que correspondería por ejemplo a los altos directivos de las grandes multinacionales al tener una capacidad de influencia y decisión y por lo tanto de autonomía mucho mayor que cualquier peón de una fábrica que trabaje para la multinacional.

Recurso de recurrir proviene de: volver a correr para pedir ayuda, reiteración movimiento hacia atrás.

Un hombre no es un objeto per-se y por lo tanto no debería ser un medio que sirve a la máquina como una pieza más a la que se explota y domina para beneficio del amo de la máquina, por lo tanto el recurso que deberían ser las herramientas del trabajador autónomo son gestionadas por sus amos que a la vez convierten a los obreros en recursos humanos o partes integrantes de la gran máquina o empresa que dirige el patrón.

[23 Octubre 2016] Que cunda la desobediencia (Sobre la “huelga” de enseñanza del 26 de Octubre.

Que cunda la desobediencia

Mueran las huelgas domesticadas (y la domesticación)

En el reino de la obediencia todo se repite, todo se reproduce. El tedio y la rutina en clase, el barrio o el curro se repiten. Y en este triste panorama, donde hasta las herramientas de lucha y ruptura de la normalidad, como las huelgas, han sido domesticadas, la obediencia manda sin oposición.

Obediencia es el Sindicato de Estudiantes y sus huelgas de un día que solo sirven para justificar su papel traidor frente a la prensa. Obediencia enlatada es lo que nos ofrecen todas las organizaciones juveniles y estudiantiles (pero sobre todo seniles) de corte marxista, a la espera de ocupar el papel del Sindicato de Estudiantes. Obediencia es luchar por unas cadenas, queriendo cambiar sus eslabones, pero manteniendo su opresión intacta: eso es luchar por la escuela pública, la educación del Estado, la educación de la clase empresaria y sus necesidades.

Ataquemos a la vida domesticada que empresarios, políticos (de cualquier signo) y dirigentes estudiantiles nos brindan. Pasemos por encima de partidos políticos y sindicatos. Es hora de atacarlos y barrerlos a todos, no para estudiar o trabajar más dignamente, sino para barrer la opresión, la desigualdad y el aburrimiento de nuestras vidas. Acabemos con la escuela, el trabajo y el mundo que lo necesita.

Extendamos la revuelta que apunte directamente al Estado y al Capital. Recuperamos la huelga como punto de ruptura total y punto de encuentro en la lucha de los explotados y explotadas, para proclamar el fin de la obediencia.

¡Ni huelgas domesticadas, ni domesticación!
¡Fin de la obediencia!

[22 Octubre 2016] Sobre la concentración en el C.I.E. de Aluche el 19/10 .

El pasado 19 de Octubre, se convocó una concentración en las puertas del C.I.E. de Aluche. Unos, acudieron para reivindicar los motines de los presos y agitar para que los migrantes no desistan en su lucha, así como para mostrar el total rechazo a los C.I.E. , fronteras, naciones y en general, la oposición a todas las cárceles.
Otros, separados de las personas y rodeados de prensa como Íñigo Errejón y sus secuaces, acudieron para “reclamar transparencia en estos centros y garantizar que se cumplan los derechos humanos”. Una vez más, volvieron a intentar captar adeptos mostrando su falso interés ante la problemática que vienen generando los C.I.E.
Las migraciones, las fronteras, los centros de internamiento, la represión, la tortura, las vallas de la vergüenza, los asesinatos, las mafias consentidas por los gobiernos y las “crisis”, no son cosa de ahora y menos aún, tienen que ser utilizadas como estrategia política por parte de los ayuntamientos y demás partiduchos como I.U.y P.C.E. que acompañaban a estos mercenarios en la concentración.

Alrededor de unas 300 personas se concentraron en la Avenida de los Poblados durante algo  más de dos horas reclamando la “libertad de todos los presos”, “el fin de los C.I.E.”, “las torturas de la policía” y mostrando su solidaridad con los amotinados. Los asistentes decidieron cortar la calle tratando así de romper la normalidad después de que la anterior noche, los presos tras el motín, sufrieran represalias físicas por parte de los carceleros tras aguantar bajo la lluvia once horas.

Con esto, se pretende hacer partícipe a las personas que cada día pasan por ahí. Se pretende visibilizar que en el barrio de Aluche hay una cárcel encubierta y que la normalidad que suscita a todos los que permanecen pasivos, de vez en cuando se rompe en gestos como estos, que llaman a la reflexión y a la alteración de un más que ilógico orden establecido.

Que se extiendan los motines en el resto de cárceles. Que no se callen las voces de los que luchan.
No permitamos que los políticos, sean quienes sean, instrumentalicen estas situaciones en pro de sus campañas electorales. Echemos a los políticos de las concentraciones. Dejémosles claro que no son bienvenidos.

SOLIDARIDAD CON LOS PRESOS AMOTINADOS Y TODOS LOS PRESOS EN LUCHA.
ABAJO LAS CÁRCELES, LAS FRONTERAS Y LAS NACIONES.

[19 Octubre 2016] ¿Es posible la existencia de un gobierno no autoritario?.

¿Es posible la existencia de un gobierno no autoritario? No, no es posible por el hecho de que la esencia del gobierno es la autoridad, es decir, hacer que todos los individuos de una sociedad dada cumplan las leyes que el gobierno hace o ha heredado de los anteriores.

Claro que este no es un fin en sí mismo, es el método que emplean quiénes detentan el poder para seguir sometiendo al pueblo.

Decía, que la función del gobierno es velar por el cumplimiento de las leyes por parte de cada individuo que que conforma la sociedad con el derecho de castigar a cualquiera que las incumpla. Esta función, junto con la de hacer nuevas leyes que coarten la libertad de los individuos de desenvolverse en una sociedad basada en la cooperación libre entre iguales, son las funciones principales del gobierno, funciones autoritarias por excelencia y, como muy acertadamente apuntó Ricardo Mella, la función hace al órgano, no puede separarse a la una del otro.

Pero, ¿Que entendemos por autoridad? Entendemos que la autoridad ,como la definió Tolstói, es un medio de coacción para que un individuo actúe en contra de su voluntad.

Los métodos de coacción más comunes son la violencia física y la privación de libertad o la amenaza (violencia psicológica) que estos suponen, por lo tanto, el gobierno se erige en la violencia física y psicológica, medios autoritarios donde los haya.

Quienes detentan el poder pretenden legitimar su autoridad sobre el pueblo tratando de confundir la autoridad con la influencia moral, influencia que, dicen, les dan los votos. Pero, al contrario, si la gente cumple leyes con las que no están de acuerdo no es por esa influencia moral, es mayoritariamente por el miedo a ser privado de libertad.

La historia demuestra que todo gobierno depende de un estado, existe una relación simbiótica entre gobierno y estado, se necesitan recíprocamente.

El estado supone la imposibilidad de que la sociedad se base en la libre cooperación entre iguales y su mayor victoria es hacer creer a la mayoría de personas que es imprescindible para el desenvolvimiento humano, pues, como el estado en esencia supone la imposibilidad de que la sociedad se base en la libre cooperación entre iguales, aquel que crea que el estado es imprescindible, cree también que es imposible que la sociedad se base en la libre cooperación entre iguales. Una cosa lleva a la otra irremediablemente.

Así las cosas, la mayoría de personas ve imposible, una utopía lejana, dicha sociedad, demostremosles que se equivocan. ¡Las colectivizaciones españolas o la revolución en Kobane nos dan la razón! Esta sociedad es posible, además de necesaria.

En base a lo anteriormente expuesto afirmo que lo imposible no es una sociedad basada en la libre cooperación entre iguales, sino que exista un gobierno no autoritario.

[15 Octubre 2016] Contracultura: ¿paritorio o patíbulo de revolución?

Nota: Este artículo está extraído del fanzine “ Demokrazia Zero: Si no hay revolución, este no es mi baile ” , próximo a publicarse. Profundiza el guión de preparación de una charla (“ La revolución a través de la cultura ”) y de la dinamización de la mesa de contracultura en la Eraikuntxanda de las jornadas Gazte Boterea Eraiki . Con ello se busca fomentar el debate interno en grupos y agentes culturales de Iruñerria ( ampliable allá donde se quiera ) y crear herramientas que den fuerza y cohesión política al movimiento musical alternativo.

ezgaeDícese que la Revolución del 36 no se perdió por culpa de Franco y la guerra civil sino por la contrarrevolución en el propio bando antifascista. Pues algo parecido podríamos aplicar a la revolución contracultural. No son la SGAE o los 40 Principales, nuestros más consensuados enemigos, quienes la han hundido y mercantilizado; ha sido la prevalencia de valores hedonistas y capitalistas en el circuito alternativo lo que está matando la cultura anticomercial.

Contracultura y revolución

La contracultura desempeña un papel crucial en el contrapoder. Hoy en día es un elemento central de las luchas sociales por su importancia a la hora de financiarnos (venta de alcohol en conciertos y pinchadas, algo que la revaloriza) y también por su eficacia para transmitir mensajes, movilizar y en general comunicar por medio de canciones, creaciones audiovisuales, fanzines, etc. Cómo no aprovechar todo este poder de influencia, y no solo como sujetos culturales, sino también como sujetos políticos; ser conscientes de la cultura como arma y elemento de transformación y cohesionarse con unos objetivos marcados.

La cultura siempre ha sido importante para la revolución. En el anarquismo, por ejemplo, los ateneos libertarios fueron fuente y destinatario de contracultura desde finales del siglo XIX, contexto en el que prácticamente todo colectivo contaba con su propio periódico u hoja informativa y había una gran proliferación de obras literarias o de teatro vinculadas a la revolución. La producción autogestionada de cine anarcosindicalista, que alcanzó su auge en los años 30, revolucionó (nunca mejor dicho) el séptimo arte, como ya lo había hecho el realismo socialista. La cultura era entendida por y desde la militancia.

A mediados del siglo XX, el situacionismo, el Mayo del 68 y las nuevas generaciones pusieron la contracultura en un lugar protagonista como medio de expresión y de transformación. En el anarquismo, la A circulada (hoy en día extendida como símbolo tradicional pero que en realidad apenas llega al medio siglo de vida) sintetiza estos cambios poniendo de relieve lo visual frente a la iconoclasia anterior, además de una ruptura con la ortodoxia para adquirir nuevas connotaciones como la rebeldía y la transgresión juvenil. Iría conectando así con las nuevas subculturas que fueron surgiendo, introduciendo ideas revolucionarias en realidades muy variopintas alejadas del tradicional feudo sindical. El punk llegaría a hacer propia esa A, que desborda el círculo (el orden), con un discurso nihilista pero que asimilaba elementos revolucionarios. El pulso entre Sid Vicious y Bakunin. Algo que encajaba muy bien en una generación gestada en el paro, la reconversión industrial, la marginalidad, la heroína, el temor nuclear, el no hay futuro … con la lucha armada y la conciencia antirrepresiva como telón de fondo.

La contracultura pasó a ser nexo entre juventud y revolución, pero un blanco perfecto para el negocio y su uso estético más fácil de asimilar por el sistema. En Euskal Herria, foco de efervescencia contracultural y política, la etiqueta de Rock Radikal Vasco inventada en 1983 sirvió para sacar rendimiento económico a esa escena. Incluso la izquierda abertzale, que al principio la había tachado de extranjera y al servicio del imperialismo yanqui, más adelante viendo su influencia en miles de jóvenes coreando consignas reivindicativas acabó tratando de canalizarla e impulsarla (Egin Rock, Martxa eta Borroka…) y a la vez viéndose transformada por ella. Esa contracultura, todavía reacia a la política en mayúsculas, pasó a ser la crónica social y política de las luchas de aquella época; primeros gaztetxes, txoznas, okupaciones, procesiones ateas, insumisión…

Curiosamente, la profesionalización de la cultura radical es la que provocó la reacción de sectores más politizados, buscando diferenciarse recuperando el do it y ourself y con los infoshops como una evolución de ateneos empapados de la nueva contracultura juvenil con cabida para nuevas expresiones culturales y focos de lucha. Las ideas revolucionarias ya no eran algo colateral sino un elemento central en la contracultura, reconciliándose de esta forma con la militancia más clásica antes reticente a ella. La contracultura será además crisol de distintas ideologías revolucionarias y contacto entre distintas militantes e ideas.

En conclusión, en ese momento en el que contracultura y revolución conviven tan intensamente (con fanzines en los que comparten espacio temas políticos con crónicas de conciertos, cómics o entrevistas a músicas, y con las radios libres en las que la música punk es banda sonora de programas reivindicativos) es cuando también aparece el negocio de la revolución por la ávida consciencia del potencial de ese fenómeno. Pero es también precisamente cuando nace, como respuesta a ello, la filosofía anticomercial, al principio ligada al punk y hardcore (anarcopunk, straight edge…), pero paulatinamente abriéndose a nuevos estilos, porque la cultura no es revolucionaria por su estética sino por su esencia. Y habiéndose diluido y desinflado las luchas autónomas y antiautoritarias de los años 70 y 80, fue precisamente esta distribución anticomercial la que logró en la década siguiente revitalizar y dar cohesión a esas experiencias y las nuevas que iban surgiendo.

Anticomercial

La distribución alternativa, anticomercial, nace y vive para contestar afirmativamente a la pregunta sobre si es posible crear y difundir cultura al margen del capitalismo. El principio clave sobre el que se asienta es la cultura libre, es decir, la convicción de que los productos culturales deben ser accesibles a todo el mundo, sin trabas económicas. La distribución anticomercial, además, aborda esta premisa desde una perspectiva anticapitalista; se desarrolla al margen del entramado empresarial que rodea la cultura y de los derechos de autora, entendidos no como un necesario reconocimiento del trabajo sino respecto a su uso habitual como mecanismo con fines lucrativos y de privatización de la cultura.

“Anticomercial” sería, por tanto, aquella creación cultural o artística que no tiene por objetivo el lucro y que se edita, distribuye y difunde por medios no capitalistas. No solo intenta difundir mensajes revolucionarios y potenciar una cultura afín a la revolución; pretende ante todo ser revolución en sí misma. Un cuento infantil sin alusiones políticas o trasfondo ideológico puede ser perfectamente anticomercial. ¿Qué es, por tanto, lo que la define? Una autoexclusión consciente del capitalismo cultural, esto es, hacer cultura y sacarla a la luz sabiendo que no vas a usar los canales mercantilistas para ello: no te gustan y quieres hacerlo de otra manera. Y ahí es donde entra en juego la distribución alternativa; con la tarea de dotar de herramientas a esas creaciones para que puedan salir a la luz de manera satisfactoria, sin que el anticapitalismo sea sinónimo de presentación cutre, difusión mala y eventos precarios; demostrar que es posible entender la cultura (y la cultura de calidad y comprometida) fuera de las fauces del Capital.

Todo esto se enmarca en un contexto en el que el capitalismo voraz invade con su lógica del dinero todos los ámbitos de la vida, no quedando exentas las expresiones culturales (lo que importa es rentabilizar esos productos culturales o potenciar escaparates para dichos productos, como puede ser un festival de música para una discográfica). Este totalitarismo del Mercado no se conforma con los grandes negocios culturales, y su omnipresencia alcanza tal punto que las luchas políticas y sociales y espacios vinculados a esas luchas no han sido del todo ajenos tampoco a esta mercantilización de la cultura, es más, en muchos casos se han aprovechado de ello. Y por detrás, gente particular se ha beneficiado de ese binomio cultura-revolución para sacar aún más renta, como trampolín al éxito y a costa de la lucha; con la careta de revolucionaria y la pose anticapitalista para actuar al final como empresas musicales, sin ninguna coherencia entre el mensaje que predican y su actividad. Y tras ellas sellos underground , discográficas independientes, intermediarias…

Autogestión es tendencia

Quienes defienden o integran el circuito comercial alegan fundamentalmente dos motivos. En primer lugar, lo que podemos llamar falacia del ermitaño, es decir, la justificación de una incoherencia a partir de otra incoherencia o un conjunto de ellas (“si quieres ser coherente, ve al monte y vive como una ermitaña”). En este caso, por qué ser impolutas en la cultura mientras hay otros ámbitos más descuidados. Frente a esto, la lógica anticomercial sigue un paradigma inverso: que haya facetas donde evidentemente somos más incoherentes, donde nos autogestionamos menos, no implica serlo también allí donde hasta ahora hemos desarrollado prácticas más autogestionarias. Hay que cuidar esas últimas realidades y en todo caso apuntar hacia las primeras, pero no usarlas como pretexto para desmantelar las alternativas. Esta idea es la revolución como tendencia: tender a autogestionar, a ganar terreno al capitalismo y no al revés. La cultura es un punto de partida tan válido como cualquier otro en este sentido.

En segundo lugar, las propias bandas comerciales o creadoras culturales que entran en el negocio tratando de mantener un estatus combativo, argumentan que el mal uso de la autogestión a manos de quien organiza un evento, sin tener en cuenta a quienes han participado y quedándose el beneficio, les obliga a comercializarse. Aquí aparece un círculo vicioso en las dinámicas de organización de eventos: «banda pide caché elevado; organización, al asumir ese importante gasto, solo puede pagar a esa banda y no reparte con las bandas que no exigen caché (de manera que ellas no pueden autogestionarse); esas últimas bandas acaban pidiendo caché». Es cierto que crear cultura implica gastos (en el caso de una banda: local, instrumentos, arreglos del material, grabación de canciones, sacar disco en formato físico, etc). Planteada la cultura como militancia, la autogestión de las bandas debería respetarse como si se trataran de un colectivo más. La solución pasa por establecer unos criterios en cada colectivo o espacio para fomentar la autogestión de todos los agentes culturales e impedir así que unas se lucren de forma exagerada y otras tengan que hacer frente a sus gastos ellas solas. Pero cuando el caché sustituye al criterio o reparto de beneficios, no vale jactarse de ser un filántropo de la lucha cuando en realidad la relación que mantienes con esas luchas es más bien contractual e interesada.

La utilidad de la cultura combativa

A lo anterior cabe añadir algunos matices. Primero, que es una crítica dirigida a quienes comercializan ideas, en este caso por medio de la cultura. Vivir de la música es totalmente legítimo y honrado (hasta aconsejable si puedes hacerlo y es lo que te gusta) siempre que no sea a costa de la lucha de otras, vendiendo aquello con lo que no eres consecuente.

Segundo, que es necesario señalar, denunciar y revertir estas situaciones si de verdad queremos construir contrapoder y no un poder paralelo e imbricado con el establecido. Quienes participan del negocio de la revolución y a costa de ella no quiere decir que sean enemigas de clase (son casos excepcionales quienes viven holgadamente por ello y tienen  control de la propiedad), pero ello no significa que haya que apartar la mirada ante tal empobrecimiento ético ¿qué pretendes cambiar si no comienzas por ti? Todo esto tampoco implica negar la utilidad puntual de estos circuitos, aunque no deberían ser movimientos anticapitalistas lo que los impulsen.

Un ejemplo: un mass media como el canal La Sexta puede ser eficaz, puntualmente, para sensibilizar y concienciar a la opinión pública en ciertos asuntos sociales (reportajes sobre los desahucios, contra la corrupción política, etc.). Pero eso no es sinónimo de algo revolucionario; seguirá siendo la cara amable del sistema (en este caso una macroempresa tan poderosa y fascista como Atresmedia), algo que va a quedar patente al tratar temas en los que verdaderamente se apunta a los cimientos de dicho sistema (unidad del estado español, defensa de la policía y propiedad privada, etc.). Así, de forma similar, una frase tan vacía y burda como “en la tumba de Durruti nos vamos a emborrachar tratando de resucitar ideas anarquistas que le entreguen al pueblo el poder” puede servir para que chavalas sepan por primera vez de la existencia de Durruti y animar a un primer despertar rebelde. Eso no quiere decir que el grupo Ska-p (autores de esa letra) sean anticapitalistas o revolucionarios, y mucho menos aún anarquistas. Y por eso en los espacios de contrapoder deberán tener cabida y difusión agentes culturales que sí respondan a ese perfil por encima de bandas como esa. Que la cultura sirva para conocer injusticias o para acercarse a ideas no justifica hacer un negocio de la música revolucionaria, es más, se estaría prostituyendo así su propia esencia como mecanismo de transformación social y no solo como altavoz. Cabe reflexionar, además, hasta qué punto esta cultura combativa en mensajes y no en formas es un buen instrumento de lucha contra el capitalismo o tan solo una falsa apariencia de ello. La conciencia proletaria es harto anterior al punk o al rap, y sin duda tarde o temprano hay medios tan desalienantes o más que la música para percatarse de la opresión y acceder a un pensamiento revolucionario.

¿Hasta qué punto sirven los grupos comerciales combativos como ancla de las luchas sociales? ¿O es más un fenómeno de hashtags reivindicativos y camisetas con lemas macarras que de transformación diaria? El reguero de militancia real suministrada por la contracultura en los años 80 y 90 ha ido disminuyendo progresivamente a medida que esa contracultura ha ido cayendo bajo la profesionalización y estandarización en circuitos fijados. Crece y crece la industria cultural “revolucionaria” y el número de bandas que la conforman, pero no veo tal correlación en la lucha de calle (o de donde sea). Es más, se contribuye a crear un fenómeno fan pero de gente con un discurso político mínimamente trabajado, porque su aprendizaje se queda en los lemas de las canciones. Y una canción es como es: efectiva para algunos propósitos pero incapaz de reflejar la complejidad ideológica como sí lo hace, por ejemplo, un libro o la formación por medio de debates. Se da así una concienciación superficial y ociosa, menos comprometida en esfuerzo y responsabilidad, acorde con la naturaleza de esta nueva didáctica musical de la revolución.

Otro ejemplo de utilidad y a la vez un tema controvertido puede ser el de los eventos solidarios, con objetivos recaudatorios muy loables como puede ser cubrir multas o ayudar a presas. La inclinación natural va a ser hacia contratar bandas que tengan el potencial de atraer el mayor número posible de consumidoras para obtener así más beneficio. Pero si caemos en esa inercia creamos un círculo vicioso por el cual al final solo hay unos pocos grupos que consiguen llenar grandes espacios debido a que no se apoya al resto de bandas. Cada cual deberá buscar el equilibro entre esfuerzo y recaudación. Hay ejemplos de sobra de que un evento anticomercial, trabajándolo de forma adecuada y cuidando el mensaje, puede ser tan efectivo como delegar esas responsabilidades en el entramado comercial.

Más allá de la música revolucionaria

¿Por qué todo esto no sucede de la misma forma en otras esferas culturales como la literaria? Lo que ocurre es que estos ámbitos no son, ni de lejos, tan lucrativos como el musical. De hecho, suelen generar pérdidas, de manera que las incongruencias ideológicas no son tampoco tan fuertes como puede ocurrir con bandas que entran en los circuitos comerciales. La persona que crea y difunde un producto escrito, o incluso audiovisual, con un mensaje de lucha o combatividad, aspira normalmente (en el terreno económico) a cubrir gastos con las ventas, pero raramente va a cobrar caché por presentar su proyecto en bibliotecas o centros sociales ni va a desplegar las campañas de marketing y a utilizar la parafernalia de subcontrataciones que hacen algunos grupos de música. Son circuitos menos profesionalizados y por ende mucho menos mercantilizados. Va a ser muy raro encontrar un best seller o película de alto presupuesto con una clara carga ideológica revolucionaria y que además se financie a costa de luchas sociales (como sí pasa con tantísimos productos musicales). Tampoco los circuitos anticomerciales han logrado consolidar unas redes eficaces de distribución pero sobre todo de edición de material no musical más allá de los típicos fanzines, si bien en la última década la tendencia ha sido incrementar el número de ediciones y adquisiciones de libros. Al no haber herramientas suficientes, surgen modelos híbridos, más convencionales pero que promueven cultura libre y una perspectiva política. Lo que diferencia a estas herramientas de sus homólogos musicales, además de la dimensión del negocio y escasez actual de alternativas, es la percepción de estos últimos como una especie de paladines de la revolución por su papel en la socialización de la lucha, mientras que arrastran una serie de valores capitalistas que serán desglosados más adelante.

Cultura que no predique revolución; que lo sea

La respuesta anticomercial al negocio de la revolución descansa sobre una filosofía que aboga por la revolución intrínseca a la cultura y en la que podemos encontrar raíces de clara tendencia libertaria: la finalidad que se busca con la cultura se aplica directamente en los medios con los que buscamos ese fin (el fin está en los medios). Así como para destruir poder y Estado no se crean mecanismos autoritarios sino herramientas que ya de por sí mismas suponen un cuestionamiento de la autoridad y jerarquía; o para revertir el sistema político no se participa en su juego por medio de partidos sino ideando estrategias que suponen una ruptura con dicho sistema; igualmente, para hacer cultura revolucionaria, se aplica la autogestión y medios a nuestro alcance, en vez de engrosar el mercado cultural o intentar hacer imitaciones light de él. Es decir, para hacer la revolución, simplemente la hago, en el día a día, en lo que se tiene cerca. Si lo cercano, lo que despierta interés, es la cultura, ahí tienes por donde empezar a hacer tu revolución; eso es a lo que tienes que aplicar tus principios. Eso sí, sin caer en la exclusividad de lo personal, usando esta herramienta como complemento y no como sustituto de la lucha integral. De lo contrario habrá, en vez de un ocio revolucionario, una revolución solo lúdica. En todo caso, son realmente escasas la confianza y expectativas de lucha que genera alguien que en “lo suyo” (en lo que tiene destrezas o interés) y por tanto donde más podría incidir y cambiar la realidad, hace lo contrario y es donde precisamente entra al juego capitalista. A ver qué haría en otros ámbitos menos atractivos o más costosos. La filosofía anticomercial, de este modo, se aleja de la conquista de las grandes masas por medio de la influencia de la industria cultural (aunque sea para favorecer la revolución desde ella). Incurrir en los esquemas capitalistas de lleno y con premeditación difícilmente va a ser el remedio.

Tachado todo esto de idealista, se intenta imponer el falso pragmatismo del “por estar politizada no tengo que ser precaria”. Pistoletazo de salida para debates que suelen mezclar trabajo con militancia, hedonismo con activismo, hobbies con necesidades, lucha con ocio, etc. En cualquier caso, una banda políticamente afín y que quiere vivir de su música no puede justificar su ética de desprecarizarse si lo hace a costa del trabajo de luchas sociales y políticas mientras mira solo por su interés propio. Tras la excusa de que contribuyen a financiarlas suele estar la triste realidad de colectivos arruinados por meterse en ese barro.

Pero esta idea no solo es estandarte de empresas musicales y su esencia se ha filtrado por las ranuras más humildes de la contracultura, incluso esa que se considera ideologizada. En los anteriores, si bien cuestionable, su objetivo es claro. Pero en aquellas que lo hacen “por amor al arte”, por diversión o por lucha, se pierde el norte, el sentido de lo que se hace. En general, al hacer una banda, y más si es politizada (se presupone sin unos fines comerciales de partida), es por apetencia. Apetece divertirse, expresar ideas, pasar el rato con colegas, incidir con el mensaje (incluso otra forma de militar, guardando las diferencias). Pero, desde luego, nadie te ha venido a suplicar que lo hagas. Tu grupo no es pilar fundamental de ningún movimiento revolucionario ni de ninguna lucha social. Si lo usas para potenciar dichas luchas, bienvenido sea, pero hazlo porque quieres, no por esperar algo a cambio. Y por descontado que sí vas a recibir mucho a cambio, y desde luego no es de los hobbies ni de las formas de militancia más precarias. Todo lo contrario.

Valores capitalistas en la cultura anticapitalista

La falta de politización real concede validez a eso de “quien no se vende es porque no puede”, dado que sin una base ideológica sólida y anticapitalista va a ser más probable que se bucee en el relativismo en busca de alguna excusa para auto justificarse. La cuestión es que toda esta difusa delimitación de lo revolucionario en materia cultural radica en una grave crisis de valores. La transparencia, el feminismo, la igualdad de oportunidades, solidaridad, colaboración, horizontalidad, apoyo mutuo, o la autogestión en su acepción menos contaminada por el emprendimiento empresarial, son conceptos que definen la filosofía anticomercial y que brillan por su ausencia en el panorama cultural actual, inclusive el que denominamos alternativo. Una banda anticomercial de León, ya desaparecida y llamada Hachazo, definía muy bien estas ideas en uno de sus estribillos: “No hay que olvidar que todo el mundo puede cantar, no hay que olvidar que todo el mundo puede tocar, no hay que olvidar que tú solo eres una más, colaboración, esto no es una competición”. En definitiva, no ser más que nadie por tener una banda o porque esta guste. Cuando hablamos de la contracultura como actitud, es una herramienta de lucha que como tal puede usarla quien quiera, una herramienta tan respetable como la que hayas podido escoger tú, por encima de opiniones subjetivas sobre la “calidad” de esa música. Pero la colaboración que deseaba Hachazo actualmente no va más allá de la afinidad que puedan tener bandas entre sí, sin un trasfondo político. Sí que ocasionalmente se consigue crear ciertas redes (asambleas de músicas) pero no se llega a marcar unos objetivos políticos entre agentes culturales y a trabajar, cada cual desde su propio proyecto, para cumplirlos. En realidad, el panorama musical alternativo está impregnado de valores capitalistas: competitividad, privatización, rivalidad entre grupos, jerarquía entre propios componentes del grupo o entre organizadoras de eventos, opacidad, ánimo de lucro, delegacionismo, fama personal, una enorme egolatría… todo ello bajo el paraguas del individualismo y el mercantilismo, entendido sobre todo como la obsesión de que tu producto venda más que en la propia rentabilización de esa venta.

Primeras filas del concierto en las que solo hay chicos y no chicas, acceder a un caché porque el grupo que lo pide trae gente, tipografías más grandes para bandas que se consideran mejores o que mueven más fans, festis combativos en salas gestionadas por grandes empresas, uso interesado de lemas panfletarios para lograr difusión personal más que para potenciar las propias ideas, amiguismo y fama como criterios para llamar a alguien a actuar, creerse que tocar en un grupo exime de otras facetas menos ociosas de la militancia, amplis que cuestan más que un coche, que haya teloneros, priorizar un evento frente a otro por su condición como escaparate (va a verme mucho público) y no por su causa, saltarme un marrón en mi colectivo porque toca ensayo, discusiones por no querer compartir material para un concierto… Todo ello forma parte de la realidad cotidiana en nuestros entornos, tanto por parte de músicas como de organizadoras y consumidoras de cultura, y es difícil tan solo percatarse de estas actitudes por lo interiorizados que tenemos los valores capitalistas.

Por ejemplo, algo que llama la atención es lo arraigado que está en el circuito musical combativo algo que emana tan claramente de la moral capitalista como son los concursos. Planteados seguramente desde una intención constructiva de cara a incentivar a músicas jóvenes e ilusionarles, incluso un intento de meritocracia de acuerdo a lo que se podría llamar nivel musical, no obstante dañan la anhelada colaboración política referida anteriormente y en cambio suponen un caldo de cultivo para la competitividad, autorreferencialidad y el culto a la imagen. Un formato que hace imposible valorar lo que hay detrás de una actuación. Jurados que premian la parte estética en detrimento del mensaje, castigando así pues a la música como política. O en su defecto público que elige superficialmente o al grupo que le ha pedido el voto vía red social. Lo que se ve como un premio para las bandas que empiezan, en verdad tiene como resultado una jerarquización brutal entre grupos de música: aquellos que conforman una primera división en la que no hace falta concurso para tocar en el evento grande (de hecho seguramente sean cabeza de cartel por encima de las ganadoras del concurso), y aquellos que tienen que competir entre sí si quieren hacerse un hueco en la escena. Estos últimos desarrollan competitividad en el cuidado ya no solo de la música sino especialmente de su imagen, pero no pasa lo mismo con el mensaje. El concurso fomenta un espectáculo vacío. Atractivo, vistoso, pero vacío.

Los valores capitalistas encierran un matiz patriarcal y autoritario, que no es precisamente menos nocivo en algunas de las corrientes culturales y políticas que rodean nuestros espacios de lucha. Abrirse paso en estos espacios es entonces más fácil conforme más privilegios reúnas, de modo que no es de extrañar que, desde el punto de vista sociológico, el grupo de música revolucionario estándar o el sujeto cultural que habita estos parajes responda al prototipo de hombre, blanco, heterosexual, de familia de aquí de toda la vida, con asimilación cultural local y que no ha pasado demasiados apuros económicos. Una estética homogeneizada completa el cóctel y la diferenciación. Vaya, una muestra intensificada de los privilegios que ya de por sí arrastramos en nuestros entornos; los lastres e incapacidad de abrirnos a más capas sociales que vemos en el día a día de la militancia en general pero de manera aún más acentuada (no olvidemos el papel central de la contracultura en la socialización del contrapoder). Esta figura desvirtuada del gudari , antítesis del nerd, suele plasmarse en el terreno musical en un cuidado abusivo de la pose para emular fortaleza y agresividad, en violencia en las letras tratada desde la impulsividad y valentía entendidas como arrojo y la falta de miedo asociadas a la masculinidad hegemónica, o la tribalización en sus espectáculos para remarcar pautas compartidas. De este modo, parece difícil hacer una revolución en la cultura combativa (al igual que en las luchas en general) contando solo con esas capas sociales privilegiadas. A la autocrítica inicial le sigue aprender a reivindicar la creación cultural no como inquietud burguesa y hedonista sino como herramienta accesible a todas y como medio de liberación social y autogestión.

Retos de la contracultura revolucionaria

Lo cierto es que la perspectiva militante y comprometida de la cultura se ha venido desinflando en la última década, paralelamente a la desideologización en la sociedad y a una crisis de la cultura en general, acentuada por la coyuntura de estallido de la burbuja y por el cambio estructural que impone Internet y las nuevas tecnologías. Tras una oleada de nuevos retos (Musikherria, Laudio 2004…) estos no acabaron de cuajar, y la figura de la distribuidora sufre hoy desgaste y agotamiento insertos en la desaparición de las redes anteriores, algo que exige reinvención y un nuevo impulso. El cambio de escenario ofrece oportunidades a quien sepa adaptarse; la democratización del acceso a la creación artística puede servir para desguetizar y visualizar la cultura autogestionaria como una alternativa viable y fructífera. La edición clásica en la que una distribuidora asumía gran parte del proceso de producción de material pierde efectividad y sentido, pero aparecen nuevas formas de interacción, intercambio y micro mecenazgo que requieren que las creadoras culturales den un paso al frente y tomen más protagonismo en su autogestión, no de forma individualizada y atomizada sino tejiendo redes de colaboración.

Todo ello caerá en saco roto sino hay una reciprocidad por parte de espacios y luchas alternativas, apostando por esa cultura también alternativa. Para es necesario debatir y definir criterios políticos de cara a la cultura, no arbitrarios sino coherentes con sus ideas. Así se evitarán imposiciones lucrativas de uno y otro lado (ni pagos desorbitados ni gaztes asanbladas sin actividad política pero con 20.000 euros en el banco). Por eso los agentes culturales también deben establecer sus propios criterios tras un diagnóstico de su situación y objetivos políticos, si los tiene. Un paso importante es cohesionar a esos agentes culturales que sigan la filosofía anticomercial, reivindicar sus principios y actividad sirviendo también como carta de presentación ante público y organizadoras de eventos. En ese proceso no habrá que obviar un ejercicio de transparencia, no solo para evitar un lucro desmedido o ser conscientes de cuando este ocurre, sino también para dar a conocer el proceso y esfuerzo que implica crear cultura.

Por último, en las incipientes iniciativas de autogestión integral la cultura no ha de quedar olvidada; como aspecto vital en nuestras vidas, debemos potenciar herramientas que permitan crear, difundir y consumir cultural acorde a nuestros principios. No hay que olvidar que, al ser parte del contrapoder, cuidar la contracultura es tarea de todas; apoyar la cultura libre desde las experiencias de lucha contracultural liberadora que nos sean más cercanas, sin apuestas parciales y sin usar ese apoyo para convertirlas en empresas culturales afines. Porque es necesario entender que al capitalismo no se le combate con un capitalismo light , que con su falsa apariencia de autogestión es el condimento perfecto para esta democracia zero y su espejismo de libertad.

[12 Octubre 2016] Día de la Hispanidad. Nada que celebrar.

¿Por qué es festivo el 12 de Octubre en España?

Cada 12 de octubre es un día festivo en el calendario español, de igual modo que es un día reivindicativo o de celebración en algunos estados americanos. Actualmente el 12 de octubre representa en España el Día de la Fiesta Nacional.

De igual modo que recientemente analizábamos el 11 de septiembre en referencia a su fiesta, ahora repasaremos de manera similar esta fiesta análoga, para entender qué utilidad tiene ver desfilar a militares en Madrid y dar un día de fiesta laboral a todo el mundo.

Es evidente que el desfile militar, como en otros estados, es una muestra del músculo militar que se tiene. Todo estado necesita demostrar que tiene un ejército o fuerza coercitiva efectiva, ya que al fin de cuentas serían quienes en última instancia asegurarían la integridad territorial. De igual modo, es un día que se muestra la “grandeza” de la monarquía hispana, puesto que el monarca se muestra saludando a la tropa y mostrando con esplendor sus galones. Al fin de cuentas, históricamente la nobleza ha pertenecido a la casta militar.

Es el típico día que enciendes la tele y te topas con el rey, la cabra de la legión y tanques desfilando por Madrid, o incluso una “mosca” de España en canales infantiles. Es, al fin de cuentas, un día de nacionalización banal, puesto que la mayor parte del mundo no tiene ni idea qué se celebra, pero sirve, en teoría, para crear sentimiento identitario.

El 12 de octubre fue el día que Cristóbal Colón y sus acompañantes avistaron el continente Americano. La fecha, en sus orígenes conocida como el día de la raza, se empezó a celebrar a inicios del siglo XX, en un contexto de encuentros internacionales entre España y América Latina.

Entonces se explicaba que esa fecha, más que alentar la leyenda negra del colonialismo hispano en referencia a su papel en América y otras colonias, defendía que pese a todo, dos continentes estaban unidos, puesto que compartían un legado histórico común, visible, por ejemplo, en el predominio del español como idioma, el catolicismo o ciertas tradiciones y costumbres. En el fondo, era una manera de utilizar un hecho histórico en beneficio de un discurso político.

Nada a celebrar

Es un hecho que la nacionalización española, pese a ser efectiva y predominante en su territorio de influencia, convive con otras identidades en competencia en el terreno nacional y, entre una parte importante de sus nacionalizados, o personas con conciencias identitarias diferentes, la efeméride del “descubrimiento de América” les resulta más que problemática para ser motivo de celebración.

Pese a los apasionados debates existentes relativos a la “nacionalidad” de Colón; que si es genovés, que si es gallego, quizá catalán o vaya usted a saber, lo cierto es que su figura, al poco que se analice en profundidad, no debería ser objeto de disputa, ya que al fin de cuentas fue un conquistador y utilizó la violencia para conseguir sus objetivos, que no eran otros que los de la grandeza, riqueza material y prestigio social y, si por el camino, se tenía que saquear, asesinar, esclavizar y violar, el fin justificaba los medios.

No entraré demasiado en analizar la estupidez de escoger una fecha como esa para representar la máxima referencia de la llamada nación española, puesto que si traspasamos los argumentos utilizados en una entrada pasada en este portal, relativa al 11 de Septiembre para el nacionalismo catalán, entenderán la sinrazón de escoger una fecha en la cual no existía una conciencia identitaria ligada a la nacionalidad española.

Las naciones son producto de la contemporaneidad. Si realmente se quisiera escoger una fecha con más veracidad histórica, el 2 de mayo, por ejemplo, sería más honesta, que no un 12 de octubre de hace más de 500 años. Pensar que entonces existía una esencia “nacional” que ha perdurado hasta nuestros días es un pensamiento cuanto menos inocente.

El 12 de octubre fue el inicio de uno de los periodos más bochornosos de la historia de la humanidad. Y eso lo aprendí en mis años de estudiante universitario, cuando me encontré con una asignatura llamada “Conquista y Colonización de América”, impartida por Antonio Espino y descubrí dos cosas importantes: que en su clase algunos le llamábamos “el Metralleta” por la gran cantidad de datos que podía ofrecer en directo, pero también y más importante, que los apuntes que nos quedaban eran muy interesantes, sí, puesto que ofrecía un análisis del “descubrimiento de América” sin caer en la mera leyenda negra pero, en la práctica, muy crítico con el proceso histórico del imperialismo hispano. En sus clases se podían sentir crónicas de indígenas y mestizos, memorias y fuentes relativas a los conquistadores, a la brutalidad existente en el clima de confrontación que normalmente iba parejo al proceso de conquista y control del nuevo territorio. Curiosamente, mientras pensaba en esos años pasados, encontré en la red una interesante entrevista a Antonio Espino del pasado 2013, en la cual se puede sintetizar parte de sus pensamientos y de lo poco idóneo que resulta el escoger una fecha como el 12 de octubre como fiesta nacional española.

El 12 de Octubre ni fue un encuentro pacífico entre civilizaciones, ni ha quedado un legado común en forma del idioma español y la religión católica. Esa fecha no fue, ni tan siquiera el descubrimiento de nada, ya desde tiempo atrás, desde Europa los vikingos habían creado asentamientos en territorio americano, y si tenemos una mentalidad más global, es de suponer que antes que cualquier europeo, los indígenas que poblaban el continente algo de abolengo tenían…

Si pensamos en el supuesto beneficio al escoger el estado esta fecha como la más importante de las existentes para la nación española, quizá le resultase más rentable decidirse por cualquier otra, puesto que esta evoca torturas, saqueo y destrucción.

Y lo mismo debería de hacer la Iglesia, a quien le parece bien dicha fecha que, para más inri, coincide con el día de la virgen del Pilar, patrona de España y la Guardia Civil, y tan contenta que se queda, puesto que está cómoda en esta celebración bajo el discurso de la hispanidad más allá de España, cuando en verdad fue partícipe y parte necesaria en el proceso de conquista y destrucción del territorio americano, en el cual, y así nos alejamos de visiones idílicas, los europeos se encontraron en muchas zonas amplios territorios controlados por estados igualmente sanguinarios, lo cual conlleva a pensar que no existió ningún encuentro entre culturas tras el 12 de octubre, más bien todo lo contrario.

[17 Septiembre 2016] Reflexiones sobre la autoridad.

En su Discurso sobre la servidumbre voluntaria, Étienne de La Boétie (1530 – 1563) ya denunciaba de forma sensata el poder que tiene la costumbre en nuestra manera de pensar y comportarnos. Es cierto: cuando nos habituamos a algo, cambiarlo es realmente difícil. Sobre todo si hemos estado sujeto a aquello desde nuestro nacimiento o si ha trascendido a una o varias generaciones. Cuando esto ocurre, para la mayoría de las personas su motivo de costumbre pasa de seruna realidad a ser la realidad, algo establecido y rara vez cuestionado, formándose así los convencionalismos sociales arbitrarios y los racionales que constituyen el sentido común. Poner en duda cualquiera de estas verdades es considerado una locura, siendo que la auténtica locura reside en pensar un mundo amutable, rígido y, por consecuencia, sin historia.

Hoy en día difícilmente se permitiría que una persona fuese dueña de otra y sin embargo hubo un tiempo en que la esclavitud y la monarquía fueron vistas como algo más que aceptable, algo que debía ser. Lo normal y el sentido común, en éste y muchos casos más, no se configuran a partir de un pensamiento racional, sino que se van estructurando en la medida en que las prácticas se hacen más cotidianas y no existen las condiciones materiales para cuestionarlas y transformarlas. Es por esta razón que para muchas personas es imposible concebir un mundo sin autoridades, pues han estado presentes durante buena parte de nuestra historia conocida y durante absolutamente toda nuestra historia particular:

Desde antes de siquiera poder dar nuestros primeros pasos, somos aleccionados en cuanto a cómo debe ser nuestro comportamiento frente a una autoridad. Las autoridades –nos dicen desde siempre– deben ser respetadas y obedecidas. Este precepto daña a la humanidad de un modo tan grande y difícil de percibir, que es doblemente peligroso.

En una sociedad como la nuestra, donde la participación social es increíblemente baja, tanto en la organización sectorial como en lo electoral, vale la pena el que nos preguntemos la razón del por qué.

El respetar y obedecer a alguien tan sólo por el hecho de ser una autoridad es un sin sentido. Tal modo de vida anula el cuestionamiento y el razonamiento que llevan al ejercicio del diálogo, la reflexión y el debate, coartando las posibilidades de entendimiento. De ahí la dificultad de plantear problemáticas y que éstas sean aceptadas y asumidas por los dirigentes de un país. La autoridad viene a suplantar a la razón de igual modo como quien ante una pregunta que desconoce o que no quiere tratar, elude argumentar respondiendo “porque sí” o “porque no”; debes hacerlo porque la autoridad lo dice = porque sí; no debes hacerlo porque la autoridad lo dice = porque no.

Lamentablemente no es todo. El uso de autoridades ha llevado a las personas a tener una concepción errada de lo que es la política. Por lo general se piensa que la política es aquello que hacen los políticos y, en menor medida, los movimientos sociales.

Esta visión, compartida por muchos, hace que la población vea el ejercicio político como algo ajeno, que no le corresponde y de lo que otros deben encargarse. La mayor proximidad que sienten es al momento de votar, cosa que hacen muy de vez en cuando y sólo la pequeña parte participa del proceso electoral. El resultado es una población pasiva que delega todas las decisiones importantes a un grupo muy reducido de personas.

Lo cierto es que todo lo que una persona hace (acción) o no hace (omisión) es un acto político. La política se desarrolla en numerosos campos, planos, dimensiones o niveles de acción y tan sólo uno de ellos es el electoral; quién vota lo hace por el candidato que mejor represente sus ideas o por intereses personales o partidistas, mientras que quién no vota puede estar dando un mensaje de apatía, indiferencia o descontento con la política tradicional. También hace política la persona que prefiere usar una bolsa reutilizable a una de plástico, la junta vecinal al reunirse para tomar decisiones en torno a su sector, el sindicato que busca mejoras para sus colegas, la organización de cualquier tipo y toda forma de autogestión, etc.

No todo lo que hacemos tiene una magnitud tal que pueda ser visible ante todo un territorio país, pero eso no debe preocuparnos. El primer paso para cambiar el sentido común cuando no se controlan ni se busca controlar los medios, es lograr cambios de paradigmas a nivel local.

Una cantidad no menor de cambios han comenzado así, desde experiencias locales que se replican lo suficiente para generar un cambio en el sentido común, y no desde las llamadas autoridades, limitándose éstas últimas a ejecutar o establecer de modo formal dichos cambios que en la práctica ya se encuentran andando, y lo hacen con la sola intención de evitar el estallido que se produce cuando la presión social ya es demasiada y que les perjudicaría de gran manera. Así las mujeres han conquistado gran parte de sus derechos, así se logró abolir la esclavitud y así se arrancó a la monarquía de su puesto privilegiado. Pero para ello, primero es necesaria la comprensión de que todos y todas somos seres políticos y tomar consciencia de que nadie lo representa mejor a uno, que uno mismo.

Una vez dejemos atrás la idea de autoridad, la razón, el diálogo y la reflexión podrán recuperar su lugar natural dentro de la sociedad. 

[26 Agosto 2016] Despertemos al monstruo dormido.

A día de hoy (principios de agosto) no sabemos aún quién ha ganado las elecciones y formará  gobierno. Lo que sí parece evidente es que el llamado “ciclo electoral” de asalto al “cielo” poco paradisíaco, por lo que nos empiezan a decir nuestros supuestos representantes, de las instituciones, está llegando  a su fin.

En ese proceso de asalto a lo institucional burgués  se han centrado gran parte de las energías del activismo y la militancia social de nuestro país en los últimos dos años. Los resultados son, ciertamente, muy limitados: se han obtenido algunos ayuntamientos, aunque sólo con el apoyo expreso o tácito de las fuerzas del social-liberalismo (PSOE); una buena bancada de diputados que en la aritmética parlamentaria representan, sin embargo, un papel marginal; y algunas comunidades autónomas, también en base a pactos de amplio espectro que re-significan acusadamente el discurso de ruptura con el régimen que se supone que fundamentaba esta ofensiva en las instituciones.

Por el camino, sin embargo, nos hemos dejado muchas cosas: la potencia de los movimientos en la calle, que han sido encauzados hacia las instituciones y, posteriormente, ninguneados, por un discurso de la “nueva política” que ha llegado, incluso, a negar su misma existencia para no tener que responder ante nadie; una cierta “virginidad” política, que implicaba la idea de la incorruptibilidad y plena traslación de los deseos populares por unos representantes elegidos de entre los propios núcleos activistas; y, sobre todo, el elemento más esencial, el corazón mismo de la propuesta del 15M, conformado por la idea-fuerza del “Sí se puede”, que ha sido abandonado por una naciente casta político-parlamentaria neo-socialdemócrata (es su propia definición) que ahora se dedica fundamentalmente a explicarnos por qué “no se puede” ni se podrá en mucho tiempo.

La “nueva política” parece cada vez más obsesionada por deslindarse, no de la “vieja casta”, a la que ha llegado incluso hasta a adular, sino del “viejo activismo”, identificado como una residuo pasivo de tiempos pasados que no quiere reconocer las múltiples cesiones, tanto ideológicas como prácticas, que implica la gestión de lo posible, que desde las instituciones impone virtudes teologales como la paciencia, la resignación, la adhesión a una forma retorcida y personalista de hacer política, y los abrazos continuos con los prebostes de un régimen que ya nadie identifica como el enemigo a batir, sino con el tablero de juego que, quizás, en largo plazo, se podrá reformar de alguna manera.

Lo cierto es que, muy probablemente el fin del ciclo electoral puede ser también el fin del ciclo de la ilusión del cambio fácil abierto en el 15M. Las transformaciones, en la historia del capitalismo, difícilmente se han producido por la mera expresión de disconformidad (en los parlamentos o fuera de ellos), sin organización de base ni conflicto ulterior, de amplios sectores de población, incluso en el caso, difícil de probar, de que esos sectores fueran realmente mayoritarios en el seno de la sociedad.

La confluencia de una crisis sistémica que se profundiza, y degrada cada vez más amplios espacios de lo social; junto al fin del ciclo electoral; si se ve, además, acompañada del abandono de toda esperanza de cambio por parte de las clases subalternas, puede conformar el caldo de cultivo imprescindible para la emergencia de formaciones que, basadas en el odio de un proletariado adocenado y desmoralizado a sí mismo, levanten como bandera la xenofobia, el autoritarismo y la jerarquización extrema de la sociedad.

¿Qué camino le queda, pues, a la militancia social y los sectores conscientes y antagonistas del movimiento obrero, en este complicado escenario, en el que se entrecruzan los procesos de descomposición sin alternativas de un régimen político corrupto y de un  entero modo de producción incapaz de valorizar los últimos avances de la técnica y de resolver sus más profundas contradicciones, hasta el punto de poner en peligro la misma adaptación ecológica de la especie humana al entorno natural?

Es la hora de, como decía Sartre, de “construir para hacer visible lo inconstruido”.  Si la principal ausencia en estos momentos de zozobra, es precisamente la falta de alternativas radicales y sistémicas a un mundo que se derrumba sin remedio (y eso vale tanto para el sistema capitalista en su conjunto como para el inefable régimen del 78 en España), la tarea del día, para los sectores más conscientes y activos de la clase trabajadora consiste, precisamente, en erigir nuevas banderas que, sobre la base del trabajo crítico sobre el marco de conocimientos atesorado en los últimos siglos por las fuerzas revolucionarias, establezcan una hoja de ruta plausible y lineamientos estratégicos a la altura de los tiempos para la reconstrucción y emergencia de nuevas formas organizadas y de masas de conflicto social y de poder desde la base.

Este artículo no es un espacio adecuado para profundizar en una apuesta estratégica concreta. Hay cosas que no se pueden expresar a plena satisfacción con tanta brevedad. Sin embargo, aprovecharemos para lanzar algunas líneas-propuesta que podrían conformar el armazón básico para la construcción del nuevo movimiento “que quiere abolir el actual estado de las cosas”:

-El dogal de la deuda debe de ser desatado. Eso pone sobre la mesa la necesidad de una economía auto-centrada, y de la soberanía monetaria, alimentaria e industrial, así como de una auditoría de todas las deudas que acabe con la deriva hacia la “servidumbre por deudas” que trata de imponer el capital como salida a su crisis. La Europa que queremos sólo puede llegar a existir si la Unión Europea realmente existente es desmantelada.

-La profundización democrática no puede ser soslayada. Eso implica la necesidad dela experimentación con la construcción de “instituciones del común” que, más allá de la dicotomía del derecho burgués entre lo “público” y lo “privado”, permitan edificar una nueva estructura política y social basada en el protagonismo popular.

-La democracia debe llegar, también, al ámbito de la economía. Los y las productores y reproductores  de la riqueza social deben determinar su uso, dirigir su producción y reproducción, y establecer los objetivos a cubrir con la misma. La autogestión generalizada de la vida económica es la única salida que permite erigir un sistema social en el que la soberanía, la sostenibilidad y la cooperación sean el centro.

-La solidaridad entre los explotados y oprimidos debe superar cualquier barrera nacional o étnica, independientemente del reconocimiento de que los trabajadores concretos, son personas concretas, con culturas, étnias o cosmovisiones concretas. La pluralidad y la diversidad son buenas y deben ser  reconocidas, pero la solidaridad de clase debe traspasar todas las diferencias. De esta crisis civilizacional sólo podemos salir todos juntos. En el mundo de las deslocalizaciones y los movimientos globales de capitales, las luchas de los pueblos del Sur, son las luchas de todos.

-Las opresiones cotidianas son un buen anclaje para construir poder popular. La democracia también tiene que llegar a ser la libertad para construir el propio arte de vivir. La lucha contra el patriarcado, por el pleno desarrollo de las potencialidades de todos y todas y por una auténtica trasformación cultural que plantee la “batalla de las ideas”, de formas múltiples y creativas, es la lucha por la transición sistémica al socialismo libertario. El “conservadurismo antropológico” es una trampa que amenaza reeditar las ataduras feudales en lo social, combinado con la servidumbre por deudas. El régimen del socialismo es el régimen de la libertad, si el socialismo ha aprendido algo de su historia.

-La resolución de la crisis ambiental en ciernes, obliga a un replanteamiento completo de concepto mismo de la abundancia. El socialismo es el régimen de la abundancia, pero no necesariamente del consumo y producción de cachivaches  antisociales e innecesarios. La abundancia de cuidados, de afectividad, de cultura, de todo lo que constituye el armazón de una vida plena, debe sustituir al derroche desigualitario de recursos naturales.

Son propuestas a debate. Falta, también, la discusión sobre los asuntos centrales de la organización y del trabajo. Pero creo que permiten abrir la discusión.

Creemos las alternativas que hagan desperezarse al monstruo dormido que el Capital quiere inducir a las pesadillas.

[22 Agosto 2016] El Estado y su miedo a la libertad.

El Estado manifiesta frecuentemente su temor a cualquier signo de rebeldía, a cualquier inminente situación que ponga en riesgo su casi inquebrantable poder. El Estado premedita sus acciones con el fin de evitar el más mínimo intento de ser libre. Sin embargo, ese mismo Estado establece a priori una serie de estereotipos que le permiten actuar de forma más violenta en casos muy concretos. Pero dándole el beneficio al aparato estatal, no cabe duda que ciertos actores se ganan el “privilegio” de causar más “daño moral” a la institucionalidad del statu quo.

La anarquía es, sin lugar a dudas, el enemigo número uno del Estado. Es, históricamente, su más acérrimo oponente, el cual se ha manifestado tanto de formas violentas como no violentas, siempre con éxitos crecientes y evidenciables, pero rápidamente reprimidos y destruidos, porque tal cosa llamada libertad no puede permitírsele a los seres humanos.

Cuando las personas luchan por ser libres y por liberar a otros de toda esclavitud, el Estado interviene con fuerza y brutalidad. Esto porque es necesario acabar con los ejemplos de un mundo sin autoridad, sin ley y sin amo. Y no importa qué tan enemigo sea un Estado de otro, si la anarquía se manifiesta, incluso esos acérrimos enemigos son capaces de unirse con tal de aplastar la libertad humana. Los ejemplos sobran, aunque sea Francia o España los que mejor lo recuerden.

Abogar por la libertad implica negar la existencia del Estado, destruirlo. No puede existir libertad con el Estado presente, cualquiera que sea su naturaleza. Mientras la autoridad exista, mientras los instrumentos de opresión se perpetúen, mientras la esclavitud del dinero, de la consciencia y de la dignidad se mantenga, la libertad seguirá siendo solo un espejismo y una fatídica utopía inalcanzable. Por eso, cada acción, por pequeña que esta sea, que implique escapar al control policiaco del Estado, significa rebelión y esta se penaliza con la ley, el juez y la cárcel.

El Estado es el mejor instrumento del poder que ha inventado un pequeño grupo de personas para asegurar sus privilegios de clase. Y con este nació una guardia especializada, la legislación, el juzgado y la prisión. Este se valió así mismo de la religión para someter las consciencias, mientras el Capital se alimentaba del trabajo de miles y millones de personas. Y así, con el desarrollo de la consciencia sobre esta situación existencial, las formas de vislumbrar un mundo distinto fueron apareciendo, pero no se planteaba la transformación radical de la sociedad, la economía, la política o la cultura, hasta que la anarquía se abrió paso entre los escombros y la podredumbre de los Estados, el Capital y la Religión.

Por eso, la anarquía es tan temida, tan incomprendida, tan criminalizada. No puede dejársele ni un espacio de acción, debe ser reprimida lo más pronto posible, antes que la idea de libertad pueda esparcirse como semilla y que germine en las mentes y corazones de las personas. Debe criminalizársele como terrorista, como aniquiladora de la democracia representativa y del imperio de la ley, como incendiaria de todas las prisiones. También ha de perseguírsele como supuesta aliada de la reacción contrarrevolucionaria, de coquetear con la derecha, incluso de proponer la conjugación perfecta del derecho individual y colectivo.

La anarquía es la gran enemiga de los idólatras del poder, de los hambrientos de megalomanía. Es “la gran utópica”, es “la inalcanzable”, “la incapaz”, la que debe ser repudiada a toda costa, la que debe ser asesinada, purgada y confinada. La anarquía tiene el gran pecado de ser la verdadera gran liberadora de la humanidad, por eso y más es comprensible su persecución.

La represión por la represión es la característica fundamental del Estado en contra de la anarquía. Se basa en los prejuicios, los estereotipos y la ignorancia. Pero también se basa en el miedo a lo desconocido y en el terror que implica, para cada ser humano, ser verdaderamente libre, asumir la responsabilidad de sus acciones, de su destino, sin la intermediación de un poder opresivo y omnímodo, porque es más fácil vivir sin cuestionar, aunque sea en la miseria. Por eso las personas, en la gran mayoría de los casos, han optado por la sumisión como mecanismo facilista para escapar de su realidad. Prefiere vivir de espejismos, de falsedades, de indignidad. Prefiere ser máquina antes que asumirse como humano.

La violencia, la explotación, el autoritarismo son fenómenos del poder, vistos como irremediables, naturalizados hasta la saciedad. Cualquiera que traiga un mensaje distinto al poder es tachado de enemigo de la paz, de la democracia y de la supuesta libertad. Porque el mensaje implica la renuncia de las mentiras aceptadas consciente o inconscientemente por las masas, implica empezar de cero, concebir todo un mundo alternativo, implica dejar de esperar recibir para empezar a hacer. Por eso el Estado obnubila, corrompe e ilusiona con mentiras.

[20 Julio 2016] Poder, tecnología, democracia representativa y totalitarismos.

El Poder puede aparecer en cualquier lugar porque la naturaleza y esencia del mismo corrompe toda forma de relación, la cualidad del Poder es intrínseca al sometimiento, es decir, a la autoridad como forma de dominación y a la perversión del autor por medio de la persuasión, bajo esta coyuntura el acuerdo entre iguales no puede existir, ya que la decisión de la acción está determinada por la fuerza de convicción y de sugestión del más perspicaz en el arte de la oratoria o de la escritura a través del pensamiento. En estas circunstancias el autor se convierte en autoridad por consentimiento de un tercero, a toda forma de autoridad le pertenece algún conocimiento o información de más o menos valor para la sociedad que puede llevar a la dominación.

Por lo tanto la principal estrategia del Poder para la dominación de las masas es la fragmentación o división a partir de cualquier autoridad que pueda utilizar (aun estando en su contra) o esté o acabe estando a su servicio por medio de su venta, enfrentándolas ya sea en el mismo grupo, organización o partido que pertenezcan o en el terreno político, religioso, social o filosófico en el que se desarrollen sus actividades sociales, mediante la estrategia del caos controlado, en esta coyuntura la corrupción de las sociedades puede ser gestionada por la élite de poder a través de los Estados.

Los movimientos disidentes que intenten acabar con toda forma de dominación o el Poder no podrán ser dirigidos por ninguna autoridad que se reclame poseedora de ningún conocimiento o inteligencia superior porque les llevaría otra vez a acatar las ordenes de un sujeto que se proclama líder del movimiento, por lo tanto el Poder debería quedar disuelto entre los miembros del grupo al tomar las decisiones que crean adecuadas y convenientes para la disolución de la autoridad que los dirige.

El progreso tecnológico representa en buena medida la rentabilización de la producción de las mercancías en el menor tiempo posible y la maximización de los beneficios a partir de la división del trabajo y la planificación en el proceso de producción dirigida por la burocratización mercantilista (Estado y Capital), es decir, de la utilización del pensamiento para influir en los factores que operan en todo el proceso del trabajo, sea esté productivo o no para la sociedad.

Por lo tanto el aparato tecnológico creado por el hombre o la sociedad se escinde de éste o ésta y se convierte en autónomo, provocando un nuevo modo de vida en el que la tecnología cobra “vida” y acaba dirigiendo al hombre, en esta coyuntura la técnica no está al servicio de la sociedad, al contrario, es la sociedad la que está al servicio de la técnica o en última instancia de la tecnología.

Cuando el aparato tecnológico es autónomo (es un fin, no un medio) puede ser utilizado por una minoría en beneficio propio, es decir, el interés de la élite no es tanto controlar el aparato sino más bien desarrollarlo y perfeccionarlo hasta donde se pueda para de este modo maximizar su función dentro de todo el campo social en el que opera la vida misma del sujeto.

Las democracias representativas o el Estado tienen en el los totalitarismos el “chivo expiatorio” y la amenaza perfecta para poder justificar ante sus respectivas sociedades el imperialismo terrorista y genocida que practican por ejemplo con los países más débiles en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, y que son la causa de millones de víctimas en todo el mundo a raíz de su política basada en el Estado, en las que se desarrollan y reproducen las sociedades capitalistas que pertenecen y aprueban de forma mayoritaria este sistema político de dominación que también las incluye a éstas, privilegiadas en algunos aspectos si las comparamos con las de los países subdesarrollados pero a la vez y de otro modo igual de sometidas y esclavizadas .

Las democracias representativas (cara amable) y los totalitarismos (cara abominable) son las dos caras de una misma moneda que representa el Estado y que podrá cambiar cuando más le convenga, es decir, cuando vea peligrar su status quo.

Mientras que en las dictaduras los engaños de una élite situada en el poder son más evidentes para el pueblo que en las democracias, en éstas se perciben con más claridad los auto-engaños de toda la sociedad, al estar integrado el pueblo de una manera simbólica en el aparato del Estado a través de los partidos que representan las distintas opciones y en los cuales participará la sociedad decretando por medio del voto que partido gobernará una institución que de por sí no tiene una ideología definida, al estar el Estado al servicio del Capital y perseguir los mismos fines que éste, es decir, la sociedad se auto-engañará por partido doble al elegir un partido que gobierna ficticiamente una institución que se auto-gobierna sin necesidad de partidos políticos.

La hipocresía es hija de la cobardía.

[19 Julio 2016] [MADRID] EN DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN.

Con motivo del 80 aniversario del 19 de julio de 1936 se edita este texto donde se reflexiona sobre la revolución. La revolución social como necesidad de los oprimidos para finiquitar este sistema de explotación y miseria.

Hoy como ayer, por la anarquía.

EN DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN

A 80 años del 19 de julio de 1936

Revolución es una palabra cargada de significados. Lo que antaño podía significar en el imaginario común a cambio brusco, insurrección y derribo del orden social vigente, ha pasado a ser un término recurrente en el márketing. La revolución como idea, como puesta en práctica de cambios sociales, nos ha sido expropiada y recuperada por el capitalismo. Un capitalismo que se sirvió de la revolución (sangrienta y violentamente) para lograr su hegemonía como sistema y alzar a la burguesía como clase dominante. Revolución, decimos, que ha desposeído a los sujetos, a las personas, de su accionar y papel protagonista en este proceso para ser desplazado a los objetos, a la tecnología o a un nuevo paquete de préstamos hipotecarios. ¿Qué nuevo producto, qué nuevo e-book, red social, plan de pensiones o método de aprendizaje de inglés puede triunfar en el mar de la competencia capitalista si no es presentado comorevolucionario? Los cambios en el capitalismo que convierten en religión a ideas como la eficiencia, el dinamismo, la flexibilidad o la rapidez vienen a concretarse en continuas revoluciones en lo cotidiano, cambios bruscos para que la explotación y la dominación sean mejoradas y perfeccionadas en la mayor brevedad posible. La revolución desde arriba, la revolución por decreto, ha pasado a ser una obligación de la Dominación.

Sin embargo, a 80 años de un 19 de julio de 1936, nos gustaría dedicar unas líneas a la defensa de la revolución. La revolución como cambio de paradigmas sociales, como destrucción del orden opresor, a la abolición de la propiedad, a la supresión del Estado y sus secuaces, a la puesta en común, a la solidaridad, el apoyo mutuo, a la socialización y colectivización: al intento de arrancar la autoridad de nuestras vidas. Todo un proceso, el de la revolución, que acelera de forma brusca las luchas y conflictos sociales contra Estado y Capital de décadas atrás, aceleración que se concreta en la insurrección, en el levantamiento (uno más) que no es logrado frenar en primera instancia por ninguna fuerza, que barre al orden vigente en sus muchas manifestaciones. Hablamos de revolución social y no revolución política porque no se trata de un cambio en las caras del Poder, un nuevo reparto del pastel de la dominación, con formas nuevas, pero el mismo fondo que haga que prevalezca la explotación, la existencia de gobernantes y gobernados, dominantes y dominados.

¿Es la revolución un camino de flores? ¿Es la revolución un camino en línea recta? Pues no, obviamente. La revolución se encuentra en su camino con todos aquellos que pretenden asesinarla. Toda revolución engendra dentro y fuera de ella la contrarrevolución. La contrarrevolución que pretende abortarla por muchas vías: la traición de sus miembros, el aplastamiento a través de la contienda y la lucha contra las fuerzas del orden, la recuperación a través de las viejas instituciones del Estado, la burocratización de sus procesos, el surgimiento de líderes y el viejo fantasma del autoritarismo, la delegación y el consiguiente abandono de la iniciativa de los oprimidos en pro de un Partido o alguna forma vertical de organización… Frente a esto, la insurrección, la revuelta, se muestra como única solución posible, como supresión de cualquier contradicción.

Hacemos esta defensa de la revolución en torno a 80 años de un 19 de julio de 1936 porque lo aquí comentado se vivió en España en aquel entonces. Porque mientras se luchaba contra el fascismo en los frentes, se daba rienda suelta a la mayor obra de transformación social nunca vista por el ser humano. Porque la anarquía, o al menos, su aproximación, dejo de ser utopía para ser una realidad al alcance de las manos de nuestras antepasadas. Y también la contrarrevolución y sus fuerzas. En frente, el fascismo clerical, militar y empresarial que tras fracasar su república burguesa, se juega el todo por todo buscando una forma de Estado más acorde a sus homólogos italianos y alemanes. En la retaguardia, la fuerza contrarrevolucionaria vino a ser la burguesía liberal, partidos políticos como el PSOE, el PCE (el PCUS en Cataluña) o los nacionalismos burgueses. Y también la burocracia y la traición interna en las organizaciones anarquistas. Frente a la amenaza de la supresión y recuperación por el orden burgués republicano, el conflicto con la revolución empieza a fraguarse casi desde el 19 de julio pero no estallará, a pesar de los muchos ataques, hasta el mes de mayo de 1937. Lxs anarquistas, los sectores del movimiento libertario no integrado en la legalidad burguesa y, en fin, el proletariado que con tanto esfuerzo y sufrimiento habría emprendido la obra revolucionaria entendió y comprendió, que cuando la revolución es amenazada, solo la insurrección, nuevamente chispa detonante, puede salvar a la revolución.

Más allá de la derrota. Más allá de la historiografía liberal o marxista que procura silenciar y trastocar estos hechos históricos. Más allá de caer en la mistificación propia de aquellos sectores que pretenden vivir de un pasado glorioso para ignorar un presente de miserias. Más allá de todo eso, procuramos recuperar la memoria de un proceso revolucionario concreto como experiencia histórica de la cual aprender a la vez de servir de defensa de la revolución.

Defensa de la revolución social como necesidad. Como objetivo, como medio y como fin. Frente a cualquier lucha que emprendamos, contra la explotación laboral, los desalojos y desahucios, contra sus guerras, su miseria, su desigualdad, su racismo, su patriarcado, sus fronteras, sus naciones, sus cárceles para pobres y rebeldes, su represión, su hambre, su infecto mundo autoritario. La revolución no es una idealización del pasado, ni votar en una urna, ni esperar que la Democracia y su miserias nos salven (parte del problema nunca es parte de la solución). La revolución no la hace el mundo de la publicidad del capitalismo. La revolución es una necesidad muy real y muy vigente si como oprimidos y oprimidas, queremos librarnos del yugo del Estado y el Capital y su mundo de explotación y dominación.

[18 Julio 2016] Un “regalo de Dios”: el fallido golpe militar y la profundización del autoritarismo turco.

Tampoco hay mucha democracia que defender, ya que Erdogan ha venido ampliando cada vez más su poder y control sobre el aparato estatal, purgando a sus enemigos en el Estado y el ejército, amordazando a la prensa, persiguiendo a la oposición política y encarcelando a los críticos. Todo esto, mientras el miedo se apodera de los ciudadanos en medio de un incremento de los atentados explosivos que se han cobrado cientos de víctimas (el más reciente apenas hace una semana, en el aeropuerto internacional de Estambul), muchos de ellos por la proliferación de islamistas, y de una crisis económica sin precedentes, agudizada a partir del enfrentamiento con Rusia en Noviembre del pasado año a raíz del derribo de un avión militar ruso, por fuerzas turcas, mientras se encontraba en operaciones en Siria. A raíz de esto, Rusia decretó una serie de sanciones económicas devastadores para la economía turca, que pusieron de rodillas al presidente turco, quien después de bravuconear por unos meses, terminó pidiendo perdón sin condiciones a Putin. Erdogan y su partido, el AKP fomentaron un ambiente de terror y violencia, mediante el cual se impusieron en las elecciones del 2015, en segunda vuelta. La campaña electoral del año pasado, lejos de ser democrática, estuvo marcada por la persecución a la izquierda, en particular al partido pro-kurdo HDP, y por la polarización promovida mediante el recurso al terror y al miedo.

Abdullah Gul, un allegado a Erdogan y socio del AKP, dijo, estúpidamente, que Turquía no es un país latinoamericano, al hacer referencia al golpe militar. La realidad, sin embargo, es que Turquía tiene más golpes de Estado que muchas de las repúblicas latinoamericanas que él caricaturiza en su comentario: hubo golpes en 1960, en 1971, en 1980, y el llamado golpe “post-moderno” de 1997, cuando el gobierno presionó la renuncia de un antecesor y asociado político de Erdogan que recién había ganado las elecciones. El ejército, a diferencia de la policía que es leal al gobierno y más afín con su islamismo, se ha considerado así mismo como el guardián de los valores republicanos y seculares con los que fue fundada la República de Turquía en la década del ’20 por Mustafá Kemal Atatürk, y siempre ha mirado con desconfianza al islamismo político que comenzó a levantar su cabeza y hacerse sentir fuerte desde los ‘90.

El islamismo político coge fuerza con el surgimiento de los llamados “tigres de Anatolia”, empresarios que emergen con la apertura económica experimentada desde los años ‘80, los cuales vienen de las ciudades de la Turquía profunda y que reflejan una mentalidad conservadora y religiosa en toda regla. Este islam político exacerba la tensión existente con la elite secular y occidentalizante, asentada en las principales ciudades turcas (Izmir, Estambul, Ankara) y ligada a las profesiones liberales, a la burocracia estatal y al ejército. Desde el 2010 que Erdogan ha venido purgando sectores del Ejército, sacando a los sectores más recalcitrantes de kemalistas y reemplazándolos con sectores más afines a su proyecto político, que mezcla el autoritarismo de Kemal, con el conservadurismo islamista, con una pizca de neoliberalismo y con sus sueños de convertirse en Califa y proyectar la sombra del imperio otomano nuevamente sobre el Medio Oriente. En su lugar, ascendieron una serie de oficiales ligados al clérigo Fethullah Gülen, entonces aliado de Erdogan, aunque en 2013 ambos rompieron. Son, al parecer, estos sectores medios en el Ejército, no la vieja guardia kemalista-secular, quienes habrían estado detrás de este golpe.

La pobremente organizada y fallida intentona de golpe militar, fue descrita por el presidente turco Erdogan “como un regalo de Dios”. Es fácil ver por qué dijo esto: desde ya ha comenzado la purga en el Ejército –y si logra cambiar su doctrina y su composición, el pilar central, bastión republicano del Estado turco, habría mutado para imponer su propio proyecto islamista. Hay quienes han dicho que el presidente turco por fin ha tenido su propio “incendio del Reichstag”, el cual utilizará como la excusa perfecta para seguir imponiendo su proyecto autoritario y silenciar las voces críticas tanto en lo doméstico como en el exterior. Mientras su actitud errática y agresiva, estaba ganando creciente hostilidad en la comunidad internacional, que temen que sus acciones sigan desestabilizando la región y puedan llevar la crisis del Medio Oriente a las puertas mismas de Europa, la aventura de los militares ha logrado que gane, momentáneamente, el respaldo inequívoco de la llamada “comunidad internacional”. Y también logrará silenciar cualquier crítica que pudieran hacer a la creciente militarización, censura, persecución y purgas que promueva en retaliación, no contra los golpistas, sino contra todos los sectores que potencialmente pudieran representar un contrapeso a su poder absoluto. Pero si la “comunidad internacional” guarda silencio, los pueblos del mundo tenemos el deber moral de solidarizarnos con el movimiento popular turco y kurdo y alzar la voz ante el autoritarismo que recorre al Estado turco y que bombardea, encarcela, asesina y amordaza a nuestros hermanos y hermanas. Tenemos el deber moral de solidarizarnos con los que luchan por una alternativa al nacionalismo-militarista y al islamismo-político, y no hemos de permitir que esta alternativa basada en la libertad, la justicia social, la igualdad, sea ahogada en sangre. Erdogan hoy se cree invencible, pero su victoria es pírrica –su barco está en franco naufragio, y esta intentona golpista fue solamente un síntoma más de esa crisis.

[29 Junio 2016] Reflexiones Post-Electorales. ¡Vamos a por ellxs!

Los que querían un “cambio” y fueron a votar, si en vez de votar, todos esos millones de personas le dieran la espalda al sistema parlamentario, se echara a la calle, y empezara a organizarse, otro gallo nos cantaría y ahora mismo viviríamos en otra sociedad más cercana a la que deseamos. Pero claro, como su idea de ir hacia el cambio es seguir la corriente del río marcada por el propio sistema, y participar y colaborar con el yendo a votar,… Ahora no vale quejarse porque con su voto han legitimado a todo este sistema, y por lo tanto al ganador (no vale enfadarse porque no salio el que ellxs querían una vez han aceptado las reglas de este juego). No se cuantas personas a estas horas estarán arrepentidas de haber ido a votar, y por lo tanto, insisto, ser responsables de legitimar a quienes acaben gobernando, pero al menos es para pararse a pensárselo.

Una vez mas demostrada claramente que la opción parlamentaria como herramienta de cambio es completamente nula, es una vía muerta sin ninguna posibilidad, por si todavía a alguien le quedaba alguna duda, ¿empezamos a organizarnos ya, a salir y retomar las calles, a tender puentes de solidaridad y apoyo mutuo, a luchar de verdad, a darle la espalda al sistema, y que nos tengan en frente, pero nunca a su lado, siendo cómplices de todo este circo que sirve para lo que sirve, e ir a por ese cambio que decimos querer, o todavía no, todavía no lo vemos del todo claro?

En nuestras manos esta. Seguiremos así hasta que la gente quiera. Si queremos un cambio, pero un cambio de verdad, no solo un lavado de cara, tenemos que hacerlo posible nosotrxs, codo con codo, luchando, organizándonos Involucrándonos en el cambio de manera directa, sin delegar en nadie una tarea que nos corresponde construir entre todxs, sin dejarnos engañar por cantos de sirena ni una vez más. Es nuestra responsabilidad. Porque mientras nos tienen entretenidos y adormitadxs con toda esta farsa, con todo este circo, va pasando el tiempo, y todo sigue igual. Porque nuestra participación en el cambio, es imprescindible, pero solo puede ser de una manera directa, organizándonos entre nosotrxs, luchando por lo que es nuestro, cuidándonos unxs a otrxs, siendo solidarixs con lxs nuestrxs, aplicando el apoyo mutuo, el compañerismo, la autogestión, la horizontalidad, sin jefes que nos utilicen. Si no, nos seguirán tomando por tontxs una y otra vez.

¿Que vas a hacer? ¿perder otros cuatro años, de organización, de construir un proyecto de verdad, de lucha y de activismo social, de avance hacia nuestros objetivos reales,… y volver al punto en el que estas hoy sin tener absolutamente nada, y así sucesivamente?¿Realmente quieres el cambio? Pues creo que a estas alturas no tenemos que autoegañarnos mas y seguir perdiendo el tiempo porque las cosas están claras. ¡Salgamos a por el! ¡Recuperemos lo que es nuestro! ¡Defendamos lo justo! Perdamos el miedo de una vez por todas o lo perderemos todo.

Aquí tienes mi mano tendida. Y la de muchas compañeras y compañeros. No hay tiempo que perder.

Tras el fracaso de UP, pedimos a lxs militantes y simpatizantes que realmente buscaban un cambio, se unan de una vez por todas a la lucha horizontal y antiautoritaria en la calle, si realmente quieren ese cambio. Así como todas las personas que han comprobado una vez más la nula posibilidad de cambiar nada por la vía electoral-parlamentaria. Hemos perdido más de 2 años de organización social, de activismo y de lucha en la calle, que hubiera hecho que “el cambio” a día de hoy estuviera mucho mas avanzado, por culpa de Podemos, ese invento del sistema para tenernos entretenidxs y perdidos en luchas inocuoas, para llegar a esto, a la nada (bueno, ellxs sí, ellxs ya han conseguido sus sillones de parlamentarios y sus buenos sueldos).

Pero nunca es tarde, nuestra mano esta tendida. La vida de los más inocentes nos demanda urgencia. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Vamos. Ya sabes donde nos encontraremos si realmente quieres cambiar las cosas.

[24 Junio 2016] La superstición del voto.

En el ser humano anida un fuerte deseo de confiar en los demás. Posiblemente ello se deba a aquella faceta que hace de él un ser social y que como tal tiende a vivir en comunidad. Esto vendría a desmentir las tesis del darwinismo social dado que el individuo solitario es vulnerable al hacer de la desconfianza hacia todos los demás la piedra angular de su modo de vivir. La confianza entre iguales es el fundamento de la cooperación y la ayuda mutua, pero sobre todo de la convivencia que permite la existencia de aquellos lazos sociales que conforman una comunidad cohesionada. Dicho esto cabe concluir que la confianza es algo positivo siempre y cuando se deposite en quienes sean dignos de merecerla.

El poder ha alimentado las tendencias individualistas más destructivas mediante un sinnúmero de procedimientos que han minado la confianza entre los miembros de la sociedad. El poder ha aumentado su capacidad para controlar y manipular a la sociedad lo que ha tenido como principal consecuencia el desmantelamiento de cualquier forma de vida de tipo horizontal, y con ello de aquellas redes de solidaridad y apoyo mutuo entre iguales que han existido en su seno. Hoy vemos cómo el Estado lo hace prácticamente todo, lo que ha generado una situación de dependencia hacia esta institución que ha hecho que el individuo se relacione únicamente con el poder. Esto ha servido para inocular en el individuo su confianza en el poder, a esperarlo todo de este.

El fundamento del mando, y por extensión también de toda forma de autoridad, es la obediencia. El poder no existe si no hay quien obedezca. De lo anterior se deriva que el poder, para subsistir, requiere de cierta colaboración de sus sometidos. Todo sistema de dominación necesita el consentimiento de la población. Por esta razón nos encontramos con que en la actualidad, en los regímenes parlamentarios, el poder busca dotarse de cierta legitimidad que lo haga aceptable. Esto es lo que explica que existan elecciones periódicas que sirven para legitimar el sistema de dominación que representa el Estado. De este modo, a través de la colaboración que la población presta con su participación en las elecciones, el Estado es legitimado. Con todo esto se crea la ilusión de que la sociedad elige a sus gobernantes cuando en la práctica sólo legitima el sistema de dominación que constituye el Estado debido a que el poder no reside, como suele pensarse, en el gobierno, sino en los altos funcionarios de los ministerios, los generales de los ejércitos, los mandos policiales, los jefes de los servicios secretos, los jueces, los directores de prisiones, etc. En la práctica el gobierno únicamente es un apéndice del poder ejecutivo del que es dependiente en todo lo esencial.

En época de elecciones la clase política se pone de rebajas, hace todo tipo de ofertas con innumerables promesas. Así es como los políticos intentan seducir a la población con toda clase de frases embaucadoras. Con todo ello la clase política se presenta como la única capaz de remediar los males de la sociedad. Son innumerables los engaños perpetrados por los políticos, pero no menos cierto es que no hay engañador sin que, a su vez, alguien se deje engañar. La experiencia histórica nos demuestra con perfecta y meridiana claridad la falsedad de los políticos que siempre dicen una cosa pero hacen la contraria. La razón es bien sencilla: ellos tienen sus propios intereses que no son los de la sociedad, y por otro lado no son quienes detentan el poder sino que en todo son dependientes de aquellos que sí dirigen las estructuras de poder que gobiernan la sociedad.

A pesar de todo lo expuesto una gran parte de la sociedad se ve impulsada por una irracional creencia de que con su voto puede decidir algo, y que unos políticos no son tan malos como otros. Como decimos, a la luz de la experiencia esto no deja de ser una actitud irracional en la que se opta por confiar en un grupo escindido de la sociedad como son los políticos. Es una actitud colaboracionista que denota una mentalidad servil y sobre todo supersticiosa. Al igual que muchos creyentes tienen sus propios santos a los que periódicamente van a ponerles alguna vela para conseguir su favor, el votante es otro supersticioso que también tiene sus propios santos representados por algunos políticos a los que cada cierto tiempo, en vez de ponerles una vela, les ofrenda con su voto para ver si así obran algún milagro. Esta es la superstición del voto.

Vemos cómo desde el propio poder se alimenta y reproduce el deseo de confiar que existe en el ser humano para hacerle colaborador y copartícipe de un sistema de poder que le oprime y explota. Así es como el individuo deposita su confianza en el poder o en alguno de sus representantes políticos para legitimarlo, lo que al mismo tiempo sirve para legitimar y confirmar las relaciones de dominación que hacen de él un oprimido. Todo esto responde en gran medida al inmenso poder alcanzado por el Estado que controla la práctica totalidad de las esferas de la vida humana, lo que ha conducido a que la acción popular haya sido sustituida por la acción estatal que todo se lo gestiona y brinda. Con ello se ha impuesto igualmente la acción parlamentaria que ha habituado a la sociedad a esperarlo todo del poder de tal modo que la acostumbra a su permanente esclavitud.

El Estado es la gran cárcel en la que la clase dominante controla las necesidades de la población y le obliga a actuar conforme a sus intereses. Las elecciones simplemente sirven para elegir a los carceleros, representados por los políticos, que se encargan de gestionar la cárcel e impedir que se produzca ningún desorden que pueda poner en peligro su existencia. Las elecciones son un instrumento de colaboración entre clases sociales que permite la permanencia y reproducción del conjunto del sistema y de sus relaciones de dominación. Todo esto demuestra que el poder no es benévolo, sino esencialmente egoísta en la medida en que persigue sus propios intereses mientras que la sociedad únicamente es un instrumento para su consecución.

Aunque la sociedad en muchas ocasiones colabora de manera involuntaria con el poder los procesos electorales, en cambio, se basan en la voluntariedad. Por este motivo la abstención activa es una de las pocas formas que todavía existen para no colaborar con el sistema, y con ello no mostrar conformidad alguna con las relaciones de explotación que lo articulan. Pero esto no es suficiente si a ello no le acompaña la autoorganización popular, así como la difusión de aquellas ideas y valores dirigidos a aumentar la consciencia en el seno de la sociedad para romper la colaboración entre clases, y con ello desencadenar un proceso revolucionario que permita la creación de una sociedad sin clases. Indudablemente esto conlleva que la confianza de la población deje de depositarse en los ídolos mediáticos que el poder crea para pastorearla y mantenerla en el redil de su sistema de dominación. Ninguna autoridad es merecedora de la confianza del pueblo, por el contrario esta hay que cultivarla entre el grupo de iguales si quiere ponerse fin a la superstición del voto y todo lo que ella conlleva.

[15 Junio 2016] La inutilidad de la policía.

Apuntes sobre la historia y concepto de la policía

Desde el nacimiento del Estado-ciudad en Occidente, la “politeia” ha sido un mecanismo encargado del “ordenamiento jurídico” de la vida social, además de contribuir en las guerras de conquista por el territorio y las reservas de esclavos. Desprendiéndose de estos grandes ejércitos en todos las civilizaciones del mundo, la policía a través de sus diversas transformaciones no ha sido formada por la voluntad de los pueblos, sino por la subordinación directa de un grupo hacia otro que posee el poder político y la dictadura de la economía, justamente para defender su propiedad privada. Así, nacería la perpetuación de la propiedad privada, dividiendo a la humanidad en dos clases: la que posee las riquezas y la que las produce.

La policía ha sido un objeto de estudio insignificante e incluso turbio para la filosofía y las ciencias sociales. Pocas veces algún pensador o escritor ha vivido en carne propia la detención, la extorsión, la intimidación o el asesinato del otro y de uno-mismo a manos de un policía. Es por esto, que se ha preferido a través de varias generaciones, hacer crítica de las estructuras del poder político y no de la política aplicada en las calles a través del castigo en los toletes, armas o puños de la policía moderna.

Con la aparición del Estado moderno, la burguesía como clase dominante y los partidos políticos a finales del siglo XVIII, habrían de reformarse también los mecanismos de seguridad. La policía fue perdiendo el sesgo militar que poseía y se convirtió en una institución encargada de resguardar los “derechos de los ciudadanos” mediante el monopolio de la violencia. La policía no puede pensarse NUNCA como una instancia de la aplicación del derecho, sino, como un excedente de la “aplicación de la ley”, a su vez fundadora y conservadora: crea el castigo para conservar el “orden”. Giorgio Agamben escribe a manera de notas marginales sobre un ensasyo de Walter Benjamin: “la policía, contrariamente a la opinión común que ve en ella una función meramente administrativa de ejecución del derecho, es tal vez el lugar en el que se manifiesta al desnudo con mayor claridad la proximidad, casi el intercambio constitutivo, entre violencia y derecho que caracteriza a la figura del soberano.” Es por esto, que hablo sin tapujos del monopolio de la violencia por parte de los uniformados.

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La policía colabora así en el ordenamiento del medio urbano y la prevención del “delito”, siempre bajo los esquemas cívicos y administrativos de una clase al poder. Con el aumento poblacional en las ciudades y el estallido de los movimientos obreros en el siglo XIX, se extiende el uso del concepto “orden público”, entendido como el “estado de bienestar” necesario para la convivencia social: su mal nombrada “paz”.

Para el filósofo francés Michel Foucault, es la policía la que “englobaría aparentemente todo”, ya que algunas bases de la sociedad moderna son la disciplina y el castigo como “técnicas de control” desde el cuerpo hasta la mente (lo que forma parte de sus tesis sobre la “biopolítica”). Prefectos y abogados en las escuelas-universidades; caciques y autoridades comunales en el campo; patrones y directivos en el trabajo; un “amor dominante” en las relaciones afectivas, tal como ha sido descrita la “dialéctica del amor” en Jean Paul Sartre y Jacques Derrida.

Sin embargo, sería a principios del siglo XXI donde adquiriríamos una conciencia más amplia sobre el papel de la policía, gracias a la viralización de videos documentados durante brutales represiones y detenciones en manifestaciones pacíficas.

La cuestión de la policía ha sido expresada también en las contra-culturas, dentro de los movimientos anti-sistema, se popularizó la consigna A.C.A.B. (all cops are bastards = “todos los policías son unos bastardos”) inventada en la década de los 70’s por aficionados ‘ultras’ de fútbol en Inglaterra, aunque la historia oral y algunas crónicas barriales, dennotan que la consigna pudo haber sido creada desde 1920’s en algunas cárceles europeas.

Somos antagónicos a sus violencias no-volitivas

Más allá de la inmediata abolición de la autoridad impuesta como aparato mundial de vigilancia, extorsión y represión, nuestra tarea es irrumpir la lógica ciudadanista (o rousseauniana) y sus opinologías de que es necesario un monopolio del poder que proteja los derechos individuales por sobre de la comunidad -lo que ellos y los gobernantes llaman “seguridad pública”-. No nacimos (y nadie bajo su sano juicio)  con la idea de crear prisiones, juzgados, burocracias y demás aparatos de dosificación del desenvolvimiento humano por encima de la libertad. Patrullas, tanques, toletes, gases lacrimógenos y pimientas, escudos, cascos, esposas, armas largas, interrogatorios, sustancias irritantes y demás, son herramientas que se gestan por terceros y recaen en el parapeto hediondo de la policía.

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Los policías no son trabajadores, no producen algo, y si en rara vez detienen “delincuentes” o “violentos” (que para el individuo alienado, es la función que han de cumplir) ya sabrán por anticipado que son producto del mismo sistema de servidumbre al cual se encuentran sometidos: “¡no es su culpa, él/ella sólo necesita un salario!”, “¡no violencia, ellos también son pueblo!”, “¡policía, escucha, tu hijo está en la lucha!”, son algunos de los argumentos-consignas de la pasividad social para defender a los policías en tiempos de revuelta, mostrando hasta la máxima cúspide de que importa más el valor de uso-intercambio que los actos de la realidad inmediata.

Es de estas premisas que la mierda no se recicla, que su violencia de mierda no recae en emplearse en una nueva dinámica histórica: SINO QUE DEBE DESTRUIRSE PARA REALIZARSE EN CONCIENCIA. Mientras no sean los mismos ejércitos, milicias o brigadas las que se autogestionen y defiendan su geografía en un proceso de amplia emancipación, pasarán de ser supuestos “guardianes de la paz” a destructores de ella. ¿Quién nos salvará de los americanistas que se apropian de los vagones del metro?, ¡hasta contra ellos el policía es un cero a la izquierda!

Y claro que hay propuestas palpables. Durante la expansión del neo-liberalismo financiero y el “progresismo” estatal, el crimen organizado en Latinoamérica alcanzaría un modelo de dominación político-territorial inimaginable en pacto con la policía local, lo que llevaría a la población rural a formar sus propias auto-defensas como el caso de Cherán K’eri en 2011 y en Aquila en 2013, ambos en Michoacán, bajo un nuevo precepto de la “ronda comunitaria” que es conformada voluntariamente por integrantes de su comunidad para servirle heroicamente a su comunidad.

No somos quienes para caer en el absurdo, que permea con nociones éticas, de concederle el título de humano o no a un policía, a un mercenario, a un soldado. Sólo decimos que.. SOMOS ANTAGÓNICOS A TODO TIPO DE VIOLENCIAS NO-VOLITIVAS. A su fuerza pública contra el desorden social: nuestra auto-defensa colectiva por un orden en común.

Conociendo este recorrido histórico, el concepto y las experiencias palpables de violencia, le pregunto al lector: ¿es útil o no el brazo policial de los estados modernos?, ¿es funcional o es necesario que los mismos individuos y comunidades se defiendan entre sí hasta lograr un modelo político donde tengamos una participación definitiva?

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Demián Reyes

(Reyes, Demián, “Sobre la prisión disciplinaria” en Hermenéutica de las Prisiones, 2015).

[26 Mayo 2016]Francisco Solar: AQUÍ NADA TERMINA. SOBRE LA NECESIDAD DE ASUMIR NUESTRAS OPCIONES EN TODA SU AMPLITUD.

“Los presxs anarquistas no están solxs” o “si tocan a una, nos tocan a todas” fueron consignas que una vez más quedaron plasmadas en la práctica, en el quehacer cotidiano anárquico, antes, durante y después del juicio que se realizó contra nosotros. Los gritos de desprecio a la autoridad que traspasaron los controles judiciales y los muros de los juzgados provocaron la visible rabia contenida en los rostros de jueces y fiscales, y la sonrisa de los nuestros. La presencia en la sala de caras solidarias conocidas y desconocidas durante los tres días nos llenó de orgullo y alegría, haciendo que acusaciones y peticiones fiscales perdieran por completo su pretensión amedrentadora. No podrán pararnos. Las acciones transgresoras solidarias y negadoras de lo existente que se multiplicaron por diversos territorios es una muestra más que estamos en todas partes, que no entendemos de fronteras y que la solidaridad es inseparable de nuestra práctica. Compañerxs que apostaron y apuestan por el enfrentamiento, aventurándose, intentando hacer de sus vidas el reflejo de sus deseos, impulsos y pasiones de acabar con el poder en todas sus formas y en todas partes, que no se conforman con discursos vacíos y autocomplacientes, que insisten y se exponen en gestos de solidaridad activa, para ellxs todo mi respeto y cariño. Su osadía y coraje me reafirma enormemente. Es en ese intento de hacer lo que se dice y se piensa, de transformar en hechos los discursos e ideas, donde comenzamos a adueñarnos de nuestras vidas, donde dejamos de ser espectadores pasando a ser actores que pretenden tomar las riendas de su existencia definiendo de manera autónoma prioridades, ritmos, tiempos y proyectos. Al tomar la iniciativa nos posicionamos en ofensiva no esperando a que surjan acontecimientos ni convocatorias de movimientos que nada tienen que ver con nosotros que determinen nuestra lucha. Tenemos una rica historia, fuertes ideas y mucha imaginación para reinventarnos constantemente. Al asumir la vida desde esta perspectiva se está asumiendo también la cárcel en la medida que es inseparable con la postura confrontacional. La prisión está en nuestra cotidianeidad, no solo para quienes estamos dentro de ella, sino para todxs lxs que apuestan por el conflicto permanente contra el poder. Está en nuestras conversaciones, en nuestros pensamientos y proyectos, está presente en cada paso que damos en el camino por la liberación total. Por lo que desdramatizar el tema de la prisión se hace imprescindible.

Intentando afilar un poco la idea; al optar por llevar una vida contraria a toda forma de autoridad y poder, al declararnos abiertamente enemigos de éste, asumimos sus consecuencias, entre ellas la cárcel, al igual que asumimos muchos otros elementos que trae consigo este posicionamiento. Sin embargo, todo comienza con nuestra opción libremente elegida de combatir lo existente, por lo que el paso por la cárcel está contenido en esta opción, es parte de nuestra opción. Dando una mirada a la historia podemos ver que todxs lxs que han intentado destruir el poder han tenido presente la prisión en su paso por este mundo, sea de manera directa o indirecta. La cárcel se hace ineludible para quien decide seguir la práctica señalada que, más que una posibilidad, se constituye a modo de certeza, como una consecuencia muy difícil de esquivar. Se hace inseparable de la lucha. Entonces, si la prisión es un elemento que conforma la vida que elegimos, podemos afirmar que, en definitiva, es una opción. Somos conscientes de los riegos que conlleva el enfrentarte contra la autoridad y aún así nos aventuramos a ello, insistimos en intentar generar quiebres que provoquen grietas en esta realidad sabiendo que podemos pasar mucho tiempo encerrados porque de igual forma que la prisión pasa a ser una certeza, sabemos ciertamente que no acabaremos con el poder. El anarquismo es una tensión, no una realización. Con esto no se pretende hacer un llamado a la pasividad, por el contrario; es la búsqueda constante de instantes de libertad y la extensión y la multiplicación de éstos lo que da calor y color a nuestras vidas. Es el intento de romper con verdades absolutas lo que nos anima a seguir.

Por lo tanto, si partimos de la base que la cárcel, aunque tratemos de evitarla, se constituye como una opción asumida desde el momento que asumimos la lucha, es necesario entender que con ésta nada termina, no representa la culminación de proyectos, ideas o prácticas, sino otro espacio desde donde luchar, desde donde continuar la lucha. Así pretendo llevar estos años de encierro, entenderlos como parte de una opción tomada, una opción que a pesar de las evidentes y conocidas limitaciones, otorga una perspectiva diferente, no solo en lo que concierne a la lucha anticarcelaria, sino a la lucha anárquica en general. En este sentido pienso que lxs anarquistas en prisión no somos solamente “presxs”, reducirnos únicamente a esta definición correspondería a limitar nuestros planteamientos impidiendo que continuemos participando en la lucha por la liberación total en toda su extensión y complejidad. Entendernos solamente como “presxs”, centrar todas nuestras iniciativas en el marco de la vida en prisión, sería prácticamente relegarnos al espacio en el que el poder nos obliga a estar y creo que esto es necesario intentar superarlo. No seremos presxs para siempre, solo estamos temporalmente en cautiverio para luego salir de aquí e intentar aportar en las dinámicas anárquicas desde la calle. En definitiva, percibirnos exclusivamente como “presxs” equivaldría a aniquilarnos políticamente, que es, entre otras cosas, lo que el poder pretende. Por otro lado, las luchas y reivindicaciones al interior de la prisión evidentemente son parte de nuestro quehacer, es una constante que marca nuestra cotidianeidad haciéndose imposible mantenerse al margen de ella, su profundización y multiplicación, como también el intento de afilar planteamientos, prácticas e ideas constituyen aspectos presentes en la dinámica anticarcelaria que se va reforzando en la medida que creamos y estrechamos lazos de amistad y complicidad. Sin embargo, dicha perspectiva anticarcelaria no se desarrolla a parte ni en paralelo a la lucha anárquica, se complementan y se potencian. La lucha por la liberación total implica la lucha contra las prisiones ya que constituyen una de las expresiones más patentes de la sociedad, son una de las muestras más claras de la podredumbre de lo existente. En cada iniciativa libertaria está la idea y la intención de acabar con las cárceles, entonces la participación de lxs presxs anarquistas en las diferentes experiencias de confrontación, discusión o debate conlleva necesariamente el punto de vista anticarcelario, pero, como dije anteriormente, no debe acabar en éste si lo que se pretende es echar abajo los muros y no quedar reducidos a este espacio.

Nada termina, todo continua.
En la confrontación, recuperamos nuestras vidas.
Viva la anarquía.

Francisco Solar.
Primavera, 2016.

[06 Mayo 2016] Pensamiento y propaganda.

Si el pensamiento especulativo rige el sistema como beneficio económico particular en la esfera individual cuya finalidad es la acumulación de dinero y mercancías es porque antes hubo una aceptación por parte de éste en la consolidación de un proyecto que proponía una mayoría que practicaba y fomentaba la propaganda que dictaba una élite ávida de poder, en esta coyuntura la democracia (aún siendo representativa) se transforma en la dictadura de las mayorías, por lo tanto, la imposición de un pensamiento refractario basado principalmente en el poder se hace por medio de las mayorías que lo asimilan a través de una pequeña minoría.

De lo que se deduce que el pensamiento en la esfera colectiva de la sociedad obedece a la perpetuación de un modelo rígido que a la vez que es impuesto por la Autoridad competente desde arriba (por ejemplo con formas jerarquizadas del aparato estatal) es también tolerado y finalmente asimilado como el modus vivendi normal por el conjunto de la sociedad que lo consolida y sustenta como única forma de vida en la que tiene que adaptarse si no quiere sucumbir por el mismo sistema de dominación.

El pensamiento especulativo se convierte en pensamiento único en la esfera individual y colectiva y por lo tanto acaba siendo una forma dictatorial que reprime y aísla a los individuos o colectivos minoritarios que no aceptan el pensamiento como forma dictatorial y por lo tanto única de existencia.

La propaganda por el hecho que consiste básicamente en el enfrentamiento contra el Poder o el orden establecido por éste puede ser contraproducente en algunos casos dependiendo del apoyo que tenga de la sociedad, si hay una mayoría que acepta las reglas de juego que propone la élite de Poder para la organización de la sociedad se hace peligroso o directamente puede desencadenar que una batalla esté de antemano perdida no tan sólo por los medios que dispone el Poder sino también por la colaboración de una mayoría que es apéndice del mismo Poder, con lo cual la estrategia de una pequeña minoría contra el Poder tiene que actuar en principio como contra-propaganda para atacar las bases en las que se sustenta el monopolio de la propaganda que está en manos del Poder, de esta forma la propaganda por el hecho se hace efectiva y adquiere una nueva dimensión si en la batalla de las ideas sale victoriosa del enfrentamiento contra la propaganda que ejerce el Poder como sistema de dominación y de esta forma pueda crear un nuevo derecho u orden de convivencia social si es asimilada por una mayoría de la sociedad.

[29 Abril 2016] Sobre el trabajo.

El sistema en el que vivimos, como con muchas otras cosas, normaliza lo artificial para borrar las huellas de lo propiamente natural. El trabajo ligado a la vida lo amputa, lo convierte en empleo, en trabajo asalariado, de tal manera que sólo nos reconocemos como personas en cuanto “currantes”, “expertos” o seres productivos. Esta violencia que recae sobre nosotras nos obliga a vendernos cada día, pisar al de al lado, subir escalones a costa de los demás y mirar a nuestros iguales según su status social o su cuenta corriente. Nos dividen y enfrentan entre falsas categorías (el buen ciudadano, el vago, el migrante, el fiel trabajador que quiere levantar el país,el de aquí, el de fuera…) que nos impiden ver nuestra condición de esclavos modernos que somos, aquello que compartimos y a lo que podríamos poner fin si rompiéramos dichas clasificaciones propias del INEM y de sus salas de espera .

El trabajo apesta y lo sabemos. Nos roba la energía, el tiempo para dedicar a cuidar nuestras amistades, nuestras relaciones y nuestras vidas. Nos obliga a relacionarnos forzadamente y perfeccionar nuestra falsedad, saca lo peor de nosotros, esa capacidad de competir por una mierda de salario que gastaremos en pagar nuestra propia celda a plazos, o que derrocharemos en un ocio de usar y tirar que sólo busca contentar de viernes a domingo para que el lunes la rueda siga girando a costa de nuestras jaquecas, nuestro estrés y nuestra ansiedad, a costa del chantaje constante que nos recuerda que sólo podremos cubrir nuestras necesidades más básicas por medio del dinero y del consumo.

Es una mentira mediática muy integrada en nuestras cabezas que la gente quiere trabajo. Lo que queremos todos los mortales es comida, techo, calor y afecto. El arte del sistema y sus dispositivos publicitarios consiste en hacernos creer a todos que nuestras necesidades son las suyas, y que obtenerlas sólo es posible mediante la violencia que corre entre el paro y el empleo, entre las políticas de reinserción laboral y las prestaciones sociales .

Aunque a veces la realidad nos obligue a hacer cosas que no queremos, existen herramientas que tenemos en nuestras manos, que nos ayudan a liberar nuestro tiempo del trabajo asalariado. Reciclar los restos de esta sociedad de consumo cuando se pone el sol, ocupar tierras para cultivar y compartir los alimentos, robar en grandes superficies y estar pendientes de lo que cada uno a nuestro alrededor necesita, organizar nuestras vidas en relación a los demás y no en relación a nuestro éxito personal y exclusivo, aporta la alegría de vivir que es necesaria para luchar contra este sistema, cuya espina dorsal es el empleo. Nuestro tiempo perdido no se recupera jamás.

Hoy en día la libertad sólo se concibe en función de lo que se pueda gastar, así como el tiempo no tiene sentido tenerlo sino hay dinero con que consumir sus horas. Esta locura normalizada, esta cordura tan racional, es la base sobre la que se asienta nuestra obediencia. Las personas que conocen las comisarías de Santander, el penal del dueso, los juzgados de ciudad jardín o el desprecio social, no suelen ser villanos cinematográficos, sino personas que experimentan que lo que conocemos por libertad es un espejo que se hace añicos cuando no hay ingresos a final de mes. Tanto daño nos han hecho que concebimos tener “trabajo” como un regalo o un privilegio, y tener tiempo como una condena de aburrimiento sin recompensa. Eso de que hay que ganarse la vida es una chorrada, pues la ganamos desde que nacemos y somos tan bellos como nuestros actos puedan demostrarlo. No necesitamos la aprobación de ninguna institución para saber que merecemos la pena. Es la vida la que se empieza a perder cuando sacar dinero se impone sobre todo lo demás.

La vocación no es supervivencia, es algo que surge precisamente de ese tiempo para valorar lo que nos motiva, ese tiempo que se nos escapa en curros de mierda o en aulas de formación para adaptar nuestra fuerza de trabajo a las necesidades actuales de la producción. Un trabajo no dice nada de cada uno de nosotros. Nos quieren atados con sus falsas promesas de pleno empleo, sus anuncios de vacaciones en Benidorm, sus planes de pensiones con los días contados, sus préstamos bancarios con sonrisas de plástico, pero la vida es otra cosa y podemos intentar vivirla rebelándonos, una bella vocación que todas, en el fondo, compartimos.

[28 Abril 2016] El voluntariado es parte del totalitarismo moderno.

El título (del artículo) no ha sido puesto adrede para provocar. Simplemente procura ser descriptivo. Es la dominación ideológica de los patrones la que hace que el concepto del “voluntariado” parezca irrelevante al totalitarismo moderno que estamos viviendo (pero no lo concebimos como tal). Y esta dominación recibirá la ofensiva de este artículo.

La “materia prima”

El voluntariado es el trabajo no remunerado, ofrecido voluntariamente y sin coacción, para alcanzar algún fin de utilidad pública. Antes de comenzar nuestra crítica debemos reconocer que a menudo (en el mejor de los casos) el voluntariado está basado en sentimientos puros, o sea genuinos, pero sociales y solidarios. Es un sentimiento espontáneo que tienen los humanos, el cual les conduce a trabajar por la comunidad, crear por la comunidad, y practicar la solidaridad y la ayuda mutua. Todo eso existe, son cosas que aprendemos en la sociedad, entre otras. Al igual que sus antónimos.

Por lo tanto, hemos de distinguir esta “materia prima” del funcionamiento del voluntarismo para el Estado. No hace falta entrar en debates éticos sobre el trabajo voluntario y las personas que se dedican a él. Sólo hay que hablar con estas personas sobre esta faceta suya.

Voluntariado y Estado

Sería muy útil echar un vistazo a unos momentos del voluntariado de la historia de América, y al cómo fue promovido por el Estado para sustituir a unos aspectos (facetas) del Estado de bienestar (a continuación en el texto original en griego sigue el enlace de un texto. Se aclara que fue escrito por un marxista hace quince años, el “año del voluntariado” según la ONU). Y además porque en América se desarrolló toda esta cultura de las ONGs, de las comunidades de los pacientes, de los veteranos, y de identidades de todo tipo, que teniendo como punto de referencia alguna comunidad, llamaban a la gente a contribuir a alguna obra de utilidad pública.

No podríamos hablar del voluntariado en Grecia, si no hiciéramos una referencia al período de los Juegos Olímpicos. Creo que en aquel momento el Estado griego introdujo de forma masiva la cultura del trabajo no remunerado como oferta a un fin común. Se trata de un trabajo que equivalía a enormes beneficios para las empresas y el Estado. Fueron unos Juegos celebrados por el Capital privado en nombre del Estado (no queremos extendernos aquí a la función ideológica de los acontecimientos nacionales, deportivos y otros). En aquellos Juegos el Estado llamó a sus súbditos a servirlo por el bien de toda la comunidad de la nación (a cambio de unos pequeños favores, como unos puntos que cuentan para las pruebas de ingreso a puestos de trabajo en el sector público).

Desde entonces han pasado muchos años y han aparecido muchas ONGs que se supone que trabajan por el bien común. Propongo que veamos el movimiento de los indignados, así como las manifestaciones del año pasado, como una continuación del espíritu del voluntariado de los Juegos Olímpicos. Y eso porque son unos ejemplos ilustrativos de cómo los súbditos identifican sus intereses con los del Estado, y de como ellos mismos se identifican ideológica y existencialmente con él. Sienten que el Estado es suyo, que el Estado es de todos. Pero esto me recuerda a algo: “Es el Estado el que educa a los ciudadanos en las virtudes civiles, les infunde conciencia de su misión, los incita a la unidad; armoniza sus intereses en la justicia; lega las conquistas del pensamiento en las ciencias, en las artes, en el derecho, en la solidaridad humana”. En el mismo texto, un poco más abajo dice: “Su principio, inspiración central de la personalidad humana que vive en la comunidad civil, desciende hasta lo hondo y se anida en el corazón del hombre de acción como en el del pensador, en el del artista lo mismo que en el del sabio: alma del alma”. Son fragmentos de “La doctrina del fascismo” de Benito Mussolini.

Siguiendo la misma línea sobre el Estado, el año pasado el partido Syriza alcanzó algo muy importante (para los patrones): Hacer del Estado una entidad que lleva a cabo aún más todas las funciones de una sociedad (materiales y espirituales), de la cual todos constituimos componentes. Lo mismo diría Benito. Siguiendo esta línea Baltás, un marxista ortodoxo que no tiene la mínima relación con ideologías intransigentes, hizo un llamamiento “a los docentes voluntarios, desempleados o solidarios en general, a contribuir al esfuerzo por llenar las plazas vacantes y por hacer funcionar las escuelas normalmente”.

Dos características innovadoras

Lo que hace del voluntariado, sin embargo, un segmento más compacto del totalitarismo moderno, son dos características suyas que son innovadoras en comparación con otros trabajos. La primera es que presupone una cierta concepción sobre los problemas y las relaciones sociales que es llamado a resolver/satisfacer: La concepción de que estos son unos sucesos desafortunados, son cosas que por desgracia pasan, son algo como los desastres naturales que suceden sin que nadie tenga la culpa. Oculta, por consiguiente, la causa estructural de estos problemas: De la pobreza, de las personas sin techo, de la cuestión migratoria. Oculta el hecho de que estos problemas son el resultado causal de modo del que está organizada nuestra sociedad, y que el cambio de esta organización y el esfuerzo continuo y a largo plazo por este cambio es la única tarea que debería hacer cualquier voluntario que tenga estos sentimientos (y que no sólo reacciona de una manera efímera y sentimental): Esta es la diferencia entre la política y el “simplemente hago cosas para mí”. Como consecuencia de esto, el voluntarismo siempre crea (genera) una relación de Poder, una relación de dependencia, de sumisión, ya que se basa en los privilegios de los más ricos (ya sea ellos económicos o de tiempo libre), quienes ayudan a los pobres, haciendo invisible su explotación estructural.

Con respecto a la segunda característica, tengo que recurrir a un artículo de Schwab, en el cual se hace referencia a la necesidad de la reestructuración de las instituciones del Estado, así que afronte las necesidades modernas del Capital, y se concluye diciendo que para alcanzarlo, entre otras cosas “los gobiernos y las agencias reguladoras deberán mantener una íntima colaboración con las empresas y con la comunidad civil”. Justo este concepto del Estado, que el voluntarismo toma por sentado, requiere la sociedad de los ciudadanos. O sea, que el voluntariado sirve de una manera funcional y sobre todo ideológica al totalitarismo moderno, o sea el régimen autoritario que durante las últimas décadas está edificándose como uno de sus componentes imprescindibles.

¿Y el movimiento de solidaridad?

Aquí propongo analizar también el movimiento de voluntariado actual, de solidaridad y de apoyo a los inmigrantes y los refugiados, por parte de los súbditos. Hoy, que los mass media los llaman “irregulares” en vez de “inmigrantes clandestinos”, y condenan el comportamiento racista de los habitantes, y que el gobierno llama a la gente a ayudar. En gran medida, esta gran ola de apoyo a los refugiados (y no a los inmigrantes) es fruto y reflejo del funcionamiento espectacular del Estado, que dicta a sus súbditos como tienen que portarse. Es la continuación de la lógica de que “Todos somos el Estado” y por consiguiente parte integral del totalitarismo moderno.

Estoy escribiendo todo esto (deseando estar equivocado) para que no nos quedemos alucinados cuando desaparezca esta ola, y cuando regresemos al rostro más duro del totalitarismo: Las cabezas de cerdos dejadas por los fascistas en lugares donde viven inmigrantes, los tractores en los bloqueos de las carreteras, los pogromos, los comités de vecinos. Aunque lo más probable es que no regresemos nunca a este totalitarismo moderno. Lo más probable es que permanezcamos en este totalitarismo, que no aparece como tal, que permanezcamos en un Régimen en el cual el Estado aparecerá como medio y como objetivo, donde la sociedad será completada a través del Estado y el Estado será la encarnación de la sociedad: Lo contrario a lo que es cierto, o sea que el Estado siempre será la catástrofe de la sociedad, de lo común.

El voluntariado, o sea el trabajo no remunerado que no se opone y que no niega en la práctica la forma y el contenido del Estado, funciona como una parte integral de él.

[27 Abril 2016] Poder y sociedad.

La historia de la humanidad se puede definir como la historia de la lucha por el Poder o la corrupción, en la cual la izquierda se ha convertido en el apéndice de la derecha, es decir, en las dos caras de una misma moneda, porque ha caído en la trampa de la corrupción en la conquista por el Poder que le proponía la derecha.

La propaganda, es decir, los medios que utiliza el Poder para crear corrientes de pensamiento a través de la persuasión y de este modo poder manipular a la sociedad siempre serán más eficaces que la métodos de coerción de los que también se sirve el Poder a través de las normas y leyes que dicta el Estado como medio represor.

Cuando el Poder a través del Estado divide a la sociedad en clases sociales fomenta la meritocracia para gobernar o manipular a los mejores gobernados, al contrario, los peores gobernados sirven como chivo expiatorio a la élite de Poder para justificar ante los mejores gobernados el mal funcionamiento y desarrollo de la sociedad cuando se hace patente la corrupción generalizada del sistema de dominación capitalista, de este modo se promueven y crean guerras, leyes represivas, golpes de estado, atentados de falsa bandera, destrucción del medio ambiente, acaparamiento de los recursos naturales, concentración de la riqueza y poder en pocas manos, siempre en nombre de la ley, el orden y la seguridad de la nación.

Que el trabajo asalariado obedezca a los fines de reproducción del sistema capitalista por medio de la propiedad privada en posesión de la burguesía para acumular más bienes y riqueza a través de la mercancía y de la explotación o plusvalía del trabajador asalariado, no significa que la clase desposeída intente alcanzar los medios de producción de la clase burguesa como apéndice del Poder constituido en el Estado.
Llegados a este punto, vemos que la propaganda sobrepasa la dimensión política de la esfera individual para convertirse sólo en una esfera colectiva que a la vez está incrustada en una institución que sirve al Poder y al Estado como partido, sindicato u organización. En esta coyuntura el individuo pertenece a un colectivo que al ser apéndice de una institución del Poder, lo reproduce y ansia conquistarlo para imponerlo al resto de la sociedad. El Poder utiliza el poder como medio y fin para atraer a las masas desposeídas y de este modo poderlas controlar y manipular a su antojo.

Se hace muy complejo valorar la disposición de aceptar o quedarse al margen de un sistema de dominación corrupto, cuando el sistema es la sociedad que da forma al individuo y éste tiene que adoptar como fin la lucha para poder sobrevivir. Sin embargo una cosa tengo clara, la disposición por el cambio mental del individuo es la que fomentará y determinará una revolución en el sistema que también cambie las circunstancias sociales, políticas y económicas de la sociedad y no ésta al individuo para revolucionarizarlo, porque éste no puede transformase sólo desde el exterior, es decir, es el individuo el que tendrá que cambiar a la sociedad y no al revés.

[21 Abril 2016] Trabajo asalariado y Poder.

El trabajo asalariado nunca podrá ser creativo e independiente en su totalidad porque siempre estará subordinado a un tercero que lo controla o dirige. La finalidad del trabajo asalariado no es el trabajo creativo o vívido en sí, sino sólo el beneficio económico que de él extrae el empresario o el Estado, por lo tanto se auto-engaña el asalariado especializado aunque perciba un sueldo mayor que el del resto de los asalariados de menor categoría y de esta forma se crea que el trabajo desempeñado por él pueda ser más valioso e imprescindible para la sociedad.

El Capitalismo aparte de atomizar al individuo a divido al movimiento obrero en categorías para provocar más conflictos entre la clase trabajadora, la sociedad ha quedado fragmentada o jerarquiza por el afán de dinero, bienes o Poder.

Podemos decir ya que el movimiento obrero ha muerto, ¿cuánto tiempo le quedará al individuo también para morir como ser humano?

La dictadura perfecta deviene cuando no se percibe como tal, una dictadura perfecta es aquella en la que el individuo se encuentra “inconscientemente” adaptado y a la vez cómodo al sistema de dominación al que pertenece, la esfera de la libertad individual y colectiva desaparece por la sugestión y atracción que emana de la propaganda y las corrientes de pensamiento impuestas y aceptadas por el Poder.

La capacidad de atracción del Poder basadas en la religión de la dominación por la mercancía y el dinero y dictaminadas a través de la política institucional del Estado configuran la multiplicidad de ideologías y creencias en base a unos partidos políticos y religiones fundamentadas en el acatamiento a una autoridad concreta que invade la esfera espiritual del individuo, haciéndolo dependiente y sumiso. La autonomía individual queda reemplazada por la seguridad que proporciona el Estado o el colectivo que pertenece al mismo, se impone el gregarismo estatal como dogma de fe.

La transformación y posterior asimilación del individuo por parte del Poder destruye por lo tanto la capacidad volitiva y creativa que hay en su interior y lo somete como herramienta del mismo Poder, ya sea como una pieza más del engranaje de la gran máquina o como parte de la estructura que conforma el Poder como institución del aparato de dominación que organiza la sociedad y define el derecho.

[19 Abril 2016] La estafa de la educación.

La organización representativa actual del Estado tiene en la educación uno de sus principales soportes. La educación es objeto constante de debates, polémicas y cambios de leyes. Esto es debido a que, según todos los implicados independientemente de su marca política, un sistema educativo de calidad es la base de la construcción social. En este aspecto no hay discusión y podemos afirmar que es una verdad incuestionable. Otros razonamientos derivados de éste y también universalmente aceptados como verdaderos, siendo prácticamente imposible encontrar disidencias, son los siguientes:

La educación es herramienta básica e imprescindible para el afianzamiento de valores considerados intrínsecos a una sociedad desarrollada y moderna, entre los que podemos destacar la denominada “cultura del esfuerzo” y la “solidaridad”. Un sistema educativo bien diseñado debe trabajar y fomentar los citados valores puesto que el esfuerzo es el motor principal y condición imprescindible para el éxito individual y colectivo, así como para el progreso tanto social como económico. Se acepta como verdad absoluta que es siempre preferible la iniciativa y el emprendimiento frente a otras actitudes pasivas que esperan a que sean otros los que hagan el trabajo por nosotros. Como herramienta básica para el desarrollo de las iniciativas que se propongan se opta de forma nítida por el trabajo en equipo, al ser éste es la mejor forma posible tanto para encauzar los esfuerzos colectivos como para posibilitar, en caso necesario, la solidaridad entre sus integrantes, otro de los grandes valores imprescindibles en una sociedad moderna, proporcionando apoyo a quien solamente con su aportación individual no llega a los objetivos inicialmente previstos.

Sin embargo, a la hora de la plasmación práctica de estas verdades universales que el sistema dice que son piedras angulares de la educación, podemos observar que cuando de lo que se trata es de la organización y administración de los asuntos públicos el mensaje es otro. Una y otra vez la clase política insiste en que ellos están para solucionar los problemas de los ciudadanos, lo que está en total contradicción con lo que predican, puesto que la coherencia supondría que sea la propia ciudadanía la que se ponga a trabajar, por supuesto en equipo y solidariamente, creando colectividades y plataformas ciudadanas vecinales, gremiales, culturales, científicas, educativas, artísticas… abiertas a la libre participación de todas las personas, sin exclusiones, que a su vez establecerían las bases de colaboración entre ellas. El sistema actual defiende en el ámbito educativo unos valores que, si se llevasen a la práctica, provocarían su propia desaparición. La gran paradoja y la gran estafa de la democracia representativa.

[15 Abril 2016] ¡Contra su mundo de esclavos y miseria…envólvamonos en el camino de la revuelta!

Recojo y traduzco a castellano desde la versión en inglés publicada en Act For Freedom Now! (que a su vez recogen y traducen del original en francés, tomado de Indymedia Nantes) el texto de un cartel que fue pegado en Besanzón, Francia, en el marco de las movilizaciones contra la “Ley del trabajo” del pasado 9 de marzo.

CONTRA SU MUNDO DE ESCLAVOS Y MISERIA…

Frente a nuestra pasividad y nuestra resignación, el Estado está preparando siempre más proyectos desagradables y humillantes. El sueño de los ricos y de aquellos que aspiran a un mundo de riqueza y explotación es vernos esclavizarmos sin pestañear para su beneficio, nosotrxs que somos obligadxs a aceptar cualquier trabajo para sobrevivir. Trabajando de la mano con los jefes, el Estado quiere hacer esta “vida” aun más insoportable para nosotrxs.

Las varias leyes que el poder busca hacernos tragar apuntan a alienarnos aun más y obligarnos a aceptar la fundación de su podrida sociedad basada en la explotación y la guerra del todxs contra todxs: entre aquellxs que trabajan y aquellxs que no; lxs pobres desempleadxs y aquellxs sin papeles huyendo de las guerras y de la pobreza, liberándose de fronteras ultra-seguras y enfrentándose a los perros guardianes del Estado. Todas estas divisiones entre explotadxs, un mero reflejo de este mundo-prisión competitivo por el que el poder trabaja cada día, son todas barreras que romper.

Frente a la humillación diaria y la miseria de este sistema, algunxs absorben montones de drogas, legales o ilegales, o se suicidan para escapar a las condiciones de sumisión y opresión en las que la dominación nos mantiene. Sin embargo la gran mayoría cumple con esta asquerosa existencia lamiendo el culo de lxs propietarixs o bebiendo sus valores (chivateo, dinero, propiedad, racismo etc…), otrxs se rebelan individualmente o como unxs pocxs, atacando y destruyendo parte de lo que constituye la riqueza de lxs explotadorxs.

¿Continuaremos agachandonos, siguiendo como ovejas el más leve silbido de los sindicatos, primeros socios (¡colaboradores!) del Estado, siempre negociando con qué salsa seremos servidxs? ¿Marchando una y otra vez detrás de pancartas y eslóganes reformistas, a lo largo de una ruta completamente trazada por la policía?

No hay manera de permanecer en el lugar, desde nuestro hogar a la rutina, de las estaciones de tranvía a los supermercados y los centros comerciales, todo en medio de un urbanismo acuartelado bajo los ojos de policías pagados para controlarnos y arruinar nuestra existencia. Dejemos de sufrir el de tranvía a tranvía diario. Bloqueémoslo todo.

Si nosotrxs salimos a las calles no será sólo para oponernos a una ley que consolida las cadenas que conectan a lxs explotadxs y oprimidxs con lxs jefes y amos de este mundo. En un momento en el que el poder está cubriendo todo el territorio con sus uniformes cada vez más fuertemente armados, ahora es el momento de salir a las calles para rechazar ser reducidxs a la condición de esclavxs.

Es inútil meditar y quejarse, incluso en nuestras propias áreas o en las redes sociales. Es hora de actuar, organizarnos por nosotrxs mismxs, siempre teniendo en mente hacer el mayor daño al enemigo, es necesario permanecer impredecibles, espontáneos e incontrolables.

Renovemos las viejas prácticas revolucionarias que hemos abandonado durante tanto tiempo: la huelga salvaje, el bloqueo, el sabotaje, y quizá más…

¡Ningún compromiso con aquellxs que nos declaran la guerra!

… ENVOLVÁMONOS EN EL CAMINO DE LA REVUELTA!

[12 Abril 2016] Para que el mes de marzo no acabe nunca.

Soplan aires de insurrección en Francia. El pasado mes de febrero, el Gobierno del infame Partido Socialista, apoyado por sus secuaces del Partido de los Verdes, anunció su intención de imponer una nueva reforma laboral antes del verano. No nos parece de especial interés, en lo que respecta a este texto, detenernos en examinar cada detalle del proyecto de ley. Baste con decir que esta reforma laboral va en la línea de las que, desde los años ochenta,se están llevando a cabo en el conjunto de los países de la Unión Europea. Una reforma que no hace sino perfeccionar un poco más el proyecto de explotación neoliberal, y que se traduce en precariedad, bajos salarios, jornadas de trabajo más largas, inseguridad laboral para lxs trabajadorxs y, por supuesto, mayores beneficios para la clase burguesa .

La oposición de las clases populares a los planes del Gobierno no se hizo de esperar. Al principio está se limitó a las redes sociales, y a una petición en Internet para la retirada del proyecto de ley que consiguió un millón y medio de firmas. Pero todo el mundo tuvo claro desde el principio que solo tomando las calles se conseguiría hacer retroceder al Gobierno. Los sindicatos de trabajadorxs mayoritarios anunciaron las primeras movilizaciones e hicieron un llamamiento a la huelga general para el 31 de marzo. Pero pronto se evidenció que los sindicatos no iban a protagonizar el nuevo movimiento social que se estaba empezando a gestar en el país galo. Estudiantes de institutos y universidades, alentados por el descontento que se hacía notar en las redes sociales, decidieron adelantarse a los sindicatos a la hora de lanzarse a la calle.

El 9 de marzo tuvo lugar la primera jornada de lucha, con piquetes en más de 400 institutos, asambleas masivas en las universidades, ocupaciones y manifestaciones que lograron reunir a un millón de personas en las calles del Estado francés. A lo largo de las siguientes semanas varias facultades se declararon en huelga indefinida al tiempo que se creaban coordinadoras estatales de estudiantes de universidades e institutos. Aunque los sindicatos de estudiantes reformistas trataron de encauzar la rabia de la juventud hacia sus propios intereses, afortunadamente se vieron desbordados por la misma, y pronto las reivindicaciones fueron mas allá de la simple retirada del proyecto de ley. El estado de urgencia, las expulsiones de Calais, la ZAD de Notre-Dame-des-Landes o la violencia policial fueron algunos de los temas que empezaron a surgir en las conversaciones informales y en las asambleas. Las manifestaciones se sucedieron a lo largo del mes de marzo, con cada vez más determinación por parte de la juventud. Mientras tanto, lxs trabajadorxs calentaban el ambiente preparándose para el día 31, sumándose , aunque de forma más bien tímida, al movimiento social. Algunos sectores, como el ferroviario o correos, se declararon en huelga. Como era de esperar, el aparato represivo del Estado se puso rápidamente a funcionar: lanzamientos de gases lacrimógenos y pelotas de goma, cargas, detenciones masivas, criminalización de lxs manifestantes por parte de los medios de comunicación y políticxs… son algunas de las prácticas que acostumbramos a ver y que se han vuelto a reproducir en esta ocasión. Sin embargo, no son pocas las personas que han hecho notar que la violencia policial se está normalizando cada vez más en la sociedad francesa, hasta el punto de que, como me dijo un manifestante, “hace unos años, durante el movimiento anti-CPE [2006], los maderos tenían un poco de cuidado a la hora de reprimir a lxs estudiantes de institutos, que al fin y al cabo siguen siendo críxs; hoy en día no se cortan ni un pelo”. Un vídeo de una agresión policial a un manifestante ha sido ampliamente difundido por internet, mostrando la cruda realidad de la represión estatal (puede consultarse en: http://www.huffingtonpost.fr/2016/03/24/video-lycee-henri-bergson_n_9540…).

El último día de marzo fue una jornada histórica para el movimiento, con casi dos millones de personas reunidas en las calles. En algunas ciudades como París, Nantes o Marsella, las manifestaciones tomaron aires de revuelta generalizada. En Nantes -desde donde escribimos este texto- 40.000 personas lograron paralizar el centro de la ciudad desde las diez de la mañana hasta las nueve de la noche, impidiendo la circulación de tranvías, trenes, autobuses y automovilistas. Los escaparates de bancos así como cajeros automáticos y cámaras de vigilancia fueron sistemáticamente destruidos. Edificios simbólicos como el ayuntamiento, oficinas de la patronal, la sede de Vinci (multinacional que está detrás del proyecto de construcción del aeropuerto de Notre-dame-des-landes) o del Partido Socialista fueron generosamente redecorados con globos de pintura, pintadas, y extintores. Se alzaron innumerables barricadas para defenderse de la policía, quien no escatimó en el lanzamiento de sus municiones. Al caer la noche, lxs manifestantes, que se encontraban dispersos por toda la ciudad, lograron reunirse en una plaza del centro de la ciudad, la cual se ocupó hasta bien entrada la madrugada, cuando la policía intervino de nuevo para expulsar al centenar de personas que todavía seguían reunidas.

La jornada del 31 vino a mostrar que las motivaciones de la juventud van mucho más allá de la oposición a la reforma laboral. Los mensajes de las pintadas realizadas durante las manifestaciones, dirigidos a la policía, lxs políticxs o los bancos, demuestran que el enemigo ha sido bien identificado. La deteminación con la que lxs manifestantes plantaron cara a las fuerzas represivas de Estado durante 11 horas seguidas en Nantes nos dan una idea del hartazgo de la juventud hacia esta sociedad y el sistema capitalista sobre la que se sustenta. Las piedras lanzadas por chavalxs de 16 años a la policía no son más la respuesta lógica a la violencia que éstos sufren en el dia a día en sus casas, escuelas y barrios. Por otro lado, también es cierto que se ha colado en las movilizaciones el típico mensaje ciudadanista y pacifista de la -mal comprendida- no violencia. Un mensaje que curiosamente suele ir acompañando del de “centremos nuestros esfuerzos en parar la reforma del Gobierno, no nos desviemos en nuestras reivindicaciones”. Pero la realidad es que a muchxs manifestantes les importa poco o nada esta reforma laboral. Y es que solo aquellxs nostálgicxs del keynesianismo creen todavía en la posibilidad de conseguir un capitalismo de rostro amable que proporcione empleos bien remunerados y estables. Así, mientras que por un lado los sindicatos se empeñan en perseguir quimeras como la jornada laboral de 32 horas, otras muchas personas tienen la valentía de clamar por el fin del trabajo asalariado y de toda explotación.

El movimiento no se ha detenido el 31 de marzo, o más bien cabría decir que, este año, el mes de marzo no ha acabado. Tras el 31 ha habido un llamamiento a seguir en la calle el 32, y el 33, para que el mes de marzo no se acabe nunca, y en esas estamos. Mientras tanto, otra modalidad de protesta se ha sumado a las manifestaciones; la de la ocupación de las plazas céntricas de las ciudades durante la noche. Los medios de comunicación franceses se han apresurado en establecer paralelismos con el movimiento 15M, quizás de forma no tan inocente. Ya se están empezando a escuchar voces que intentan desligar lxs “manifestantes violentos” de lxs ocupantes de plazas pacíficxs. Todo está por decidirse en los próximos días, y queda por ver si los protagonistas de esta lucha se dejarán seducir por los populistas que probablemente se colarán en las asambleas llamando a crear el “podemos francés”, o si por el contrario optarán por la vía de la insurrección y de la desobediencia absoluta a la autoridad. Nantes, 39 de marzo de 2016

[04 Abril 2016] Sobre las condenas de 12 años de prisión para los anarquistas Mónica Caballero y Francisco Solar.

El pasado 30 de marzo se hacía pública la sentencia del juicio a los anarquistas Mónica Caballero y Francisco Solar. En ella, la sección cuarta de la Audiencia Nacional, presidida por la jueza Ángela Murillo, resuelve condenar a nuestros compañeros a 7 años de prisión por los cargos de “daños con finalidad terrorista” y 5 años más por los cargos de “lesiones con finalidad terrorista”, que suman un total de 12 años de prisión para cada uno de ellos. También son condenados a pagar una indemnización de 22.000€ para la mujer que resultó herida leve en un oído y 182.000€ al Cabildo de Zaragoza por los daños materiales que “sufrió” el templo religioso. Por otro lado, quedan absueltos de “pertenencia a organización terrorista” y de “conspiración”.
La sentencia, que coincide con las modificaciones que hizo la acusación particular durante el juicio,  la cual variaba los cargos que finalmente mantenía por su parte, se explica de esta forma:

Pertenencia a GAC/FAI-FRI
Las acusaciones de pertenencia a organización terrorista GAC/FAI-FRI cayeron básicamente por dos cuestiones. La primera de ellas está relacionada con la definición de GAC y FAI-FRI como terrorismo. En sus argumentos y tras una breve descripción de lo que el tribunal considera que es la FAI-FRI, sus métodos y estrategias: “La FAI-FRI es una organización informal paradigma del insurreccionalismo, compuesto por un número indeterminado de grupos de afinidad dispersos por todo el mundo”“Teniendo todas ellas perfectamente acotado a su enemigo genérico- el Estado- no necesitan de un órgano superior jerárquico que las adiestre, organice, y las active para el ataque, actuando de manera independiente y anónima.” Así como de los GAC: “se constituyeron en una especie de coordinadora que supuso una novedosa idea dentro de esta rama del anarquismo, ya que coordina y organiza la violencia, tanto en el ataque con artefactos incendiarios o explosivos al Estado a través de sus símbolos o representantes del sistema, como en su injerencia en movilizaciones colectivas, con el fin de radicalizarlas y provocar fuertes episodios de fractura social.” Reconocen que no pueden ser catalogadas como organizaciones terroristas porque no se ajustan estrictamente a las definiciones que contempla el código penal español y añaden: “una organización de estructura horizontal no es organización.”
La segunda de las cuestiones tiene que ver directamente con la participación de Francisco y Mónica en la FAI-FRI o en los GAC, afirmando que no puede comprobarse que pertenecieran a ningún grupo vinculado con ninguna de estas siglas, considerando que actuaron de forma autónoma.

Estragos/daños con finalidad terrorista
La figura de “estragos con finalidad terrorista” si bien no desaparece del todo, se transforma en “daños con finalidad terrorista”, por lo cual, aunque restan algo de gravedad a los hechos afirmando que el “artefacto explosivo carecía de potencia destructiva” sí que consideran a Mónica y Francisco responsables de la acción en la Basílica del Pilar. Básicamente esta decisión se justifica dando credibilidad a los diferentes informes y testigos policiales, que centran sus argumentos en las imágenes captadas por las cámaras de videovigilancia y los peritos antropométricos, “unido al hecho de ser ambos anarquistas insurreccionalistas que persiguen atacar al Estado”.

Lesiones con finalidad terrorista
Se atiende la demanda por las lesiones que alega la testigo de la explosión, como efecto de la onda expansiva del artefacto explosivo y, de la misma forma que consideran a Mónica y Francisco responsables de la acción, les responsabilizan de las lesiones de esta persona. Por los cargos de lesiones, la acusación particular pedía también la “prohibición de residir en Zaragoza durante 10 años una vez cumplida la sentencia” como medida de alejamiento de la testigo. Esta petición no se ha favorecido en la sentencia.

Conspiración contra el Monasterio de Montserrat
Para imputarles este cargo, les bastó una visita al Monasterio de Montserrat que Mónica y Francisco hicieron justo el día antes de sus detenciones (hecho que los compas siempre reconocieron)  poniendo de relevancia que no mostraban interés alguno en las figuras religiosas. A pesar del intento, este cargo desaparece, ya que valoran que no hay suficientes indicios para asegurar que el objetivo de esa visita fuera preparar un ataque.

Tras una breve exposición de la sentencia contra los compañeros, dejando el circo judicial, su lógica y fundamentos a un lado, queremos agregar algunas cosas.

Como anarquistas no reconocemos la justicia del Estado ni nada de lo que la sustenta en su proyecto de Dominio. ¿Pero qué significa ésto exactamente?. Para nosotras significa que de manera activa pretendemos mantener y continuar la lucha contra toda autoridad,  sin paralizarnos o perdernos en los vericuetos del entramado legal que nos penaliza. ¿O debemos estar permanentemente poniéndonos en la cabeza del juez, del policía o del carcelero? No parece una actitud que nos corresponda a nosotras.  La ofensiva represiva del Estado busca romper vínculos y debilitar luchas,  así como seguir profundizando en su tarea de control social en sentido amplio, con las consabidas consecuencias pacificadoras. La práctica del  castigo  y el “escarmiento” es ya conocida de sobra. De hecho, ahí están las cárceles como máxima expresión de la venganza estatal hacia los rebeldes e indeseables de este mundo, mundo que ha hecho del encierro y el castigo algo natural y asumido.
Más allá de la información técnica y legal, los interrogantes, reflexiones e iniciativas giran entorno a nuestras propias luchas y a todo lo que desde ellas queremos expresar y proyectar. Pensamos que la manera que tenemos de enfrentarnos a la represión dice algo sobre la forma que tenemos de entender la lucha y lanzarnos a ella. En ese sentido, muchas continuaremos poniendo énfasis en la solidaridad y seguiremos insistiendo en el enfrentamiento contra la dominación desde esa perspectiva que concibe la vida y la lucha como algo inseparable. Desde el lugar de la no renuncia a las ideas, la oposición y respuesta a los golpes que nos dan, la ubicamos dentro de nuestro proyecto revolucionario, y desde ahí seguiremos adelante.

Para finalizar, añadir que Francisco ha sido trasladado y se encuentra de nuevo en la prisión de Villabona, Asturias. Mónica continúa hasta la fecha en la cárcel de Estremera.

Desde este lado del mundo, toda la fuerza y solidaridad para Mónica, Francisco y su firme actitud ante el encierro y el tribunal, así como para todos los anarquistas y luchadores que no se rinden y a las revolucionarias que siguen intentando destruir y abrir las jaulas del sistema.
Nuestra más sincera y cálida complicidad con todos aquellos que, antes que albergar pasivamente las ideas, se lanzan frenéticamente a su práctica en sus múltiples formas, posibilitando al presente de la capacidad para seguir intentándolo… ¡Por la anarquía!

Algunas anarquistas.
Barcelona, abril de 2016.

[28 Marzo 2016] Sus guerras, nuestras muertes.

El tratado firmado por la UE y Turquía para mandar a miles de refugiadas al matadero y convertir los centros de acogida en centros de detención ha puesto en el lugar que le corresponde a la civilizada y democrática Europa. Ha quedado claro que todos los tratados internacionales, todas las declaraciones universales, todos derechos y libertades que dice defender y representar, no son más que papel mojado que sacan a relucir solo cuando les interesa. Ante este panorama, pedir la abolición del tratado, anunciar querellas criminales, medidas legales o apelar a los derechos humanos de poco sirve, ya que este tratado no es más que la consecuencia de una guerra que nadie quiere parar por lo rentable que resulta, y las refugiadas no son más que la escoria que desprende el negocio de la guerra. Todos los gobiernos de la UE son responsables de esta aberración. Desde Rajoy a Merkel, desde Hollande a Tsipras. Todos se han posicionado, como no podía ser de otra manera, en contra de la vida y la dignidad humana. Ninguno, sea del color que sea, se librará ya de acarrear a sus espaldas una gran carga de cadáveres, por más explicaciones que nos den y disculpas quieran vendernos. Los más que oportunos ataques en el aeropuerto y el metro de Bruselas han acabado con la sesgada repercusión mediática que estaba teniendo lo que algunas han llamado “el tratado de la vergüenza”. Tras estos ataques, el discurso belicista se ha desatado, hasta el punto de que el primer ministro francés ha declarado que “estamos en guerra”. Los medios de propaganda nos bombardean con horas y horas de noticias lacrimógenas, de imágenes morbosas y de dudoso buen gusto, mientras gobiernos y tertulianos biempagados nos instan a elegir uno de los dos bandos, uno de SUS bandos. ¡Por supuesto que estamos en guerra, claro que hay dos bandos.! Por un lado está el bando de quienes ponemos las muertas, ya sean en los bombardeos de Siria o en los trenes de Madrid… En las ruinas de Irak, en los campamentos saharahuis o en las manifestaciones en Turquía…. En las aguas del Estrecho,en el metro de Bruselas o en las calles de París… En las montañas del Kurdistán o en la valla de Melilla. Ya sean las mujeres asesinadas por el terrorismo machista, las muertas por disparos de la policía en EEUU o las desahuciadas que se quitan la vida en España… Las normalistas en México o las moradoras de ese cementerio en que se está convirtiendo el Mar Mediterráneo. El otro bando es el de quienes se benefician de todas estas muertes, el de quienes se lucran con la guerra, el de quienes revientan miles de vidas por el bien de la economía. Que no traten de engañarnos, no es una guerra entre la civilización y la barbarie, es una guerra entre los intereses de los ricos y las vidas de todas las demás. La guerra significa beneficio. Por cada gota de sangre aumenta un céntimo las arcas de la industria armamentística; por cada muerta suben las bolsas en todo el mundo. La sangre es dinero. No basta con avergonzarse por un tratado, ni sentir lástima desde comodidad de la impotencia, debemos tomar partido de una vez por todas. Debemos emprender todas las acciones colectivas que seamos capaces de llevar a cabo para tratar de acumular fuerzas contra la sinrazón capitalista. Nos quieren obligar a elegir un bando, pues bien, nosotras elegimos hacer todo lo posible para parar esta guerra y todas las demás. Elegimos luchar por acabar con todas las vallas y las fronteras impuestas por su lógica egoísta. Elegimos luchar por tumbar este sistema en el que la vida humana no tiene absolutamente ningún valor y donde lo único que importa es el beneficio económico. Ante la barbarie y la muerte que impone el Capitalismo nosotras elegimos imponer la vida. Nos quieren obligar a elegir un bando, nosotras ya hemos elegido… ¡¡¡NI VALLAS NI FRONTERAS!!!
 ¡¡¡NI GUERRA ENTRE PUEBLOS NI PAZ ENTRE CLASES!!!

[25 Marzo 2016] Esta sí es la vieja Europa.

Estaba dispuesto a no escribir nada sobre la barbarie de la guerra y sus consecuencias. Sinceramente, me faltan las palabras para expresar el horror al que día a día son sometidos, en la tan democrática y humanista Europa, los seres humanos que huyen de la muerte en Siria y unos cuantos países más. Hay mucha gente sobre el terreno, tratando de poner su grano de arena para paliar esto y además, relatando, filmando y dando testimonio de la atrocidad.

Sin duda, todo lo que vamos conociendo hace que le hierva la sangre a cualquier persona que conserve ni que sea una gotita de humanidad corriendo por sus venas, por lo menos así lo siento yo.

Es obvio, que es un tema con muchas aristas sobre las que se podría hablar: por qué sucede lo que sucede, la respuesta de los diferentes Estados, la de eso que llaman sociedad civil, la de personas anónimas, las guerras… Nuevamente, se puede encontrar mucha información sobre todo esto pero particularmente a mí, si hay algo que me revienta es ese cinismo con el que la opinión pública está tratando este tema (esa opinión interesada, diseñada desde los altos puestos de poder, transmitida incesantemente a través de los medios de comunicación, los líderes políticos y sociales). Repetida hasta la saciedad por legiones de incautos y asimilada por una inmensa mayoría. Ese enfoque acerca de que Europa está olvidando sus principios y sus valores, esa idea tan repugnante, en mi opinión, de que Europa es el adalid de los derechos humanos y de todo lo bueno que uno se pueda imaginar y que, por tanto, lo que sucede ahora mismo es una anomalía en el comportamiento de la humanitaria Europa.

Yo no lo creo, para mí ésta sí es la vieja Europa. La misma Europa cuya bandera siempre fue la de la superioridad moral e intelectual sobre el resto del mundo. La misma Europa que durante siglos ha explotado y devastado al resto de continentes. La misma Europa que mientras se vanagloriaba de sus derechos humanos, condenaba al resto del mundo a vivir fuera de la humanidad esclavizando y asesinando. La misma Europa que mientras defendía sus teorías sobre la igualdad, pasaba a cuchillo a todo aquel que quisiera hacer uso de esa igualdad para liberarse de su yugo. La misma Europa que alardeaba de demócrata mientras regía con mano dictatorial los designios del mundo. La lista sería y es interminable.

Lo que está sucediendo ahora mismo, es una nueva entrega de una vieja saga. Europa levanta de nuevo el estandarte del genocidio, del fascismo mal encubierto y todos sabemos que no es algo nuevo ni ocasional, ni siquiera es novedoso que todas estas barbaridades se cometan dentro de la propia Europa, esto forma parte de la marca de la casa.

Si echamos un vistazo a lo cercano, no hace falta ir demasiado lejos para poner ejemplos de esto. En España tenemos de sobra, desde las dos orillas: víctimas y verdugos.

Sólo hay que recordar el trato que sufrieron los españoles que cruzaron la frontera tratando de huir de la barbarie de la guerra y la respuesta que Europa encarnada en Francia ofreció: campos de concentración, hambre, enfermedades, devoluciones forzosas, muerte. Diría que se parece bastante aunque seguramente para los defensores de la democrática Europa aquello también fue una anomalía. Pero también somos verdugos y para eso ni siquiera hace falta remontarse en el tiempo. Aquí y ahora, España contribuye y de qué manera a la política fascista de la Europa humanitaria. Vallas, concertinas, prisiones ilegales donde se encierra a las personas por ser extranjera y pobre, devoluciones en caliente, tiros, muerte. Por no hablar del lucrativo negocio de la venta de armas a países amigos como Arabia Saudí para que puedan también allí seguir democratizando a la gente. Se podrían poner más ejemplos pero creo que queda claro.

Esto hace que todavía me parezca una mayor hipocresía que, desde aquí, se apoye ese discurso cínico sobre el cambio de rumbo de la democrática Europa. El colmo de esta hipocresía es ese tema de la banderita europea a media asta en señal de protesta por el acuerdo genocida con Turquía en los ayuntamientos progresistas o en los del cambio. Que sepáis que la otra banderita que ondea está igual de manchada de sangre, cualquier bandera representa una lógica de fronteras, de exclusión, de diferencia… que inevitablemente lleva al derramamiento de sangre.

La historia de Europa, es la del expolio, la del genocidio, la de la esclavitud, la de la supremacía, en definitiva es la Historia porque, ya se sabe que, la historia la escriben los que matan, no los que mueren. Por eso, esta Europa actual no es una anomalía, ésta es la vieja Europa, la de siempre.

[14 Marzo 2016] Algunas consideraciones sobre el terrorismo, los medios de comunicación y la vida.

El terrorismo (como violencia planificada) antes que nada lo funda el Estado moderno como ente de poder mayoritario, por ejemplo con sus instituciones represivas como la policía o el ejército. Si hacemos un repaso a la historia vemos como también el cristianismo o su máxima institución representada por la Iglesia Católica a través de la Inquisición cometió todo tipo de atrocidades a los que consideraba sus enemigos, véase torturas y asesinatos.

Cuando el terrorismo ha sido utilizado por grupos minoritarios en oposición a los mayoritarios ya sea como defensa o para conquistar cuotas de poder ha sido entre otras causas porque no le quedaban alternativas de lucha o no sabían como enfrentarse de otras forma al poder opresor, véase por ejemplo el anarquismo, cuando mataba a reyes o presidentes.

Y si profundizamos un poco más, vemos que el terrorismo es un fenómeno que existe como tal en la sociedad moderna ya sea de forma más velada e indirecta, en su forma más subliminal, por ejemplo en las relaciones interpersonales.

También se podría decir de otra manera, el Estado moderno es quién propicia y gestiona el terrorismo en la sociedad, para ser después el garante de la seguridad y de la justicia.

El Estado moderno funda el terrorismo para consolidar su poder como institución de instituciones que organiza a la sociedad, como el Estado fue posterior a la sociedad, se creó a través de una élite de poder que instaura la violencia como método de control y dominio hacia el resto de la sociedad o en nuestro caso a una gran mayoría desposeída de herramientas para contrarrestar la fuerza de la minoría opresora.

De todos modos y aunque en tribus primitivas se dieran conflictos (violencia espontánea) entre sus individuos que provocasen muertes por alguna disputa, no se podría comparar de ninguna manera con el terrorismo del Estado moderno como violencia estructurada y planificada y como herramienta de control y coerción social que somete a sus súbitos a todos los niveles: económico, social y político.

Cuando el análisis sobre una cuestión no es lo suficientemente holístico y por contra tiende a la parcialidad, éste se hace subjetivo al receptor, con lo cual la percepción de la realidad queda distorsionada y la verdad de lo hechos puede ser moldeada y por lo tanto falseada por el medio que emite la información.

La vida no deja de ser absurda cuando se convierte en una lucha constante por la supervivencia.

La sociedad se divide en dos clases, la clase gobernante que tiene el derecho a ejercer legítimamente el Poder y la clase gobernada que es la victima de las consecuencias del Poder.

[13 Marzo 2016] Estado, sociedad y libertad.

Con tanto odio, el enemigo puede aparecer en cualquier lugar.

Si la mayoría decide el destino de la sociedad, la minoría que está en contra, estará abocada al fracaso o al éxito del camino elegido por la mayoría.

Las concesiones del Poder ya sea a grupos, sindicatos, organizaciones y en última instancia a partidos políticos (que aspiran a una cuota de poder en el gobierno) que son contrarias a los intereses del Capital y por ende favorables a las clases populares por medio del Estado, acaban siendo víctimas y asimiladas por éste. En estas circunstancias la posible ruptura e independencia de las clases más desfavorecidas por el sistema de dominación capitalista se hace una quimera al verse absorbidas por el aparato burocrático del Estado.

Las concesiones del Estado Capitalista bajo el manto de un democracia representativa a través del parlamentarismo siguen una estrategia en la que el pueblo no advierta que el sistema actual es totalitario y por lo tanto dictatorial y que echaría abajo los pilares en los que se sustenta el sistema en apariencia invisible (por una inmensa mayoría) de dominación.

De la lucha de clases se ha pasado sólo a la lucha por la supervivencia, el enemigo ha quedado interiorizado por el adoctrinamiento a través de la propaganda emitida por el Capital e invisibilizado por el Estado.

Si para el Estado la violencia es un fin para someter al individuo, éste para liberarse del yugo de aquel debe usar la desobediencia como fin y sólo la violencia como medio de supervivencia preventivo.

Nuestra libertad es fingida, es una ficción representada por la sociedad que ha asimilado a través de la propaganda una falsa percepción de la realidad.

El precio de la libertad resulta demasiado cara para el que no está dispuesto a sacrificarse para conquistarla.

La libertad es vencerse a sí mismo.

Las mayoría que es partidaria de la democracia representativa nos conduce a un infierno programado y controlado, donde el colapso y la crisis sistémica (escasez de recursos y empleo) dará paso a una selección artificial de los individuos más adaptados al sistema en decadencia progresiva que reproducirá las formas destructivas y degeneradas de vida, y que sucumbirán como único fin en la lucha por la supervivencia individual como modus vivendi.

La administración de la muerte en forma de progrom selectivo controlado por el Estado y que afectará a la parte dependiente y por ende parasitaria de la sociedad que esté menos adaptada al sistema de dominación pasará a un segundo plano como elemento inactivo en la producción (capitalista u otra) total.

Los individuos menos adaptados dejarán de ser ya de utilidad y serán desechados, sus posibilidades tanto de procreación y supervivencia serán menores. La importancia que tendrá el individuo para el sistema de dominación será su capacidad de competitividad y de lucha, la vida pública será prácticamente nula y la vida privada ofrecerá en base a la tecnología al superviviente las vías de escape para la huida del infierno en el que va a tener que vivir.

[03 Marzo 2016] Proyectos locales autogestionados con aspiraciones globales.

A pesar de que los gobiernos cambian una y otra vez, ninguno de ellos aporta soluciones económicas novedosas. Recordemos que el anarquismo siempre ha sostenido que los poderes económico y político están vinculados; aunque no necesariamente el primero sea consecuencia del segundo, ya que cada uno tiene su propia dinámica. En cualquier caso, los modernos gobiernos democráticos, de uno u otro pelaje, parecen subordinados a las grandes corporaciones multinacionales.

Si alguna vez gobernara Podemos en España, cuyo ímpetu transformador ya se ha rebajado bastante, en cualquier caso, es dudoso que actúe de una manera muy diferente a cualquier otra fuerza socialdemócrata. Es decir, tal vez aprobando alguna que otra ley social para tranquilidad de su electorado, pero sin ningún cambio real de fondo. La realidad es que existe una economía globalizada, donde impera la ley del más fuerte, aceptada cada vez más por regímenes poco o nada democráticos. Los gobiernos apuntalan de una u otra manera, con represión más o menos explícita, esa “ley del más fuerte”. Los anarquistas, por supuesto, no queremos que haya división de clases, por supuesto, pero tampoco represión política. No está de más insistir en ello constantemente, ya que la propaganda igualitaria de ciertos gobiernos, además de ser engañosa, asegura la represión y la dominación.

Las propuestas de los anarquistas, como no podrían ser de otra manera, apuestan por la construcción, política y económica, desde abajo. Por supuesto, para buscar siempre una federación de esos proyectos locales y con la aspiración de que en ella entren todas las regiones del país y del planeta. Esta democracia directa, aunque a algunos anarquistas no les gusta usar esta palabra por estar pervertida por la representación parlamentaria (llamémosla también “acracia”, aunque esto causara el rechazo de otras personas; no importa el lenguaje, sino los hechos), realizada de abajo a arriba (en lugar del centro a la periferia), junto a proyectos económicos locales autogestionarias, debería ser una alternativa al poder político (los Estados) y a ese libre mercado globalizado de capitales y mercancías, que asegura la explotación de los más débiles e incluso hunde las economías de países enteros si así le conviene. Es en definitiva, una lucha por potenciar lo local, en un contexto de libertad, igualdad, y solidaridad, con aspiraciones internacionales. La producción económica tiene que estar en manos de las personas afectadas y asegurar lo esencial a todos ellos.

A estas alturas, es complicado y esperanzador esperar que una gran revolución auténticamente social lo cambie todo. Es por eso que es imprescindibles trabajar sobre estos proyectos locales libertarios, con soluciones concretas que se demuestren viables. La autogestión obrera, a pesar de que ha sido finalmente aplastada o absorbida, tiene numerosos ejemplos en la historia. Las grandes sindicales han eliminado de sus aspiraciones el control por parte de los trabajadores. Aunque la descentralización que demandan los anarquistas se ha demostrado como posible en la industria moderna, esa ausencia de las grandes organizaciones, siempre cuestionables (ya que cuanto mayor son, más parece que abandonan sus aspiraciones revolucionarias), a pesar de tener el federalismo como parte de su estructura, tiene que ser cubierta ahora por las personas libremente organizadas. Por supuesto, es muy loable, y yo diría que casi necesario, que tendamos a vivir lo mejor posible en el sistema jerarquizado y explotador actual, pero si nos llamamos anarquistas es que aspiramos a una transformación radical. Unos determinados valores nos empujan a pensar que solo la autogestión económica está en consonancia con ellos y a crear proyectos de todo tipo en consecuencia. El capitalismo y la sociedad de consumo nos proponen constantemente actividades banales; no estaría de más buscar alternativas permanentes a las mismas y enriquecer así nuestras vidas.

Hay propuestas anarquistas que eliminan la gran industria, en incluso la gran ciudad, en sus propuestas de una sociedad sin dominación. Nos gusta pensar que ese proceso autogestionario, de descentralización anticapitalista y desestatalización, puede producirse también en la moderna industria y en las grandes urbes. En cualquier caso, solo el tiempo y la experiencia nos puede decir cuál es la vía verdaderamente transformadora, siempre aceptando esas premisas y prácticas libertarias: descentralización, federalismo, autogestión, solidaridad, apoyo mutuo… A pesar de nuestra insistencia cultural y educadora, es la práctica junto al conocimiento los que fortalecerán los deseos y las conciencias revolucionarios. Actualmente, una mayoría de personas aceptan esos paradigmas imperantes en la actualidad; jerarquía estatal, de tal manera que existe la permanente creencia de que un gobierno finalmente eficaz y benévolo será el que gestione adecuadamente el capitalismo (la gran explotación de unas personas sobre otras).

Por otra parte, la competencia, incluso en las bases, prevalece sobre cualquier posibilidad de cooperación y autogestión. Lo que pretenden los anarquistas es que sean las personas las que protagonicen y gestionen sus vidas, en todos los ámbitos, por lo que hay que trabajar para demostrar que todos esas paradigmas pueden y deben cambiarse. Si nos limitamos a esperar un gran fenómeno que nos saque del apuro, a pesar de que lleve el apelativo de libertario, tal vez estemos cayendo en una abstracción y engaño similares al de los que esperan soluciones “desde arriba”. La alternativa al capitalismo globalizado, y también a todo tipo de dominación en otros campos, es crear nuestro propio proyecto local libertario, de apoyo mutuo y solidaridad, con la aspiración de que acabe convirtiéndose en una gran alternativa global.

[18 Febrero 2016] La delincuencia y el estado de la delicuencia.

Al poner en tela de juicio el fenómeno delictivo, habremos de cuestionar necesariamente la legalidad que lo reprime en aras del llamado bien común, ese «bien común» que el delincuente destruye y que se consigue con la explotación económica a la que la clase obrera está sometida y con la marginación de ciertos sectores de la sociedad. Con su conducta, el delincuente no sólo explicita de una manera propia la lucha de clases, sino que, como marginado que rompe con la legalidad, apunta el doble juego del Estado: crear el delito y reprimirlo. Como libertarios, nuestra postura ha de basarse en la denuncia de ese «bien común» que se mantiene, no sólo con las porras de la policía, sino también con la complicidad y la modorra del resto de la sociedad, en la denuncia del Estado como único delincuente.

A la hora de analizar la delincuencia como fenómeno social hemos de empezar rechazando las interpretaciones que «los civilizados» de izquierda y derecha han vertido a los cuatro vientos sobre el tema. Los análisis que ellos nos ofrecen están mediatizados por unas categorías ideológicas que los hacen ser intencionadamente parciales e incompletos. Se analiza la delincuencia desde el concepto de la ley, una ley definida por y desde el Poder, y que en último extremo es la institucionalización de la dominación de una clase sobre otra.

Todo análisis de la delincuencia está presidido por la dicotomía «normal-anormal», pero no cuestiona quién marca la norma, sino que se da por admitido el abstracto consenso universal que tiende a identificar norma y justicia. Su norma, su justicia, las que unos crean y otros padecen.

Las interpretaciones que nos ofrecen las «fuerzas organizadas» que intentan cambiar el mundo desde los cómodos sillones del Parlamento no difieren mucho de los análisis que desde el Poder nos hacen aceptar, y acaso alguien se sorprenda de que de las disciplinadas filas del inefable PC salgan declaraciones como la que nos brinda Antonio Rato: «Creo que al delincuente se le debe aislar por la misma razón que se aísla al portador de un virus o a un demente peligroso. Es decir, sin tratar de penetrar en el fondo de su conciencia, ni mucho menos de evaluar hasta qué punto es responsable en concreto de su personalidad.» No es en absoluto casual que se difundan en el PC estas interpretaciones: existe el mismo interés por la represión en los grupos que están en el Poder como en los que aspiran a él.

El hecho de que se ofrezca esta «realidad de la delincuencia», presentándola como un fenómeno a reprimir, pero sin intentar buscar sus causas y raíces, sólo puede responder a una asombrosa ingenuidad o a una estrategia interesada, y hay quienes no nos creemos eso de la ingenuidad del Poder.

La «necesidad» del delito

Se trata de hacer de la delincuencia una realidad al servicio del sistema, de aislar al delincuente y colgarle la etiqueta del «mal»; el Estado se presentará esgrimiendo la bandera del «bien», y con este aval se encargará de eliminar las malas hierbas que crecieron junto a los demás ciudadanos de «bien» y, de «orden».

En última instancia el fenómeno delictivo presta al Estado un pingüe servicio: justifica su existencia en cuanto defensor del orden y la paz. El Estado necesita del desorden y del mal para justificar sus mecanismos de reproducción y defensa. ¿Qué sentido tendría una policía en una sociedad sin delito?

El Estado necesita del delito tanto que cuando le interesa se lo inventa: se provoca para después reprimir.

Detrás de esta fachada de defensores quedan camuflados los intereses de la clase dominante, que con esta ideología del delito mata dos pájaros de un tiro: asegura su reproducción como clase (no sólo a nivel político, sino también a nivel sicológico, en cuanto que sus criterios morales son asimilados por la sociedad) y, por otro lado, institucionaliza y normaliza la represión y el castigo para destruir a los elementos rebeldes con la irnpunidad que le da la aceptación del delincuente como «malo» y «peligroso», no sólo para el Estado, sino para toda la sociedad.

Es un círculo: unas estructuras crean el delito y otras lo reprimen, pero una sola mano maneja los hilos.

De este modo se hace recaer toda la violencia reprimida de la sociedad sobre una parte de ella misma, los delincuentes, desviando así lo que pudiera tener de revolucionario y subversivo.

El «caldo de cultivo»

Una ciencia al servicio del sistema va a interpretar la delincuencia como un fenómeno desligado de su contexto social: el mundo capitalista. Así, la genética hablará del cromosoma del criminal y la sociología y sicología intentarán explicarla como resultado de un aprendizaje patológico; pero si queremos buscar las raíces de la delincuencia ciertamente las encontraremos en el carácter capitalista de la sociedad, tanto de los Estados llamados capitalistas como de aquellos otros países basados en un capitalismo de Estado.

Decir que la delincuencia es patrimonio de la clase obrera no es desvelar ningún misterio: la procedencia de la población penal está clara a los ojos de todos; pocos hijos de la burguesía podemos encontrar en Carabanchel o en la Modelo. Es del mundo obrero de donde salen los candidatos a las celdas de nuestras prisiones.

Las grandes ciudades donde nos almacenan para que seamos más rentables y productivos son viveros de delincuencia. El emigrante que llegó a la capital a pedir que le explotaran se da cuenta de que las ocho horas de trabajo, si es que aceptaron su solicitud de explotación, no llegan para comprar esos productos que a todas horas le estan incitando a comprar. La constante frustración que crea el desequilibrio entre el deseo incrementado por la publicidad y la limitada capacidad adquisitiva tiene dos salidas: la docil (horas extras, letras para toda la vida…) y la rebelde, es decir, el delito.

El mundo capitalista está organizado para producir dóciles currantes que produzcan más y mejor y que consuman aquellos que mayores beneficios rinda al capitalismo. En un mundo tal el único delincuente es el Estado, de aquí la necesidad de dar la vuelta al concepto de la delincuencia: debemos asumir el hecho de que en esta sociedad ser delincuente es rebelarse contra las estructuras alienantes que la configuran. Intentar ser libre y recuperar lo que nos pertenece es ser calificado de delincuente por esta sociedad.

Estado y delincuente

Una ideología represiva subyace en el discurso de las relaciones capitalistas: unos mandan, controlan la producción, los medios de comunicación, hacen las leyes…. otros obedecen, producen y acatan las leyes y la autoridad. Esto es el orden y el bien común, el Estado cuida de nosotros para que el mundo no se sumerja en el caos y la anarquía; en tres palabras: establece la norma.

Frente a esta sociedad ordenada, de individuos normales y obedientes, y en contra ella se levantan la antisociedad, el desorden, el caos y el mal. No se sabe, ni por otro lado interesa saber, de dónde procede este grupo de transgresores, pero el poder ha de combatirlos y estirparlos del mundo del orden, porque ponen en peligro el bien común, o sea los intereses del Poder.

Y para combatir este grupo social se crean las leyes, la justicia. Aquí encuentra la cárcel su razón de ser: aislar al delincuente, encerrarlo para que no destruya al «bien común», que tan trabajosamente hemos construido.

La cárcel no está destinada a extinguir el delito, sino a controlarlo y a rentabilizarlo; en cuanto tal, la cárcel significa el último eslabón que cierra el círculo de la opresión y el más degradante de todos.

«Tenemos que convertir las cárceles en islotes donde meter a los delincuentes para que se destruyan entre sí.» Estas declaraciones de un fiscal de Burgos son suficientemente elocuentes.

Pero, ante todo, la cárcel es el lugar en donde la represión institucionalizada alcanza las más altas cotas de degradación humana: palizas, chantajes, tortura, incomunicación, aniquilación sicológica, todo queda oculto tras los muros y las vallas electrificadas.

En una carta al ministro de Justicia, Emilio Monteseril, funcionario de la cárcel Modelo de Barcelona, después de pedir la excedencia, decía textualmene: «Las cárceles no son más que trituradoras de hombres, y nosotros los carceleros somos sus verdugos.»

Los medios de comunicación: un arma eficaz

Los medios de comunicación, como canales que el poder utiliza para la transmisión de su ideología, juegan un papel decisivo en el «manejo» del fenómeno delictivo.

A través de la prensa de sucesos se constata la presencia de otros jueces, «los jueces de papel impreso», que se yerguen como tendenciosos moralizadores de los hechos y que, en última instancia, constituyen una «conciencia normativa» paralela.

El lenguaje utilizado no es, ni mucho menos, neutral, va dirigido a crear un sistema de reflejos emocionales que actuarán ante valores-palabras fetiche. «Delincuente», «drogado», «homosexual», son ejemplos claros de palabras fetiche que desencadenarán una intensa emocionalidad.

Tras ser objeto de bombardeo continuo sobre situaciones de accidentes, robos, suicidios (previamente moralizados), nos invade un sentimiento de inseguridad total que nos lleva a reclamar la presencia de un poder que con su control, vigilancia y castigo nos garantice el «bien» amenazado y el «orden» transgredido.

La jugada que se efectúa a través de los medios de comunicación es perfecta: reclamamos nosotros mismos lo que ellos desean establecer. No imponen la vigilancia, el control o el castigo, sino que éstos son solicitados y el Poder los concede.

Delincuencia y subversión

Ante el Poder, el delincuente y el revolucionario son, con algunas diferencias de matiz, subvertidores del sistema social establecido.

A pesar de que el delincuente no actúa movido por una concepción revolucionaria o crítica de la realidad, marca el camino de la revolución, a menudo olvidado por el político: la destrucción fáctica del orden establecido. El delincuente se presenta así como un «subversivo» sin conciencia de tal, que a su modo lucha contra la opresión de unas estructuras capitalistas que marginan a los individuos según su poder adquisitivo o su clase social.

Pero la identificación total del delincuente y el revolucionario es, con mucho, una afirmación gratuita. Si bien el delincuente lleva impresa en su conducta una crítica al trabajo asalariado, un rechazo de la moral de obediencia y resignación que el Poder nos impone, sus actos no tienen como fin la abolición del salario, de la autoridad o de la moral burguesa, sino que son la expresión de una rebeldía espontánea pero sin objetivos.

Del mismo modo, el delincuente explicita una crítica de la mercancía que es sólo parcial e inconsciente: con el robo critica el valor de cambio de la propiedad, pero sin cuestionar su valor de uso, El robo viene a menudo a satisfacer las exigencias del consumismo.

Marginación y revolución

La delincuencia y la marginación en general vienen a indicarnos que la lucha contra el Estado no puede quedarse en las ‘reivindicaciones salariales y en meros intentos de recuperación de plusvalía, que la opresión ideológica es quizá más sutil, pero también más virulenta y brutal que la opresión económica. La marginación señala la lucha contra la superestructura como condición «sine qua non» para la liberación social, así la lucha de los grupos marginados está centrada en la crítica a la autoridad y la ideología represora que conlleva, en la rebeldía contra la alienación que enmarca nuestra vida, pero a menudo pierde de vista al factor central del sistema capitalista: las relaciones de producción.

En este sentido la tarea fundamental sigue sin hacerse: dotar a la lucha de los marginados de unos horizontes de lucha social, extender la crítica individualizada y visceral que el marginado hace a la autoridad y al sistema y situarla en un contexto global y crítico. Es decir, reivindicar la «locura», la sexualidad libre, el consumo de droga o la negación al trabajo asalariado, no como expresiones viscerales de unos cuantos maniáticos ante una sociedad represiva, sino como propuesta de subversión ante una sociedad enferma.

El revolucionario ha de darse cuenta de que ha de ser un delincuente si quiere acabar con el orden establecido.

Delincuentes del mundo, si es que llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, unámonos y destruyamos éste.

[05 Febrero 2016] Incivismo y vandalismo.

El civismo es uno de los discursos ideológicos predominantes entre las autoridades políticas y mediáticas. Tal vez porque saben y recuerdan que cada estallido en los barrios, por mucho que intentasen reducirlo al “vandalismo urbano” para limitar su dimensión política, hace tambalear su pretendida paz social. El civismo es una concepción totalitaria de los cuerpos y los espacios, un falso consenso impuesto a través de la normatividad social e individual producto de la mediación integral de las instituciones en las vidas de y entre las personas, expresada en última instancia en el código penal. Al resultado de esta sutil desposesión, al rendimiento de la apropiación por parte de las instituciones políticas, económicas, culturales y sociales, se le llama ciudadanía, cuyo espacio natural es la ciudad.

La degradación de las ciudades y el deterioro de los barrios forman parte de una queja recurrente y nunca inocente, especialmente cuando existe un plan específico de gentrificación o, desde las pasadas elecciones, con el advenimiento de alcaldías “por el cambio”. Ambas posturas parten de la misma premisa y cumplen, al final, la misma función: la ciudad como escenario político ideal, de clase media universal, dedicado al desarrollo social de un modelo económico concreto. Un espacio idílico, puro, insípido e incoloro -pero opaco- donde no hay lugar para el conflicto. En definitiva, la ciudad como superación radical de las diferencias de clase y las contradicciones sociales por medio de la aceptación general de las normas -leyes- establecidas.

Los grandes núcleos urbanos son el ejemplo de cómo el sueño de una ciudad desconflictivizada, habitada por trabajadores, voluntarios y colaboradores, se desmorona en cuanto aparecen los signos externos de una sociedad compuesta, esencialmente, de explotación, desigualdad y fracaso. La imagen de una ciudad de ciclistas sonrientes que respetan los códigos de circulación, o de niños obedientes que juegan exclusivamente en los espacios infantiles habilitados expresamente por el ayuntamiento, no logra secuestrar la realidad. ¿Quienes visibilizan los signos externos de la miseria? Están en las bolsas de ingobernabilidad, las nuevas “clases peligrosas”, el lumpen. Aquellos cuyo nuevo higienismo social pretende, como en el siglo XIX, neutralizar, someter, expulsar o internar: jóvenes incontrolables, migrantes pobres, parados de larga duración, “antisistemas”, mendigos, “trabajadoras informales”, etc.

La gentrificación es la puesta en práctica psicourbanística de la cosmovisión ciudadanista, independientemente de la posición que ocupe en el arco parlamentario o el mercado de las ideas. Una expresión ideológica concreta que, obviamente, también es un negocio. Y no ha existido mayor freno a la gentrificación, junto con la autoorganización vecinal, que el vandalismo.

El vandalismo alude oficialmente a una nebulosa de conductas y hábitos incívicos -es decir, ilegales- que trasgreden la paz y armonía estética, sonora, y social de las ciudades. Como el graffiti y las pintadas, la okupación, el uso de los parques como comederos, los mendigos que duermen en los cajeros y soportales, las manifestaciones, los botellones, los encuentros en las plazas, las raves, la mendicidad, el chabolismo, los carritos del Carrefour llenos de chatarra, el consumo público de sustancias ilegales, la venta ambulante irregular, etc. Incluso en el ya típico incendio de vehículos en los barrios más pobres se debería reconocer, en una visión más profunda, elementos válidos de rabia y rencor contra la realidad social. Toda acción violenta es una acción comunicativa.

El incivismo es, por lo tanto, la afloración de realidades sociales que se niegan a ponerse entre paréntesis en el gran relato de la paz y prosperidad. El vandalismo pone sobre el mapa la miseria y el dolor que las autoridades tratan de invisibilizar, de ahí las consiguientes reformas como la Ley de Seguridad Ciudadana. Si un contenedor quemado es un “acto de vandalismo”, ¿qué nombre convendría utilizar para los desahucios en masa en los barrios más pobres, demolidos por las excavadoras? ¿para la remodelación aislacionista de las calles, las plazas y su mobiliario urbano? ¿y para el apartheid de clase de los nuevos planes urbanísticos que son, en definitiva, la expresión de la realidad segregadora del orden social vigente?

 

[01 Febrero 2016] Alcohol, drogas y financiación de la lucha.

A través de este escrito hacemos pública la decisión que hemos tomado sobre cómo queremos afrontar el proceso represivo que se inició en 2012 contra un compañero por haber participado en la huelga general del 29 de marzo del mismo año. Nos gustaría que este texto y los que se irán adjuntando a medida que se desarrolle la campaña, sirvan de base para la apertura de un debate colectivo sobre la forma en que estamos afrontando la ola represiva contra aquellas personas que en un contexto de conflictividad social participan activamente en la lucha. Como represaliadas que somos, sostenemos que la única forma de hacer frente al Estado en la lucha antirrepresiva es poner por delante el contenido político de las acciones por las que somos reprimidas y darle una dimensión colectiva.

En concreto, este documento se centra en la financiación de la lucha a través de la venta de alcohol en fiestas organizadas para cubrir los gastos que generan los procedimientos judiciales. Sin duda el alcohol y la fiesta venden, cumplen este requisito, cumplen esta función. Parece ser, pues, que no podemos hablar de la ética libertaria y de la idoneidad de los medios, no sólo como herramientas, sino como verdadera praxis revolucionaria. Parece ser que no podemos cuestionar las fiestas y el alcohol sin pasar por moralistas, puritanas, ingenuas o alejadas de la realidad.

El alcohol es el puntal que sostiene la financiación del movimiento y es una realidad cerrada (y no hay otras opciones para el presente). Tenemos presas y represaliadas, que no nos vengan con romances puritanos, que la realidad material nos obliga a seguir sosteniendo el ocio alienado, el alcoholismo y las dinámicas socializadoras como eje central del movimiento. Dudamos del carácter revolucionario o transformador que este tipo de fiestas pueden tener, entre otras cuestiones, por la dinámica alienante que generan y por estar en muchas ocasiones vacías de contenido político. Es cierto, todas tenemos quehaceres al margen de la militancia e incluso contradicciones, pero ninguna de ellas es levantada como bandera, ninguna es utilizada como referencia de nuestro movimiento. No obstante, el alcoholismo social es algo tan integrado, normalizado y enterrado por su presunta necesidad, que es frecuente ver por nuestros barrios o pueblos carteles políticos llamando al consumo de este tipo de ocio.

No estamos en contra del disfrutar y de las fiestas, creemos que debe haber un espacio para todo, y si bien nuestra finalidad es la de unir celebraciones con nuestras reivindicaciones, también entendemos que en ocasiones no puede hacerse, y en tal caso, decimos no al dinero que se recauda con la venta de alcohol en las mismas. No queremos que nuestra lucha se confunda con el ocio alienante y alienado. En este punto nos preguntamos, ¿cómo podríamos reivindicar los aspectos políticos de una fiesta? ¿Cómo hacerlo sin caer en la alcoholización? Y no sólo eso, sino que también nos cuestionamos, ¿qué tipo de ocio estamos fomentando desde los movimientos sociales y organizaciones políticas en estos eventos? ¿En qué medida las fiestas alternativas pueden seguir diciéndose “alternativas”? ¿Cuál es, valga la redundancia, la alternativa que ofrecemos?

Las “fiestas libertarias” poco tienen de alternativas: no son alternativas de socialización, no son alternativas de consumo, no son alternativas de ocio y desde luego no representan la esencia de ninguna práctica revolucionaria, más bien lo contrario. Hay muchas cosas que revolucionan a las personas: la cultura, la conciencia, la práctica revolucionaria… En cambio, las drogas y el ocio alienado hacen dormir las conciencias; esta es su función, son mecanismos para huir (no de confrontación), herramientas de control social que fomentan prácticas que chocan frontalmente con las ideas por las que luchamos, con las ideas por las que caemos.

La necesidad del dinero como excusa para vender alcohol constituye un argumento que cae por sí mismo, pues es mentira que no haya dinero, como mínimo hay cuando de beber se trata. Sin duda, es más fácil extender este producto de autoconsumo – el alcohol -, socializarlo con una etiqueta política para poder atraer a ciertos sectores y conseguir más beneficios, que trabajar por la solidaridad entre las compañeras, entre quienes luchamos y compartimos un proyecto. Sin duda constituye una vía rápida, pero no es la única y la rechazamos por eso, porque creemos en la necesidad de construir redes de apoyo libres de alcoholismo. Todas las dinámicas colectivas y sociales son de difícil transformación, por eso nos dejamos el tiempo, la salud y la piel durante años. Sabemos que no hay mejor forma de tomar conciencia y transformación que la praxis, que la propaganda por el hecho. Es esta práctica y no las palabras, las impulsoras de los cambios, y es por ello por lo que hemos decidido no aceptar dinero del alcohol para hacer frente a este caso represivo, no contribuyendo así al fomento de dinámicas colectivas que creemos perniciosas para nuestro movimiento.

[26 Enero 2016] Reflexión sobre el Estado, la Democracia y la información.

El Estado como indica su origen etimológico es una institución inmóvil, petrificada, que está sujeta a unas directrices que permanecen fijas y nunca se renuevan y cambian en lo esencial y que por lo tanto consolidan y perpetúan a una élite en el poder que rige el destino de la sociedad.

Es por esta misma causa que el Estado también es corrupto en esencia al ser la culminación de este estado de cosas que anulan e impiden constantemente al individuo y a la sociedad ser sujetos de cambio y de revolución.

El Estado simboliza la muerte de la vida, representa el mal en su versión bíblica, esto es, al Diablo en su máxima expresión.

El Estado como institución de poder suprema carece de ideología, es el Gobierno quien mediante los partidos políticos adquiere una ideología para que los ciudadanos mediante el voto puedan elegir al partido en el cual se identifican. El Estado siempre está por encima de los partidos políticos, por lo tanto quien gobierna realmente no es el Gobierno sino el Estado, el Gobierno está al servicio del Estado porque éste es quién decide en los aspectos más importantes de la vida política y económica de la sociedad a través de sus instituciones.

En esta coyuntura el ciudadano de a pie no decide absolutamente nada, es un individuo totalmente despersonalizado y deshumanizado que vive la ilusión política como espectáculo mayoritariamente a través de los medios de comunicación de masas, de esta forma cree participar en la vida política de la sociedad y el engaño al que es sometido por agentes externos se transforma en autoengaño, del que se acaba haciendo participe también (consciente o inconscientemente y en mayor o menor grado) de las injusticias, guerras, y de la crisis sistémica que origina y provoca continuamente el Capitalismo fundado por el Estado moderno.

Si la mayoría de la sociedad legitima con su voto el sistema que los domina y oprime significa que la democracia (aunque sea de forma representativa) es real, su consolidación como organización del Estado legitima el gobierno de la totalidad de la sociedad.

La realidad concreta no suele dar porque la conciencia crea multitud de realidades aparentes o abstractas a partir de la información. En la era de la información tampoco hay hechos, se dan interpretaciones de los hechos que producen multitud de teorías y especulaciones que originan desorden y suelen llevar al engaño. En estas circunstancias, la información es confusión.

 [19 Enero 2016] Guerra a la guerra

El ene­migo está aquí: es nues­tra propia burguesía

Tras los sal­va­jes aten­ta­dos con­tra civiles en París, al pare­cer cometi­dos por fanáti­cos reli­giosos finan­cia­dos por Esta­dos Unidos para mejor man­io­brar en el tablero geopolítico de Ori­ente Próx­imo, los Esta­dos democráti­cos de toda Europa se esfuerzan por mostrar su ver­dadero ros­tro: la guerra y la represión.

Sin entrar en por­menores, incluso un peri­odista sabe que el extrem­ismo reli­gioso islámico, en cualquiera de sus innu­mer­ables ramas, viene siendo finan­ciado por los Esta­dos occi­den­tales y muy espe­cial­mente por los Esta­dos Unidos (con una par­tic­i­pación notable del Estado de Israel)  al menos desde la invasión soviética de Afgan­istán. Los Tal­ibanes, Al Qaeda y el Estado Islámico de Iraq y Lev­ante no son tanto hijos de la religión como de las man­io­bras impe­ri­al­is­tas desar­rol­ladas en Ori­ente Próx­imo por todas los Esta­dos democráti­cos que hoy se lavan las manos, lloriquean y cla­man ven­ganza lla­mando a la guerra.

Las tropas france­sas se esparcen por medio mundo en supues­tas “misiones de paz”, ampara­das por ese ban­quete per­ma­nente de ladrones y asesinos que es la ONU, para defender los intere­ses de los empre­sar­ios y accionistas france­ses. Ahora la guerra impe­ri­al­ista que Fran­cia y todas las poten­cias occi­den­tales esparcen por doquier ha lle­gado a la metrópoli; y como siem­pre que la guerra impe­ri­al­ista llama a la puerta, quien pone los muer­tos es el pueblo, la población civil.

Como es sabido, cuando el cap­i­tal­ismo entra en cri­sis la guerra entre Esta­dos se vuelve más encar­nizada. La com­pe­ten­cia –que  en la ide­ología del cap­i­tal es el motor que todo lo mueve y todo lo con­sigue, regando con bien­es­tar y pro­greso cada rincón del orbe –se torna bom­bas de racimo, ataques quími­cos y ter­ror­is­tas sui­ci­das.  Y hoy el cap­i­tal­ismo está en cri­sis, la más pro­funda cri­sis desde 1929, agravada por una escasez cre­ciente de energía y mate­rias pri­mas, exac­er­bada por una bru­tal cri­sis ecológ­ica. La com­pe­ten­cia se agudiza, los Esta­dos lan­zan sus tropas mer­ce­nar­ias por doquier y nos estalla en la cara: en Beirut, en Ankara o en París.

Quien haya aten­dido a los can­tos de sirena que habla­ban de recu­peración económica y superación de la cri­sis tiene que des­per­tar: la recu­peración económica sólo supone una recu­peración de la cuenta de resul­ta­dos de las grandes empre­sas, apoy­ada en el empe­o­ramiento gen­eral y per­ma­nente de las condi­ciones de vida de todos.

Quien pen­sara que la cri­sis cap­i­tal­ista se iba a sal­dar con una degradación de los están­dares de vida (por emplear la jerga bur­guesa al uso) de la may­oría, que a pesar de todo nos per­mi­tiría vivir más o menos cómoda­mente en una sociedad mín­i­ma­mente tol­er­a­ble tiene que des­per­tar; se tiene que olvi­dar de eso.

La vida bajo el cap­i­tal es esto: sufrir sus cri­sis cícli­cas, ajus­tarse a las condi­ciones que marca el mer­cado (en el que somos una mer­cancía más), y aguan­tar las bombas.

DEMENCIA BELICISTA E HISTERIA

Fran­cia está en guerra”, declaró solem­ne­mente Hol­lande ante una Asam­blea Nacional que unán­ime­mente (tam­bién con los votos del muy izquierdista Fronte de Gauche) aprob­aba días más tarde el Estado de excep­ción, que prueba que los supuestos dere­chos, lib­er­tades y garan­tías democráti­cas son una con­ce­sión del Estado que puede reti­rarse en cualquier momento. Muy fácil­mente la leg­is­lación de “excep­ción” pasará a for­mar parte de la leg­is­lación ordi­naria, como la Patriot Act en EEUU; o como en la democrática España, que descarga su leg­is­lación antiter­ror­ista “de excep­ción” con­tra cualquier opos­i­tor que moleste al Estado (como mues­tran las numerosas deten­ciones de anar­quis­tas en los últi­mos años).

Así, la guerra de Fran­cia se desar­rolla en suelo francés, y no con­tra ninguna ame­naza ter­ror­ista sino con­tra su propia población. Insta­lando y difun­di­endo un clima de psi­co­sis para­noica que sirva de pre­texto para la comisión de todo tipo de tro­pelías: allanamien­tos, reg­istros, deten­ciones masi­vas y arbi­trarias, tor­turas, prisión guber­na­tiva sin juicio. Con­trol de prensa y cen­sura pre­via, dis­olu­ción de aso­cia­ciones, inter­ven­ción de todas las comu­ni­ca­ciones pri­vadas. Bajo el pre­texto de la seguri­dad todo es jus­ti­fi­cado; quien se opone se con­vierte a su vez en sospe­choso: los buenos ciu­dadanos nada tienen que temer ni que ocul­tar, de modo que colab­o­ran gus­tosa­mente en la fis­cal­ización abso­luta de su vida entera por parte del Estado protector.

El clima de psi­co­sis se ha propa­gado por toda Europa, y en toda Europa se prepara un Estado de excep­ción ordi­nario y per­petuo. Cuando la puerta de la repre­sión se abre se abre para todos. Por la vía de la repre­sión el Estado dis­ci­plina a su población, se ase­gura su obe­di­en­cia y se dota de los resortes nece­sar­ios para bar­rer la disiden­cia. Se ase­gura así la cor­recta mar­cha de los nego­cios; más en una situación de cri­sis que no per­mite velei­dades reivin­dica­ti­vas o –¡aún menos! –revolucionarias.

Y mien­tras en Europa la policía y la psi­co­sis cam­pan a sus anchas, en Ori­ente Próx­imo siguen lloviendo las bom­bas. Fran­cia y Rusia, ahora ali­a­dos, bom­bardean ale­gre­mente Siria –y bien sabe­mos que cuando se bom­bardean obje­tivos mil­itares las bom­bas sue­len caer curiosa­mente en escue­las y hos­pi­tales –mien­tras Esta­dos Unidos manda tropas. Sue­nan tam­bores de guerra y Ori­ente Próx­imo será una vez más el esce­nario donde se diri­men las edu­cadas dis­putas de las democ­ra­cias occi­den­tales. Siria, El Líbano, Iraq, el Kur­dis­tán ponen los muer­tos. Al fin y al cabo no resulta tan estreme­ce­dor un san­gri­ento aten­tado en Beirut o un puñado de bom­bas de racimo cayendo sobre cualquier aldea siria.

LA GUERRA IMPERIALISTA: SIN OPOSICIÓN

A la his­te­ria belicista desa­tada se han sumado sin vac­ilar la may­oría de par­tidos par­la­men­tar­ios españoles. ElPSOE, que ya lanzó a España a la primera guerra del golfo en 1990 colab­o­rando en numerosas masacres de civiles, además saca pecho atribuyén­dose la autoría del asqueroso “Pacto Antiy­i­hadista” para endure­cer el código penal fir­mado con el PP, cuya his­to­ria reciente habla por sí sola. Un impa­ciente Albert Rivera deseoso de destacarse por su beli­cismo pide el envío de tropas a Siria y más mano dura en el inte­rior. Por su parte, la izquierda se reparte entre el paci­fismo de palo de Podemos, un paci­fismo con OTAN y gen­erales meti­dos a diputa­dos, y el paci­fismo ram­plón del “No a la Guerra” enar­bo­lado por una mori­bunda Izquierda Unida.

Aprovechando la coyun­tura, Mar­i­ano ofrece enviar tropas a África, poner una pica en Mali y descar­gar de la penosa tarea africana a Fran­cia, que se podría emplear a fondo en matar gente en Siria. Como no parece que Fran­cia esté muy dis­puesta a renun­ciar a su parte del pas­tel africano, el gob­ierno español desmiente la oferta. Lo que queda claro es que el mundo es hoy un tablero en el que los Esta­dos al ser­vi­cio de los ricos hacen sus trapicheos y alian­zas mien­tras que la población sometida a su dominio pone, una vez más y como siem­pre, los cadáveres. Los nego­cios, los resul­ta­dos, los div­i­den­dos, los fon­dos de inver­sión así lo exigen.

Lo que nadie dice, porque no lo puede decir, es que la guerra es con­se­cuen­cia directa de este sis­tema y es al cap­i­tal­ismo a quien cabe achacarle las bom­bas de Ankara (10 de octubre, 95 muer­tos), Beirut (12 de noviem­bre, 43 muer­tos) o París (13 de noviem­bre, 130 muer­tos). Lo que nadie dice es que un sis­tema basado en la explotación del tra­bajo y de la tierra, la pro­duc­ción de mer­cancías y en la com­pe­ten­cia no puede sino provo­car cri­sis cícli­cas. Cri­sis que desem­bo­can, porque no puede ser de otro modo, en mis­e­ria y en guerra. Lo que nadie dice, porque es nece­sario callarlo, es que bajo el cap­i­tal­ismo no es posi­ble la paz. Que la mera exis­ten­cia de los Esta­dos, sus fron­teras nacionales y sus ejérci­tos hacen que la única lucha por la paz que merece tal nom­bre es la lucha con­tra el cap­i­tal­ismo y por la destruc­ción del Estado.

¡Guerra a la guerra!

¡Con­tra el Estado de excep­ción! ¡Por la destruc­ción del Estado!